Sonnenaufgang, Una Odisea Espacial.

Así habla…

 No conozco inicio más cinematográfico en la historia del cine como la introducción del filme: “2001 A Space Odissey” del cineasta norteamericano Stanley Kubrick.

Existen obras de arte, autores, libros y filmes que pueden configurar tus sueños y tus pesadillas, “2001 A Space Odissey” y  “Blade Runner”  son dos de esos filmes, esos dos escritores, esos dos cineastas, esas historias me abrieron las puertas del espacio y la percepción siendo aún un adolescente. “Blade Runner” y “2001: A Space Odissey”, Scott y Kubrick, Clarke y Dick son parte de mis paradigmas culturales como lo pueden ser Paradiso de José Lezama Lima o en la Calzada de Jesús del Monte de Eliseo Diego. Me es difícil concebir el universo sin la inteligencia, sin 10 de Octubre, sin la poesía del Paraíso de Dante o José, sin la odisea de la inteligencia artificial, sin los algoritmos, el algebra o la alineación de los planetas, los monolitos o la casualidad.

Ayer chateaba con una amiga sobre el panorama artístico cubano, los libros y el cine reciente de la Isla, es probable que ahora en algún pueblo de Cuba recién nazca otro Lezama, otro Eliseo e  intuyo que algún día tengamos en Cuba un Dick o Clarke, un Scott o Kubrick, un Kafka o Dante; pero hoy las novedades culturales parecen alimentar más las carencias artísticas que las materiales, el arte visual, la literatura, se erosionan en los lugares comunes y los estereotipos de una decadencia en pleno; se habla del chisme o del dinero del cantante de moda o la penúltima censura pero ni tan siquiera se intenta (re)crear la introducción o una nota al pie de página para nuestra Odisea, caribeña, ni tan siquiera mirar las estrellas o la alineación de los planetas en éxtasis.

50 años…

“2001 A Space Odissey” cumple cincuenta años de estrenada, algunos dicen que el dos de abril de 1968 otros el seis. Medio siglo. Una odisea que mira a las estrellas y el lugar que nosotros ocupamos entre ellas.

Se cuenta que Kubrick leyó casi todo lo relacionado con la ciencia espacial, la ciencia ficción, la astronomía planetaria, escuchó toda la música del siglo XX, se interesó por la naciente computación, inteligencia artificial y la psicodelia del LSD, la evolución de la especie humana, nuestra historia de simios violentos a sofisticados seres en naves interestelares, todo para armar su filme.

Un recorrido por la ciencia de lo posible, los sonidos de la magia y las vibraciones de los planetas. El vals azul de los misterios, la inteligencia, la vida, la percepción de lo imposible.

Fiel a su exquisitez que rondaba con la neurosis en su creación nos legó quizá la obra maestra de la ciencia ficción en la historia del cine.

El amanecer del hombre

Nadie ha superado la introducción de 2001. La secuencia inicial del filme comienza con algo más de dos minutos de la pantalla en negro y el sonido de Atmosphères la obra del compositor húngaro György Ligeti. Le sigue una Tierra  ascendiendo sobre la Luna y el Sol que asciende sobre ambas los tres en perfecta alineación planetaria. En este momento comienza a escucharse el “Sonnenaufgang” (“Amanecer”) del poema sinfónico “Also Sprach Zarathustra” (“Así habla Zaratustra”) de Richard Strauss.

El tema de la música es expuesto por el solo de una trompeta, en tres ocasiones separadas por un redoble de los bombos, para dar paso a las cuerdas primero y toda la orquesta después hasta para completar una orquestación que recorre la escala en Do Mayor y en Do Menor, es solo un adelanto de las tres afirmaciones de la transformación, como la obra que inspira el “Así Habla Zaratrusta” musical. Finalmente cuando asciende el Astro Rey nos quedamos con el acorde del órgano en Do Sostenido.

Kubrick nos presenta entonces la vida cotidiana de un grupo de primates en una sábana semidesértica conviviendo aparentemente de forma pacífica, uno de los miembros de esta manada es atacado y muerto por un leopardo. Se nos muestra su disputa con otro grupo de primates muy similares por el agua de una charca fangosa, todo sin violencia.

Presenciamos el temor compartido por la oscuridad y los depredadores. Su dormir nervioso e intranquilo en el fondo de diminuta caverna. Amanece con extrañas vibraciones acústicas, uno de los primates se despierta y encuentra frente al refugio tallado en la roca un monolito que provoca asombro y la alarma en el grupo. Al poco tiempo, se acercan y, confiando prudentemente, llegan incluso a acariciarlo como reverenciándolo.

Uno de los simios se da cuenta de cómo utilizar un hueso como herramienta y  arma al tiempo que se observan visiones mentales del monolito, sugiriéndose que este ha motivado ciertos cambios en la conducta de los primates y les ha dado cierto grado de conciencia sobre los recursos disponibles para sobrevivir debido a que ahora los monos son capaces de matar animales y comer carne. Volvemos a escuchar la fanfarria de Strauss…

A la mañana siguiente le arrebatan el control de la charca a la otra manada, asesinan mediante el hueso usado como arma al líder de la manada rival. Exaltado frente a su poder el primate vencedor lanza su hueso al aire, produciéndose una enorme elipsis temporal en la narración: el hueso que asciende en el aire, pasa a convertirse en un ingenio espacial que surca el espacio entre la Tierra y la Luna, estamos con el Hombre Cohete en el 1999.

Big Bang…

2001 A Space Odissey es un recorrido por el espíritu y la vida que nos sostiene. La historia se divide igual en tres tiempos, en la Tierra, la Luna y Júpiter que esconde un misterio…pero también es el viaje de Nietzsche y Strauss, de Clarke y Kubrick el espíritu expuesto en su arte. De camello, a león de león a niño. Las tres transformaciones descritas en el primer capítulo de “Asi hablo Zaratrusta” y musicalizadas en el poema y visualizadas por Kubrivk de cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.

Al final todo seremos David Bowman (interpretado por un sobrio Keir Dullea), simios terrestres y sapiens intergalácticos, todos traspasamos el monolito que se transforma en puerta para testificar las sombras y las luces, testimonio de Eros y Tánatos, protagonistas de la muerte y la vida. Todos terminamos, ¿o nos iniciamos? como un feto interestelar y universal, un ciclo del eterno retorno.

Entonces, después del silencio y las vibraciones de los monolitos, de la inmensidad estelar volvemos a escuchar el Sonnenaufgang de Also sprach Zarathustra.

Una metáfora construida con una estructura de música, filosofía, imagines, luces, movimientos, el Vals del Danubio danzando con la Tierra Azul junto al Saco Amniótico que contiene el Huevo Cósmico de Ammavaru depositario de la trinidad de la Brahmanda, el feto universal de la creación, la preservación y la destrucción, el Ciclo…

muerte

“¿Esto era – la vida?” quiero decirle yo a la muerte. ¡Bien! ¡Otra vez!” Amigos míos, ¿qué os parece? ¿No queréis vosotros decirle a la muerte, como yo: ¿Esto era – la vida? Gracias a Zaratustra, ¡bien! ¡Otra vez!»

vida

Vendré otra vez, con este sol, con esta tierra, con este águi­la, con esta serpiente – no a una vida nueva o a una vida me­jor o a una vida semejante: vendré eternamente de nuevo a esta misma e idéntica vida, en lo más grande y también en lo más pequeño, para en­señar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas, para decir de nuevo la palabra del gran mediodía de la tie­rra y de los hombres, para volver a anunciar el superhombre a los hombres.

 

Un comentario en “Sonnenaufgang, Una Odisea Espacial.”

  1. 2001 A Space Odissey y Blade Runner, son las dos ¨monstruosidades¨ de la Ciencia Ficción que más admiro. Son de esas historias únicas para pensar en lo poco y lo mucho que somos. A veces pasan un año o dos y las vuelvo a ver, igual me pasa con Ghost in the Shell, el anime de 1995. Son verdaderas joyas visuales que nos ponen a pensar.

    Saludos desde Zoolook.cubava.cu

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