Demasiado importante…

Tengo que confesar que a lo largo de una vida he pasado por cuatro estados acerca de la cuestión de la existencia de Dios: fe, duda, agnosticismo y ateísmo. De ninguno de ellos me enorgullezco,  especialmente, salvo de la sinceridad con que los he profesado.

Hoy, instalado no en la duda sino en la negación de la existencia de Dios, no veo la falta de fe como un empobrecimiento, sino como expresión y precio de la lucidez, o, si se prefiere, de la determinación de mirar las cosas a la cara y no emplear la palabra “misterio” para lo que es tan solo nuestra ignorancia. Es más: ese estado de duda o indecisión ante Dios en el que permanecí largo tiempo se me antoja hoy una excusa artificiosa y con pretensiones de elegancia intelectual para una condición de ateísmo que en ese momento de mi vida no me resignaba a aceptar ni menos me atrevía a confesar.

Comienza su libro Agustín Squella con una sita de Bolaño, “leyendo se aprende a dudar”. Y, al menos para mi persona, la duda contrae el compromiso con la “verdad” y la verdad con el amor.

El autor Agustín Squella Narducci nacido en Santiago de Chile en 1944. Profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valparaíso y la Universidad Diego Portales, Miembro de Número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales y Ciudadano Ilustre de Valparaíso.

Le preguntan al autor por su individual apego a dios viniendo de un ateo, a  lo que Squella responde citando a su vez Carlo Martini, Dios es demasiado importante para dejarlo solo en las manos de los creyentes…

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