Derrumbe ejemplar.

Acabo de ver el filme “El viajante” de Asghar Farhadi. Desde “Nader y Simin, una separación” soy fanático al cine del iraní.

El cine como la mayor parte del arte contemporáneo aunque no lo parezca o se ha vuelto panfletario o sencillamente comercial. Los buenos contra los malos como las pelis de ‘cowboys’ que veía con mi abuelo en un hoy fantasmal cine de La Habana.

Asghar Farhadi tiene una visión y una sensibilidad muy personal para encontrar y exponer los conflictos humanos. “Nader y Simin, una separación” nos habla de una pareja a la que se les acaba el amor, le ternura y el futuro. Deciden separarse. Para ello Asghar Farhadi  nos habla de quienes son Nader y  Simin,  su historia como familia pero también todos los detalles de la vida en Irán, la burocracia, el fundamentalismo religiosos, las unciones entre Estado y Religión, los prejuicios.  Con un estilo de narración impecable e inalcanzable para los aprendices de estetas.

“El viajente” funciona en la misma cuerda pulsiones familiares que se nos escapan a cualquier interpretación definitiva sobre la vida y los individuos  íntimos y contradictorios. En un parpadeo de 24 por segundo se acaban las sonrisas.  La historia de “El viajante” de  Farhadi comienza con un buldócer para demoler un edificio pero igual nuestras conciencias a través de sus personajes. Uno a uno quedan retratados en una coreografía.

 

Asghar Farhadi no se ha dejado poseer por el oropel de los grandes premios como el Oscar o el Cannes  a mejor filme extranjero logrado con “Nader y Simin, una separación”   -y ahora con “El viajente”;  y,  nos sorprende con otro filme intimista y personal.  Revelando  a unas criaturas que reaccionan a la violencia externa.

Enad y Rana,  los protagonistas del “El viajante”  tienen que salir corriendo de un edificio que se derrumba y no es una metáfora, es real.  No es el deseo de trasmitir un mensaje mesiánico, fatuo, o moralizante. Shahab Hosseini y Taraneh Alidoosti los actores impecables y extraordinarios, sus reacciones, sus silencios, sus miradas otorgan expresividad de la situación reflejan el derrumbe,  la caída segundo tras segundo,  la (in)certidumbre que se repite en todas las cintas del iraní: la expectación ante la banalidad de la violencia.

La insignificancia, en definitiva, de vivir aquí y ahora y hacer esto y no lo otro; asumiendo las consecuencias.

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