De eso se trata siempre…

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Debería empezar el 2018 como terminé el 2017. Dar por terminada la trilogía de U2, reseñando su nuevo disco “Song of experience”; no, en absoluto, es mejor dejar atrás el ’17,  incluso al prometedor y espléndidamente desastroso‘18, que se vayan a la m…la experiencia y U2, el 17 y el 18. Al final el disco de la banda irlandesa es más de lo mismo canciones cancinassinónimo de las experiencias de otros: el amor es justo y Trump el neo Mefistófeles de la Casa Blanca.Todo bien.

Entonces comencemos año nuevo con las musas,las musas hembras, con la belleza del instante, la tragedia, el desenlace del destino, la inspiración y el ahora…

Iniciemos 2018 con una trilogía de hembras musas: rusas, australianas y californianas,Marina Tsvietáieva, Cate Blanchett y Joan Didion.

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Marina Tsvietáieva.

En su extraordinario diario Marina describe su día a día.  Escribe a solas y a oscuras,cree que es 10 de noviembre de 1919 pero no está segura. No lo sabe bien. “Desde que todos viven según el nuevo estilo, nunca sé qué fecha es”. Todo pensamiento mágico desea parir un nuevo tiempo, desde un año cero, un antes y un después, con hombres y mujeres nuevos, sin pasado o memoria. Marina pierde el registro del calendario pero no la memoriaesa la lleva en sus carnes enlas heridas de su desgracia, incluso en alegrías inesperadas. El año cero que imaginaba como la esperanza del nuevo futuro la ha sumido en la pobreza más terrible, pero su penuria, sin embargo, no tiene color político.

Quizá lo más sorprendente de sus “Diarios de la Revolución de 1917” es el modo en que aborda el cataclismo: miedo, hambre, persecución, suicidio y muerte aparecen como señales trágicas de lo humano, no como los impuestos necesarios de lahistoria o la tiranía. Cortando leña, escribiendo poesía, exiliada y repatriada, buscando el pan, cuidando el fuego;para la Tsvietáieva, incluso en su propio suicidosiempre permanece al margen de los ejércitos y de las armas.

De izquierdas como de derechas
Surcos ensangrentados
Y cada herida:
¡Mamá!
Y yo, enajenada,
Sólo oigo eso,
Tripas—en las tripas:
¡Mamá!
Todos tendidos juntos—
Nadie podría separarlos.

Mirad: un soldado.
¿Dónde está el nuestro? ¿Dónde el suyo?
Era blanco—es rojo:
La sangre lo ha enrojecido
Era rojo—es blanco:
La muerte lo ha emblanquecido.

La poeta escapa de la dictadura de la política al tocar lo esencial. Aún en los momentos en que la política impone con mayor fiereza su imperio, toca un dolor que es indiferente a la Historia. Admirable lección en el siglo de los fanáticos: el sufrimiento no tiene patria, ni idea, ni causa; no sirve a utopía alguna, no redime. En su poesía no hay denuncia, hay testimonio.Mi desgracia, dijo la poeta de la tragedia, es que no hay nada en el mundo que me resulte exterior: “todo es corazón y destino.” Por eso todo en su poesía es un ciclo: ruptura, abismo, fin, ruptura: un muro de siete letras y tras de él, el vacío.

El “Poema del fin” captura el acontecimiento del desamor.

El beso de corcho en los labios,
mudo,
como quien besa la mano
a una dama anciana o a un muerto.

Aprieta el puño—un pez muerto—
el pañuelo. –¿nos vamos?
–¿a dónde? elige: precipicio, bala, veneno…
la muerte—en claro.

La tragedia es mujer, nos recuerda otro poeta ruso. Marina un Job con menstruación. Por eso Tsvietáieva llegó a dictarle una orden al Ser Supremo:

“Dios, no juzgues. Tú nunca fuiste mujer en esta tierra.”

2

Cate Blanchett.

  

¿Qué es un manifiesto? Intenta ilustrar Cate en el filme homónimoManifiesto” (2015).

¿Qué es un manifiesto? ¿Una exposición de teorías programáticas sobre la vida y el arte? ¿Un intento de dar forma sistemática a la ira subversiva? ¿Una evangelización masiva? ¿Una gran operación de marketing?

Ese es el trasfondo argumental del filme experimental ¨Manifiesto¨, la versión cinematográfica realizada por eldirector alemánJuliánRosefeldt de laexitosa videoinstalación interactiva exhibida durante 2014 en la Park AvenueArmory de Nueva York, en la que la propia actriz Cate Blanchett da voz a través de 10 pantallas de alta definición QLED a60visionarios y revolucionarios que hablan sobre la “verdadera naturaleza” de la expresión artística.

La actriz australiana interpreta trece personajes distintos para, en el mismo número de escenarios, darle vida a una puesta en escena de todos esos manifiestos políticos, artísticos y estéticos;los más importantes de la modernidad occidental: desde el Manifiesto Comunista de Karl Marxhasta el Dogma 95 de Lars von Trier, pasando por la instauración del futurismo de Filippo Tommaso Marinetti y los principios dadaístas y surrealistas de Tristán Tzara y André Breton.

Y aunque tal esfuerzo parezca aburrido de llevar al lenguaje visual Rosefeldtresulta triunfante.

El director crea situaciones cotidianas, ingeniosas y atractivas para capturar la esencia de los manifiestos (el vagabundo para citar a Marx; la velocidad de los corredores de Wall Street para identificar el futurismo; una intolerante mujer hablando sobre el Dada en un funeral; un titiritero bipolar para los surrealistas; una madre de familia que reza fragmentos del postulado “I Am foran Art” de Claes Oldenburg; una profesora de danza para el Fluxus; una maestra de primaria para el Dogma).Las palabras y sus significados pueden abrumar al espectador, el fluir entre escena y escena puede ser otro pequeño obstáculo, pero la versatilidad y el talento actoral de Blanchett se convierte en un imán que te captura.

En este sentido“Manifesto” se erige como una especie de galería en la que se exhiben trece cuadros en movimiento, cuyas proclamas subversivas viven gracias a la correlación directa que mantienen con las ironías, las ambiciones y penurias de nuestro tiempo.Un reflexivo e introspectivo filme acerca de un amplio margen artístico e ideológico que ha permeado la creatividad o la percepción de la sociedad a lo largo de distintas épocas como el dadaísmo, arte Fluxus, supremasismo, situacionismo, Dogma 95 hasta el realismo socialista.

Lo más atractivo de la cinta recae en la camaleónica actriz australiana ganadora de dos premios Óscar, (Carol y The Aviator) Cate Blanchett, quien se dio a la tarea de interpretar todos papeles dentro del metraje. Realmente la experiencia se convierte en un monólogo entre el espectador y los personajes encargados de remarcar las tendencias y cómo han dañado o impulsado el arte mundial. Promovido la libertad o el fanatismo, la manumisión  o la intolerancia del manifiesto-panfleto.

Destaca el director, pero sobre todo la actriz, en esa audacia por burlarse de muchos idealistas  o ideólogos los mismos que ven un profundo y reflexivo concepto en una pared blanca manchada por una gota de pintura y rechazan cualquier otra forma de expresión. Todo manifiesto es una simplificación de la múltiple experiencia humana.

Nos dice Cate con esos ojos azules teñidos de negro: “Todo el arte hoy en día es falso. Nada es original”.

3

Joan Didion.

 

Todo se desmorona, el centro no puede sostenerse
La bruta anarquía se ha desatado sobre el mundo
suelta está la marea de la sangre, y por doquier
se asfixia el ritual de la inocencia;
los mejores carecen de convicción y los peores
están inflados de apasionada intensidad.

Hace casi cien años William Butler Yeats escribió ese poema yaún los intelectuales (cubanos)  continúan debatiendo el sostenimiento del centro.

El verso de Yeats señaló que cuando no hay centro todo se desmorona. Nace la anarquía. Igual hecho lo señalan cada uno de los libros y/o artículos de la ya octogenaria Didion. Hoy, por todos lados, de izquierdas a derechas, rojos pálidos o blancos ensangrentados, de norte a sur, de este a oeste, como una especie de profecía de nuestros desorientados nuevos tiempos asistimos a la extinción de lo central. Acaso será una sumaria descripción de la irracionalidad adueñándose del Todo. Del fanatismo encostrado en ideas y palabras.

No obstante otra lectura parece darle a la primera línea el director del documental sobre la vida más que la obra de la californiana Joan Didion,subtitula precisamente:“El centro no puede sostenerse”. No es la razón central, sino la vida misma la que se desmenuza en este retrato de la escritora y periodista Didion.

Más que una biografía intelectual, el documental nos ofrece estampas de una personalidad entre el acero y laseda. Frágil y fuertísima. El centro del filme no es particularmente claro, su narración es fragmentaria, a veces brusca o mistérica, pero siempre de una apasionada intensidad.Los conocedores de su obra sienten cierta frustración con el documental porque no captura su genio creativo o literario, su obra solo se menciona superficialmente como apoyo al argumento existencial.

Solo he podido leer un par de librosy algunos artículos “online”  (todos en inglés)pero me es suficiente para constatar una personalidad de hierro en un alma de seda.Su inglés es salvaje y fino, áspero y musical, como pocos en el siglo XX. Su periodismo único. Sus ideas centrales dagas contra todos los extremos. Quien, como yo, no esté familiarizado con sus trabajos recibirá una irresistible invitación a leer más.

Pero el retrato cinematográfico no cuenta la sociología del reportaje de Joan, no el registro del periodismo que toma el pulso a toda una era, desde los hippies hasta Trump oel feminismo. Lo que importa en las imágenes es el retrato del duelo. El modo en que la escritura  (¿escritura?) se convierte en salvavidas,como lo fue en Marina Tsvietáieva o en otras tantas mujeres que…“Nos contamos historias para vivir.” Nos las contamos para sobrevivir. Lo puso con estas palabras en “El año del pensamiento mágico”:

“He sido escritora toda mi vida. Como escritora, incluso de niña, mucho antes de que empezara a publicar lo que escribía, siempre tuve la sensación de que el significado radicaba en el ritmo de las palabras, las frases, los párrafos, una técnica para contener lo pensaba o creía tras un refinamiento cada vez más impenetrable. Soy o he llegado a ser la forma en la que escribo.”

En unos pocos meses, Joan Didion perdió a su marido y a su hija. El centro de la cinta son esas pérdidas punzantes y eternas. No lo que se conquista en la vida sino lo que la vida arrebata. Ser habitado por la ausencia. Los cientos de reportajes que publicó Didion, sus novelas, sus crónicas más polémicas parecen ser el preparativo para ese dolor más hondo. Escribir para tocar la desolación y para escapar de ella. Filtrar el duelo con un paño de palabras.

Didion escribió de su pérdida con la atención y la distancia de un reportero de guerra. Los ojos cubiertos frecuentemente por lentes negros, el foco de la cinta son las manos de la escritora. Didion con el esqueleto ya visible por los 83 cumplidos esculpe con las manos y los gestos las palabras antes de pronunciarlas.

This “I” was the voice of no author in my house. This “I” was someone who not only knew why Charlotte went to the airport but also knew someone called “Victor.” Who was Victor? Who was this narrator? Why was this narrator telling me this story? Let me tell you one thing about why writers write: had I known the answer to any of these questions I would never have needed to write a novel.

Soy o he llegado a ser la forma en la que escribo incluso en la pena, la intrascendencia y el olvido humano; nos dice Joan. Al final de la cinta, puede observarse la ceremonia en la que el ex presidente Obama le entrega la medalla de las artes. Un segundo después la vemos de espaldas en su departamento neoyorkino, leyendo de su cuaderno de notas: ve lo suficiente y escríbelo, se dice.Y una final instrucción:

“Recuerda lo que significa ser yo. De eso se trata siempre.”

¿Quiénes somos?

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K(risto), Blade Runner, la Divina Comedia y el test de Voight-Kampff.

1

¿Quiénes somos?

Poco se puede decir sobre K  (encarnado en RyanGosling), aún menos sobre Joi (la bella y virtual cubana Ana de Armas), incluso hablar sobre el papel de Rick Deckard (HarrisonFord) es irrelevante. ¿Quiénes son en realidad? Lo cierto es que en esa pregunta está la clave del filme  ‘Blade Runner 2049’. Ellos tampoco lo saben y es lo que tratan de averiguar durante casi tres horas de metraje. Una pregunta esencial de toda vida y para toda obra de arte… ¿Quiénes somos?

Todas las criaturas de este desolado mundo futurista avanzan con el ansia de encontrar esa identidad, su real existencia, a partir de ahí, el director toma el poderoso trasfondo filosófico de la Blade Runner original e indaga de manera más profunda en los conceptos de existencia y humanidad, más allá de la simple premisa de las máquinas que adquieren conciencia, o asesinan a los hombres al estilo Exterminador.

De forma deslumbrante, con el buen gusto para el cine y la ciencia ficción que ya demostró en “La llegada”,David Villeneuve ha logrado expandir de forma orgánica el clásico filme de culto de Ridley Scott y compañía.  El canadiense es un cineasta con una visualidad global y no ha transformado la saga como algunos (me incluyo) temían en un espectáculo contemporáneo y descerebrado de acción por acción, sino que ha continuado cada una de las aristas que convirtieron Blade Runner en una obra maestra, ha creado una continuación coherente en la que se respira esa misma atmósfera de soledad, decadencia y búsqueda distópica de la realidad.

‘Blade Runner 2049’ es uno de los mayores espectáculos audiovisuales del cine. En la larga tradición expresionista de la ¨Metrópolis” de Fritz Lang. Pero no es solo eso, es un filme de autor e ideas, que intenta encontrar la esencia del significado de ser humanos.Más que repetir la fórmula, la hace más compleja e impactante. Con una fotografía sobria, un diseño de arte espectacular, una buena banda sonora (para mi gusto menos impactante que la de Vangelis) y un uso moderado e inteligente  de los efectos digitales.

Se ha creado un pequeño revuelo entre la crítica profesional cuando no pocos periodistas se han atrevido a decir que esta secuela no solo es buena sino que es incluso mejor que la original. ¿Blasfemia? No lo creo. Si lo creo. Algunos comparan el resultado con el “Stalker”de Andrei Tarkovsky.  Me suena a marketing de estudio y por demás comparación exagerada.

Para mí la esencia primogénita de la original es insuperable: esa mezcla del existencialismo con el sonido Vangelis,  poesía de Baudelaire y prosa postmoderna de Dick, la estética oscura y decadente (recuerdan la primera “Alien”) de Scott, la íntima naturaleza humana y el sonido de la lluvia, nos reproduce ese tenue misterio de la obra maestra.

Pero no me hagan caso. Me resulta imposible emitir juicio de valor sobre el Blade de Scott.

Conservo cierta veneración nostálgica hacia aquel largometraje que me impide ver que la realidad es mucho más simple que la mitología generada en torno al filme; por simple y  esenciales cuestiones personales. Cuando vi -de casualidad-   en el hoy destartalado cine Alameda elBlade Runner original ese día tomé algunas de las decisiones más trascendentes de mi vida. Y, esas imágenes oscuras; y, esas mascaras replicantes, y, esa búsqueda son junto a aquellas decisiones las que me han convertido en lo que hoy soy. Me resulta difícil ser objetivo con Runner…Habrá que esperar tres décadas para volver a comparar el Blade de ayer con el Runner de hoy.

No obstante Villeneuve me deslumbró con “La Llegada”.Como antes lo hizo con “Incendies” largometraje que triunfó entre críticos y público. Filme intimo sobre el paso del tiempo y su efecto sobre amantes y amigos, la emigración, el desarraigo y la búsqueda de una nueva vida, asuntos que igual me tocan profundo en el alma; una adaptación de la magistral tetralogía teatral ¨Le sang des promesses¨escrita por Wajdi Mouawad.

Villeneuve regresa ahora con la secuela de Blade Runner. Tenía mis dudas desde que se anunció la posibilidad del remake, descreode las franquicias. Accedí bajo los ruegos de amigos y familiares en ir al cineno sin cierta aprensión y desconfianza ante una posible decepción, es cierto, al final extrañé a Vangelis, los ojos negros y tristes de Sean Young, la sonrisa y los movimientos de Daryl Hannah,los diálogos lunáticos de Philip K. Dick, las lágrimas en la lluvia y los versos epilépticos y etílicos de Baudelaire…He visto cosas que no creeríais. Naves de ataque arder más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

No sé si por todo ello podría decir que su predecesora es mejor, pero el solo hecho de que se haya generado este debate entre público y crítica dice mucho de la calidad de una obra que logra desvincularse con éxito de la miríada de remakes oportunistas y secuelas rancias (me viene a la memoria la raída y furiosa porquería del Chevrolet´59 corriendo por el Malecón habanero; siempre por supuesto al servicio y satisfacción retro de los gringos y los nacionales trasnochados de siempre).

Blade Runner 2049 escapa de todo ese aburrimiento y la banalidad del arte contemporáneo, y por supuesto de la media de la industria del entretenimiento. A veces peca de solemne y grandilocuente, de moralizadora en medio del desastre, de desmedida gravedad filosófica, de innecesaria extensióno escenas bastante forzadas e innecesarias.

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¿Quién vive para siempre?

Blade Runner 2049 pretende más de lo que devuelve; cuando lo que se intenta devolver es solo decadencia y una interrogante. ¿Quiénes somos?No es de extrañar que cuando se estrenó Blade…2049en Europa una tabla con el rostro de Cristo pintado por un italiano hace quinientos años se vendiera en casi quinientos millones de dólares estadounidenses a un jeque árabe. Ese es el íntimo legado yla premonición estructuralmente postmoderna del Blade Runner original. El rostro de Cristo creado en el Renacimiento por el mayor de los genios ahora reposa junto a un Corán y la más reciente fatwa contra la libertad de expresión. Un mundo deidentidades (re)construidas listo para aplicarles el test Voight-Kampff: “¿nunca has retirado a un humano por error?”le dice en uno de los diálogos más memorables la ¿replicante? Rachel (Sean Young) a  Deckard (Harrison Ford) al aplicarle el test VK.

El escenario de Blade Runner es de decadencia urbana: edificios abandonados que fueron majestuosos en el pasado [interpretados por los teóricos postmodernos como símbolos de la modernidad caída], calles abarrotadas y cosmopolitas, interminables mercados callejeros, basura sin recoger y una llovizna gris constante. […] Sin duda, el progreso está en ruinas. […] Columnas griegas y romanas, dragones chinos y pirámides egipcias se mezclan con gigantescos anuncios de neón de Coca-Cola y Pan Am. […] La imagen dominante es de decadencia, desintegración y caótica mezcla de estilos. ¿Qué hace postmoderno a Blade Runner? […] Para empezar, se cuestiona la «realidad» misma. Los replicantes quieren ser personas reales, pero la prueba de la realidad es una imagen fotográfica, una identidad construida. Ésta es una forma de ver la postmodernidad: un debate sobre la realidad. El mundo de sólidos datos científicos y una historia con finalidad que nos legó la Ilustración europea, ¿es meramente un anhelo? (D, Lyon Postmodernidad,  p. 12-13).

La grandeza de una película y del arte no se mide por la recaudación en la taquilla, por sus premios o por su duración, incluso ni por el prestigio de sus directores y/o actores sino por sus hallazgos artísticos.  Su trascendencia en el Tiempo, su impacto en la vida de las gentes,  por cuestionar la realidad. ¿Quiénes somos?  La tabla de Leonardo es inmaterial e inmortal aunque no se exponga en el desierto de la Meca, ya que Cristo es Da Vinci un hombre hecho dios. Da Vinci es Jesús un dios hecho carne a semejanza de Leonardo. Un verbo hecho colores y pinceles. El arte solo debe medirse con ese lenguaje. ¿Quiénes son ustedes?

Yo no pierdo la esperanza que alguien ¿un cubano? algún día pueda escribir un “reboot” de la Divina Comedia y publícalo “gratis” en el paquete semanal.

Puntos cardinales…

Para mis musas-hembras, Ada, Annerys, A…F, Leo, Maite, Vivian, S, A, Ch…para todo el alfabeto, gracias por la vida y la poesía, el amor…por el Todo.

Puntos cardinales

En una blanca
cama.
¿En dónde están
los hilos del amor?
En lo cuadrado
o en lo redondo
¿Por qué poros
el amor se atrapa?
De los puntos
cardinales
nos tocan…
solo dos.
Cobijados
Con todo el universo,
intercambiados los puntos.
¿Tendremos más amor?

 

 

“The Joshua Tree”

En 1987 Reagan y Gorbachov soñaban cambiar el mundo. En 1987 nacía en los EE.UU. la familia “Simpson”. U2 publicaba nuevo álbum: “The Joshua Tree”. En 1987…

El mundo no ha cambiado, no al menos en el sentido que muchos deseamos, Reagan está muerto, Gorbachov probablemente viva en un asilo de ancianos cerca de Petogrado o quizá Paris, el muro de Berlín se derrumbó ladrillo a ladrillo, hoy se construye otro entre la árida Texas y la bella California. Mientras tanto aquí estamos treinta años después cantando….”Te veré de nuevo cuando las estrellas caigan del cielo.  Y la luna enrojecida sobre el monte de un árbol”.

 “The Joshua Tree” cumple treinta años. Edad plena. Edad de oro sobre la colina roja y el desierto tonos Monet. Uno, al fin, agradece que el mundo no haya cambiado hasta hacérsenos irreconocible, al menos que no haya cambiado al estilo de los sueños imperiales de Washington o Moscú. Uno, al fin, agradece que el mundo solo sea un grano de arena cósmica, un desierto, una carretera, un árbol, r ´n ´r , un par de chicas y tú. Poco más…

Un mundo con tres canciones que te dibujaron un camino color ocre con tintes de futuro. Un mundo donde las calles no tienen nombre, solo la colina de tus verdes ojos, contigo o sin ti…un mundo donde aún no encuentro lo que busco. Poco más…

“The Joshua Tree” cumple treinta años y lo celebra U2 con una extraordinaria gira mundial que va desde Canadá a California, de Barcelona a Dublín.

Existen muchos que dudan… ¿el rock ya no murió con Hendrix y Cobain? Puede ser. El rock es solo un meme a la memoria de 1967 ó 1987. A la nostalgia. La banda irlandesa nunca pudo superar aquel álbum que contenía el sonido de toda una generación.

Gracias a esa música somos seres “reales” que nos hicimos mejores que la “realidad”. Adultos que emergimos intactos de la decadencia de los ochenta y los noventas. En medio de guerras santas y frías, en medio de Mesías lunáticos iluminados de rojo. Supimos crecer a solas. En silencio. La Generación X. La Generación Y. La que finalmente se decidió por el placer del murmullo que solo brinda el amor; ese amor que nos cura de toda la emanante lepra de vuestras mentes.

Uno. One. Una generación que espera(ba) por un salvador extraterrestre o un reino que viene, ¿o quizá no? Que no espera absolutamente nada… solo balear el cielo azul. Yo, no, yo no creo en el tercer reinado de los arios, en la masturbación de vuestro cerebro, en tus sectas y sus tribus. Creo en una sonrisa en forma de notas musicales… en el punk hecho por mujeres y en una poetisa queer, encontrar contigo (o sin ti) ese banal silbido del nuevo segundo; un big bang sónico, ensordecedor.

Soy el que intenta encontrar en los conciertos nostálgicos de U2 el árbol de Jesús en el desierto, un poema al éxtasis, una variación…algo. Nuevo. ”Soy un momento iluminando la eternidad, soy una afirmación. Una variación. Soy el éxtasis. Llévame alto…

 Ah… Mientas canta Bono la familia Simpson intenta colorear el mundo a favor del amarrillo.

 

Sal…

Yo te convoco, musa macho, con astas que revolotea en torno a mis hombros cuando escribo.  Duro, ríspido, ingobernable.  Te convoco, te llamo, pido por ti en esta tarde de musas blandas y anémicas que cantan a coro ese estribillo en el que no quiero reparar.

Cuando bramo como un loco pegando puñetazos sobre el teclado, eres tú quien brama.  Cuando narro con la lengua mordida la desazón y el odio y la lujuria, eres tú quien narra, quien escupe saliva y sangre contra la pantalla blanca y acechante.

Sal de la oscuridad.  Definitivamente.  Haz restallar el látigo mágico que quiere morder en la piel de los malos mercaderes.

No sé de otros ojos en los que me quiera mirar.  No sé de otra pupila que me pueda servir de espejo ahora.  Solo tú.  Indecente y magnánimo. Y mío.

Chely Lima 2017