Caminos polvorientos…

Después de los miles de casos de abusos a menores documentados desde Irlanda hasta Australia desde los EE.UU. hasta Chile, la Iglesia Católica, se enfrenta a una de sus peores crisis de credibilidad desde el aperturista y modernizador Concilio Vaticano II.

Hechos inéditos recorren a la poderosa curia cercana y lejana al Papa; desde el enjuiciamiento en Australia del Cardenal Pell, hombre fuerte,  poderoso y  de confianza de Francisco; hasta la ¿renuncia? en pleno del episcopado de un país Católico como Chile.

Se trata de un hecho inédito en la historia de la Iglesia Romana.

Nunca había ocurrido que el episcopado entero de un país presentara su renuncia ante el Papa. Así lo hizo el episcopado chileno el 18 de mayo, por no haber hecho casi nada frente a los casos de abusos sexuales cometidos por el clero o personal de la Iglesia.

Después de duras negaciones durante la visita de Francisco a Chile, una de las vistas pastorales más controvertidas en la historia reciente de la Santa Sede, la creación de comisiones e informes  y una verdadera batalla en las redes sociales, finalmente el Vaticano reconoce el encubrimiento y la violación de menores entre la curia chilena.

Aunque, en honor a la verdad, hay que decir que sí hicieron algo. (En la era de las comunicaciones globales resulta difícil encubrir crímenes y criminales). A saber, pusieron grandes esfuerzos en encubrir lo que era evidente, en presionar a los abogados para que busquen una reducción de las acusaciones, en ignorar o desacreditar a las víctimas, en fin, en ver la manera de sacar el c… del asunto y quedar limpios de polvo y paja ante la opinión pública. Incluso llamar a las víctimas, algunos católicos laicos, “salteadores, lobos y serpientes”.

Sin embargo, lo que ha sido un hecho espectacular podría desinflarse en los siguientes meses. Pues difícilmente el Papa aceptará todas las renuncias y menos aún sustituirá a los 31 obispos en activo de Chile. El número de obispos que serán relevados será probablemente muy reducido.

Pues el problema que hay actualmente en la Iglesia católica no se circunscribe a las eminencias episcopales, sino que abarca también al clero, a los religiosos y al personal pastoral de Iglesia.

El problema el mensaje “moralizante”  de la Iglesia en cuanto a la libertad sexual y en definitiva a todas las libertades humanas: ahí está su oposición al sexo por placer, a la homosexualidad, al control de la natalidad dentro de las parejas, al aborto, al matrimonio sin distinción de género, etc…Por otro lado de acuerdo a filtraciones dentro de la burocracia vaticana existe un “poderoso lobby gay” que se mueve en las más altas esferas del Poder y de la curia multimillonaria en el negocio de Dios que intenta ocultar esos actos y las conductas sexuales de los sacerdotes.  Según estudios el 7% de los sacerdotes son pedófilos activos. Al mismo tiempo existen miles de mujeres que reclaman la paternidad de sus hijos con sacerdotes, otros miles han abandonado el celibato para contraer matrimonio y disfrutar del sacramento y de la experiencia de la familia, otros reciben herencias millonarias de sus amantes ya sean homo o heterosexuales, etc. Resultado, un doble discurso sin ninguna credibilidad en la feligresía.

Entonces, como consecuencias de estas actitudes y acciones en el mismo Chile, un país tradicionalmente católico, la feligresía ha disminuido del 70% al 40%.

No hay suficientes curas dignos de asumir una función pastoral que esté en consonancia con la imagen de Jesús que presentan los Evangelios, la de un profeta comprometido con los marginados y desposeídos, y crítico de las clases pudientes y las autoridades religiosas de su tiempo. Todo lo contrario de la imagen burguesa de todos estos obispos que andan en Mercedes Benz y mientras ¿renuncian? dibuja una maquiavélica sonrisa en sus labios.

La de las eminencias con trajes negros o grises, de buenos modales y actuar diplomático, que busca siempre guardar las apariencias y quedar bien con todos, salvo con quienes sean activistas pro derechos humanos, feministas comprometidas, homosexuales confesos, lesbianas divorciadas o víctimas de abusos eclesiales que han dado a conocer públicamente los atropellos padecidos.

Pues éste es el perfil conservador que se ha hecho moneda corriente entre el clero en las últimas décadas, no sólo en Chile sino también en toda América y en toda la Iglesia Universal, con un Juan Pablo (el polaco) y un Benedicto (el alemán) a la cabeza de la cruzada neo conservadora.

Ahora le llega el turno al jesuita argentino. Una recomposición de las alianzas y del Espíritu d Corp. Se entiende que alguien como el jesuita chileno Felipe Berríos —una de las pocas luminarias clericales en el país sudamericano— resulte incómodo al plantear las cosas con claridad, como hizo en una entrevista a El País de España en enero de este año:

«Siento que la Iglesia Católica chilena está muy alejada de la gente, tremendamente cuestionada y con una jerarquía que no llega a los fieles. Se han acabado las comunidades de base y la pastoral se organizó en torno a grupos religiosos conservadores».

Y no solo en Chile. Y describe a esta Iglesia como: «callada, metida para adentro y que no va a la vanguardia de los cambios de la sociedad chilena».

Su análisis es doloroso:

«Una Iglesia que basó toda su doctrina en la moral sexual —señalando a los divorciados, etcétera—, de pronto aparece como la que debiera pedir perdón. Fue un golpe fuerte y, aunque el espíritu religioso sigue vivo, la gente no ve que sea la Iglesia la que ayude a encontrarse con Jesucristo. Más bien la Iglesia se presenta como un estorbo, sobre todo para los jóvenes».

Por supuesto Eminencia si tienes 90 años, eres pedófilo, o protector de los mismos, y te opones a los derechos básicos de la libertad individual, eres cómplice de las elites que por décadas martirizaron a la juventud, etcétera… claro que los jóvenes buscaran a Ala, a Cristo o cualquier otro dios o experiencia trascendente en otro sitio, pero lejos de Ustedes que son vistos como los modernos fariseos…

Tal como están las cosas, no parece que vaya a haber cambios importantes, pues no existe una generación clerical de recambio que tenga la misma claridad de ideas que Berríos, a quien el cardenal Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago de Chile, buscó que se le abriera un proceso canónico en el año 2014 supuestamente por oponerse doctrinalmente al Magisterio de la Iglesia, según consta en un e-mail suyo dirigido al cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo emérito de Santiago, que se filtró a la opinión pública.

Asimismo, Ezzati saboteó la posible designación del Berrios como capellán de La Moneda (el palacio presidencial chileno) y la designación de Juan Carlos Cruz, víctima del Padre Karadima, el cura que desató todo el escandalo,  como miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores. Una lucha de poderes más parecida a las luchas ideológicas de la política chilena que al mensaje cristiano de amor y reconciliación.

Juan Carlos Cruz una de las victimas más visibles de esos “lobos vestidos de ovejas” ha declarado en un reciente mensaje en sus redes sociales. ”Quienes hemos sido víctimas de abuso en la Iglesia católica y aun mantenemos la fe, tendremos que seguir buscando a Jesús no en sus “representantes”, sino en los caminos polvorientos de nuestro día a día”.

Doris Lessing

“Esta es una época en que da miedo estar vivo, en que es difícil pensar en los seres humanos como criaturas racionales. Dondequiera que uno mire solo ve brutalidad y estupidez. Pero yo creo que, si bien es cierto que en líneas generales vamos a peor, es justo porque las cosas son tan aterradoras que nos quedamos como hipnotizados y no advertimos -o, si las advertimos, les restamos importancia- fuerzas igualmente poderosas en el sentido contrario, las fuerzas de la razón, la cordura y la civilización”.

Así comienza Doris su recopilatorio de ensayos.

En los ensayos inéditos que conforman Las cárceles que elegimos, la Nobel de Literatura Doris Lessing (Kermanshah, Irán,1919 – Londres, 2013) nos contagia la necesidad de cuestionar las convicciones políticas y morales que marcaron el siglo XX y nos emplaza a cultivar un pensamiento crítico individual como única manera de hacer frente a los axiomas heredados del pasado. La autora estructura así una honda reflexión sobre las posibilidades de la racionalidad frente al totalitarismo. En un mundo globalizado e insensibilizado, Lessing nos recuerda que el futuro de la humanidad no es la democracia en sí misma ni los grandes movimientos revolucionarios, sino la capacidad del ser humano de analizarse, estudiar su propio comportamiento y aprender del ayer.

Nuestra época será recordada por su mucha información y su poca capacidad para poner en práctica ese saber. Sin embargo, ante la crueldad, los dogmas, la mercadotecnia, las modas caprichosas de la opinión pública, las estrategias con las que el entorno ejerce su presión sobre la individualidad, Lessing contrapone una tenue pero segura confianza: ahora la humanidad es, al menos, capaz de observarse a sí misma con objetividad y en esa capacidad está cifrado su futuro.

De amor y de odio.

De amor y de odio es una indiscreta antología de cartas alocadas, celosas, apasionadas, atormentadas, coquetas, conquistadoras, cínicas, destructivas, tiernas, nostálgicas, obsesivas, sumisas, perseguidoras, despechadas, dubitativas, románticas, odiosas, desesperadas….Durante siglos, los amantes se han comunicado con encendidas misivas destinadas a provocar las más diversas sensaciones, impresiones y sentimientos en sus destinatarios. Son cartas que muestran las esquinas del amor y que conforman un fascinante diccionario de pasiones. Los sentimientos, en este libro, llevan nombres y apellidos conocidos: Fernando Pessoa, Benito Pérez Galdós, Gabriela Mistral, Sigmund Freud o Edgar Allan Poe.

 Alicia Misrahi, la recopiladora, nace en junio de 1967,es licenciada en periodismo .

Actualmente colabora con la revista Que Leer y con la revista Adiós, donde escribe en la sección Tanatolibros. También ha escrito en el suplemento de libros de La Vanguardia; la revista Teletodo (suplemento de televisión de El Periódico); El Observador; El Diari de Barcelona, Playboy  y la revista del Círculo de Lectores.

Sus pasiones son la literatura. Se ha ido dedicando exclusivamente a escribir libros: antologías, guías prácticas, ensayos, novelas, etc. Los cuatro grandes temas que me le interesan son el amor, el sexo, las relaciones humanas y la muerte, y sobre ellos tratan la mayoría de sus obras.

Los anormales.

El curso sobre Los anormales, dictado en el Collége de France entre enero y marzo de 1975, prolonga los análisis que Michel Foucault consagró desde 1970 a la cuestión del saber y el poder: poder disciplinario, poder de normalización, biopoder.
 
 A partir de múltiples fuentes teológicas, jurídicas y médicas, Foucault enfoca el problema de esos individuos peligrosos a quienes, en el siglo XIX, se denomino “anormales”. Define sus tres figuras principales: los monstruos, que hacen referencia a las leyes de la naturaleza y las normas de la sociedad; los incorregibles, de quienes se encargan los nuevos dispositivos de domesticación del cuerpo; y los onanístas, que alimentan, desde el siglo xvin, una campaña orientada al disciplinamiento de la familia moderna. Los análisis de Foucault toman como punto de partida las pericias médico legales que aún se practicaban en la década de 1950. Esboza a continuación una arqueología del instinto y del deseo, a partir de las técnicas de la revelación en la confesión y en la dirección de conciencia. De ese modo, Foucault plantea las premisas históricas y teóricas de trabajos que retomará, modificará y reelaborará en su enseñanza en el Collége de France y las obras ulteriores. Este curso representa, por lo tanto, un elemento esencial para seguir las investigaciones de Foucault en su formación, sus prolongaciones y sus desarrollos.
 
Michel Foucault, nacido como Paul-Michel Foucault (Poitiers, Francia, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984) fue un filósofo, historiador de las ideas, psicólogo y teórico social francés. Fue profesor en varias universidades francesas y estadounidenses y catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984), en reemplazo de la cátedra de Historia del pensamiento filosófico, que ocupó hasta su muerte de Jean Hyppolite. El 12 de abril de 1970, la asamblea general de profesores del Collége de France eligió a Michel Foucault, que por entonces tenía 43 años, como titular de la nueva cátedra.
 
Su trabajo ha influido en importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades en el siglo XX y XXI.
 
Los anormales, una lectura inquietante.

Montaigne y los letra-heridos

 

Uno de mis libros tesoros son los Ensayos de Montaigne, ilustrado por Dali.

Montaigne, no tanto Salvador, sabía que era posible volverse docto e idiota por la misma ruta. Saberlo todo sin entender nada; haber leído todos los libros sin comprender un párrafo. La lectura es inservible o dañina si no metaboliza en experiencia. “¿De qué sirve tener la barriga llena de alimento si no lo digerimos, si no se transforma en nosotros, si no nos aumenta ni fortalece?”. El saber de los otros es inservible hasta que se integra plenamente a nuestro organismo. Lo confiesa Montaigne: lo que sé de Séneca lo pude haber aprendido de mí mismo si tan sólo me habría ejercitado en el empeño.

Por eso nos fascinan sus Ensayos: nada nos dicen que no hayamos podido advertir confusamente en nosotros. Nada ahí que no hayamos vivido, pensado, sentido. Los Ensayos nos tutean acariciando lo que entrevemos en nuestras inclinaciones naturales, en el trato con otros, en el sentido de nuestros temores y disfrutes. De ahí que el género sea, ante todo, escritura dogmatizante.

Montaigne habrá escrito desde una torre pero no nos mira desde arriba.

No es el profesor que dicta la lección. No aspira a la autoridad de un venerable, no pretende orden ni coherencia en lo que expone, jamás se imagina poseedor de una verdad que ha de ser memorizada. La única instructora en la que confía Montaigne es en la vida misma.

Letraheridos llama Montainge a los pedantes. “Conozco a alguno que, cuando le pregunto qué sabe, me pide un Libro para mostrármelo; y no osaría decirme que tiene sarna en el trasero si no va de inmediato estudiar en su diccionario qué es sarna qué es trasero”.

Anthony Bourdain.

Mucha razón tenía James Boswell al rechazar las definiciones habituales del hombre. Ni especialmente racional, ni tan dotado para la palabra y, desde luego, poco urbano. El hombre es, en realidad, un animal que cocina. Eso somos: animales empeñados en el aderezo de lo que comemos. Otros animales se comunican a su modo, muchos son gregarios, algunos fabrican instrumentos. Sólo el hombre dedica tiempo al condimento. En la cocina la imaginación transforma la necesidad en ceremonia. El alimento deja de ser subsistencia para convertirse en placer.

Ahora tengo la extraña sensación cuando cocino de ser un ladrón, de robarle algo a alguien, ese alguien es Anthony Bourdain. Comparto la cocina con mi madre, mi esposa, mis hijas y como una especie de Oficiante esta ahora la presencia de Bourdain. Anthony es mi Ego culinario.

Un cronista admirable de nuestro tiempo porque entendía precisamente el significado de los manjares. Conocer la comida de un lugar es entender a su gente. Cuando Anthony Bourdain recorría las ciudades del mundo en busca de cocinas, cafeterías, churriscos, fondas, restaurantes y comederos se zambullía en la cultura, en la política, en la historia.

Sabrosa antropología: el cocinero se aventura en los sabores, participa en los ritos del fuego, advierte los ritmos y las secuencias de lo platos, se adentra en la vitalidad de las tradiciones, escucha la leyenda de las recetas. No es la curiosidad por lo extraño, no es el morbo por lo extravagante, no es la fascinación con lo exquisito lo que lo movía sino lo contrario: la certeza de un paladar que nos hermana. Necesitaremos traductor de palabras pero no hace falta diccionario para compartir los placeres de la boca. La comida es lo que somos: nuestra tribu, nuestra biografía, nuestra fe, nuestras ilusiones, nuestra abuela, nuestra madre.

Bourdain., el lavaplatos se convirtió en cocinero, el cocinero se convirtió en escritor y el escritor se convirtió en personaje de televisión y multimillonario suicida. 

Después del éxito de su primer libro hizo de su fantasía irrealizable una propuesta televisiva. Quería comer por el mundo y quiso que alguien financiara su sueño. Para su sorpresa, el boleto llegó con un contrato para su primer programa. Habría de brincar el resto de su vida de continente en continente retratando a esa curiosa especie que se deleita con el olor y el sabor de los alimentos. Descubrió muy pronto que la forma para acceder a la intimidad era preguntarles lo elemental: ¿qué comida te hace feliz?, ¿cómo es tu vida? ¿qué te gusta comer? ¿qué disfrutas cocinar? Cuando alguien te sirve una sopa te está contando su historia, te está hablando de su mamá, de su infancia, de sus amores.

Odió la fama y quizá la suya terminó perdiéndolo en la muerte.  Odiaba la pedantería gastronómica, el frívolo culto a las estrellas del espectáculo culinario. Su genio para la televisión nacía seguramente de su desprecio por la televisión. Hizo lo que le dio la gana. No buscó el plato perfecto, la cocción exacta, el aroma sublime. Era un aventurero, no un esteta. Su fascinación era la autenticidad, la plenitud que aparece alrededor de las viandas, las puertas que se abren con la excitación de las papilas. No hizo catálogo de restaurantes exquisitos sino de loncherías, puestos de mercado, locales en la calle, fondas pequeñas que logran culto. Lo que tocan sus programas es, sencillamente, la experiencia de vivir. Al primer aroma se activa un mundo de recuerdos y de vivencias. Genial narrador y retratista. Admirable guía por lo desconocido, el más eficaz embajador de todas las cocinas del planeta. Honesto, un segundo después de una carcajada absoluta, daba pistas de su fractura. La maravilla de de su personaje televisivo no eran los platos deliciosos que provocan saliva de inmediato sino esa combinación de osadía y entusiasmo; de humildad y gratitud; de alegría e inteligencia, de apertura y fraternidad.

LadyLands…

 

Cuenta la leyenda que durante las grabaciones de Electric Ladyland Hendrix recostaba su Fender Stratocaster. Blanca  en una esquina y la guitarra tomaba la forma de una mujer eléctrica, desnuda, caliente, húmeda…con un extraño olor a fuego…

Se recuerda la portada, censurada por muchos lares. Creo en otro de mis blogs alojados aquí…lo cerraron por esa portada…Nada, chicas eléctricas.

Después de Voodoo Child el rock murió. Y de muerte natural. Pero nadie lo noto y todavía ronda como las monjas-brujas de Loudun esperando ser poseídas por el viejo Mago, el Niño Vudú.

Ayer unos amigos, de esos que hoy sabemos dónde están pero mañana es imposible, decidimos juntarnos en una colorida azotea para anticipadamente celebrar el medio siglo del tercer disco doble de estudio de Hendrix. Electric Ladyland. El próximo octubre será difícil que todos estemos juntos.

Así que por adelantado, desde el silencio de la pequeña noche liquida, junto a las muchachas de los ojos egipcios y gitanos, vamos a escuchar de una pasada las 16 canciones, en versión remasterizada y digital.

Desde “…And the Gods Made Love” hasta “Voodoo Child (Slight Return”). Esperando que algo del pasado retorne.

Pero el pasado no regresa,  es solo eso,  memoria inoportuna del eterno retorno.

No regresa. Pero si se le invoca adecuadamente si regresan todas aquellas voces de los que se niegan a partir. Por ello a las tres de la madrugada lo intentamos con una guitarra junto a Hendrix. Y…

Todos los que lo han intentado alguna vez saben de lo que escribo. El resto no y lo siento. El águila sabe lo que es volar, las mariposas solo lo intuyen. Pero para los que saben por favor intenten los tres primeros tercetos de las notas del pentagrama de Voodoo, golpeen y corran, intenten hacer hablar a una guitarra eléctrica como en Still Raining, Still Dreaming…Entonces, quizá, sabrán de la jodida magia que hablo.

Entonces…llega la mañana, como siempre en un susurro, sin previo aviso…que cincuenta años son nada en la tierra de las chicas eléctricas…

 

 

El mayor de los misterios…

Hablando de genios, tengo la infinita oportunidad de compartir la existencia con algunas mujeres geniales, todas excepcionales. No hay un día que alguna de ella no me dé una lección de amor, de vida, de certezas y/o  dudas.

Una, la más grande, me dijo hace siglos, cuando la pasaba mal, como en un verso de Blake o Shakespeare, no son las palabras  es el silencio el que desata las tormentas.

Otra, las causas del silencio son el sentido de las palabras…

Hoy, otra, me hizo leer que el silencio es lo único que contesta las preguntas del  pensamiento.  Ambas son cómplices callados de la palabra.

Tres silencios, tres mujeres, tres palabras.

Tres ideas que son una sola en diferentes tiempos y espacios, las cuales solo te pueden explicar Ellas.

La última, sin embargo, no cree en los silencios, hablar y gritar para ella hoy, es el mayor de los misterios.

Tyshawn Sorey: genio contemporáneo

¿Se puede colgar el sambenito de genio así como así? Ni se puede, ni se debe, pero conTyshawn Sorey no hay muchas dudas al respecto: la suya es una de las mentes más ricas y fascinantes de la música creativa norteamericana actual, sus últimos discos son un aplastante catálogo de intrincados universos musicales —cada nueva referencia es rápidamente considerada entre lo mejor que ha dado el género en los últimos años.

Escucharlo es sumergirte en un inagotable mar de experiencias musicales que empezaron a despuntar a principios de siglo, mediante un pianista, entonces solo conocido por los aficionados al jazz más especializados, llamado Vijay Iyer: “Vijay es mi alma gemela musical, el hermano que me habría gustado tener. Lo conocí a principios de la pasada década por medio de Aaron Stewart, que era el saxofonista original de Fieldwork. Vijay ya había oído hablar de mí y nada más conocernos me invitó a tocar una sesión en trío con él y con un fantástico contrabajista llamado Carlo DeRosa; como yo ya estaba familiarizado con algunas de las líneas musicales en las que estaba trabajando Vijay, la empatía fue instantánea. Poco después, me invitó a grabar con él Blood Sutra y en 2004 me pidió reemplazar a Elliot Humberto Kavee en Fieldwork. Para entonces Steve Lehman, con quien yo había colaborado ya, era también parte del grupo, así que la confluencia fue total y muy natural. Toda esa época fue una explosión de experiencias y aprendizaje compartido: teníamos muchas pasiones e intereses comunes, y con los años la colaboración musical se ha convertido, además, en una amistad inquebrantable”.

Después de algunos años como baterista junto a Iyer, Lehman y Steve Coleman, en 2007 eclosiona un Tyshawn Sorey completo: empieza a grabar como líder y los discos en los que figura están repletos de composiciones suyas: “Creo que mi búsqueda se inició de forma parecida a cuando Roscoe Mitchell o Anthony Braxton desarrollaron sus grupos propios para poder hacer exactamente lo que querían hacer. He aprendido mucho de las enseñanzas de la AACM: perseverar y perseguir incansablemente la música que quieres hacer, sin límites. Aprendí mucho con Vijay y con Steve Coleman, pero en sus grupos yo no podía desarrollar lo que realmente quería hacer con el instrumento. En realidad, antes de conocer a Vijay yo ya había participado en proyectos con percusión en el ámbito de la música clásica y contemporánea; tenía claros mis intereses, pero no tenía un grupo propio con el que explorarlos”.

La ambición de Sorey era enorme y los pilares de su desarrollo pasaron por grandes precedentes del individualismo en la improvisación afroamericana: “Sin duda, dos de las claves en mi formación fueron mis estudios con Anthony Braxton y entrar en contacto con George Lewis. En aquel momento yo estaba en mitad de una crisis: me sentía un fracaso como intérprete y como compositor, y tener la posibilidad de interactuar con algunos de mis héroes musicales fue un gran impulso para mí. No buscaba ser como Braxton o Mitchell, pero sí perseguir la música en la misma forma y al mismo nivel en que ellos lo han hecho siempre. Braxton me dio la clave cuando me dijo: “Has de llegar al punto en que nadie pueda definir o representar tu música, salvo tú mismo”.

En los últimos años, un Sorey que parece estar en un constante estado de gracia ha ampliado sus intereses mediante la conducción musical, en la que está erigiéndose como el heredero natural de Butch Morris: “Butch fue una especie de mentor para mí; recién entrado en la veintena toqué con regularidad en su grupo durante meses, y cada noche iba estudiando su forma de conducir, intentando aprehender su lenguaje. Sin embargo, no fue hasta hace unos cinco años que empecé a trabajar en profundidad las posibilidades de la conducción: partiendo del vocabulario de Morris y del sistema de conducción de Braxton he desarrollado una especie de lenguaje híbrido que se extiende mediante mis propias aportaciones, dando lugar a mi forma personal de conducir, y es algo que me resulta muy estimulante”.

La música que escribí para Verisimilitude tiene la particulari­dad de que cada intérprete puede tocar a partir del punto de la partitura que decida

Ese Sorey multidisciplinar ofrece una muestra definitiva en su último disco, un apabullante trabajo que expande algunas de las vías que ha ido explorando en los últimos años, como líder, como instrumentista y como compositor: “La música que escribí para Verisimilitude tiene la particularidad de que cada intérprete puede tocar a partir del punto de la partitura que decida, y seguirla en el orden que quiera. La música tiene un fuerte poso compositivo, pero cada vez que interpretamos una pieza es completamente diferente: el número de variaciones posibles es ilimitado. Aparte de esto, mediante la conducción yo puedo forzar la música para que se desvíe de su trayectoria en cualquier momento y ver a dónde nos lleva. ¡Hay veces que podemos llegar a estar interpretando dos piezas diferentes al mismo tiempo!”.

El inmenso potencial de Sorey acaba de ser respaldado por la beca Mac­Arthur, también llamada “para genios”. Esta beca es, además, un balón de oxígeno financiero para un artista que practica una música a la que resulta muy difícil dedicarse si no es con ciertas ayudas: “Nunca he recibido muchas becas; siempre he estado agradecido cuando he recibido cualquier tipo de apoyo, pero nunca he basado mi trabajo en conseguir financiación, porque al final de cada día he de sentirme a gusto con lo que hago. Me siento muy honrado y agradecido por la beca MacArthur, pero si no me la hubiesen dado seguiría trabajando al mismo nivel, en la misma dirección y con la misma perseverancia”. Aparte de esto, aunque acaba de terminar de grabar un nuevo álbum, el compositor tiene claras algunas de las primeras cosas a las que va a dedicar esta oportunidad: “Me gustaría hacer un disco en solitario, tocando todo tipo de instrumentos; en 2010 ya grabé en ese formato, pero no lo publiqué porque no estaba satisfecho con el resultado. Y también me gustaría hacer otro disco con el trío de piano… En fin, muchas cosas. Las ideas no dejan de brotar, y pretendo continuar trabajando en este ruido que tanto me gusta”.