“La tentación de la inocencia”.

 Me fascina viajar a Francia, amo los países pesimistas, la leyenda negra, la leyenda blanca, los libros blancos y los libros negros. Adoro que mi Francia sea pesimista, no sé si la Francia real es así, al menos yo así me la imagino, a mi Francia, a mi bella y triste Helena y mi melancólico Paris.

Que el país de la Revolución y la Guillotina posea la melancolía necesaria de aquellas sociedades que (re)conocen que todo puede ir muy mal. (De mal en peor, decía mi abuela). Que el rojo, el blanco y el azul, pueden ser sinónimos de igualdad, libertad y fraternidad pero igual pueden representar los peores sentimientos y actos humanos: la Roja sangre, la Blanca traición, el Azul la apostasía contra la vana esperanza de todos los bienaventurados.

Francia es un país inocente y hermoso, fácilmente “tentable”. El ensayista francés Pascal Bruckner lo sabe y reflexiona sobre el denso pesimismo de su país en un excelente libro: “La tentación de la inocencia”.

 Mientras los presidentes y ex presidentes dicen en la TV pública que “odian a los ricos” el país contempla la mayor emigración desde la Revolución de 1789. Jóvenes y viejos salen de Francia en busca de oportunidades y desafíos. Las tres cuartas partes de los jóvenes que se quedan, sueñan con ser burócratas. El resto   mediante una simplista retórica prisioneros de un pasado remedado por falsas ilusiones.

Los franceses se lamentan de su suerte y lo reflejan en sus libros que publican para documentar y constatar su propia decadencia; y, por supuesto algo después, la decadencia de toda Europa y el Orbe. Así son de pesimistas.

Después de un atentado se aterran y todos gritan “Yo soy…” pero la primera persona del singular se disuelve rápido en la primera del plural. “Nosotros somos…” Pues el pesimismo francés más que individual resulta colectivo. A diferencia de la desilusión inglesa con su Brexit ya que los isleños por lo general prefieren ser solitarios suicidas antes que muertos colectivos. “Adiós Europa” se nos canta desde las Islas, resulta un imposible que Francia le dé la espalda a Europa.

Cuando una nación entera teme a lo desconocido se le acaba de repente el futuro; y, los franceses temen a todo, escribe Bruckner, temen al Islam, a la globalización, el capitalismo, el calentamiento global, al post-comunismo, temen a América del Norte y del Sur. Temen. Una profunda mezcla de arrogancia y auto denigración caracterizan a la Francia contemporánea.

Pascal Bruckner (nacido el 15 de diciembre de 1948 en París) es un filósofo, ensayista y novelista francés. Después de sus estudios en la universidad de París I y París VII, y en la École Pratique des Hautes Études, llegó a ser maître de conférences en el Instituto de Estudios Políticos de París, y colaborador en el Nouvel Observateur.

Escritor prolífico, en un primer momento se le asoció a los «nuevos filósofos», junto a Alain Finkielkraut, André Glucksmann y Bernard-Henri Lévy. Ha publicado Parias, o la tentación de la India (Parias, ou la tentation de l`Inde), Lunas de hiel (adaptado al cine por Roman Polanski) y Los ladrones de la belleza (Les voleurs de beauté) (Premio Renaudot en 1997). Entre sus ensayos, La tentación de la inocencia (La tentation de l`innocence) (Premio Médicis en 1995), El sollozo del hombre blanco (Le Sanglot de l`Homme blanc), un ataque contra las políticas narcisistas y destructivas en pro del tercer mundo, y más recientemente  La tiranía de la penitencia (La tyrannie de la pénitence) (2006), un ensayo sobre la interminable auto-crítica occidental.

Bruckner el autor del libro en cuestión ofrece dos variables profundas del malestar: la primera es hija del catolicismo y del republicanismo: odio al dinero; la segunda es el producto más paradójico de su propia revolución: el conformismo. Me fascina mi Francia.

 

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