Lo acompañan con manzanas.

Hace unos días estaba por escribir esta nota.

Hay músicas que me recuerdan La Habana. Desconozco las causas y los (a)zares.

Me recuerda a mi Habana Pink Floyd, la banda británica de rock progresivo, ya que en el edificio de la esquina de mi casa vivía    -digo vivía- pues nunca llegue a saber quién de sus moradores era el que la oía, pues lo hacia desde la oscuridad, eso si, con un equipo de alta calidad, todos los discos de Pink Floyd. Esa música es tan habanera para mí como lo puede ser para un londinense o un madrileño. Sonidos acuáticos, lisérgicos, duros y espaciales me transformaban en otro ser, uno alado, transparente, casi invisible. Todavía recuerdo como sonaba en vivo Pink en Pompeya en La Habana. Floyd me acompaña  ahora hasta el último suspiro del día.

El otro músico es uno con el que aprendí a crecer. Mejor a sobrevivir a esa misma Habana, es Carlos Varela.

Resulta que ahora el Habanero de Jalisco Park está ausente ahora que Guillermo Tell tiene al fin la Ballesta. Su sitio web devuelve un conocido mensaje:

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Web Server at carlosvarela.com

Como Jalisco Park. Cerrado por reparaciones. Inténtelo más tarde.

De eso trataba su canción, una especie de himno generacional, “Gillermo Tell”. Pruebo con Google, pruebo con el mas refinado buscador Duck Duck Go. Ambos devuelven entradas del 2016 o la entrevista de la BBC del 2013. Y, en Cuba, desde el 2013 al 2017 han caído muchas manzanas, además de lluvia…

Por nostalgia termino de ver el pésimo documental de Ron Chapman sobre Carlos “Un poeta en La Habana”. No sé si las canciones de Varela son poesía o no, resulta -y es un hecho- que las entonó toda mi (una)  generación. Las canciones de Varela son ideas mucho más que poesía o música.

Si imagen con su barbita negra, su sombrerito de hongo a lo Chaplin, su enanismo resulta en la caricatura de un bufón, es decir en un héroe. Sus presentaciones tenían algo de circense en el Karl Marx. El hombre nuevo pide sus flechas. Su música más que la de Pablo o Silvio es arquetípica. Védica. Hímnica.

Como el sonido de Pink Floyd en una Habana sonera, mulata y bulliciosa, la poesía de Varela es paradigmática y totémica.

El paradigma está aquí, ahora, como el Dinosaurio, pero sin embargo el Tótem está oculto.

¿Dónde está Carlos Varela? ¿Dónde Guillermo Tell? ¿Dónde Robin Hood?

A veces el valor de la música –de sus trovadores- es su silencio. Nada, en estos días recuerdo The Wall de Pink Floyd y al Guillermo Tell de Varela. Pero, por favor,  si saben algo, aunque sea por Facebook o Google de Varela me lo dicen….espero además lo acompañen con manzanas.

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