Vida artificial.

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El anuncio que los humanos habían sintetizado vida “artificial” por primera vez recorrió la prensa internacional hace ya 10 años.

Muchas novedades han ocurrido desde entonces, pero como suele suceder con los descubrimientos relacionados con la genética y la biotecnología los principales laboratorios del mundo y/o las universidades, además de los propios gobiernos, que patrocinan y ejecutan las más avanzadas investigaciones en dichos campos intentan mantener sus investigaciones y logros con un bajo perfil; por lo general sus publicaciones solo se mantienen en el ámbito académico o el circulo secreto de los especialistas y burócratas del complejo militar-estado-industria.

Cuando Craig Venter publicó sus primeros resultados hace ya una década,  diez años de trabajo de un grupo compuesto por más de 20 genetistas, incluyendo un Premio Nobel y a un costo de 40 millones de dólares, quedó claro que los humanos no solo pueden comprender la teoría de la relatividad general o la física cuántica sino que pueden desentrañar la evolución de la vida a través de la biología evolutiva y la genética.

Dr Venter es un genetista, empresario y visionario fundador de la empresa  Celera Genomics, una de las primeras empresas privadas en secuenciar el genoma humano bajo el Human Genome Project.

Con sus investigaciones y la de otra docena de laboratorios y empresas, la biología está a punto de dar un salto comparable a la apropiación por parte de la humanidad del fuego, el lenguaje, la rueda, el cálculo infinitesimal, la música, la ley de la gravitación o la evolución de las especias mediante la selección natural; ahora es el turno de apropiarnos de la genética, la biología…de la vida.

Al propio Craig Venter un periodista le preguntó si estaba jugando a ser Dios, a lo que respondió de forma muy autosuficientemente estadounidense que  “no estaba jugando”.

Las aplicaciones de la ‘vida sintética” de Craig no se han hecho esperar.  Sus bacterias son cien veces más poderosas en degradar los combustibles fósiles o absorber la energía solar. Incluso pueden manufacturar sustancias farmacológicamente activas útiles para combatir centenares de enfermedades.

Aun sin entender muy bien  importantes grupos religiosos han continuado atacando a Venter y a otros tantos que están a la vanguardia con los gastados argumentos de la época victoriana, sin comprender que el debate ya no está en si la evolución mediante la selección natural es  “ciencia” o no; el debate actual es si nosotros los homos sapiens podemos intervenir en la propia selección natural y por lo tanto en la vida y la evolución, de nosotros como especie y la del resto de la biosfera. ¿Incluso ¨implantar¨ vida en Marte o las lunas de Saturno, para ver cómo evoluciona? Y, no, no es ciencia ficción.

La frontera se hace difusa. Una nueva era esta comenzando. Y esa era está más allá de la ciencia biológica, la genética evolutiva, o las tecnologías biológicas.  Tiene que ver con nuestra propia visión como especie, el lugar y la capacidad de explorar todas nuestras capacidades humanas, ciencia, sentido e intelecto, con un trasfondo de responsabilidad ética y moral.

Existen docenas de grupos “post-humanos” en los países más desarrollados que se implantan chips con información genética, o lo análisis genéticos in vitro para determinar enfermedades congénitas, o simplemente escoger el color de los ojos o la estatura de nuestra descendencia.

Las posibilidades son infinitas. Una nueva era en la que el propio homo sapiens puede “crear” vida para su propio beneficio. O para el beneficio de otras especies. De todo el sistema ecológico y la biosfera donde habitamos.

La revolución iniciada por Darwin es indetenible, la misma siempre fue más allá de la propia ciencia, la biología, trasmite idea y derrumba dogmas y preocupaciones que son esencialmente humanas. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? El darwinismo, la biología evolutiva, es ciencia pura y al mismo tiempo ciencia experimental y aplicada y por lo tanto su conocimiento o praxis encierra un profundo sentido humano, nos trasmite conocimiento verificable, experimentación tangible, pero también la subjetividad de nuestro pasado y los dogmas de la creencias seudocientíficas, es en esencia ideas con un profundo carácter filosófico que renueva valores, la ética y la moral, que promueve sentimientos y espiritualidad; en una palabra: humanismo. Además de preocupaciones y temores por daños ecológicos, los límites de lo humano,  o incluso la posible fabricación de armas biológicas con vida creada artificialmente. Demás de asuntos de que el acceso a dicha ciencia se vea afectada por temas de exclusión social, racial o económica.

Desde estudiante me llamaba la atención el porqué de los grupos religiosos, aquellos que tienen institucionalizada la creencia en un Dios, mediante normas y dogmas y hacen de ello una forma de vida, además de un negocio multimillonario tienen la vocación de enfrentar al darwinismo con un celo que circula lo patológico. Y, es que el darwinismo, ontológicamente traspaso la vida, del ámbito teológico y metafísico, al ámbito donde realmente pertenece, a la propia Vida. Que por demás no es exclusiva de nuestra especie, ni de nuestro planeta, ni de nuestro sistema solar.

Nuestra posibilidad de entrelazar vida con filosofía y teología, pero tambieon con ciencia, biología, ética, responsabilidad existencial que señalan nuestro destino como “sapiens”.

El propio Venter le declaró al diario británico The Guardian: “it has certainly changed my views of definitions of life and how life works.”

Estamos cambiando nuestras propias definiciones de vida y como funciona.  Por su parte Julian Savulescu, profesor de ética de la Oxford University, declara: “Venter is creaking open the most profound door in humanity’s history, potentially peeking into its destiny. He is not merely copying life artificially … or modifying it radically by genetic engineering. He is going towards the role of a god: creating artificial life that could never have existed naturally.”

En esa oración última se encierra todo lo que está por suceder en los próximos 100 años.

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