Roth…algo de sumo de naranjas.

 

Atractivo y magnético, Roth agradaba a las mujeres, pero las relaciones en las que se embarcó, turbulentas y violentas, acabaron siendo un desastre para su vida y un importante semillero para la literatura. De la convivencia explosiva con su primera esposa, Margareth Martinson, surgieron varios libros como ‘Cuando ella era buena’ y ‘Mi vida como hombre’. Con la segunda, la actriz británica Claire Bloom, se desquitó con la novela ‘Me casé con un comunista’. Lo cierto es que ella antes lo había puesto de vuelta y media en sus memorias mostrándolo como un ser mezquino, paranoico y beligerante. Con sus odiosos retratos femeninos no es extraño que las feministas más literales, las que creen que la ficción se debe atener a la corrección política, le odien.

This is the end…

Dos años después de publicar su última novela, ‘Némesis’ (2011), anunció que ya no le quedaban energías para gestionar la frustración que acompaña a la creación literaria y, ante el pasmo general, porque no había dado muestras de decadencia creativa, decidió echar el cierre. Un año más tarde, preguntado en una entrevista por Idoya Noain en este periódico sobre su mayor preocupación, dejó su bromas para concretar: “La muerte”. “Intento no pensar en la muerte -dijo- pero está más cerca de lo que ha estado nunca y se acerca más cada día que pasa. Solía asustarme mucho, sobre todo cuando me acostaba por la noche. Pero cuando llega la luz, el día… Con luz no puedes morir. Ahora, sin embargo, me llega que sí puedes. Y me llega por el hecho de que todos mis amigos han muerto. No hay nada que te convenza más de la muerte que la muerte de tus amigos. Conforme vas a sus funerales te haces a la idea. Mi agenda es un cementerio. Todos los nombres están tachados. Igual queda uno… Entonces, le llamo, le pregunto si está bien, y le digo que beba algo de zumo de naranja”.

En enero, después de años alejado de los medios, el autor de La visita al maestro (1979) concedió una entrevista a The New York Times en la que afirmaba que la lectura –sobre todo obras de Historia– había reemplazado su pasión por la escritura y explicaba que había dado por finalizada su carrera al tomar conciencia de que había dado de sí todo lo que llevaba dentro: “Había sacado lo mejor de mi trabajo, y lo siguiente sería inferior”. “Ya no poseía la vitalidad mental, ni la energía verbal o la forma física necesarias para construir y mantener un largo ataque creativo de cualquier duración sobre una estructura tan compleja y exigente como una novela”. Cuando optó por dejar el oficio, Philip Roth pegó un post-it en su ordenador que leía: “La lucha con la escritura ha terminado”. Para evaluar su obra, citaba esta frase que dijo hacia el final de su vida el boxeador Joe Louis: “Lo hice lo mejor que pude con lo que tenía”.

…Entonces, le llamo, le pregunto si está bien, y le digo que beba algo de zumo de naranja.

Ética y comunicación en la diversidad.

A most contemporary look at the tie of communication ethics and diversity issues, useful for those interested in diversity, gender, ethics, and communications generally.

It represents some of the best of current approaches and scholarship.” — Kenneth E. Andersen, author of Persuasion: Theory and Practice In this volume, leading communication scholars integrate cutting-edge research with real-world dilemmas as they address ethical problems associated with technological and cultural changes and demographic shifts.

In eleven chapters, the fourteen contributors to Communication Ethics in an Age of Diversity consider the implications of these changes to communication contexts ranging from personal friendships to communication over the internet and from classroom dialogues to mass-mediated communication to community building in an age of diversity. They address specific issues associated with race, gender, ethnicity, and affectional orientation, offering specific proposals for change. Although the primary audience is scholars and teachers in communication programs, the book will be of particular interest to readers in various disciplines in the humanities and social sciences, especially individuals in centers and departments of ethnic studies, women’s studies, and African American studies.

Josina M. Makau, an academic planner and Interim Dean of Arts, Human Communication, and Creative Technologies at California State University, Monterey Bay, is the author of Reasoning and Communication.

Ronald C. Arnett, a professor and head of the Department of Communication at Duquesne University, is the author of Dialogic Education: Conversation about Ideas and between Persons and Communication and Community: Implications of Martin Buber’s Dialogue.

El hombre que hizo renunciar a 34 obispos.

Juan Carlos Cruz, un periodista chileno que vive en Filadelfia y trabaja para una multinacional de comunicación, lleva años contando la misma historia. Una y otra vez explica a todos cómo lo violaba el padre Fernando Karadima, un cura de la élite chilena, y cómo presenciaba y toleraba esos abusos monseñor Juan Barros, hoy obispo de Osorno. Muchos le creyeron, pero no el más importante. El Papa le desmintió abiertamente en enero ante los ojos de todo el planeta: “El día que me traigan una sola prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. Todo es calumnia”, dijo durante su viaje a Chile. Cruz reaccionó indignado. “Como si uno hubiese podido sacarse una selfie mientras Karadima me abusaba”.

El Papa no quiso reunirse en Chile con Cruz y otras dos víctimas de Karadima, Andrés Murillo y James Hamilton, y esta tensión con ellos arruinó el viaje a Chile, tal vez el más polémico de su mandato. Pero tres meses después, tras leer un informe demoledor de sus enviados, Francisco ha dado un giro de 180 grados: ha pedido perdón a estas tres víctimas y les ha invitado a Santa Marta, a pasar un fin de semana con él, el 28 de abril. “Se ha despejado la agenda”, explica Cruz desde Filaldelfia, donde vive en una nube desde que le llamaron en nombre del Papa para anunciarle el cambio radical de posición.

Finalmente Francisco ha hecho renunciar a los 34 obispos chilenos con una fuerte carta personal filtrada a la Prense y publicada por Tele 13 de Chile. En el texto se lee:

La psicología de elite o elitista termina generando dinámicas de división, separación, „círculos cerrados´ que desembocan en espiritualidades narcisistas y autoritarias en las que, en lugar de evangelizar, lo importante es sentirse especial, diferente de los demás, dejando así en evidencia que ni Jesucristo ni los otros interesan verdaderamente. Mesianismo, elitismos, clericalismos, son todos sinónimos de perversión en el ser eclesial; y también sinónimo de perversión es la pérdida de la sana conciencia de sabernos pertenecientes al santo Pueblo fiel de Dios que nos precede y que –gracias a Dios- nos sucederá. No perdamos jamás la conciencia de ese don tan excelso que es nuestro bautismo.

La decisión llegó después de tres días de reunión en el Vaticano en los que el papa Francisco les informó sobre los resultados de la investigación de la Santa Sede sobre el caso de presunto encubrimiento por el obispo Juan Barros de los abusos sexuales cometidos por el sacerdote Fernando Karadima. Fernando Karadima desarrolló su carrera como sacerdote en la parroquia El Bosque, en la comuna de Providencia, en el noreste de Santiago, uno de los barrios más exclusivos de la capital chilena. Tanto la justicia ordinaria como la eclesiástica lo consideraron responsable de abuso sexual de menores cometidos durante las décadas de 1980 y 1990. A finales de 2003, el cardenal Francisco Errázuriz recibió una queja formal, pero trató de persuadir a los agraviados de retirar las acusaciones.

“El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar”, dijo en la ciudad de Iquique, donde celebró la última misa de su viaje a Chile. “No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia”, aseguró.Al finalizar su gira, Bergoglio pidió disculpas por estas declaraciones. “Debo pedir disculpas porque la palabra ‘prueba’ ha herido a muchos abusados, fue sin querer”, afirmó.

Pero las pruebas están ahí en las personas de Juan Carlos Cruz Andrés Murillo y James Hamilton los denunciantes entre otras decenas de abusados.

Después de su viaje a Chile, a finales de enero, el Papa dio un nuevo paso para esclarecer supuesto papel de Barros como encubridor en el “Caso Karadima”. Para ello, el Vaticano envió al país a Charles Scicluna, arzobispo de Malta, considerado el “mayor experto en crímenes sexuales en el interior de la Iglesia católica”. Su misión era “escuchar” a los denunciantes.

Y lo que escuchó fue atroz  lo explica el Papa en su Carta.

Los problemas que hoy se viven dentro de la comunidad eclesial no se solucionan solamente abordando los casos concretos y reduciéndolos a remoción de personas (22); esto –y lo digo claramente- hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá. Sería irresponsable de nuestra parte no ahondar en buscar las raíces y las estructuras que permitieron que estos acontecimientos concretos se sucedieran y perpetuasen.

Perpetuasen resulta una palabra clave.

Una institución se construye desde la sanidad humana,  cuando las conductas criminales de sus miembros se limita con sus propios mecanismos de control y supervisión,  para poder disponer de los  criminales que las constituyen en manos de las justicia humana. Cuando no lo hace crea las condiciones para que esos delitos se perpetúen y los criminales sea consideren  impunes. Lo sabe Bergolio cuando escribe: no alcanza.

Por ello, y permítanme la insistencia, urge generar dinámicas eclesiales capaces de promover la participación y misión compartida de todos los integrantes de la comunidad eclesial evitando cualquier tipo de mesianismo o psicología-espiritualidad de elite. Y, en concreto, por ejemplo, nos hará bien abrirnos más y trabajar conjuntamente con distintas instancias de la sociedad civil para promover una cultura anti-abusos del tipo que fuera.

Con la sociedad civil y la justicia, anidaríamos; pues con impunidad habrá  perpetradores de crímenes y encubridores; jamás habrá lugar para cicatrizar las heridas.

Amarrillo para perplejos…

 

Política para perplejos cumple, en cierta medida, la función de ofrecernos un resumen del pensamiento de Daniel Innerarity, uno de los referentes más interesantes de la reflexión política que se está elaborando actualmente en España (y también fuera, ya que bastantes de sus libros se han publicado en otros países).

El punto de partida de su último ensayo es esa especie de incertidumbre colectiva en la que parecemos estar sumidos, debido al conjunto y velocidad de transformaciones –tecnológicas, económicas, sociales y políticas– que están atravesando el mundo y que dan la impresión de alumbrar una nueva época para la que nuestras categorías mentales resultan obsoletas. Ante el acelerado ritmo y la profundidad de esos cambios, el empeño de Innerarity es, más que aventurar soluciones, intentar hacerse cargo de qué es lo que está ocurriendo, porque –argumenta– una buena formulación de los problemas es parte de la solución, si no la solución entera.

Estas páginas confirman que al autor le interesa, al acercarse a la realidad social, más que la perspectiva ética, lo que podríamos llamar una “aproximación cognitiva”. Para este pensador, los problemas que padecemos no se deben tanto a la maldad o perversidad de los diferentes actores sociales o de las personas, sino a un déficit de conocimiento. Esto resulta especialmente claro en el ámbito político, donde las dificultades que sufren los ciudadanos no han sido ocasionadas generalmente por una acción perversa, sino más bien por nuestra incapacidad para saber cómo actuar ante ellas y hacerles frente.

En la misma línea cognitiva se mueve su concepción de la sociedad como un sistema inteligente. Entiende Innerarity que las sociedades complejas como las que vivimos funcionan mejor o peor dependiendo del grado de inteligencia colectiva que han sido capaces de institucionalizar a través de reglas, procedimientos, protocolos y normas que definen el funcionamiento de la sociedad en sus diversos niveles, formando un sistema. Esta inteligencia materializada en formas sociales que permite resolver problemas o abordar tareas colectivas tiene, entre otras virtualidades, la capacidad de minimizar los estragos que pueda ocasionar una persona, como se pone de manifiesto, por ejemplo, en el caso de Trump, que no podría hacer tantos destrozos como muchas veces se ha temido, debido, precisamente, al conjunto de límites institucionalizados que restringen su capacidad de acción.

Política para perplejos pasa revista, en cualquier caso, a prácticamente todos los asuntos que están hoy sobre la mesa, y los muestra bajo una nueva óptica. En efecto, se ocupa de la globalización, la inmigración, la financiarización y digitalización de la economía, la inteligencia artificial y su relación con la acción humana, el big data y su incidencia en nuestras decisiones públicas, el terrorismo, el medio ambiente, el populismo, el multiculturalismo, el Brexit y Trump, la situación en Cataluña, o el nuevo papel de la izquierda, de la mujer, de las emociones, de los medios y de las élites intelectuales y políticas, las cuales, quizá con demasiada frecuencia, no han sido capaces de hacerse cargo de los problemas que realmente sufren las personas.

Nos encontramos ante un libro no solo agradable de leer, por su calidad literaria, sino también útil para comprender mejor un mundo en el que lo que ha cambiado es, justamente, el modo en que las cosas cambian, y en el que resulta urgente entender lo que está ocurriendo, no para adelantar el futuro –lo cual es imposible– sino para anticipar, hasta donde se pueda, las consecuencias futuras de nuestras decisiones.

Animales…

Animales (Animals, en inglés) resulta un disco fundamental en la historia del rock. Es difícil mezclar política, intereses individuales, crítica social, con arte y originalidad. Muchos lo han intentado y han sucumbido al panfleto gris o al discurso hueco. No es el caso de Animals.

Roger Waters volvió a sacar a flote sus inquietudes políticas y sociales para la concepción de este álbum, enmarcado en una época de fuerte crisis para el Reino Unido, con un gran desempleo, numerosas huelgas y tensiones raciales. Como punto de partida se inspiró en la sátira de George Orwell titulada Rebelión en la Granja, Farm Animals, en inglés.

Es del libro de Orwell de donde Waters rescata el papel de los cerdos (líderes moralistas y autoritarios, pero estúpidos a fin de cuentas), los perros (fieros y capaces de hacer cualquier cosa por conseguir sus objetivos) y las ovejas (seres conformistas y carentes de ambiciones, que se dejan dominar por cerdos y perros). La historia de Waters sigue caminos diferentes a la de Orwell, pero a fin de cuentas representa la misma crítica al capitalismo y al sistema establecido.

En consecuencia, el tono general del álbum es gris y oscuro quizás deprimente. Como la vida en el reino Unido de 1977, matizado por la crisis económica, las huelgas, la división de clases, el terrorismo del IRA, y la represión del Estado y la Monarquía para mantener el statu quo, la llegada del punk, el fin del Estado del Bienestar y las ilusiones de los socialistas ingleses…de reformas y bienestar tras la Segunda Guerra Mundial.

Reflejan las contradicciones internas de la banda, ese cielo gris y rojo, salpicado de cerdos rosados, es igual el enfrentamiento descontrolados de los egos internos que prefiguran el desmoronamiento de la amistad y el desplome de los proyectos futuros en conjunto, a partir de Animales el Pink Floyd de “The Wall” jamás volvería a existir.

Las canciones de Animals están salpicadas con efectos sonoros que nos recuerdan a los animales protagonistas que les dan título: cerdos, perros, ovejas…se adentran en progresiones intrincadas, largos “solos”…perturbadores y docenas de efectos sonoros deslumbrantes y opresivos.

Pero, la música, como imitación de la vida humana, finalmente debe iniciar y terminar en el destello de la esperanza, el extraordinario disco inicia y termina cantándole de forma casi ingenua al amor, generando así un contraste que resulta estremecedor, entre las partes.

El último gran tema es “Sheep”, en 10 minutos ponen fin a la crítica social de Waters. Una curiosa atmósfera de jazz donde los teclados, apoyado por un divertido coro de ovejas balando un progresivo ascenso del bajo tocado por Gilmour… Gilmour y Waters se cambiaron las roles para este tema uno era el bajista el otro el guitarra líder.

 

 

En el punto intermedio la banda, a modo de broma, hace una parodia del Salmo 23 con la voz distorsionada y el coro de ovejas entonándolo. Al final del tema Waters dice algo así como “¿Escuchaste las noticias? ¡Los Perros están muertos! haciendo referencia a que la gente común se ha sublevado frente a los poderosos y los han aniquilado.

 

 You better watch out,
There may be dogs about
I’ve looked over Jordan, and I have seen
Things are not what they seem.
What do you get for pretending
the danger’s not real.
Meek and obedient you follow the leader
Down well trodden corridors
into the valley of steel.
What a surprise!
A look of terminal shock in your eyes.
Now things are really what they seem.
No, this is no bad dream.

Animals sigue siendo un disco esencial.

 

 

 

Lo acompañan con manzanas.

Hace unos días estaba por escribir esta nota.

Hay músicas que me recuerdan La Habana. Desconozco las causas y los (a)zares.

Me recuerda a mi Habana Pink Floyd, la banda británica de rock progresivo, ya que en el edificio de la esquina de mi casa vivía    -digo vivía- pues nunca llegue a saber quién de sus moradores era el que la oía, pues lo hacia desde la oscuridad, eso si, con un equipo de alta calidad, todos los discos de Pink Floyd. Esa música es tan habanera para mí como lo puede ser para un londinense o un madrileño. Sonidos acuáticos, lisérgicos, duros y espaciales me transformaban en otro ser, uno alado, transparente, casi invisible. Todavía recuerdo como sonaba en vivo Pink en Pompeya en La Habana. Floyd me acompaña  ahora hasta el último suspiro del día.

El otro músico es uno con el que aprendí a crecer. Mejor a sobrevivir a esa misma Habana, es Carlos Varela.

Resulta que ahora el Habanero de Jalisco Park está ausente ahora que Guillermo Tell tiene al fin la Ballesta. Su sitio web devuelve un conocido mensaje:

Service Temporarily Unavailable

The server is temporarily unable to service your request due to maintenance downtime or capacity problems. Please try again later.

Web Server at carlosvarela.com

Como Jalisco Park. Cerrado por reparaciones. Inténtelo más tarde.

De eso trataba su canción, una especie de himno generacional, “Gillermo Tell”. Pruebo con Google, pruebo con el mas refinado buscador Duck Duck Go. Ambos devuelven entradas del 2016 o la entrevista de la BBC del 2013. Y, en Cuba, desde el 2013 al 2017 han caído muchas manzanas, además de lluvia…

Por nostalgia termino de ver el pésimo documental de Ron Chapman sobre Carlos “Un poeta en La Habana”. No sé si las canciones de Varela son poesía o no, resulta -y es un hecho- que las entonó toda mi (una)  generación. Las canciones de Varela son ideas mucho más que poesía o música.

Si imagen con su barbita negra, su sombrerito de hongo a lo Chaplin, su enanismo resulta en la caricatura de un bufón, es decir en un héroe. Sus presentaciones tenían algo de circense en el Karl Marx. El hombre nuevo pide sus flechas. Su música más que la de Pablo o Silvio es arquetípica. Védica. Hímnica.

Como el sonido de Pink Floyd en una Habana sonera, mulata y bulliciosa, la poesía de Varela es paradigmática y totémica.

El paradigma está aquí, ahora, como el Dinosaurio, pero sin embargo el Tótem está oculto.

¿Dónde está Carlos Varela? ¿Dónde Guillermo Tell? ¿Dónde Robin Hood?

A veces el valor de la música –de sus trovadores- es su silencio. Nada, en estos días recuerdo The Wall de Pink Floyd y al Guillermo Tell de Varela. Pero, por favor,  si saben algo, aunque sea por Facebook o Google de Varela me lo dicen….espero además lo acompañen con manzanas.