“The Joshua Tree”

En 1987 Reagan y Gorbachov soñaban cambiar el mundo. En 1987 nacía en los EE.UU. la familia “Simpson”. U2 publicaba nuevo álbum: “The Joshua Tree”. En 1987…

El mundo no ha cambiado, no al menos en el sentido que muchos deseamos, Reagan está muerto, Gorbachov probablemente viva en un asilo de ancianos cerca de Petogrado o quizá Paris, el muro de Berlín se derrumbó ladrillo a ladrillo, hoy se construye otro entre la árida Texas y la bella California. Mientras tanto aquí estamos treinta años después cantando….”Te veré de nuevo cuando las estrellas caigan del cielo.  Y la luna enrojecida sobre el monte de un árbol”.

 “The Joshua Tree” cumple treinta años. Edad plena. Edad de oro sobre la colina roja y el desierto tonos Monet. Uno, al fin, agradece que el mundo no haya cambiado hasta hacérsenos irreconocible, al menos que no haya cambiado al estilo de los sueños imperiales de Washington o Moscú. Uno, al fin, agradece que el mundo solo sea un grano de arena cósmica, un desierto, una carretera, un árbol, r ´n ´r , un par de chicas y tú. Poco más…

Un mundo con tres canciones que te dibujaron un camino color ocre con tintes de futuro. Un mundo donde las calles no tienen nombre, solo la colina de tus verdes ojos, contigo o sin ti…un mundo donde aún no encuentro lo que busco. Poco más…

“The Joshua Tree” cumple treinta años y lo celebra U2 con una extraordinaria gira mundial que va desde Canadá a California, de Barcelona a Dublín.

Existen muchos que dudan… ¿el rock ya no murió con Hendrix y Cobain? Puede ser. El rock es solo un meme a la memoria de 1967 ó 1987. A la nostalgia. La banda irlandesa nunca pudo superar aquel álbum que contenía el sonido de toda una generación.

Gracias a esa música somos seres “reales” que nos hicimos mejores que la “realidad”. Adultos que emergimos intactos de la decadencia de los ochenta y los noventas. En medio de guerras santas y frías, en medio de Mesías lunáticos iluminados de rojo. Supimos crecer a solas. En silencio. La Generación X. La Generación Y. La que finalmente se decidió por el placer del murmullo que solo brinda el amor; ese amor que nos cura de toda la emanante lepra de vuestras mentes.

Uno. One. Una generación que espera(ba) por un salvador extraterrestre o un reino que viene, ¿o quizá no? Que no espera absolutamente nada… solo balear el cielo azul. Yo, no, yo no creo en el tercer reinado de los arios, en la masturbación de vuestro cerebro, en tus sectas y sus tribus. Creo en una sonrisa en forma de notas musicales… en el punk hecho por mujeres y en una poetisa queer, encontrar contigo (o sin ti) ese banal silbido del nuevo segundo; un big bang sónico, ensordecedor.

Soy el que intenta encontrar en los conciertos nostálgicos de U2 el árbol de Jesús en el desierto, un poema al éxtasis, una variación…algo. Nuevo. ”Soy un momento iluminando la eternidad, soy una afirmación. Una variación. Soy el éxtasis. Llévame alto…

 Ah… Mientas canta Bono la familia Simpson intenta colorear el mundo a favor del amarrillo.

 

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