Ambos lados del Cielo.


 

 

Es completamente surrealista que al día de hoy, cuando han pasado ya 48 años de su fallecimiento, se siga editando material inédito de aquel chico zurdo que revolucionó el mundo de la guitarra a mediados de la década de los sesenta.

Hendrix suena ahora como la reencarnación de Bach, de Mozart, de Chopin, eléctrico y con esteroides.

El músico de Seattle fue un autor tremendamente prolífico y un enamorado del estudio de grabación, y a su muerte dejó centenares de cintas con ideas, jams con amigos, versiones de autores que admiraba y revisiones de sus propios temas originales. De ese material se ha estado nutriendo la industria para sacarse de la manga cada cierto tiempo un nuevo disco con el sello Hendrix bien visible en la portada.

El dinero manda.

Pero el genio siempre esta atrás de cada disco. Lo mucho que seperdio la música con su temprana muerte.

Con cada nuevo lanzamiento póstumo hay muchas preguntas que responder: ¿de dónde sale este material? ¿se trata verdaderamente de algo nuevo, atractivo y publicable? ¿O es solo otro sacacuartos con rarezas de ínfima calidad?

Hay un poco de todo.

Para empezar, aunque este Both Sides Of The Sky se anuncia a bombo y platillo como compuesto casi en su totalidad por material inédito, dicho material no dejan de ser tomas y versiones alternativas de temas que ya habían salido a la luz de una forma u otra. El ejemplo más claro lo tenemos en el tema Sweet Angel, que es una primera demo instrumental de la que luego sería su balada Angel, editada en el disco póstumo The Cry Of Love (1971), y posteriormente, de nuevo, en First Rays of the New Rising Sun (1997). El tema publicado como adelanto de este disco, una versión de Muddy Waters titulada Mannish Boy, ya se podía escuchar en el disco póstumo Blues (1994), aunque no esta toma en concreto. Pasa lo mismo con Hear My Train a Comin’, viejo conocido en la discografía de Jimi, que aquí se presenta en su enésima versión. Y así podríamos seguir tema por tema para darnos cuenta de que la mayor parte del material no es tan «nuevo e inédito».

Ahora bien, si no eres un enfermo de Jimi Hendrix que se conoce al dedillo los entresijos de su material y simplemente eres el aficionado medio, que ha escuchado sus tres discos oficiales de estudio y poco más, no es sorprendente que te encuentres con una colección de temas que no habías escuchado antes. Y desde ese punto de vista del mero disfrute estamos sin duda ante un muy buen disco.

A los mandos está el legendario productor Eddie Kramer, y el lanzamiento tiene la aprobación de la familia y la fundación para el legado de Hendrix. Con esas credenciales podemos estar tranquilos respecto a su calidad, que sorprende para bien. Todos los temas suenan de maravilla, algo sorprendente teniendo en cuenta el tiempo que llevaban olvidadas estas cintas. Las grabaciones son claras y conservan toda su fuerza y mojo, la selección y el orden también son los adecuados, todo ello hace que la escucha no resulte brusca en ningún momento. Los temas se suceden con un ritmo y una calidad que no decae y atrapa.

Respecto al carácter de los temas pocas sorpresas, porque a estas alturas prácticamente cualquier aficionado a la música sabe lo que puede encontrar en un disco de Hendrix, y es lo que aquí encontrará: blues de alto octanaje , como en el mencionado tema Mannish Boy o en Georgia Blues. Blues desnudo de bar humeante en Things I Used to Do. Temas desenfadados y marchosos como Stepping Stone, donde Jimi aúna el rock y el funk como solo él sabía hacer. Baladas y medios tiempos con preciosos acordes marca de la casa como en Jungle. Y por supuesto la psicodélia para tus viajes astrales con temas como Cherokee Mist, que se encarga de cerrar el disco. También cuenta con unas colaboraciones de lujo como Stephen Stills o Johnny Winter, que se pasean por un par de temas.

Este disco viene a cerrar una trilogía que se inició con Valleys of Neptune (2010), y siguió con People, Hell and Angels (2013). Esta trilogía pretende ser al colofón final respecto al material póstumo de Hendrix en estudio disponible. Sí señores, tras esto ya no habría más donde rascar, al menos en lo referente al estudio. Pero siempre puede aparecer alguna grabación perdida en un cajón, ¿verdad?

Aunque nos encontramos claramente ante una obra menor, que no llega a la calidad estratosférica de los tres discos en estudio publicados en vida de Jimi, y aunque tampoco es el mejor de sus álbumes póstumos, una cosa está clara: estamos ante algo más de una hora de música de alta calidad. Porque no es ningún secreto que Jimi Hendrix era un genio, y este álbum solo es una muestra más de ello, y por tanto es perfectamente disfrutable en cualquier momento y ocasión, como solo la buena música puede serlo.

El sexo de las emociones.

 

Emoción es una palabra femenina. Emotividad también lo es. Parece evidente que la sensibilidad es femenina y la agresividad, masculina. Esto ha conducido a justificar, en el curso de los siglos, que los hombres detenten el poder. Todavía hoy la mayoría de los malentendidos se funda sobre esta supuesta diferencia.

Alain Braconnier destaca que las emociones constituyen el cimiento de la comunicación humana. Ahora bien, cada sexo posee su propia cultura afectiva. Hombres y mujeres no hablan la misma lengua, su comunicación parece un intercambio entre culturas diferentes. La tesis central de este libro es que las mujeres no son más emotivas que los hombres, sino que saben comunicar mejor sus emociones. La diferencia afectiva entre los sexos sería esencialmente una diferencia de expresión. Las emociones positivas (alegría, risa) suelen manifestarse del mismo modo y suscitan idénticas reacciones. No ocurre lo mismo con las negativas: cólera, pena, culpabilidad, angustia. Las mujeres dejan que se manifieste la angustia dos veces más que los hombres; tres veces más hombres que mujeres se muestran encolerizados. Pero casi los dos quintos de los tartamudos son hombres. ¿A qué se debe todo esto? ¿Y a qué el que las mujeres caigan con mayor facilidad en la neurosis y los hombres en la paranoia? Un libro aparentemente sencillo que sin embargo apunta a plantear en orden asuntos de la más decisiva importancia para toda convivencia posible; y a mostrar caminos de solución. Y que por otra parte desmonta ideas de larga data, recibidas, y falsas; que, en fin, propone caminos para una «conversación» positiva entre hombres y mujeres.

Alain Braconnier es un psiquiatra y psicoanalista francés nacido en Perreux-sur-Marne el 21 de octubre de 1942 , especialista en niños y adolescentes. Enseña en la Sorbona: es director, además, del Centro Terapéutico del distrito XIII de París. Ha publicado numerosos libros, entre ellos Les adieux á l’entance (1990) y Tout est dans la téte (1992). Braconnier es consultor en el Hospital Universitario de La Pitié-Salpêtrière después de haber sido director de la Asociación de Salud Mental del XIII arrondissement de París y Jefe del Centro de Consejería de Adolescencia del Centro Philippe Paumelle. Publica numerosos artículos relacionados con sus actividades y los agrupa en la revista

Lucha de contrarios…

El artista de origen ucraniano Nicolas Tolmachev puede ser aún estudiante de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Paris, Francia, pero sus brillantes ideas y hábil técnica muestran una imaginación desbordada.

Románticas y desconcertantes, las obras de Tolmachev llaman la atención del espectador, que se convierte en observador de una serie de pinturas yuxtapuesta, pero muy equilibrada.

Mi favorita es el Ángel, en 3D, al estilo Western.

 

Riccardo Bertani, el memorioso.

En un extraordinario cuento el argentino Jorge  Luis Borges describia un hecho milagroso, a un hombre de nombre Ireneo Funes, con la memoria mas extraordinaria de la humanidad, pero la historia de Borges tiene el defecto de ser ficción. Y, como sabemos, la realidad muchas veces supera la ficción, incluso la del genio argentino.  Me conozco de memoria el cuento de Borges, aunque no soy Funes, lo puedo trascribir…

Locke, siglo XVII, postuló (y reprobó) idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado.

Pero en el campo de la Italia olvidada hay otro como Funes, percibido y no imaginado, se llama Riccardo Bertani.

Este campesino italiano de 86 años conoce 100 idiomas y ha escrito cientos de libros, incluyendo diccionarios, traducciones y ensayos de mitología y folclor.

Durante 70 años Bertani cultivó el hábito de levantarse desde las 2am y trabajar en sus idiomas hasta las 9am en el silencio del pueblo de Caprara, un pequeño poblado en el norte de Italia.

Bertani ha viajado a través de la lectura y casi nunca ha dejado su casa, solamente en algunas ocasiones para dar algunas conferencias. Décadas atrás llevó una correspondencia con el gran antropólogo francés Levi-Strauss. Lo suyo sin duda es el estudio y la vida simple. Toma su inspiración de Tolstói: «Me inspiro en el gran maestro Tolstói. En la ética de las cosas sencillas, según la cual uno vale por lo que es, no por lo que tiene».

Bertani es un caso increíble, un prodigio de la memoria, algo que quizás ya no veamos en el futuro. Pero él no quiere ser recordado como un fenómeno sino solamente por su trabajo, como un estudioso de las lenguas.

Como el misterioso párrafo de Borges,

Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.)

Roth…algo de sumo de naranjas.

 

Atractivo y magnético, Roth agradaba a las mujeres, pero las relaciones en las que se embarcó, turbulentas y violentas, acabaron siendo un desastre para su vida y un importante semillero para la literatura. De la convivencia explosiva con su primera esposa, Margareth Martinson, surgieron varios libros como ‘Cuando ella era buena’ y ‘Mi vida como hombre’. Con la segunda, la actriz británica Claire Bloom, se desquitó con la novela ‘Me casé con un comunista’. Lo cierto es que ella antes lo había puesto de vuelta y media en sus memorias mostrándolo como un ser mezquino, paranoico y beligerante. Con sus odiosos retratos femeninos no es extraño que las feministas más literales, las que creen que la ficción se debe atener a la corrección política, le odien.

This is the end…

Dos años después de publicar su última novela, ‘Némesis’ (2011), anunció que ya no le quedaban energías para gestionar la frustración que acompaña a la creación literaria y, ante el pasmo general, porque no había dado muestras de decadencia creativa, decidió echar el cierre. Un año más tarde, preguntado en una entrevista por Idoya Noain en este periódico sobre su mayor preocupación, dejó su bromas para concretar: “La muerte”. “Intento no pensar en la muerte -dijo- pero está más cerca de lo que ha estado nunca y se acerca más cada día que pasa. Solía asustarme mucho, sobre todo cuando me acostaba por la noche. Pero cuando llega la luz, el día… Con luz no puedes morir. Ahora, sin embargo, me llega que sí puedes. Y me llega por el hecho de que todos mis amigos han muerto. No hay nada que te convenza más de la muerte que la muerte de tus amigos. Conforme vas a sus funerales te haces a la idea. Mi agenda es un cementerio. Todos los nombres están tachados. Igual queda uno… Entonces, le llamo, le pregunto si está bien, y le digo que beba algo de zumo de naranja”.

En enero, después de años alejado de los medios, el autor de La visita al maestro (1979) concedió una entrevista a The New York Times en la que afirmaba que la lectura –sobre todo obras de Historia– había reemplazado su pasión por la escritura y explicaba que había dado por finalizada su carrera al tomar conciencia de que había dado de sí todo lo que llevaba dentro: “Había sacado lo mejor de mi trabajo, y lo siguiente sería inferior”. “Ya no poseía la vitalidad mental, ni la energía verbal o la forma física necesarias para construir y mantener un largo ataque creativo de cualquier duración sobre una estructura tan compleja y exigente como una novela”. Cuando optó por dejar el oficio, Philip Roth pegó un post-it en su ordenador que leía: “La lucha con la escritura ha terminado”. Para evaluar su obra, citaba esta frase que dijo hacia el final de su vida el boxeador Joe Louis: “Lo hice lo mejor que pude con lo que tenía”.

…Entonces, le llamo, le pregunto si está bien, y le digo que beba algo de zumo de naranja.

Ética y comunicación en la diversidad.

A most contemporary look at the tie of communication ethics and diversity issues, useful for those interested in diversity, gender, ethics, and communications generally.

It represents some of the best of current approaches and scholarship.” — Kenneth E. Andersen, author of Persuasion: Theory and Practice In this volume, leading communication scholars integrate cutting-edge research with real-world dilemmas as they address ethical problems associated with technological and cultural changes and demographic shifts.

In eleven chapters, the fourteen contributors to Communication Ethics in an Age of Diversity consider the implications of these changes to communication contexts ranging from personal friendships to communication over the internet and from classroom dialogues to mass-mediated communication to community building in an age of diversity. They address specific issues associated with race, gender, ethnicity, and affectional orientation, offering specific proposals for change. Although the primary audience is scholars and teachers in communication programs, the book will be of particular interest to readers in various disciplines in the humanities and social sciences, especially individuals in centers and departments of ethnic studies, women’s studies, and African American studies.

Josina M. Makau, an academic planner and Interim Dean of Arts, Human Communication, and Creative Technologies at California State University, Monterey Bay, is the author of Reasoning and Communication.

Ronald C. Arnett, a professor and head of the Department of Communication at Duquesne University, is the author of Dialogic Education: Conversation about Ideas and between Persons and Communication and Community: Implications of Martin Buber’s Dialogue.