La belleza de lo posible.

El universo creativo de las pintoras es inigualable. Se dice que el arte de los oleos y los pinceles es un arte de hombres que sufren como Goya o Van Gogh, o que disfrutan como Leonardo o Picasso.

Pero la creatividad de las mujeres tiene ese poderoso toque surrealista y sutil que solo logran las manos y los ojos femeninos.

Me viene a la memoria una de ellas. Afarin Sajedi.

La creatividad de Sajedi, su técnica y su poderosa presentación son fundamentales para asegurar su elevada posición en el mundo del arte iraní.

Arte iraní. Y, algunos me preguntaran, arte plástico de una mujer iraní.

Si, la imaginación y la libertad no tienen fronteras.

Sajedi tiene varios temas predilectos para sus retratos. Tanto si ella está representando a sus japonesas, sus payasos o sus personajes teatrales, solamente retrata a mujeres. Es una arte de mujeres para mujeres. Que no deja a nadie indiferente.

Esos rostros tienen la fuerza de lo irreal y la belleza de lo posible.

Ser el poema que emana profecías.

Para las dudas.

Podría incluso perder las razones,
el intenso sonido de las vocales en silencio.

Podría incluso perder la locura,
el oculto laberinto de mis anorexias.

Podría incluso ser infinitos objetos.
Pero no he sido el que te ha visto suspirar y temblar.
O el que descubre tus mañanas de algodón.

Podría ser perpetuos estremecimientos.
Pero no el kamikaze que incendia tus navíos a estribor.
O el que revela tus contradictorios secretos.

Podría ser los feroces aullidos a la noche.
Pero no el que encuentra en silencio el eco de tu casa
O el que asesina a la tarde tus “versos libres”.

(Si, incluso podría perder hasta la razón)

Ser la cansada aspiración de ser nada,
De ser azul, de ser mar, como los muros del Holyday Inn.
De ser el genio de la lámpara, de ser arena,
ser ojos hermosos, ser pez, ser…
Sagradas edades de la misericordia,
el almendro, el deshielo, el descreído,
el único libre
resto de vida
ebrio de magias
solo con deseos
alucinado por las estrellas de mar
ser el poema que emana profecías.

Las lagrimas que provocan los cuervos.

 Ayer nos fuimos de fiesta, a tomar whisky, a escuchar a los Rolling, a susurrar a los oídos de la mujer que amas: “i love you”, a ver la puesta de sol sobre el infinito horizonte del mar. Para terminar como siempre hablando de mujeres y poéticas  -mis fiestas preferidas son las que terminan en mujeres y poemas, no soporto las fiestas que terminan en bromas políticas o broncas religiosas-, escuchar blues y rock, canciones de amor y desamor, a Sabina y los Stones, a remembrar todas las estaciones y los aeropuertos en el pasado, imaginar los futuros en los que no he estado, los olores en trenes y aeroplanos. Averiguar… ¿Quiénes aman a don Quijote ?

Las fiestas al final sirven para que las almas a fines se reunan a degustar el mundo, los licores, los sabores, el ritmo. El reencuentro entre amantes y amigos.

A dar gracias por las amantes y los amigos. Y por la vida toda como exequias de la nada.

En una reciente entrada hablaba de Alejandra Pizarnik, la poeta argentina, y evidentemente en nuestra fiesta de ayer terminamos hablando de Alejandra, del Aleph, de los polimorfismos: Ada, Ana, Ava…

Existen seres que se incendian para que desde el lejano horizonte podamos ver las lagrimas que provocan los cuervos.

*

«Soy la Gran Pitonisa, tengo los oídos llenos de whisky y el corazón colmado de salamandras.» (Así se presentó. Tuve miedo.)

**

¿Quiénes aman a don Quijote? Los cuerdos, los lúcidos. Los que se le parecen lo viven con malestar. Me miré en el espejo. Parezco Dylan Thomas antes de morir, cuando decía: «Quiero desgarrar mi carne».

Anoche, mientras hablaba con las sombras, comprendí algo de lo que me pasa —había alguien en mí científicamente lúcida—. Yo decía si todo esto vale la pena, puesto que me voy a morir muy pronto. La respuesta fue la de siempre: «Si alguien te ama no morirás pronto; vivirás muchos años y tu vida crecerá como la higuera de Rilke». Pero la realidad es otra. Nadie me ama a pesar de mí, contra mí. Nadie me atraviesa como a un escollo, condición de este amor esperado y jamás hallado. Caída en las «noches blancas». Metamorfosis. El ratón se sueña ibis de la China. Alguien vendrá a castigarlo: no un gato ni ningún peligro conocido. Lo harán sufrir porque no acepta ser ratón y además (y sobre todo) porque habiendo osado pensarse ibis de la China, sufre, siente miedo y espera que lo castiguen por eso. ¿Qué sucedería si no tuviera miedo de soñarse otro?

***

La conciencia del fuego apagó la de la tierra. Mi visión del mundo se resuelve en un adiós dudoso, en un prometedor nunca.

Culpa por haberme ilusionado con el presunto poder del lenguaje.

Todo es un interior. Por tanto, el poema es incapaz de aludir hasta a las sombras más visibles y menos traidoras.

Hablar es comentar lo que place o disgusta. Lenguaje visceral constatador de los fantasmas de las apariencias.

Escribir no es más lo mío. Con sólo nombrar alcoholes temibles, yo me embriagaba. Ahora -lo peor es ahora, no el miedo a un desastre futuro sino la de algún modo voluptuosa constatación del presente infuso de presencias desmoronadas y hostiles. Ya no es eficaz para mí el lenguaje que heredé de unos extraños. Tan extranjera, tan sin patria, sin lengua natal. Los que decían: “Y era nuestra herencia una red de agujeros”, hablaban, al menos, en plural. Yo hablo desde mí, si bien mi herida no dejará de coincidir con la de alguna otra supliciada que algún día me leerá con fervor por haber logrado, yo, decir que no puedo decir nada.

“The Joshua Tree” 30 años.

Una relación de amor y odio con Estados Unidos llevó al grupo irlandés U2 a crear uno de los álbumes de rock más importantes de la historia de la música, The Joshua Tree, un trabajo que 30  años después sigue fascinando al público.

Muerto Lennon el rock ya no contaba con un profeta, y  la prestigiosa revista musical británica NME ya lo avisó antes de que el 9 de marzo de 1987 saliera a la venta el quinto disco de estudio de una banda formada por cuatro dublineses veinteañeros,  “The Joshua Tree será el mejor y más valiente álbum de todos los que aparecerán este año”, predijo la publicación sobre un disco que lanzó al estrellato a U2 con temas como With or without you , Where the streets have no name y I still haven’t found what I’m looking for , todo un himno para una generación. Solo un mes después del lanzamiento, Bono (Paul Hewson), The Edge (David Evans), Adam Clayton y Larry Mullen eran portada de la revista Time , compartiendo primera plana con otro icono de la época, el expresidente soviético Mijaíl Gorbachov. 

Los ochentas fueron años de Disco y Reagan, de Walkmans y de la Coca Cola en Pekín, no ya era Beijín. Entonces llegaron los irlandeses con The Joshua Tree que iba a llamarse inicialmente “Las dos Américas”  en referencia no solo a la diferencias que separaban al norte y sur de aquel Continente, sino a las que se daban en el país del dólar. Bono, cantante y letrista de U2, le influyeron las lecturas de escritores como Norman Mailer, Flannery O’Connor o Raymond Carver y los sonidos y mensajes reivindicativos de músicos como Bob Dylan, Bruce Sprinsgteen o Lou Reed.

Así lo recuerda el periodista irlandés Niall Stokes, fundador de la influyente revista dublinesa Hotpress, biblia de las publicaciones musicales de este país y, en gran medida, responsable del empujón que toda banda necesita en sus inicios.

En su libro “En el corazón: Las historias detrás de cada canción de U2”, Stokes decía que The Joshua Tree retrataba a aquellos que se encontraban en la “marginalidad”, desconectados del “sueño americano”.

Aún así, EE. UU. y, sobre todo, sus espacios abiertos, seguían ejerciendo sobre el grupo una influencia casi espiritual, como quedó plasmado en las fotografías en blanco y negro de Anton Corbijn para la portada de El Árbol de Josué, parte ya de la iconografía del mundo del rock.

Los viajes de Bono a Centroamérica y África en esa época acabaron por convencerle de que el colonialismo británico en Irlanda del Norte, que había denunciado con el mítico tema Sunday Bloody Sunday, había sido sustituido por la “peligrosa” política exterior estadounidense. Los bombardeos en El Salvador o la represión en Chile le llevaron a escribir para este disco Mothers of the Disappeared (“Las madres de los desaparecidos”), un sobrecogedor tema que reflexiona sobre los horrores provocados por la dictadura del general Augusto Pinochet con permiso de Washington. Al despertar político y social de U2 en este álbum también le acompañó uno musical, empresarial y hasta estético. Después de experimentar con su anterior trabajo, The Unforgettable Fire (1984), el grupo volvió a componer estructuras musicales más convencionales y decidieron, además, beber de otras fuentes, como el blues o el folk irlandés y estadounidense.

De la velocidad del punk de sus inicios también se pasó a otro ritmo más melódico y sutil, sobre el que influyó especialmente la guitarra de The Edge, creador del característico sonido con el que se identifica hoy en día a U2. Luego llegarían otros trabajos como Achtung Baby

Producido por Daniel Lanois y Brian Eno, habituales colaboradores de U2, The Josua Tree introduce bases de piano con rastros de folk, como en el tema Running to Stand Still, mientras la armónica de Bono impregna de blues la canción Trip Through Your Wires.

Una de mis preferidas es “Exit”. “Oh great ocean…deep in the black…” Una plegaria a los elementos, al mar, al mañana, al hombre.  La gente siempre dice que U2 es la banda ‘underground’ más grande del mundo. Supongo que es verdad, pero esto está empezando a cambiar”, advirtió en 1987 su representante, Paul McGuinness. Y cambió. U2, por ejemplo, llegó a contratar una estilista para actualizar su imagen de cara a la exitosa gira de The Joshua Tree, Lola Cashman, a quien llevó a los tribunales en 2005 para obligarla a devolver varias prendas que Bono vistió durante aquel tour, entre ellas unos pantalones negros y un sombrero “Stetson” que el cantante calificó de “icónico”.

Desde The Joshua Tree la banda y McGuinness han sido dueños absolutos de una máquina de generar dinero y de una plataforma que sigue sirviendo a Bono para tratar de salvar al mundo. El rock  ya para entonces contaba con su nuevo profeta.

Lady Gaga y Araki…BDSM.

Hablando de las 50 sombras, de música…y del arte BDSM. Un apartado…

Nobuyoshi Araki es un fotógrafo japonés legendario que siempre ha provocado desde controversia y rechazo frontal a su trabajo, a la más profunda admiración y respeto por parte de la crítica y el público.

Entonces no es de extrañar que se reúnan dos artistas controvertidos y excéntricos: Araki y Lady Gaga. Unieron fuerzas para realizar un performance las imágenes fueron capturadas durante un performance por el genio japonés de la imagen en formato polaroid y publicadas en la edición japonesa de la revista Vogue. 

En una entrevista para The Japan Times, Araki cuenta su experiencia con Gaga:

No lo describiría como divertido, esa no es la palabra correcta. Fue muy intenso. Lady Gaga estaba muy centrada y comprometida con la sesión, me insistía: “Átame, átame”. ¿No es increíble?

Es una lástima que esta plataforma no entienda del arte BDSM.  Por las imágenes, el rostro de Lady, las declaraciones de Araki, lo disfrutaron…Aunque uno se pueda imaginar las secciones privadas entre Gaga & Araki…

From Darker to Big Machine…

Hay sonidos que me resultan inclasificables.

Una amiga nos invitó a su casa para escuchar juntos la banda sonora del bodrio de “Fifty Shades Darker”. Es fanática a la saga de las “sombras”. Pero la banda sonora es igual de predecible que las cintas o las novelas. Lo peor que puede hacer el arte es ser predecible. Por suerte ni la vida o el sexo  -incluso el sexo BDSM-  resultan predecibles.

Al menos en los libros se citan temas del renacimiento y el barroco italiano para las escenas de sado-masoquismo, pero, siempre hay uno, sinceramente no sé qué tiene que ver Coldplay o Taylor Swift con el Marqués de Sade. Tratándose de música soy disciplinado y “obediente”. La escucho a la manera diletante: de todo un poco. Del renacimiento a clásica, del romanticismo al rock . No es que Taylor no me agrade pero su colorido mundo de  ensueño proyectado en MTV no me encaja con el mundo de Leopold von Sacher-Masoch.

Terminamos de escuchar “Fifty Shades Darker”. Nos preparamos unos tragos. Pensé que sonidos podíamos escuchar a continuación. Pensé en uno que nos resulte inclasificable e impredecible.  Para sorprender.

Por ejemplo con el reciente disco de Eliza Carthy & The Wayward Band, “Big Machine”. La mezcla del misticismo celta con arreglos de la nueva era, una poesía dura y simple, rock y jazz,  un sonido áspero y ágil, me va más con las “Sombras de Grey” que con la luminosidad de MTV.

“Devil in the Woman”, “Epitaph”, “Grey Get Back” o incluso “Mrs Dyer The Baby Farmer” poseen esa sensación de desasosiego tan propia de las vírgenes y las pieles de  Sacher-Masoch. Al final todos somos humanos, sombras de sonidos en una gigantesca máquina.

Pero no tiene que ser necesariamente de esa manera. Nada, me excuso,  nada tiene que ver con el sexo BDSM pero les recomiendo escuchen el tema “I Wish That The Wars Were All Over” por Eliza Carthy & The Wayward Band.

Dan deseos de paz.  

Derrumbe ejemplar.

Acabo de ver el filme “El viajante” de Asghar Farhadi. Desde “Nader y Simin, una separación” soy fanático al cine del iraní.

El cine como la mayor parte del arte contemporáneo aunque no lo parezca o se ha vuelto panfletario o sencillamente comercial. Los buenos contra los malos como las pelis de ‘cowboys’ que veía con mi abuelo en un hoy fantasmal cine de La Habana.

Asghar Farhadi tiene una visión y una sensibilidad muy personal para encontrar y exponer los conflictos humanos. “Nader y Simin, una separación” nos habla de una pareja a la que se les acaba el amor, le ternura y el futuro. Deciden separarse. Para ello Asghar Farhadi  nos habla de quienes son Nader y  Simin,  su historia como familia pero también todos los detalles de la vida en Irán, la burocracia, el fundamentalismo religiosos, las unciones entre Estado y Religión, los prejuicios.  Con un estilo de narración impecable e inalcanzable para los aprendices de estetas.

“El viajente” funciona en la misma cuerda pulsiones familiares que se nos escapan a cualquier interpretación definitiva sobre la vida y los individuos  íntimos y contradictorios. En un parpadeo de 24 por segundo se acaban las sonrisas.  La historia de “El viajante” de  Farhadi comienza con un buldócer para demoler un edificio pero igual nuestras conciencias a través de sus personajes. Uno a uno quedan retratados en una coreografía.

 

Asghar Farhadi no se ha dejado poseer por el oropel de los grandes premios como el Oscar o el Cannes  a mejor filme extranjero logrado con “Nader y Simin, una separación”   -y ahora con “El viajente”;  y,  nos sorprende con otro filme intimista y personal.  Revelando  a unas criaturas que reaccionan a la violencia externa.

Enad y Rana,  los protagonistas del “El viajante”  tienen que salir corriendo de un edificio que se derrumba y no es una metáfora, es real.  No es el deseo de trasmitir un mensaje mesiánico, fatuo, o moralizante. Shahab Hosseini y Taraneh Alidoosti los actores impecables y extraordinarios, sus reacciones, sus silencios, sus miradas otorgan expresividad de la situación reflejan el derrumbe,  la caída segundo tras segundo,  la (in)certidumbre que se repite en todas las cintas del iraní: la expectación ante la banalidad de la violencia.

La insignificancia, en definitiva, de vivir aquí y ahora y hacer esto y no lo otro; asumiendo las consecuencias.

Alejandra Sangrienta.

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Una de las grandes mujeres de las artes es Alejandra Pizarnik.

Hija de emigrantes judíos de nacionalidad rusa, nacida en la Argentina,  representante de ese surrealismo poético tan característico del país austral. Alejandra fue una mujer atormentada desde su temprana infancia, sus obsesiones con la belleza corporal, la autopercepción de su cuerpo, su extrema y extraña sensibilidad, la llevaron a ser fármaco dependiente desde la adolescencia, padeció insomnio, euforia y depresión, tendencias suicidas.

Lectora voraz, psicoanalista, escritora única, de una poética exaltada y una visión muy personal de la feminidad, de la literatura, de las relaciones personales y la vida. Vida que se quitó al ingerir una dosis mortal de seconal, contaba con 36 años.

Pizarnik habla de dolor, de la soledad, de los moralmente indefensos, de las llamas:

Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.

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Alejandra habla de los hombres, de los lobos, del amor desterrado y la nada, Alejandra Pizarnik habla del olvido, de la muerte, del silencio:

esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.
hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos
así volverá tu amado
tan amado oyes la demente sirena
que lo robó el barco
con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto
tanto desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!
 
 
 

*

Sombras de los días a venir

a Ivonne A. Bordelois  

Mañana  me vestirán con cenizas al alba, 

me llenarán la boca de flores, 

Aprenderé a dormir  en la memoria de un muro, 

en la respiración  de un animal que sueña.

**

Portadora de unos grandes ojos negros, una insinuante sonrisa, un rostro intrigante y una desbordada imaginación, su vida y obra fue influida por Rimbaud y Mallarme, por los surrealistas, el psicoanálisis y una búsqueda incesante de nuevas caminos formales en la literatura.

Unos amigos me hablaron hace unos meses de una edición de su “novela” “La Condesa Sangrienta” editado por Libros del Zorro Rojo y con ilustraciones de Santiago Caruso. Fieles que son uno de ellos me envió el libro por correo. Un libro gastado de apenas sesenta páginas, edición de lujo con ilustraciones donde la inquietud del sadismo y la locura se topan de página en página con la literatura de una Alejandra desbordada de in-sanidad.

La condesa de su libro es el personaje histórico Erzsébet Batory, la Dama de Csejthe, un símbolo del mal absoluto, los limites últimos del horror. La vida supera todo arte.

Con “La Condesa sangrienta” Alejandra Pizarnik elaboró un retrato perturbador del poder, el sadismo y la demencia. Su lectura hiere nuestra condición humana a niveles inconscientes, es un libro perturbador y desgarrador pero al mismo tiempo sublime pues nos habla de seres que están en los límites de la comprensión humana. Como la propia Alejandra Pizarnik.

“Ella es una prueba más que la libertad absoluta en la criatura humana es algo horrible”.

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Notas

Alejandra entre 1960 y 1964 se instaló en París y ahí colaboró con distintas revistas y diarios. De esa época procede su amistad con Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz, quien prologó su cuarto poemario, titulado El árbol de Diana (1962). En 1964 regresó a Buenos Aires y publicó sus obras más conocidas: Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) y El infierno musical (1971). Desde 1954 en adelante, Pizarnik fue redactando un diario que la acompañó hasta los últimos días de su vida. En 1972, a la edad de treinta y seis años, decidió morir en la misma ciudad donde había nacido.

MoMa vs. Trump

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El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) le plantó cara al veto migratorio del presidente Donald Trump, con una exposición de obras de artistas de las nacionalidades a las que pretende bloquear el acceso al país.

La iniciativa del MoMa, que responde al veto de Trump a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana (Libia, Sudán, Somalia, Siria, Irak, Yemen e Irán), pretende poner de relieve la importancia de la libertad y diversidad en el mundo.

Así, entre los cuadros de los reverenciados Pablo Picasso, Vincent Van Gogh, Henri Matisse o Claude Monet, que admiran diariamente cientos de personas en la quinta planta del MoMA, se han colado las obras de pintores y escultores de Irán, Sudán e Irak.

En la galería dedicada a Picasso, por ejemplo, cuelga desde el pasado viernes un pequeño cuadro en óleo del artista sudanés Ibrahim el-Salahi titulado “The Mosque” (1964), que sustituye al “Jugador de cartas” del célebre pintor español. El museo además ha retirado dos cuadros de Matisse, “La lección de piano” y “El baile”, para hacer sitio a una compleja obra en rotulador y papel del artista iraní Charles Hossein Zenderoudi, “Mon Père et Moi” (1962).

También representa a Irán en esta singular exposición un cuadro sin título de Marcos Grigorian, un artista que creció en ese país musulmán, y una gran fotografía de Shirana Shahbazi, ciudadana alemana pero de origen iraní.En otra de las salas de la quinta planta del MoMA, donde se reúne una impresionante colección de obras realizadas entre 1880 y 1950, puede verse una pequeña escultura en bronce de Parviz Tanavoli, uno de los escultores más destacados de Irán.

Completan la colección de artistas vetados la pintura “El pico de Hong Kong”, de Zaha Hadid, arquitecta británica nacida en Irak; y el vídeo “Chit Chat”, de Tala Madani, natural de Irán. Por si alguno de los visitantes tiene alguna duda del porqué de la repentina irrupción de estas obras de arte en las galerías del MoMA, un breve texto en el lateral de cada una de ellas lo aclara.

“Esta obra pertenece a un artista de una nación a cuyos ciudadanos se les está negando el acceso a los EE.UU., según la orden ejecutiva presidencial firmada el 27 de enero de 2017”, rezan los letreros. “Esta es una de varias obras de la colección del museo instaladas en la quinta planta para reafirmar que los ideales de la bienvenida y la libertad son vitales en este museo, así como en EE.UU.”, agregan.

Esta iniciativa del MoMA no deja indiferentes a quienes se acercan al museo, uno de los más prestigiosos del mundo.

“Es fantástico, me he quedado de piedra”, dijo a Efe una visitante del museo, que no quiso revelar su identidad dada la polémica que suscita el veto migratorio de Trump en EE.UU. “Me parece repugnante lo que está pasando ahora mismo en mi país y esto es una muestra perfecta de lo importante que es que aceptemos a todo el mundo, sea de donde sea. Todos los ciudadanos del mundo tenemos algo especial que aportar”, añadió.

Otros piensan que el resto del mundo del arte en EE.UU. debería seguir el ejemplo del MoMA e involucrarse más a fondo en los problemas sociales del país. “Creo que es una postura tajante y apoyo que la comunidad artística quiera transmitir este mensaje”, aseguró la estadounidense Laura Cardoso.

“El arte debe reaccionar al mundo real y a lo que está pasando. Estaría muy bien -opinó- si otros museos siguieran al MoMA e hicieran lo mismo”.

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De acuerdo con la institución, la muestra, abierta ayer al público, considera los temas entrelazados de la protesta social, el efecto de la historia sobre la formación de la identidad, y cómo el arte yuxtapone el hecho y la ficción. La exposición, bajo el título de Conversaciones inacabadas: Nueva York desde la colección, incluye fotografías, cuadros, esculturas y vídeos de John Akomfrah, Jonathas de Andrade, Anna Boghiguian y Andrea Bowers.

También aparecen creaciones de Paul Chan, Simon Denny, Samuel Fosso, Iman Issa, Kim Beom, Erik van Lieshout, Cameron Rowland, Wolfgang Tillmans, Lynette Yiadom-Boakye, Kara Walker y Adrián Villar Rojas. Para el MoMA, estos artistas reexaminan momentos históricos, evocan imágenes del pasado, reivindican sus lugares dentro de él, y se enfrentan a las luchas contemporáneas por el poder.

Asimismo, intervienen en los debates sobre la vigilancia del gobierno y la explotación laboral, y miran hacia tradiciones dentro y fuera de las artes visuales para imaginar posibilidades sobre un futuro incierto.