Gota de agua que se desliza por tu mejilla.

 

Cuando estabas no estabas. Después como en aquella vieja canción del medio Oeste se desplomó una pequeña lluvia gris. Desde las nubes del Este. Una gota cristalina tras otra sobre el cielo transparente. Recordaba el día que nos reconocimos perdidos dentro de la multitud de seres como fractales de ilusiones, un diminuto fuego, un espacio entre los espacios vacíos.  Ya, nada es igual. Nada fue igual. Las bromas soleadas en una playa solitaria. El sabor a tierra y mar en los vinos. El pequeño muro de piedra donde te dibujaba un corazón rodeado de rosas y espinas. El largo y empinado camino a casa. Pequeña chica violeta con el sexo de vainilla. El rostro como los acantilados por donde se desprenden los lobos en extinción. Los ojos verdes como mi final opción. Aquellas famosas primeras palabras, nieve, sol, música. Nuestra canción  de la nueva primavera. Desconozco el intricado misterio.  Cómo haces para crear algo completamente original dentro de ti.  No hay nada dentro, nada fuera; no hay nada en absoluto. Ni siquiera hay en Absoluto ninguna dualidad. No hay ninguna creación. No hay nada que haya de verse. Solo la gota de agua que se desliza por tu mejilla.

 

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