
Little girl blue…
Para I
Cuando escuché a Janis Joplin cantar “Little girl blue” sentí como que la naturaleza toda cantara, como si la lluvia cantara a las nubes, el mar a los arroyos, los glaciares terrestres a los congelados polos. Pude escuchar a un invisible Bach con tú potente voz de hembra americana en una fuga perpetua. O al Zohar vocalizar su preferido tono en Do Mayor. Sentir cómo te sientes cuando te acaricio el rostro con la punta de mi lengua. Acuario cantar. Al azul cantar. El canto de los seres libres. ¿Recuerdas? Gato montés, hermano del alma, indómito seas, sin cadenas; no sigas senda alguna de los hombres, y hazte fuerte en la hierba y malezas. Halcón del cielo, compañero alado, salvo para cazar, nunca desciendas; y como en una atalaya, anídate en riscos que circunden anchos torrentes. Gran cárabo, noctámbulo conmigo, en claustro cavernoso de cipreses, vela los secretos escondidos a quien no ve la luz en las tinieblas. Escuchar a Joplin es como hacer el amor. Y hacerlo junto a la voz de un ángel caído. Ya no hay nada que ocultar. Ya no hay Luna. No hay Unicornios. Las Clavículas de Salomón es polvo que cubre tus olvidadas cartas del Tarot. Cobijar mi cuerpo con el éxtasis íntimo de mi chica azul. “Trust me”. Regálame solo un segundo de tu indescifrable tiempo entre sincopados rumores. O el balbuceo gris cuando se desplome la cuidad de las luces. Get in while you can. No tengo nada que perder. Nada que ganar. Descreo de toda tu adquirida libertad nacida de tus magias arcanas. Descreo del velado laberinto del Minotauro. Descreo del útero oscuro, virgen y universal. No te voy a decir a quién seguir. A quién adorar. El camino de la montaña mágica. Pero. ¿Dime? Revélame en este momento en un imperceptible susurro el secreto oculto de mi esotérica alma. “Down on me”. Sin metas perennes o sueños irrecuperables, pero, por favor, cae conmigo.





