Ese animal original…

La Internet significa globalización. Un rasgo de nuestros tiempos.

Y desde tres ámbitos diferentes nos llegan con solo un par de clics las ideas de un surcoreano que vive y escribe en alemán, el enjuiciamiento político y penal por lo publicado en Twitter o Facebook, o las ideas filosóficas mas sofisticadas escritas para entendernos en el mundo digital.

En uno de sus números más recientes la revista “The Spectator”  ponía en portada el artículo: “The Digital Inquisition” sobre las consecuencias de lo publicado en las redes sociales (Twitter y Facebook) en la vida privada y profesional. La periodista Lara Predenrgast repasa en su escrito  lo sucedido con Toby Young quien tuvo que renunciar a su carrera por lo publicado tiempo atrás en las redes sociales. Lo “posteado” por Toby casi una década atrás, seccionado y fuera de contexto, fue articulado en las mismas redes sociales como un comportamiento y una generalizada conducta sexista.

Ahora, hoy, comentarios on line pueden definir quién eres, también pueden condenarte. Lara describe la creciente paranoia entre sus amigos universitarios de publicar y comentar en las redes. El artículo tiene claros antecedentes orwellianos.

Los mismos antecedentes y preocupaciones  descritas por el filósofo surcoreano y residente en Alemania: Byung-Chul Han. Un estudio  sobre su pensamiento, publicado en el diario español El País,  se ha convertido en viral. Sim emabrgo la mayor parte de los lectores de Han han llegado a él a través de esas mismas redes sociales, no obstante el propio Byung-Chul es sumamente crítico con eas mismas redes sociales.

El pensador se pregunta; si no ocurrirá que al final el algoritmo sea quien construya al hombre y no a la inversa.

En la era de Orwell “1984”  la sociedad consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de la dominación”, describe Han. No tenemos conciencia de la dominación impuesta por terceros menos de la autoimpuesta. Han describe sobre la expulsión de la diferencia. Los individuos hoy se auto explotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”. 

Los artículos periodísticos de Lara y los ensayos de Han habla de lo mismo. De la alienación y la dominación, del infierno de lo igual, de la sociedad del cansancio y de la explotación a la que nos sometemos con el aparente incentivo de la auto realización. El narcicismo y la paranoia de las redes, del hiperconsumismo y la conectividad a toda costa. Nos encanta que nos vean, gritar, pero rara vez escuchamos el susurro del Otro. O cuando la hacemos es para intentar imponer el propio.

La lectura de Han y Lara es una “lectura crítica del mundo acelerado que tiene que ver con la transparencia y las tecnologías y le funciona y genera complicidad. Es el tipo de pensamiento que acompaña las soledades”.

“Sin la presencia del Otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno (…)”. Se margina la diferencia que es la esencia de la humanidad, el respeto a lo diferente. La lectura de Lara y Han, nos recuerdan que:

“Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello  Han propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo… En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

 

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