Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía.

Casi hace 80 años desde que Antonio Machado murió en el exilio de Collioure (Francia), para huir de la Guerra Civil, y 71 años desde que falleció su hermano Manuel, en Madrid, también poeta y dramaturgo.

Uno de mis poetas mayores, hondo como el mar y tenue como las nubes de los campos de Jaen…o Castilla.

¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Ahora podrá saberse más de sus vidas y su proceso creativo, de lo que les preocupaba a la hora de escribir y de sobrevivir, gracias a la reunión de 4.750 documentos que estaban dispersos entre siete sobrinos nietos de los escritores y que han entregado en conjunto a la Fundación Unicaja.

 Entre la veintena de misivas, subraya las que se cruza la familia tras la muerte del autor de Campos de Castilla y algunas “estremecedoras”, como la del propio Antonio Machado contando a una de sus sobrinas sus pasos huyendo de la guerra.

A nivel literario, Rodríguez Almodóvar se muestra eufórico por la aparición de una obra de teatro, La diosa razón, escrita a cuatro manos por los Machado. También hay “numerosísimos borradores de poemas de los dos”, lo que permite hacerse una idea de cómo era “el taller creativo de los hermanos, a través de estas hojas sueltas, muchas de ellas en papel de mala calidad”, lo que denota sus dificultades económicas.

Más anecdótico pero seguro que interesante  es el “cuaderno de trabajo que Antonio Machado tenía para preparar sus clases de literatura española, que abarca desde las primeras manifestaciones literarias hasta los Reyes Católicos”. Se conocía la segunda parte de este cuaderno, pero la primera, que ha aparecido ahora”.

Hace falta otro Machado. Cantar de la tierra mía,  que echa flores  al Jesús de la agonía.

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