Little girl blue…

Little girl blue…

Para I

Cuando escuché a Janis Joplin cantar “Little girl blue” sentí como que la naturaleza toda cantara, como si la lluvia cantara a las nubes, el mar a los arroyos, los glaciares terrestres a los congelados polos. Pude escuchar a un invisible Bach con tú potente voz de hembra americana en una fuga perpetua.  O al Zohar vocalizar su preferido tono en Do Mayor. Sentir cómo te sientes cuando te acaricio el rostro con la punta de mi lengua. Acuario cantar. Al azul cantar. El canto de los seres libres. ¿RecuerdasGato montés, hermano del alma, indómito seas, sin cadenas; no sigas senda alguna de los hombres, y hazte fuerte en la hierba y malezas. Halcón del cielo, compañero alado, salvo para cazar, nunca desciendas; y como en una atalaya, anídate en riscos que circunden anchos torrentes. Gran cárabo, noctámbulo conmigo, en claustro cavernoso de cipreses, vela los secretos escondidos a quien no ve la luz en las tinieblas. Escuchar a Joplin es como hacer el amor. Y hacerlo junto a la voz de un ángel caído. Ya no hay nada que ocultar. Ya no hay Luna. No hay Unicornios. Las Clavículas de Salomón es polvo que cubre tus olvidadas cartas del Tarot. Cobijar mi cuerpo con el éxtasis íntimo de mi chica azul. “Trust me”. Regálame solo un segundo de tu indescifrable tiempo entre sincopados rumores. O el balbuceo gris cuando se desplome la cuidad de las luces. Get in while you can. No tengo nada que perder. Nada que ganar. Descreo de toda tu adquirida libertad nacida de tus magias arcanas. Descreo del velado laberinto del Minotauro. Descreo del útero oscuro, virgen y universal. No te voy a decir a quién seguir. A quién adorar. El camino de la montaña mágica. Pero. ¿Dime? Revélame en este momento en un imperceptible susurro el secreto oculto de mi esotérica alma. “Down on me”. Sin metas perennes o sueños irrecuperables, pero, por favor, cae conmigo.

El Joven Papa.

 

Desnudo frente al espejo, Pío XIII (Jude Law) se repite a sí mismo: “Soy el Papa”. Soy el Papa”. Así comienza la serie El Joven Papa. Pero este Santo Padre no es hebreo, tampoco es alemán ni tan siquiera es argentino. Es uno norteamericano, interpretado por un inglés y ficcionado por el italiano Paulo Sorrentino para la trasnacional audiovisual HBO.

Muchos de los fanáticos de siempre han declarado que es una serie que nos muestra toda la corrupción y putrefacción de la Iglesia Romana. Otros que es una apología a la Iglesia  y al Santo Padre. Algunos han opinado sin tan siquiera haberla visto. No sé qué serie han visto, al menos no es la que he visto yo. Uno nunca sabe, cuándo se trata de Dios, o Poder, o Riqueza, los hombres casi siempre terminan enfrentados y contradiciéndose los unos a los otros. El Joven Papa es un canto al cristianismo, aunque más que al cristianismo podemos decir al amor, a la compasión, a la reflexión, a la crítica y la libertad. ¿El Papa debe creer en Dios? Pues no. Y no por ello debe ser juzgado porque al fin y al cabo… ¿Quién es Dios? ¿Qué es Dios?

Un poeta español nos dejó escrito que la vida es sueño y los sueños casi siempre concluyen enmarcados en la majestuosidad del poder. Prisioneros en el despliegue total de la ficción del poder. Una de las posibilidades del arte es librarnos de esos sueños, o al menos la posibilidad de señalar esas barreras.  Quien si no la Iglesia inventó la teatralidad del mundo, la mitra, los trajes, las luces y la pirotecnia de las máscaras, la opulencia y el resplandor del oro. La Iglesia es la irresoluble contradicción entre lo material y lo espiritual. El propio actor protagónico Jude Law (Lenny Belardo-Pio XIII) responde a la pregunta: ¿Reconoce en el Papa a un compañero de profesión? Sin duda. La primera escena de la película es la de un hombre que se prepara para interpretar el papel de su vida. Está desnudo delante de su traje. Fuma mientras toma té. Y se repite a sí mismo: «Yo soy el Papa, yo soy el Papa…». Tiene que interpretar un papel. Es un actor, sin duda. Y, en este sentido, lo encuentro muy cercano. Imagino que cualquier Papa, vivo o muerto, se ha visto en un trance similar. Es puro teatro.

Es puro cine. Aunque se trate de una serie para HBO, Paulo Sorrentino no deja de deslumbrarnos visualmente al mejor estilo italiano, pues Paulo es heredero de Federico Fellini, Bernardo Bertolucci o la propia majestuosidad del Vaticano y su arte incomparable. El joven Papa es la continuación lógica de La Grande Belleza o Il Divo. Creada por un cineasta ya inclasificable y de estilo muy personal además de un artista con ideas despolarizadas en un mundo cada vez más paranoico donde la libertad de pensamiento, de ideas y creación parece ser un estilo de vida en perpetua desaparición.  Algunos críticos han querido ver la llegada de un ficticio Papa norteamericano al Vaticano con el arribo de un real Trump a la Casa Blanca. Un conocido diplomático afincado desde décadas en la Santa Sede nos ilustra.  “La política, tal como la conocemos, es un juego de niños comparado con las maniobras y equilibrios de poder en el Vaticano”.

Como ya he escrito anteriormente la contradicción de la ficción lo engloba todo. ¿Y no es el cristianismo una contradicción en sí mismo? Donde María es una virgen que da a luz, Dios es a la vez padre, hijo y espíritu santo. Con tales contrapuntos no es extraño que haya un canguro en los jardines del Vaticano a través del que se manifieste el invisible Espíritu Santo. A ello parece apuntar la serie de Sorrentino. A un festín de ideas relevantes a un humor provocador a una ovación visual por la libertad humana. A reflejar la vida íntima dentro de un Estado y como se maneja el poder cuando su dogma e imperativo moral es la renuncia de ese poder y el amor desinteresado hacia el prójimo.

La serie nos recorre por una pléyade de personajes son de lo mejor que he visto en mucho tiempo tanto en el cine como la TV.  Partiendo de Lenny Belardo Pio XIII (interpretado por Jude Law), un Papa que no llega a los 50 años, que fuma, que se salta todos los protocolos de la iglesia, que tiene una visión ultraconservadora, que tiene un pasado que le atormenta y una búsqueda que le tiene cegado, que desayuna Coca Cola Cherry Zero, que tiene visiones sexuales y es la persona más inteligente del mundo pero a la vez es el más estúpido, una contradicción tras otra.  La normalidad dentro de la Iglesia.

Otro personaje fundamental es Sister Mary (Dianne Keaton) una monja que juega al baloncesto y duerme en camiseta. Voiello (Silvio Orlando) un personaje lleno de matices y que supuestamente es el personaje antagonista al principio. Pero que al final se nos descubre en su condición humana; pues; aunque la propaganda santoral nos quiera hacer creer estupideces el Vaticano está habitado y gobernado como toda institución por hombres y mujeres.

El Joven Papa evita la crítica superficial, por el contrario nos adentra en una íntima introspección del laberinto de la fe. La posibilidad de hacer o no hacer. Al final toda ficción termina siendo una conspiración de palacios no importa estemos en Roma, Moscú, Washington o Dinamarca. Algo siempre huele a podrido escribía Shakespeare. El Rey alguna vez se tiene que preguntar al mismo tiempo que responderse: se es o no se es. Para dictar un dogma que nos alivie la pesada carga existencial que todos soportamos. El Joven Papa es una bellísima mirada en profundidad a la espiritualidad humana, al amor, a la infancia, a la compasión, a la aceptación, a los sueños, las ficciones y el uso del poder.

Lenny Belardo se levanta todos los días con la mirada de Dios sobre él. No parece algo tan duro, hasta que un plano picado a un Cristo crucificado nos obliga a contemplarla: los ojos de todos le observan en todo momento, atentos a cualquier decisión que decida tomar. El ambiente religioso, tranquilo y diáfano, espera con regia serenidad su salida al balcón. La población mundial aguarda horas al calor, frío y lluvia para verle proclamar bondades. La prensa se afana para conseguir un primer plano, una gran declaración, otra gran verdad irrebatible de boca del Santo Pontífice.
Entre todo este majestuoso despliegue, parece alzarse la pregunta de Sorrentino: ¿cómo es posible que una sola persona decida el devenir espiritual del mundo?

El oficio del Papa es casi ciencia ficción, pero por alguna razón es algo que existe y permanece, que muchos conocen y muchos otros veneran. Por lo tanto, Sorrentino no se corta: un Papa joven, fumador e impredecible parece la perfecta figura para hablar acerca de esta ficción existente. Lenny se echa sin mucha dificultad la capa de Pío XIII sobre los hombros, y al hacerlo también se proclama salvador espiritual de la humanidad, por mucho que no pueda parecerlo. Pero en la ficción todo es posible. ¿Quién es la cara visible de una de las mayores instituciones religiosas de la Historia?

Lo primero que encuentra el Papa Pío XIII es una entidad caduca y corrupta, anclada en casi dos mil años de dogmas y contradicciones, en santos y asesinos. Apenas un despreocupado museo de ese dogma que todos parecen conocer pero nadie lleva a la práctica. Los personajes se debaten en sus pequeñeces humanas pero al mismo tiempo están inmersos en la titánica tarea de buscar el verdadero sentido de la Cristiandad que Sorrentino retrata en escenas deslumbrantes de belleza e intimidad, casi siempre con un difuso Papa como un vago espectador.

Más allá de la extraordinaria visualidad de la serie no puedo dejar de mencionar su banda sonora. Encabezada por el brave new Premio Nobel Bob Dylan en una versión instrumental de All along the watchtower, además de temas como “Life is life”, “Sexy and I know it”  (un escena al estilo video clip más fascinantes que he visto nunca), “Changes”. Y por último, los diálogos, sobre todo los diálogos finales de los capítulos tres, cinco y siete,  conversaciones densas pero con un exquisito sentido del humor que te conducen por caminos insospechados.

Una serie de las mejores que puedas disfrutar, un verdadero Juego de Tronos. Pero como siempre la vida es mucho más exuberante que el arte.

En una reciente entrevista para el diario español El País, el Papa Verdadero, Francisco, nos confirma que la ficción de El joven Papa es solo una infinitesimal normalidad dentro de la caja blanca que ocultan las decoradas paredes de San Pedro. Donde según el propio Bergoglio -el Papa Real- conviven santos y pecadores, vírgenes y putas.

Pregunta Antonio Caño director de El País en compañía del corresponsal Pablo Ordaz en la Santa Sede:

Aquellos problemas que tuvo Benedicto XVI al final de su pontificado y que estaban en aquella caja blanca que le entregó en Castel Gandolfo. ¿Qué había allí dentro?

Respode Jorge Mario Bergoglio:

La normalidad de la vida de la Iglesia: santos y pecadores, decentes y corruptos. ¡Estaba todo ahí! Había gente que había sido interrogada y está limpia, trabajadores… Porque aquí en la Curia hay santos, ¿eh? Hay santos. Eso me gusta decirlo. Porque se habla con facilidad de la corrupción de la Curia. Hay gente corrupta en la Curia. Pero muchos santos. Hombres que han pasado toda su vida sirviendo a la gente de manera anónima, detrás de un escritorio, o en un diálogo, o en un estudio para lograr… O sea, ahí adentro hay santos y pecadores. A mí ese día lo que más me impresionó es la memoria del santo Benedicto. Que me dijo: “Mirá, acá están las actas, en la caja. Acá está la sentencia, de todos los personajes”. Y acá “fulano, tanto”. ¡Todo en la cabeza! Una memoria extraordinaria. Y la conserva, la conserva.

Es bueno igual que el arte conserve esa memoria.

Poemas prohibidos

1

Ya soy un viejo. Aunque las nuevas tecnologías me han convertido en un lector digital. (Tal vez al día todo lo que leo sea un 90 por 100 en esté en formato). Pero sigo siendo esencialmente un tipo del siglo XIX.

Amo los libros impresos. En papel. La Hoja en Blanco sobre la Tinta en Negro. Así aprendí a leer.

Aunque hoy por hoy no me molesta la lectura en cualquier dispositivo electrónico. Si siento la necesidad de comprar de vez en vez un libro en el antiguo formato de Gutenberg. Un libro como obra de arte, objeto de culto y espacio de veneración. En papel. Por ejemplo acabo de adquirir una exquisita edición de Los Poemas Prohibidos de Charles Baudelaire, con ilustraciones de Gustav Klimt. Editada por MALDOROR en el 2007, en una cuidada edición en francés y español.

A la polémica si la literatura o el libro digital terminarían por desplazar a los libros impresos, Poemes Interdits tiene una respuesta posible y muy probable. Nunca. Pues el tacto del papel-poema de Baudelaire y las estilizadas y provocativas mujeres de Klimt tienen en el libro de papel una textura, un olor, una profundidad que no puede tener jamás el libro digital o electrónico. Solo lo pueden superar los originales de Charles o Gustav. Un regalo para los sentidos. El libro se organiza en seis capítulos. Las alhajas, Lesbos, El leteo, A la mujer demasiado alegre, Mujeres Malditas, La Metamorfosis del Vampiro. Cualquiera que conozca algo de poesía sabe que esos poemas fueron excluidos de Las Flores del Mal, censurados por décadas. Solo se incluyeron ya muy entrado el siglo XX.

Comienza el libro:

Desnuda estaba mi amante,
y leyendo en mi corazón.
2
Igualmente les podría hacer la historia de la noche en que me convertí en vampiro.
*
La femme cepedant, da sa boueche de fraise
En se trodant ainsi qu un serpent sur la braise,
Et pétrissant ses seins sur le fer de son busc
Laissait couler ces mot tout imprégnés de music
Moi jail la levre humide, et je sais la science
De perdre au found de un lit l Antique conscience.

*

La mujer hacia ofrenda de su cuerpo
Con un movimiento de serpiente cercada por el fuego,
y mientras acariciaba sus senos prisioneros del corsé,
Su boca de fresa decía con almizclado sabor:
Tengo el labio húmedo, y conozco el arte
De hacer perder la conciencia sobre un lecho.

¿Quién es Slenderman?

 

Una de las principales características de mi genética es mi voraz curiosidad. Sé que esa genética se las he trasmitido a mis hijas. La menor de ellas, a la tarde temprano, cuando regresaba del trabajo me preguntó, papi… ¿Quién es Slenderman…Fue como si un misil impactara entre mi pecho y mi cerebro. Amo a mis hijas. Me hacen permanecer feliz y vivo, alerta y amoroso. Su curiosidad innata es mi curiosidad innata. La mayor de mis herencias.

¿Quién es Slenderman, preguntó? Who is slender man?

Mi hija es muy pequeña para entender la complejidad del mundo, pero ya se imagina cómo es.

¿Quién es Slenderman para ti?, hada.

Aren t daddy! A slender man without eyes or mouth.

Eso mismo una ficción. Un hombre sin ojos no ve. Sin boca no se alimenta. Slender Man es una ficción de terror. Lo contrario a las ficciones de Disney. Más cercana a las historias de los hermanos Grimm que tanto te gustan. Sonrió. Y continuó con otra ask-solicitude.

Read me Der Rattenfänger von Hameln.

Perfecto, hada. Pero…¿Quién es Slenderman… ?

Una nena tenía un dibujo de él: delgado, sin rostro, vestido de negro y con tentáculos como pulpo gigante. Slender Man es simplemente eso que me explicas, una versión-digital de la fábula alemana del Flautista de Hamelin. Que a su vez es una versión de otra fábula, de otra fábula. No hay nada nuevo en el internet. Solo el reflejo de la enorme capacidad de asombro e imaginación de la humanidad. Todo reciclado. Una y otra vez.

**

La pregunta de mi hija me hizo recordar viejos debates surgidos de la masacre de la Escuela Secundaria de Columbine en Colorado, Estados Unidos. Sus responsables, Eric Harris y Dylan Klebold, habían escuchado poco antes de asesinar a sus amigos al cantante Marilyn Manson. Pronto los medios le echaron la culpa a la música de Manson. Algo irresponsable.

Michael Moore en su reconocido documental sobre el asesinato le preguntó a Manson sobre lo que les hubiera dicho a los adolescentes asesinos de la Secundaria Columbine, él excéntrico cantante le contestó:

«No hubiera dicho una sola palabra. Más bien, me hubiera gustado escuchar lo que tenían que decir y eso es lo que nadie hizo»

La respuesta de Manson lo dice casi todo: la sociedad estadounidense -y contemporánea en general- es especialista en la búsqueda de enemigos y chivos expiatorios externos en vez de aceptar y afrontar sus problemáticas sociales e individuales. Es un hecho que América ama las armas y la violencia, tiene un gusto enfermizo por la pólvora y por lo salvaje, por la competencia, la rentabilidad, la riqueza. La soledad en la que viven algunos de sus individuos es terrible. Su incansable capacidad de trabajo les impide pasar el tiempo necesario con sus seres queridos, escuchar y hablar. Como dice Manson, si alguien hubiera escuchado a esos niños y niñas quizá hoy no fueran asesinos.

***

«El caso de Slender Man» se hizo notorio cuando dos niñas estadounidenses intentaron matar a una amiga en una pijamada. Terminaron apuñalándola 19 veces en un bosque cercano a sus hogares. La victima sobrevivió por milímetros.

Todo en la historia es espeluznante aunque, quizás, lo más turbador sea las razones para el intento de asesinato: ser proxies de Slender Man. Una de las chicas asegura que tiene comunicación con Slenderman a través de sueños; y, que él puede leer su mente y tele-transportarse. El contacto que tenían las niñas con la cultura de Slender Man era por medio del sitio web creepypasta.wikia.com. Un sitio cooperativo para desarrollar ideas mas o menos de terror entre sus usuarios.

Las niñas planeaban matar a su amiga para demostrar su lealtad al Slenderman y después huirían a la mansión de esta criatura en el cercano Parque Nacional Nicolet de Wisconsin.

Slenderman se ha convertido en la representación del miedo y de esas ideas instintivas que nos hacen considerar que no somos nosotros, sino algo más lo que nos roba la vida. Seguramente se trata de algo que nos ata y no nos deja ser libres. Slenderman transformó la manera de lidiar con el dolor de la pérdida, la enfermedad y la soledad de estas niñas hasta el punto de convertirlas en potenciales asesinas, pero también representa la homogenización y pérdida de individualidad de amplios sectores en sociedades cada vez más alejadas de los individuos y su psicología para encerrarlos en meta-construcciones económicas, políticas, ideológicas o religiosas. No es de extrañar que Slender Man sea un hombre sin rostro. Y, no sólo por su nulo rostro, o el vacío de su personalidad, sino por el fenómeno que provocó.

¿Acaso nos transformamos en seres que sólo digieren la información sin analizar lo que hay detrás? Cientos de noticias virales circulan sin un atisbo de certidumbre o veracidad. No nos preocupamos siquiera por abrir un enlace y nos guiamos por lo que nuestros amigos o colegas saben al respecto. Y cuando se trata de ignorancia, ante el cúmulo de información que existe, tal vez el ejemplo de las niñas que intentaron matar a su amiga por creer en Slenderman, sea el punto para considerar lo irracionales que somos, la disfuncionalidad de las familias y nuestras sociedades post-modernas y globales. Desvirtuada la percepción, un recuerdo desconcertante de cómo Internet, al igual que el revolucionario invento de Johannes Gutenberg, puede ofrecer herramientas poderosas a los individuos de escasa capacidad de empatía y nulo comportamiento ético.

En un reciente filme documental para la cadena HBO la realizadora Irene Taylor Brodsky nos expone el caso con todos sus detalles, con sus protagonistas, sus víctimas y victimarias, las niñas, sus padres, las autoridades policiales, expertos, maestros, escenas de la presentación en los tribunales. Todo el que estuvo directamente relacionado con el intento de homicidio  el 31 de mayo de 2014 en Waukesha, Wisconsin, en las cercanías del Parque Nacional Nicolet.

Lo primero que uno puede concluir como espectador al escuchar los pormenores de la historia es que los principales responsables son y fueron los padres de las adolescentes, por no escuchar a sus hijas. El amor a veces no basta. Uno tiene que afinar los cinco sentidos. Escuchar. Observar. Estar en alerta constante.

El padre de Morgan Geyser padecía esquizofrenia desde su adolescencia, enfermedad que bien diagnosticada y medicada permite a los que la padecen llevar una vida social y personal estable aun dentro de los límites de un padecimiento tan devastador. Para sobrellevarla el apoyo familiar es esencial. En el caso de Morgan sus padres no hicieron nada por ayudar a su propia hija la cual desde los tres años padecía  evidentes síntomas de la enfermedad.

Los primeros responsables de la salud física y mental de los niños y adolescentes somos nosotros, sus padres. Que crezcan sanos y se fortalezcan de carácter y sentimientos para que puedan enfrentar la variedad de la vida es nuestra responsabilidad. Que sean felices en un ambiente sano y saludable, de amor y confianza. Es nuestra responsabilidad. Escucharlos es mucho mejor que imponerles o castigarles.

Pero definitivamente, hada… ¿Qué o quién es “Slender Man”?

Para los que no estén muy enterados, Slender Man es una criatura resbaladiza que ha ganado fama en la cultura pop estadounidense. Se le describe con frecuencia como una criatura humanoide alargada que se roba a los niños, una especie de roba-chicos sobrenatural. Según Slate, el origen de Slender Man es ubicable. Fue en junio del 2009 que un aspirante a maestro de escuela llamado Eric Knudsen publicó dos fotografías en blanco y negro en un foro web llamado Something Awful con el pseudónimo Victor Surge. En una foto aparecía una figura alargada al acecho de una tropa de niños en un parque infantil. Pronto la mitología explotó y todo el mundo reportaba haber visto a Slender Man. Y aunque ha variado mucho lo que se dice de él, parece que hay elementos que permanecen, por ejemplo, tiene la habilidad de cambiar de forma y cuando lo ves, te obliga a mantener la vista fija en él (además, a medida que lo busques y sigas en su caza, todo comenzará a volverse peor para ti).

«La mayoría de la gente que ve Hannibal no se convierte en asesina». Esta es una cita de los administradores de la wiki creepypasta… y tienen razón. Así como cuando ves al Guasón en Batman no te conviertes en un sociópata. No vas al teatro a ver Hamlet y terminas siendo un parricida. Pensamientos así son tan ridículos como pensar que por ver a Pikachu en la tele todos los días y jugar en el iPhone nos podemos convertir en un pokemon.

Lo que uno hace con lo que ve es su responsabilidad y siempre se puede responder de manera distinta a la que se espera.

La censura de las caricaturas violentas, los videojuegos, la música, la pornografía, etcétera, no quitará los males sociales del mundo o de los individuos. Que un niño o niña quiera imitar a un asesino o a un monstruo de la TV o internet habla más de nosotros como sociedad que del producto cultural en cuestión, o dice más de las dinámicas disfuncionales de las familias o de la salud mental del sujeto, que de sus gustos o preferencias estéticas. Son efecto no causa. Existe un interesante debate académico sobre el asunto. Los medios reproducen la violencia de la sociedad, no la producen.

*****

Como sociedades e individuos nos encanta prohibir y censurar antes de hacernos responsables o de entender las causas complejas de nuestros problemas individuales y sociales.

Un ejemplo, los problemas económicos. Cada vez que hay una crisis lo primero que se hace es echar la culpa a un sector: los nazis culparon a los judíos, los europeos culpan a los inmigrantes del Magreb, los estadounidenses a los mexicanos ilegales, los mexicanos a los centroamericanos ilegales, los cubanos a los estadounidenses, etcétera. Es más fácil decirle a la gente que no hay trabajo por culpa de un sector de la compleja vida social o económica que arreglar la economía y admitir que la culpa en ocasiones es de un aliado y no de un enemigo.

Pero ni el racismo va a solucionar la economía en crisis, ni censurar una página o prohibir a los niños ver historias de terror como las de Slender o Hamelin va a terminar con los asesinos en el mundo. Ni negarle a mi hija que en el internet existe una ficción llamada Slender Man, como otros miles de millones de imbéciles y unos pocos genios, hombres malos y hombres buenos, amor y odio, como reflejo de la vida.

Todorov, los enemigos y el futuro.

Antes de morir vimos a un Todorov más implicado con el presente, en la línea de El miedo a los bárbaros.

Los enemigos íntimos de la democracia denuncia que los peligros que acechan a las democracias occidentales no son tanto externos, como se nos ha querido hacer creer invocando el terrorismo islamista, los extremismos religiosos o los regímenes dictatoriales, sino internos.

Todorov argumenta que nadie pone tanto en peligro la democracia como tres tendencias crecientes en el mundo occidental, empezando por los Estados Unidos: el mesianismo (que dio lugar a la invasión de Irak y a otros intentos de imponer por la fuerza la democracia en el mundo), el ultraliberalismo (el imperio de la economía por encima de la política, el poder de los medios de comunicación, el desmantelamiento del estado del bienestar) y el populismo y la xenofobia (el miedo al extranjero, el aumento del nacionalismo excluyente).

Así pues, el enemigo está en nosotros mismos. Todorov llama a resistir y propone la necesidad de una «primavera europea» que ponga fin a estas derivas desde el convencimiento de que quien decide nuestro destino no es sino la suma de nuestras voluntades.

En el último párrafo podemos leer:

Todos nosotros, habitantes de la Tierra, estamos hoy implicados en esta aventura, condenados a salir adelante o a fracasar juntos. Aunque todo individuo sea impotente ante la enormidad de los desafíos, no deja de ser cierto que la historia no obedece a leyes inmutables, que la Providencia no decide nuestro destino y que el futuro depende de las voluntades humanas.

 

Matilda y la censura…

Los cineastas rusos han salido en defensa de la libertad de expresión y contra los intentos de prohibir la película Matilda, sobre la romántica relación juvenil que mantuvieron a fines del siglo XIX el futuro emperador ruso Nikolai II y Matilda Kschessinskaia, la gran bailarina del teatro Marinski, muerta en el exilio en París en 1971 poco antes de cumplir 100 años. Las violentas amenazas contra las salas de cine que se atrevan a proyectar la cinta, proferidas por sectores ortodoxos ultras, autodenominados “Estado Cristiano-Santa Rusia”, obligaron a tomar cartas en el asunto al secretario de Prensa del presidente ruso, Dmitri Peskov.

El miércoles, el alto funcionario calificó de “intolerables” los ataques contra Alekséi Uchítel, el director de la cinta, por parte de “extremistas”.

La película debe estrenarse el 25 de octubre en San Petersburgo en el marco de los acontecimientos dedicadas al centenario de la Revolución de 1917, pero ya ahora, sin haberla visto, sectores cristianos ortodoxos conservadores comenzaron una campaña contra la cinta, que consideran calumniosa para la imagen del último zar ruso, asesinado junto con su familia en 1918 y canonizado posteriormente por la Iglesia Ortodoxa.

Abanderada de la campaña contra Matilda es la diputada de la Duma Estatal (parlamento ruso), Natalia Poklónskaia, una fiscal ucraniana que fue nombrada fiscal de Crimea tras la anexión de la península por Rusia y, en calidad de tal, que se dio a conocer por su rigor en la persecución de los tártaros.

Poklónskaia, que hoy es diputada del partido gubernamental Rusia Unida (RU), se ha dirigido en dos ocasiones a la Fiscalía estatal para que esta entidad verifique si Matilda transgrede la legislación que penaliza las “ofensas contra los sentimientos de los creyentes”. La fiscalía ya consideró improcedente la primera denuncia de la diputada, quien, no obstante, ha vuelto a insistir, por considerar que Matilda tiene por fin “desacreditar” y “calumniar” a “uno de los santos más adorados de nuestra iglesia”.

Uchítel, a su vez, se ha dirigido esta semana a la físcalía para pedir protección para él y su equipo cinematográfico ante “las amenazas y otras acciones ilegales de carácter extremista” de las que son objeto por parte de la organización “Estado Cristiano-Santa Rusia”. Uchítel ha pedido además a la fiscalía que de su valoración jurídica sobre la forma particular de interpretar la ley de Poklónskaia, dado que ésta “carece de formación jurídica rusa”.

“No queremos que nuestra cultura sea oprimida por una nueva censura, por muy influyentes que sean las fuerzas que la hayan iniciado. Queremos vivir en un Estado laico y democrático, donde la censura esté prohibida no solo por la constitución, sino en la realidad”, señala la carta abierta difundida el martes por una cincuentena de cineastas y profesionales del mundo del cine ruso.

Los cineastas subrayan que en algunos cines del país se han recibido cartas en nombre de una organización autodenominada “El Estado Ortodoxo-la Santa Rusia”, en la que se amenaza a las salas que se atrevan a exhibir la película y se exhorta a incendiar estos locales y a la violencia. La situación en torno a la película Matilda, señalan, se parece a la que se ha dio en torno a otros productos culturales que han sido combatidos por los sectores conservadores, como la puesta en escena de la ópera Tanhauser (en Novosibirsk), el ataque a la exhibición de esculturas de Vadim Sidur (en Moscú) o en contra de la política de exposiciones del museo Ermitage de San Petersburgo. “Nosotros los cineastas, especialmente los de la vieja generación, sabemos bien lo que es la censura que durante algunas décadas de la época soviética golpeó el destino de artistas e impidió el desarrollo del arte”. Poklónskaia ha pedido a la fiscalía que investigue además el uso de los fondos oficiales dados a la película de Uchitel, que ha costado 25 millones de dólares.

En el punto de mira de los grupos cristianos ultraconservadores está el director del Ermitage, Mijail Piotrovski, quien recientemente se ha negado a dar permiso a un grupo de cristianos ortodoxos para una rogativa en territorio del museo. Piotrovski declaró a Interfax que la rogativa estaba dedicada a un santo desconocido y advirtió que los rezos públicos en el museo solo pueden tener lugar con el permiso del director de la institución y la bendición del metropolita, aunque la gente “tiene derecho a rezar en voz baja”. Piotrovski ha pedido retrasar la transferencia de la catedral de san Isaac, un tema que ha encendido la polémica entre partidarios y detractores de que el actual museo pase a ser administrado por la iglesia. Mientras tanto, un grupo de altos funcionarios de Rusia Unida de San Petersburgo han pedido que se acelere la transferencia del templo.

Manipuladores y simplificadores de la realidad.

 

Manipuladores y simplificadores de la realidad.

Si usted no conoce el trabajo de Adam Curtis su último documental “HyperNormalization” es un buen inicio para perder su virginidad.

“HyperNormalization” fue estrenado en la plataforma iPlayer de la BBC el pasado 16 de octubre del 2016.  Acabo de ver las casi tres horas del metraje en mi laptop mientras volaba a veinte mil pies de altura; y, sentí quizá por primera vez en mi existencia un vértigo intenso y real. No el vértigo ficticio del maestre del suspense si no el otro vértigo, el  poderoso que te impulsa como instinto de conservación animal al deseo de tener los pies sobre la tierra.

El propio Adam Curtis nos lo explica en su blog de la BBC: “The film has been made specially for iplayer – and is a giant narrative spanning forty years, with an extraordinary cast of characters. They include the Assad dynasty, Donald Trump, Henry Kissinger, Patti Smith, the early performance artists in New York, President Putin, intelligent machines, Japanese gangsters, suicide bombers – and the extraordinary untold story of the rise, fall, rise again, and finally the assassination of Colonel Gaddafi”.

Todo el trabajo documentalistico de Adam Curtis resulta de ese inquietante intento de desentrañar las “fuerzas ocultas detrás del caos político” con un estilo propio entre el periodismo de investigación y el cine de autor, una mezcla potente de ideas intelectuales y académicas junto a la cultura y la comunicación de  masas. Hypernormalisation es un término desarrollado por el profesor y escritor de origen ruso Anton Yurchak para describir los últimos años de la Unión Soviética, cuando gobierno y población acordaran tácitamente que el sistema funcionaba perfectamente a pesar de sus evidentes síntomas de deterioro. La falsedad hipernormal.

La híper normalización de Adam Curtis se inicia entonces en dos lugares bien distantes y diferentes del mundo. Damasco. New York. Con la bancarrota de la ciudad el sistema financiero se hizo con el control de la ciudad de Nueva York por primera vez en la historia de los Estados Unidos, la clase politica era remplazada por Wall Street. La otra cara del mundo: el comienzo de la dinastía de Hafaz al-Assad bajo la geopolítica de Kissinger en el Medio Oriente que a la larga asesinó a millones de vidas humanas.  Dos ciudades que nos revelan el hilo conductor y dramatúrgico de las ideas de Adam Curtis.

En Damasco y New York comienza la “paralyzing complexity” (”complejidad paralizada”) o la “constructive ambiguity” (“ambigüedad constructiva”). Frente a unas sociedades cada vez más complejas e interconectadas las narrativas políticas y financieras optan por la simplificación, entonces -como era de esperar-   se (re)construyen sus propias alternativas a esa realidad, y la adaptan a sus visiones mediante la propaganda o la mercadotecnia con el objetivo en primer lugar de poder legitimar esa confusión y la ansiedad frente a esas realidades para en segundo lugar canalizar el descontento de esas mayorías hacia sus propios intereses: hacerse del control económico y el poder político.

El propio Adam Curtis nos explica en su blog: “All these stories are woven together to show how today’s fake and hollow world was created. Part of it was done by those in power – politicians, financiers and technological utopians. Rather than face up to the real complexities of the world, they retreated. And instead constructed a simpler version of the world in order to hang onto power. But it wasn’t just those in power. This strange world was built by all of us. We all went along with it because the simplicity was reassuring. And that included the left and the radicals who thought they were attacking the system. The film shows how they too retreated into this make-believe world – which is why their opposition today has no effect, and nothing ever changes”.

Curtis nos expone esa “caída y temor de todas esas historias”. Desde el islamismo fundamentalista de la guerra santa hasta el neoconservadurismo en los Estados Unidos de América (ahora ya instalado en la Oficina Oval). Desde la cultura pop y los “ocupas” hasta la nueva Rusia Zarista de Vladimir Putin. Desde la narcisista globalización de la internet al censurado socialismo de mercado de Pekín; al uso indiscriminado de las neurosis individuales y colectivas que reproducen el temor al Otro. El poder desplegar la mejor mercadotecnia con el objetivo de controlar,  vigilar y manipular -no ya a disidentes o criminales-  sino a toda la ciudadanía a escala planetaria. El uso y la concentración de los medios masivos de comunicación, las redes de información y el big data como instrumentos de poder político y económico. Curtis expone hechos tras hechos. Detalle tras detalle. Son irrebatibles. Uno puede sentirse abrumado. O incluso no estar de acuerdo con sus conclusiones. Pero su documental y sus ideas nos deja indefensos frente al vértigo de las alturas, ante la impotencia y la indiferencia que en cualquier momento podemos estar frente a un nuevo 1914 o 1933.

Incluso podemos considerar que el propio Curtis hecha manos a la falsificación de  las teorías conspirativas que tratan de explicar la urdimbre del entramado del complejo militar-industrial-político.

O en su carencia de soluciones o visiones alternativas a las ya expuestas. Pero “HyperNormalization” es un resumen desolador de un mundo cada vez más abocado al caos o a la simplificación mediática de la realidad, a la ansiedad de nuestra percepción como individuos y sociedades que los poderes que controlan nuestras vidas son cada vez más opacos, indiferentes y distantes. A la psicosis propias del poder político. A las neurosis generadas por la inutilidad de los argumentos o los debates políticos cuando estos se abocan con una marcada intensidad a generar solo impresiones verbales para que circulan en las redes sociales. Ya no hay críticas o valoración de ideas,  solo enunciados muchas veces falaces o sobrevalorados, de dudosa parcialidad. Como antes lo hicieran Mussolini, Hitler y Stalin en el pasado siglo XX en el presente la trama política la escenifican otros protagónicos pero que igualmente son maestros en la construcción de ficciones convertidas en realidades. Una puesta en escena mezcla de nacionalismo, egocentrismo, armamentismo, narcicismo y desprecio por la enorme variedad y complejidad de los individuos y las sociedades humanas que implosionan desde esa realidad “controlada” para perpetuar el statu quo pues la simplicidad tiene el efecto de ser conciliadora o retraer falsas esperanza de estabilidad y conciliación. Mientras se alimentan a las fuerzas más oscuras de la historia, el odio, la avaricia, el racismo, la xenofobia, el fundamentalismo religioso y la radicalización ideológica. La parálisis de la complejidad.

Mientras tanto la única alternativa que nos ofrece Adam Curtis es la simplificación extrema de esa complejidad. La híper normalización.