Bronce & Carne.

Cuando el bronce y el mármol se hacen carne, cuando el cincel y el mazo se hace verbo, como una escritura sagrada que viene del sentimiento, el dolor, la trascendencia, la muerte, el sacrificio, la pasión, el amor. La piedra deja de serlo, el bronce deja de serlo, para herirnos o salvar nuestra carne o nuestos ojos…Cuando el simple mortal contempla la imperfecta perfección de lo que por esencia es frio (piedra, bronce) y entonces se nos hunde en nuestros sentidos ese creador que sufre o se divierte; para representar al hombre divino, al mártir desollado, a los amantes; solo nos queda esa sensación, ahora ya tan individual, de lo que en verdad importa: la tenue memoria o el olvido…no es el hecho del recuerdo per se, es ese (i)limitado detalle: el bolsillo repleto de mamoncillos agrios, los pies desnudos sobre la lluvia aún caliente, el beso de una primera muchacha. Punjab, Roma, Milán, La Habana, Varadero, dejan de ser esa plena geografía para participar del misterio de la memoria que se hace carne amada o putrefacta.

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