¿De dónde surgen y nos llegan estas ideas tan ajenas a nuestra cultura?

 

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Nos podríamos preguntar. ¿De dónde surgen y nos llegan estas ideas tan ajenas a nuestra cultura? De países en los que existen grupos poderosos con gran capacidad económica y de influencias. Se valen del creciente proceso de globalización y tratan de influir para crear una cultura uniforme que acepte y adopte sus criterios descalificando a los de los otros.  Es lo que entre nosotros a veces se ha llamado el “imperialismo cultural”.  Han penetrado los organismos internacionales, de tal manera, que muchos de éstos y gobiernos de países ricos influyen en países menos desarrollados necesitados de ayudas económicas, financiando en ellos a grupos afines a sus ideas y presionando a los gobiernos de los mismos hasta el punto de condicionar, en muchas ocasiones, la ayuda económica, para que apliquen políticas como estas.  Es un nuevo colonialismo ideológico.

De acuerdo a estas consideraciones se asume irrespetuosamente que las ideas de igualdad plena del hombre y el actual debate sobre el matrimonio igualitario que propicia el proyecto de Articulo No. 68 de la nueva constitución se deben a las influencias del “lobby gay internacional” o el “imperialismo cultural” y su dañina influencia en Cuba que los acepta como condición de ayudas y cooperación internaciones, es lo más estúpido que he escuchado en todo el debate.

Estas ideas no solo son falsas, sino ofensivas para los cubanos.

De acuerdo que existen “grupos poderosos con gran capacidad económica y de influencias”. La Santa Sede, el Vaticano, la Iglesia Católica Romana, es el grupo más poderoso, con una enorme influencia y de una riqueza comparada a la de cualquier multinacional postmoderna. Digamos similar a Monsanto o la General Motors, pero con una influencia en la psique y la simbología humana muy superior a las primeras, GM ni se le asemeja. Esa narrativa va más allá de vender un fertilizante o un auto y desea prefigurar la vida y la muerte, la carne y el alma de los hombres. Ese “grupo” –ese lobby para usar el anglicismo de moda- se ha sustentado desde el Pulpito, pero sobre todo desde el Trono,  para propagar sus particulares visiones del mundo desde la Antártida a Groenlandia. Desde Australia a Japón. Y con éxito. Quizá es el mayor éxito como “grupo” (lobby) de la historia de la civilización occidental. Si retrocedemos lo suficiente en la historia, la globalización de ese “lobby internacional” lo inició la propia Iglesia Católica de conjunto con los Reyes Católicos de España ( ayudados por  Portugal) con ese mismo propósito “crear una cultura uniforme que acepte y adopte sus criterios descalificando a los de los otros”.

Pero ya hemos descrito que la Iglesia, sobre todos sus feligreses, la comunidad de creyentes más allá de sus jerarquías e instituciones dogmáticas, no son un ente monolítico,  en ella palpita igual la pluralidad de la persona humana, individual, familiar, colectiva y ciudadana.

A lo largo de los siglos la sexualidad ha estado imbuida de un conjunto de aspiraciones y regulaciones políticas, legales y sociales cuyo objetivo ha sido inhibir o alentar, estigmatizar o alabar, determinados deseos y formas de expresión sexual. Hoy resulta prioritario distinguir lo que es el carácter del intercambio sexual en sí mismo de los contenidos simbólicos que les adjudican las personas, las culturas y las sociedades. Mientras que para unas personas ciertas prácticas per se son ilegítimas, para otras lo definitorio como validación ética de un acto sexual no radica en un acceso preestablecido al sexo opuesto, junto con determinada forma de usar los órganos y orificios corporales, sino en la libre elección y en la relación de mutuo acuerdo y de responsabilidad de las personas involucradas. Así, para la Unión Europea, cualquier intercambio donde haya verdaderamente autodeterminación y responsabilidad mutua es ético, y no es una impostura moral o “colonialismo ideológico”.

La Unión Europea y sus comisiones e instituciones políticas y jurídicas, de las instituciones humanas, son las que han realizado los mayores esfuerzos por reconocer derechos humanos universales y fundamentales, ideas que han nacido y florecido de acuerdo a las luchas individuales y colectivas de sus ciudadanos a través de los siglos, con el fin último del reconocimiento de la “dignidad plena del hombre”, pero sobre todo esas instituciones europeas han asumido por igual sus trágicas y dolorosas influencias en la historia de los hombres violando esos derechos hoy reconocidos atizando la colonización, la esclavitud, y el despojo de millones de vidas por razones de codicia y/o xenofobia.

El esfuerzo del Articulo No. 68 en Cuba, (la nueva Carta Magna) se propone desde la política y no desde la propia sociedad, pues los reconocimientos de los derechos sexuales han sido tema de persecuciones y exclusiones en la historia de Cuba, desde el catolicismo y el marxismo.

El tema constitucional, entre sus muchas virtudes, ha facilitado un debate democrático que busca propiciar el consenso y el consentimiento en el ámbito de la vida sexual, matrimonial y familiar, igual se podría extrapolar para el ámbito político, económico, religioso o moral, en general para el debate ideológico o político. No es un tema superfluo o desechable en las actuales condiciones y disyuntivas de Cuba.

Un valor de suma importancia es el consentimiento, definido como la facultad que tienen las personas adultas, con ciertas capacidades mentales y físicas, de decidir su vida. En este caso su vida y experiencia sexual. Frente al atraso conservador, que invoca una única moral “auténtica” para restringir la sexualidad a sus fines reproductivos, se alza esta postura ética que defiende la posibilidad de una relación placentera, consensuada y responsable.

Es un hecho que las personas toman por “natural” un sistema de reglamentaciones, prohibiciones y opresiones que han sido marcadas y sancionadas por el orden simbólico y legal. Sin embargo, el orden simbólico no es inamovible, y se ha ido transformando. Hasta hace poco los negros, los indígenas y las mujeres eran considerados seres de segunda, y sus derechos humanos estaban restringidos. Ahora les toca el turno a las personas homosexuales, cuya “diferencia” radica sólo en el hecho de que su objeto erótico/amoroso es una persona de su mismo sexo, “homo”.

Una mirada a las estadísticas en Cuba, denotan que cada vez son menos los homosexuales que se niegan a sí mismos hasta el punto de casarse con personas del sexo opuesto como si fueran heterosexuales debido a las presiones sociales o culturales o los procesos ideológicos de estigmatización o discriminación como por ejemplo se han dado en Cuba en las últimas décadas, por solo citar dos actos de nuestra historia recordemos la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) y el Mariel.

Todavía hoy las personas con un deseo homosexual lo tienen que reprimir o esconder para tener una familia. Y no solo en Cuba. En Francia, por ejemplo, las personas solteras pueden adoptar criaturas, por lo que una pareja homosexual enfrenta la contradicción de que uno de ellos podría adoptar legalmente, y luego vivir en pareja sin casarse, pero las parejas homosexuales se les prohíbe la adopción.

Son pocas las parejas homosexuales que valientemente asumen de manera abierta su deseo, pagando costos sociales y psicológicos altísimos. Sin embargo, la cada vez más amplia y decidida participación homosexuales en la vida política y cultural ha ido transformando el orden simbólico en relación a la libertad. De ahí la importancia de interpretar a la acción colectiva como el elemento crucial que modifica el orden simbólico.

Aunque la participación colectiva de la comunidad homosexual cubana se ha dado desde ambientes que tienen más que ver con lo superfluo o lo carnavalesco que propician los mismos esquemas dominantes de la “ideología heterosexista católica o marxista-leninista”.

En la modernidad democrática es imprescindible desarrollar una comprensión distinta de la condición humana, apuntalada por información científica, la secularización de la razón ha afectado todas las narraciones teológicas desde el hinduismo, el islamismo y sobre todo las iglesias cristianas asentadas en lo que podríamos definir como Occidente.

La polémica sobre la diferencia entre los sexos y su peso en el orden simbólico expresa la dificultad para reconocer que la disparidad del lugar de las mujeres y de los hombres en la vida social no es sólo el producto de lo que son biológicamente sino del significado que sus actividades adquieren a través de interacciones sociales concretas. En la vida social humana la diferencia entre los sexos, más que una causa de la desigualdad, es una excusa. Es común, al hablar de la mujer y del hombre, dejar de lado que su existencia también depende de condiciones sociales, procesos de estructuración psíquica y tradiciones culturales, tal y como describía tempranamente Engeles.

Es esencial entender que mujeres y hombres no son un reflejo de una realidad “natural” sino que son un producto de una realidad “construida”. En ese sentido los seres humanos son el resultado de una síntesis en la que participan un proceso biológico, una estructuración psíquica, una producción cultural y un momento histórico. El discurso de los Obispos ya sean de Roma o Santiago de Cuba, se sustentan en el tema biológico como sinónimo de la intervención divina a través de la Creación, desestimando el resto.

Es fundamental para la vida democrática, a la que aspira toda sociedad en el siglo XXI, incluyendo la cubana, reconocer que las acciones de los ciudadanos van ampliando y transformando los márgenes de lo que tradicionalmente se considera aceptable o moral. Las leyes que rigen la convivencia son la concreción de esas concepciones, por eso cuando la sociedad cambia y las leyes no reflejan esas transformaciones, el orden social entra en conflicto. En cambio, cuando sí reconocen las modificaciones en las conductas y las aspiraciones éticas, los procesos legales consolidan el avance social. Por eso no hay que olvidar que si hoy la orientación sexual es un valor defendible en la Unión Europea es por el impulso ciudadano a una acción política antidiscriminatoria, basada en el respeto al consentimiento mutuo, a la libertad responsable y a la diversidad sexual. Así, la pluralidad de la vida sexual actual se constituye no sólo por nuevas subjetividades y transformaciones culturales, sino además por políticas públicas y cambios legislativos fundamentados en los principios de igualdad y libertad. La demanda de igualdad ciudadana en relación al matrimonio homosexual toca la definición misma de sociedad democrática. Como la democracia se lleva a cabo también en la ética de las normas sexuales, respetar la orientación sexual implica defender la vida democrática, reconoce la Unión Europea.

Para el Vaticano aceptar que lesbianas y gays se casen significa poner en cuestión la norma heterosexista. (Se califica de heterosexismo a la ideología que postula la complementariedad de los sexos, y que al mismo tiempo discrimina en función del sexo. Por ejemplo, el orden social patriarcal sobre el que está (re)construido el orden simbólico católico es heterosexista). No sorprende, por lo tanto, que la jerarquía de la iglesia católica esté aterrada ante lo que vive como el derrumbe de su moral (que obviamente piensa que es La Moral). A ello se suma la homofobia, vivida como el miedo a la atracción erótica por una persona del mismo sexo y la supuesta repulsión que producen ciertas prácticas sexuales homosexuales. La fobia es un temor/rechazo irracional. Un mecanismo psíquico, común a todas las culturas, que ante cualquier diferencia clasifica a las personas en dos grupos: las que son iguales a mí y las que son diferentes. Como todo grupo humano busca mantener su cohesión mediante la exclusión de lo diferente, entra entonces en acción ese mecanismo por el cual toda diferencia se traduce, en un primer momento, en antagonismo, rechazo y/o temor. Lo que Lacan denomina las “raíces psíquicas del odio”.

Las posiciones conservadoras postulan lo “antinatural” de la homosexualidad para imponer su visión moral y las conductas sociales que la validan. Olvidan que se ha comprobado la “naturalidad” de las prácticas homosexuales en todas las sociedades y culturas a lo largo de la historia humana, incluso prácticas homosexuales en otras especies de mamíferos.

Además, no es válido ética ni científicamente fijar un imperativo moral a partir de un supuesto orden “natural”. Lo “natural” respecto a la conducta humana no existe, a menos que se le otorgue el sentido de que todo lo que existe, todo lo humano, es natural. Con el término “natural” se estigmatizan ciertas prácticas y se propone la “normalización” de los sujetos y, en algunos casos, su represión. No se puede pensar la sexualidad humana derivada de un orden “natural”, a menos que se lo haga con el sentido libertario y pluralista de que vale todo lo que existe, entre seres libres, aptos, adultos y de forma consensuada.

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El psicoanálisis postula la producción de la orientación sexual a partir de procesos relacionales e imaginarios. Para el psicoanálisis, por ejemplo, la identidad sexual de los seres humanos se construye en el inconsciente, no hay una correspondencia de identificación de las niñas con la madre y los niños con el padre. Ni el sexo ni la sexualidad de los padres son una garantía de nada en las elecciones sexuales de los hijos.

El tema de la familia homo-parental se convierte en objeto de las preocupaciones también de sociólogos, antropólogos e historiadores. Algunos traen a colación el escándalo que se dio anteriormente en relación a las familias monoparentales, las recompuestas y las “artificiales” (a partir de las nuevas tecnologías reproductivas). También entonces los conservadores pusieron el grito en el cielo y lanzaron sombrías predicciones sobre los efectos negativos que iban a tener dichos arreglos familiares en el psiquismo de inocentes criaturas. Hoy, pese a tan tétricos augurios, estas familias se han “normalizado” al menos en las sociedades occidentales, al grado de que, en el caso de las que han recurrido a las nuevas tecnologías reproductivas, se “olvida” el origen biológico de los hijos. Dichas técnicas, que cimbran los supuestos consagrados de la ideología occidental respecto a la filiación y la descendencia, instauran un nuevo vínculo simbólico por encima del biológico.

En Francia, ciertos “expertos” intentaron mantener el statu quo de la familia heterosexual recurriendo al concepto de “diferencia entre los sexos” y a su calidad de elemento estructurante del orden simbólico. Pero, al interpretar “diferencia entre los sexos” como heterosexualidad, acabaron haciendo una apología de la sexualidad mayoritaria más que un esclarecimiento del fundamento antropológico de la cultura. Esta interpretación fue refutada por opiniones profesionales reconocidas, opuestas a situar en el mismo nivel significante la heterosexualidad y la diferencia entre los sexos. Al confundir a la sexualidad mayoritaria con la diferencia entre los sexos, la sexualidad minoritaria queda colocada como una negación de dicha diferencia, cuando en la realidad no es así. La polémica llevó a la discusión fundamental sobre si la heterosexualidad es la base universal para las categorías culturales de parentesco.

Ese debate se continua desde el ámbito académico, pero igual desde el social y cultural, al menos en Francia y España. No en Cuba.

El orden simbólico está constituido por creencias que parten de la “sexuación” y que son orquestadas por el género, es decir, por las creencias en lo “propio” de las mujeres y lo “propio” de los hombres. Expuesta por Lamas, por ejemplo. Se puede seguir la pista de estas creencias y des-construirlas. El orden sexual no está inscrito en “la naturaleza de las cosas”, es resultado de una historia.

El debate francés reafirmó la necesidad de interrogarse sobre los principios fundadores de normas que se imponen como evidencias naturales. Admitir el carácter estructurante que tiene la diferencia sexual para la cultura no implica equiparar de modo unívoco “diferencia sexual” con complementariedad sexual, ya sea heterosexual o homosexual. En nuestro esquema simbólico dualista se extrapola la complementariedad reproductiva a los demás aspectos de los seres humanos y se piensa que mujeres y hombres también son complementarios moral, intelectual y sexualmente. Pierre Bourdieu indica que al simbolizar de manera complementaria la condición sexual humana, se produce un sistema normativo que propicia que se vean como “naturales” disposiciones construidas culturalmente y se impone la heterosexualidad como el modelo. Dicha simbolización “transforma la historia en naturaleza y la arbitrariedad cultural en natural”.

Es indispensable establecer una distinción entre heterosexualidad y diferencia sexual.

Cuando se habla de diferencia sexual se hace referencia a la existencia de dos sexos, Los seres humanos venimos al mundo en cuerpo de mujer o de hombre, pero no hay que olvidar que también hay personas hermafroditas y personas intersexuales, que aunque no tienen demasiado peso estadístico tienen un peso simbólico y permiten hablar, como hace Fausto-Sterling, de al menos cinco sexos. pero las combinaciones posibles de atracción erótica y, por lo tanto, de pareja sexual entre dos sexos son básicamente tres: mujer/hombre, mujer/mujer, hombre/hombre. Negar la realidad del deseo homosexual para preservar el modelo reproductivo tradicional como paradigma de relación sexual es flagrantemente ideológico y conduce a una situación imposible. A un absurdo. Este deseo tiene visibilidad social en las parejas homosexuales y las familias homo-parentales, y ha forzado a una definición legal y política en la Unión Europea, ubicando el dilema del matrimonio igualitario en el orden de la acción colectiva y de la voluntad política.

El debate público cubano sobre este asunto en particular, la variedad de escritos que han visto la luz en medio de esta discusión son estimables, no solo por su cantidad sino también por la variedad de sus miradas, acotaciones, y re-lectura ya sea desde el ámbito político o social, por el contenido jurídico de importantes conceptos como ciudadanía, patria, nación, Estado, matrimonio, familia, propiedad, etc.

Todo ello hacen del mismo uno de los debates más estimulantes de las últimas décadas y un pre-texto para imaginar la nación que queremos.

Matrimonio después del 2019.

Después de las todas las divergentes narrativas sobre el polémico Artículo No. 68, del Ante-proyecto de constitución en Cuba, la que de aprobarse definitivamente permitirá los matrimonios entre personas, sin distinción de sexo, me parece interesante dar una mirada a la realidad de la vida conyugal en la Cuba de 2012 (fecha del último censo de población en la Isla) desde 2018.

La metodología del Censo 2012 establece seis categorías conyugales o de estado civil, a saber:

  • Casado(a): Persona que forma parte de una pareja con un individuo del sexo opuesto, cuando esta unión ha sido for­malmente reconocida por la ley. Si una persona casada está separada de su cónyuge y convive con otra en unión consen­sual se considerará esta última situación.
  • Unido(a) consensualmente: Es la persona que convive mari­talmente en forma estable con otra persona del sexo opues­to, sin que medie trámite legal que lo reconozca. Este estado conyugal es también llamado unión consensual.
  • Divorciado(a): Persona que ha roto su vínculo legal preexis­tente con otro individuo del sexo opuesto, por medio de una sentencia firme de un tribunal competente o por disolución notarial, y no vive en unión consensual.
  • Separado(a): Es la persona que, estando casada legalmente o unida a otra, se encuentra actualmente separada, es decir, no convive maritalmente con esa persona de la cual no ha llegado a divorciarse, ni vive en unión consensual estable con otra.
  • Viudo(a) Es la persona que habiendo estado casada o unida ha muerto su cónyuge o compañero(a) y no se ha vuelto a casar, ni está unida actualmente.
  • Soltero(a): Persona que nunca se ha unido legalmente con otra del sexo opuesto, ni vive o ha vivido en unión consensual estable.

Las cifras son las siguientes.

De los 9,244,763.00 habitantes (mayores de 15 años) de Cuba en el 2012, 2,859,876.00 se reconocida como casado(a), el 30.94% de la población total. Unidos consensualmente 2,616,858.00, para el 28.31%. Cifras casi similares entre los casados civilmente y los que sin estarlo conviven mari­talmente, en forma estable con otra persona del sexo opues­to, sin que medie trámite legal alguno.

Los divorciados alcanzan la cifra de 559,593, 6.05% de la población. Un 19.5% en relación con los casados en el 2012.

Las cifras de los solteros muy similares a las uniones, 2,517,232. Si sumamos las cifras de las uniones y los solteros, representan el 5,134,090 de la población mayor de 15 años , para un 55.54%. 

No se hace referencia en el Censo 2012 a los matrimonios celebrados por algún tipo de rito religioso, ya sean católicos (60% de la población cubana se reconoce como tal de acuerdo al PEW), o judíos o islámicos, religiones minoritarias en la Isla.

Notar que, en el Censo del 2012, el concepto conyugal se sostenía en la definición “persona que forma parte de una pareja con un individuo del sexo opuesto”. De aprobarse en referéndum la Constitución en el 2019 habrá que ver como se configura la demografía conyugal en Cuba, y como cambia el componente “individuo del mismo sexo” para el censo del 2022.

Personalmente creo no se producirán grandes cambios.

Los debates sobre el tema –en la Isla y fuera de ella- han sido todos de profundo cimiento “ideológico” ya sea desde la sexualidad, la libertad, la teología o la moral. Desde la institucionalidad estatal o incluso desde la moral religiosa (sobre todo de las iglesias cristianas, pues el otro componente religioso raigal de lo cubano, los cultos afrocubanos, no emiten muchos criterios sobre la opción conyugal de sus feligreses o practicantes).

Creo no se producirán cambios significativos en las condiciones de una población secularizada, más allá del escenario simbólico y de las ficciones narrativas sustentadas en credos e ideas. La realidad siempre supera a la ficción.

Los matrimonios homosexuales quizá superen en número a los matrimonios canónicos y/o sacramentales (cristianos), pero después del 2019, con la nueva Carta Magna, más de la mitad de la población seguirá siendo o bien “soltero/a” o vivirán la experiencia conyugal de forma consensuada al margen de las leyes civiles o canónicas, como expresión de su libertad individual y por supuesto como respuesta al amor.  

La edad de la penumbra

La Casa del Libro de Madrid acaba de hacerme llegar una copia del ensayo “La edad de la penumbra”, de cuyas páginas no puedes despegarte. 320 que se leen de un tirón. ¿Y si los supuestos salvadores fueron los destructores de toda una civilización? ¿Y si los santos más famosos fueron igual unos vándalos? ¿Y si los cristianos fundaron una teocracia aterradora que nos duró mil años?

Respuestas a muchas de estas interrogantes están en recogidas en ‘La edad de la penumbra’, el apasionante relato de Catherine Nixey sobre el fin del mundo clásico. Poco de lo que aborda este libro se conoce fuera de círculos académicos” cuenta la autora británica en la introducción de este ensayo tan original como interesante, que nos atrapa desde una escena inicial que creemos haber visto ayer en las noticias de la noche… aunque ocurrió hace más de 1.600 años.

Solo los martillos neumáticos y los explosivos distinguen a los terroristas del ISIS que en 2015 destruyeron los lamasus asirios de Nínive de la banda de matones cristianos que, a finales del siglo IV, descuartizó la hermosa Atenea de un templo de Palmira. Los bárbaros de ayer y de hoy veían en las estatuas de los dioses paganos una imagen del demonio o de Satanás. Su violencia estaba (está) alimentada por la idea totalitaria de que solo existe un dios: el suyo.

Como pregonaba Juan Crisóstomo acosar a los paganos era “salvarlos”.

Convertido Constantino (312), los otrora perseguidos (ni tanto ni tan intensamente, afirma Nixey), se tornaron en perseguidores implacables. “Se consideró fuera de la ley a quienes se negaron a convertirse, se les acosó a medida que la persecución se intensificaba y hasta fueron ejecutados por unas autoridades fanáticas”. Por las buenas, y sobre todo por las malas, los paganos pasaron de ser el 90% de la población del imperio romano a principios del siglo IV al 10% a finales. Templos centenarios, como el de Serapis en Alejandría, se redujeron a escombros en horas. En tres generaciones, el sistema religioso clásico fue herido de muerte.

Nixey comienza y termina su ensayo con el destierro de Damascio y otros seis filósofos griegos. En 532, dejaron Atenas rumbo a Persia. Eran los últimos representantes de la Academia, la institución milenaria creada por Platón. Tres años antes, la ley 1.11.10.2 les había hecho la vida imposible. “Los filósofos no podían ganar dinero, no podían trabajar, no podían practicar su religión y ahora no podían siquiera retener la propiedad que poseían”. Ya en el siglo XVIII, Gibbon señaló que esta ley dañó más a la filosofía griega que las invasiones bárbaras.

Párrafos como el siguiente le valió a la obra de Gibbon una censura que por ejemplo en Irlanda solo se levantó en 1970 (en Cuba creo jamás se ha publicado “La Historia de la decadencia y caída del Imperio romano” (puede que sea solo por la escasez crónica de papel).

¿Más cómo podemos perdonar la indiferente negligencia del mundo pagano y filosófico, pese a lo que le fue mostrado, no a su entendimiento, sino a sus sentidos? Durante la época de Cristo y sus apóstoles, y sus dos primeros discípulos, la doctrina que ellos profesaban era confirmada por innumerables prodigios: los cojos caminaban, los ciegos veían, los enfermos eran curados, los muertos resucitaban, los demonios eran exorcizados y las leyes de la Naturaleza eran frecuentemente suspendidas en beneficio de la Iglesia. Y, aun así, los sabios de Roma y de Grecia se desinteresaban de este increíble espectáculo y, prosiguiendo con sus ocupaciones normales de vida y estudio, parecían ignorar todas aquellas alteraciones de la moral y del gobierno material del mundo. Durante el principado de Tiberio, el mundo entero, o por lo menos una celebrada provincia del Imperio romano, estuvo envuelta en una oscuridad sobrenatural, y, sin embargo, este evento milagroso, que debiera haber despertado la curiosidad y la devoción de toda la humanidad, pasó sin pena ni gloria en una época de ciencia y de historia. Aconteció durante la vida de Séneca y de Plinio el Viejo que deberían de haber experimentado los efectos inmediatos, o haber recibido la información más privilegiada del prodigio. Cualesquiera de estos filósofos recogieron detalladamente los más diversos fenómenos de la naturaleza y del clima: terremotos, tormentas, cometas o eclipses, eventos que su curiosidad infatigable no dejó de recopilar. Aun así, ambos omitieron cualquier mención al mayor fenómeno que todo mortal de este mundo desde la Creación jamás haya podido observar. (Capítulo XV)

La edad de la penumbra’ revisa la imagen (u)tópica del inicio de la Edad Media: antes de preservar, la Iglesia destruyó”.

Ardieron bibliotecas enteras y se borraron millares de pergaminos clásicos para escribir biblias, miles de biblias…entonces considerada herética o peligrosa, desapareció el 99% de la literatura latina y el 90% de la griega, incluidas obras científicas como la innovadora teoría atómica de Demócrito.

Desde entonces hasta la progresiva secularización iniciada en el Renacimiento, la Reforma, las revoluciones francesas y americana y la revolución industrial “la Iglesia dominó el pensamiento europeo durante más de un milenio” y borró de la memoria colectiva toda la oposición inicial al cristianismo.

Se echa de menos del ensayo de Nixey esa misma historia en América Latina, o África, donde ardieron por igual hombres y códices. El texto solo se centra en Europa. Catherine Nixey la recupera en este libro necesario, denuncia de obispos matones y santos terroristas, reivindicación de filósofos perseguidos.

 

Future Baby

Hablando en familia sobre los últimos avances de la genética y la fertilidad asistida mi hija me recomendó viera el documental “Future Baby” de la cineasta Maria Arlamovsky. Al terminarlo quedé impactado. Imagino que como siempre el futuro tiene la última palabra.

¿Se están convirtiendo los bebés en una mercancía?

Esa es una de las inquietantes preguntas planteadas por FutureBaby, el informe de primera línea de Maria Arlamovsky sobre el estado de la medicina reproductiva.

La cineasta viajó por el mundo para hablar con personas directamente involucradas o afectadas por el nuevo mundo de la “fabricación de bebés”, entre ellos médicos, investigadores, pacientes y donantes de óvulos. Desde las observaciones microscópicas de la fertilización in vitro hasta la dinámica de la sala de parto enmarañada de un embarazo sustituto, la cineasta ha compilado una visión amplia e incisiva de las formas en que está cambiando un aspecto fundamental del ser humano. La pro-creación humana.

Tanto los proselitistas como los escépticos figuran en el bien realizado documental elegantemente filmado, cuyas múltiples perspectivas contribuyen a un estudio revelador e inquietante.  Más allá de la mecánica y la economía de los diversos procedimientos, Arlamovsky está excepcionalmente en sintonía con las emociones a menudo desgarradoras de cada situación, ya sea el anhelo angustiado de una mujer de 49 años de edad o la tristeza del alma de una veinteañera al desconocer la identidad del esperma que la trajo al mundo.

El padre del perdedor seguirá siendo siempre un misterio.

Siguiendo la ruta del turismo de fertilidad, el director habla con una pareja alemana en su última visita a una clínica española, un retrato desgarrador de ansiedad, esperanza y negación, y rastrea el progreso transfronterizo de la fertilidad asistida. Un negocio multimillonario, con proporciones éticas y sociales, culturales y religiosas.

Se escuchan a futuros padres estadounidenses y su deseo de un futuro. Una madre sustituta mexicana que lleva al hijo de estos estadounidenses, un producto del esperma del marido y el óvulo de una “modelo brasileña de 19 años”, como la describe la esposa.

El aspecto de “compra de la medicina reproductiva” se manifiesta con claridad: las parejas obtienen préstamos para los procedimientos,similares a la financiación de las mejoras para el hogar.

En las llamadas telefónicas urgentes con los clientes, las clínicas ofrecen discursos de ventas en forma de consejos médicos; a pocos metros de donde una mujer mexicana de bajos ingresos acaba de dar a luz a su hijo, que una pareja estadounidense espera sonriente para llevar a casa ante la cámara de video de un médico que ofrece un respaldo promocional de los servicios de la clínica.

La división de clases está implícita en los diversos escenarios de la película, pero solo Carl Djerassi (quien falleció en 2015) aborda el asunto directamente en términos de acceso y cobertura de seguro, de universalización de la fertilidad asistida. Hablando en su oficina de Viena, el desarrollador de la píldora anticonceptiva también sugiere una forma radical para que las mujeres jóvenes se liberen de sus relojes biológicos.

Pero el radicalismo delfilme está en el ojo del espectador. Arlamovsky equilibra las declaraciones de los clínicos con las preguntas y las interrogantes del bioético Carmel Shalev  o la socióloga Barbara Katz-Rothman.

El primero ilumina la forma en que el tener un hijo se ha transformado de “deseo de tener derecho al derecho”. Katz-Rothman suena una alarma sobre el aspecto de ingeniería genética de esta forma emergente de consumismo, y la normalización de las decisiones sobre las cuales las vidas son dignas de ser creadas. Las consideraciones cosméticas, médicas y la selección de género son cada vez más aceptadas, y defendidas por los médicos que manipulan el cigoto. Los comentarios de la socióloga tienen una claridad potente, especialmente cuando se centra en la ilusión de control, un subproducto de las tecnologías reproductivas.

Katz-Rothman nos recuerda la “gran posibilidad” involucrada en traer un niño al mundo. Desde una perspectiva diferente, también lo hace una pareja de Nueva York encantada, pero comprensiblemente cansada, cuya apuesta por la subrogación maternal dio como resultado trillizo. Por ello la película de Arlamovsky le da a uno de sus adorables bebés la última palabra del documental.

Producción: Nikolaus Geyrhalter Filmproduktion
Director-guionista: Maria Arlamovsky
Productores: Nikolaus Geyrhalter, Markus Glaser, Michael Kitzberger, Wolfgang Widerhofer
Director de fotografía: Sebastian Arlamovsky.
Editor: Natalie Schwager
Compositores: Vincent Pongracz, Alana Newman
Ventas: Autlook Filmsales

 

Conte tiré d’Athénée

D’Isacco a Venere.

Cuando presencie en una templada tarde florentina el “Sacrificio d’Isacco” de M.M. da Caravaggio en la “Galería de los Uffizi”  estuve tres días con pesadillas, la violencia del acto es sobrecogedora y se refleja en el rostro de terror de Isaac, mis malos sueños solo pudieron ser superados en la sala contigua observando la obra maestra de Sandro Botticelli “Nascita di Venere”. No es de extrañar que Roma se escandalizara con ambos genios.

La violencia y la resistencia de Isaac ante el intento de infanticidio ideado por Dios y ejecutado por su padre no encaja en la moral de docilidad y obediencia cristiana, Isaac era asesinado y se resistía violentamente, muy lejos de esa (re)construida imagen prefigurada de cordero sacrificial – ese Cristo- que observa impávido y hastiado la escena desde la derecha de la pintura a la espera de su propio homicidio ritual.

La espectacular desnudez de la Venus de Botticelli, su clítoris y vagina cubierta por un enrevesado cabello color fuego, Virgen Calipigia creada de los genitales cercenados de Urano y arrojada a la playa por el viento de los dioses, recibida perfumada de flores primaverales y flotando en una concha de nácar, perturbó la tranquilidad senil de la curia célibe y fobo-erótica. Dese hace mil años en occidente nadie se había atrevido por temor a los “hombres de negro” a representar artísticamente a una mujer desnuda, no al menos de ese tamaño y de esa espectacular belleza…

Eros y Keres.

Conocí de la existencia del filósofo polaco Leszek Kolakowski, L.K., gracias a un par de correos intercambiados con el difunto y siempre recordado Desiderio Navarro, cuya entereza y agilidad intelectual echo de menos por estos días de 2018. Navarro se tomó el trabajo de escanear los tres tomos del polaco sobre la historia del marxismo, “Las principales corrientes del marxismo” y enviármelas desde Berlín. (Esos tres “pdf” me acompañan mientras escribo). Ayer en el estadio dominical encuentro en mi asiento Número 45, Sección C, Fila 29, ¿abandonado? “La Clave Celeste” (Melusina [sic], España, 2006). Su autor L.K. el maestro polaco (re)crea algunas leyendas bíblicas para extraer parábolas postmodernas, eso sí, siempre desconcertantes o provocadoras. La causalidad existe, los dioses existen.

Recuerdan el mito de Abraham, el tipo que debe sacrificar a su hijo por una orden divina.

(A continuación, un dialogo entre Leszek Kolakowski, José Woldenberg y esta merced…).

Dice L.K. que en una aproximación “existencialista” ahora pondríamos preguntarnos: “¿Cómo puede Abraham estar seguro de que obedece a una orden divina y no a una tentación diabólica, un delirio o una locura?”. L.K. duda de la fuente de la orden misma. Puede provenir de Dios, pero puede no serlo, incluso quizá sea una especie de autoengaño, una sugestión, un dictado que nadie ha dictado. “¿De dónde sacar la certeza de que ha interpretado bien la orden?”. Y si entonces Abraham no puede tener la total seguridad ni del origen ni del sentido del mandato, la sola idea de que debe sacrificar a su hijo tiene que producirle miedo, escalofríos, dudas.

Escribe Kolakowski:

“Abraham aparece como la personificación del temor humano ante una situación que impone la necesidad de elegir entre grandes valores sin que haya razón objetiva alguna para hacerlo”.

Pero —dice el filósofo— que trascendiendo esa posible primera lectura o mejor dicho dejándola a un lado, él supondrá: “que Abraham no podía dudar de la proveniencia divina de la orden, puesto que disponía de unos cuantos métodos infalibles para comunicarse con su Jefe…”. Y no sólo eso. Sino que también dará por sentado, sin someterlo a ningún cuestionamiento, que el Creador le había hecho una promesa clara e irrecusable: “a saber, que convertiría su estirpe en una gran nación colmada de bendiciones…”. Sólo una condición puso el Todopoderoso: “una obediencia total y absoluta a la autoridad”.

Habla ahora L.K.:

“Abraham acusa el peso de la razón de Estado. El futuro de la nación y la grandeza del Estado dependen del cumplimiento riguroso de las órdenes divinas, ¡y de pronto va Dios y le reclama que sacrifique a su propio hijo! Abraham tenía el alma de un sargento y estaba acostumbrado a observar al pie de la letra las instrucciones que venían desde arriba. Sin embargo, no era insensible al sufrimiento de su familia. Al exigirle que inmolara a su hijo en ofrenda, Dios no vio ninguna razón para justificar esta orden. Los autócratas no suelen explicar sus motivos a sus subalternos…”.

El dilema que afronta Abraham es extremo, claro y contundente: ha recibido la orden de su “Superior” y éste no concede posibilidad alguna de desacato ni siquiera de deliberación. Cabe la eventualidad de desobedecer, pero entonces el pacto que se propone estallará por los cielos. Así, sumiso, obediente, resignado y confiado, Abraham se decide a cumplir con el dictado del Jefe Eterno.

Y todos —bueno, casi todos— conocemos el desenlace. Cuando Abraham iba a descargar el acero contra la yugular de su hijo, Dios detuvo su mano a través de un Ángel Alado, presuntamente satisfecho. “Sonrió con benevolencia y le dio a Abraham unas palmaditas en la espalda. Te has portado bien… Ahora sé que no dudarás en sacrificar a tu hijo, si yo te lo mando”. Así, la historieta termina en una especie de happy ending made in Hollywood-ICAIC, Dios probó a su súbdito, éste intentó cumplir, padre e hijo vivieron felices. Dado que el resultado fue bueno, todo parece que también lo fue. Incluso es posible festejar el “incidente” dado que no hubo daños mayores: “prueba superada”.

Pero, nos escribe Kolakowski, siempre existe otra versión para la misma historia. Isaac supo de lo que era capaz su padre. Por ganarse el aprecio de Dios estuvo dispuesto a matarlo. Por “sus esperanzas de construir un gran Estado en el futuro” actuó sin miramiento alguno incluso, contra su propio hijo. Cierto, no consumó el asesinato, pero ello no fue fruto de su decisión, sino de la intervención oportuna y en el límite del propio jefe-dios. Es probable imaginar que a partir de entonces “Isaac se resentía de una ligera dolencia… al ver a su padre, temblaba y tenía náuseas”.

Digo yo, tampoco es de extrañar el giro de los acontecimientos futuros, un día el propio Altísimo sacrificaría a su primogénito para “(re)construir a su hombre nuevo” ese que defectuoso descendiente directo de las pesadillas esquizoides de Abraham aún tiene grabado en el subconsciente –individual y colectivo- el hábito del degüello.

Pour qui j’eusse eu plus de dévotion.

Escribe José Woldenberg (…) cuando el desenlace es satisfactorio se olvida todo lo demás, lo que incluye lo que se estuvo dispuesto a hacer, lo que se hizo, el recorrido, las alianzas y las cesiones. Es el momento de pasar la página y celebrar. El éxito es el éxito y nada se le parece. No obstante, algunos como Isaac, quizá, no olvidarán lo que sus padres estuvieron dispuestos a hacer con tal de llegar a la Tierra Prometida.

Digo Pepe, tengo mis dudas razonables que el desenlace sea satisfactorio. “Lo que se estuvo dispuesto a hacer, lo que se hizo, el recorrido, las alianzas y las cesiones” están manchadas de mucha sangre humana real, no ficcional bíblicamente hablando. La tierra prometida no existe, eso lo sabe muy bien Isaac (hijo). Desde mi visita otoñal a la “Galería de los Uffizi” la historia del arte italiano   -pre y renacentista- me ha mostrado dos escenarios de vida, Eros y Keres, Venus y Abraham, desde entonces milito anárquicamente en la tribu de los fanáticos de la Venus Calipigia, mi credo es el Anasyrma y en mi equipo se trasfigura en lápiz, en papel y en rojo Cabernet Sauvignon el estilo de Jean de La Fontaine cuando escribió hace hoy exactamente 361 años:

Que par les soeurs un Temple fut fondé,
Dessous le nom de Vénus belle-fesse,
Je ne sais pas à quelle intention;
Μais c’eût été le temple de la Grèce
Pour qui j’eusse eu plus de dévotion.

Jean de La Fontaine, “Conte tiré d’Athénée”.

Tantra, hedonismo en la cultura India.

Para un occidental comprender el sentido hedonista de otras culturas siempre resulta un reto, más cuando ese hedonismo se practica como parte de la “parampara” con ramificaciones desde lo social a lo personal. Desde el templo sagrado al hogar. El Tantra es ese “parampara” y nos enseña todo lo contrario a las tradiciones judeo-cristianas, en vez de esconder la carne la dignifica a lo sagrado, en vez de enseñar que el fin para alcanzar la realización espiritual es el desapego a los estímulos que activan el deseo sexual instruyen cómo utilizar ese deseo como único sendero hacia la realización espiritual.

Ese es el recorrido al que nos invita adentrarnos Prem Saran en su libro “Tantra, Hedonism in Indian Culture” un libro sobrecogedor. Un recorrido por la historia del “tantrismo” desde la India del Norte al Sur. Desde la mano derecha a la izquierda, desde Bengala a Nepal.  

Todo “shadana sarmapa” conoce los misterios de la mano derecha y los misterios de la mano izquierda.

Según el tantrismo el ātmā (el alma de cada individuo) es coalescente con una shaktí y la liberación solo se produce mediante maithuna (coito) por el cual se reúnen lo femenino el ātma-shaktí con lo masculino. El objetivo del tantra es esa (re)integración del individuo con la pura conciencia primordial (Shivá). Para alcanzar ese objetivo es necesario recorrer, en sentido inverso todo el sendero de nuestra manifestación.

Y en la misma tradición Śakti, la energía, es ese vehículo mediante al cual la consciencia individual se une con la conciencia pura o divinidad mediante el sexo. Ese final del camino de regreso es conocido como el despertar un estado de “super-conciencia” que solo es posible lograrlo mediante la unión sexual. El despertar de los ríos silentes y sagrados.

El libro describe las intricadas relaciones antropológicas, culturales y religiosas entre las grandes escuelas védicas y tántricas, vedismo y tantrismo, dos de las polifonías religiosas del majestuoso continente Indo. La libido como coartada espiritual.

El despertar de las energías, la unión de los ríos, las aguas, los fluidos, el Ganges y la majestuosa realidad humana cuando nos amamos y poseemos entre el “ida nadi” el lado izquierdo, la luna. Poder de emociones puras facilitando las cualidades de gozo profundo, el amor puro y la compasión. Es el lado más femenino de los hombres y mujeres. El “pingala nadi” el lado derecho, el sol. Poder de la mente racional. Nos permite aprender y obtener la fuerza necesaria para superar los problemas mediante el esfuerzo. Es el lado más masculino de los hombres y mujeres.

Amor.

El libro de Saran es un recorrido por todas esas historias entre mitos y creencias, entre hombres y mujeres que se encuentran, trasmigran y renacen en la fusión intima de sus cuerpos y almas, sin más testigos que sus sexos en conjunción: “ida” y “pingala”… una sucesión de historias inconclusas. Esas extrañas relaciones entre el Vāmācāra (el logro de la mano izquierda) y el Dakshinachara (el logro de la mano derecha) que solo el Tantra nos desvela.

 

 

Reina de Venecia

Reina de Venecia

¿Qué mar descubre tus costas de flúor y lava incandescente?

Detienes la sombra un instante en tus pliegues. Degusto tus sabores.

Mi último canto: el gesto de tus manos. Tus cabellos de corales vivos.

 

¿Qué tierra esconde tus selvas oscuras de  minotauros y unicornios?

La brizna trasparente de la mañana color plata, tus gemidos ocres.

Las siluetas de tus pies desnudos en una playa hecha de meteoritos.

 

¿Qué cielo clama a las estrellas de la noche con tus ojos de cristal?

El signo doble del árbol de tu jardín prostituido por las lluvias de octubre.

Mientras el enano observa desde su banco como la oruga devora la mariposa.

 

¿Qué fuego muerde las entrañas de tu sexo perfumado de orquídeas y vainillas?

Nuestro camino a Damasco o Roma. Un dios envenenado y una piedra de colores.

El vapor de las arenas de Marte o el abismo infinito que separa nuestros deseos.

 

¿Qué amor oscuro corta la daga de hierro y diamantes del Faraón de Egipto?

Despiertas esperando que la vida te devuelva a las espumas azules de Lesbos.

El horizonte nos descubre el sentido de mil universos circulares e infinitos.

 

¿Qué más puedo hacer Reina de Venecia si solo soy demasiado humano?