Tyshawn Sorey: genio contemporáneo

¿Se puede colgar el sambenito de genio así como así? Ni se puede, ni se debe, pero conTyshawn Sorey no hay muchas dudas al respecto: la suya es una de las mentes más ricas y fascinantes de la música creativa norteamericana actual, sus últimos discos son un aplastante catálogo de intrincados universos musicales —cada nueva referencia es rápidamente considerada entre lo mejor que ha dado el género en los últimos años.

Escucharlo es sumergirte en un inagotable mar de experiencias musicales que empezaron a despuntar a principios de siglo, mediante un pianista, entonces solo conocido por los aficionados al jazz más especializados, llamado Vijay Iyer: “Vijay es mi alma gemela musical, el hermano que me habría gustado tener. Lo conocí a principios de la pasada década por medio de Aaron Stewart, que era el saxofonista original de Fieldwork. Vijay ya había oído hablar de mí y nada más conocernos me invitó a tocar una sesión en trío con él y con un fantástico contrabajista llamado Carlo DeRosa; como yo ya estaba familiarizado con algunas de las líneas musicales en las que estaba trabajando Vijay, la empatía fue instantánea. Poco después, me invitó a grabar con él Blood Sutra y en 2004 me pidió reemplazar a Elliot Humberto Kavee en Fieldwork. Para entonces Steve Lehman, con quien yo había colaborado ya, era también parte del grupo, así que la confluencia fue total y muy natural. Toda esa época fue una explosión de experiencias y aprendizaje compartido: teníamos muchas pasiones e intereses comunes, y con los años la colaboración musical se ha convertido, además, en una amistad inquebrantable”.

Después de algunos años como baterista junto a Iyer, Lehman y Steve Coleman, en 2007 eclosiona un Tyshawn Sorey completo: empieza a grabar como líder y los discos en los que figura están repletos de composiciones suyas: “Creo que mi búsqueda se inició de forma parecida a cuando Roscoe Mitchell o Anthony Braxton desarrollaron sus grupos propios para poder hacer exactamente lo que querían hacer. He aprendido mucho de las enseñanzas de la AACM: perseverar y perseguir incansablemente la música que quieres hacer, sin límites. Aprendí mucho con Vijay y con Steve Coleman, pero en sus grupos yo no podía desarrollar lo que realmente quería hacer con el instrumento. En realidad, antes de conocer a Vijay yo ya había participado en proyectos con percusión en el ámbito de la música clásica y contemporánea; tenía claros mis intereses, pero no tenía un grupo propio con el que explorarlos”.

La ambición de Sorey era enorme y los pilares de su desarrollo pasaron por grandes precedentes del individualismo en la improvisación afroamericana: “Sin duda, dos de las claves en mi formación fueron mis estudios con Anthony Braxton y entrar en contacto con George Lewis. En aquel momento yo estaba en mitad de una crisis: me sentía un fracaso como intérprete y como compositor, y tener la posibilidad de interactuar con algunos de mis héroes musicales fue un gran impulso para mí. No buscaba ser como Braxton o Mitchell, pero sí perseguir la música en la misma forma y al mismo nivel en que ellos lo han hecho siempre. Braxton me dio la clave cuando me dijo: “Has de llegar al punto en que nadie pueda definir o representar tu música, salvo tú mismo”.

En los últimos años, un Sorey que parece estar en un constante estado de gracia ha ampliado sus intereses mediante la conducción musical, en la que está erigiéndose como el heredero natural de Butch Morris: “Butch fue una especie de mentor para mí; recién entrado en la veintena toqué con regularidad en su grupo durante meses, y cada noche iba estudiando su forma de conducir, intentando aprehender su lenguaje. Sin embargo, no fue hasta hace unos cinco años que empecé a trabajar en profundidad las posibilidades de la conducción: partiendo del vocabulario de Morris y del sistema de conducción de Braxton he desarrollado una especie de lenguaje híbrido que se extiende mediante mis propias aportaciones, dando lugar a mi forma personal de conducir, y es algo que me resulta muy estimulante”.

La música que escribí para Verisimilitude tiene la particulari­dad de que cada intérprete puede tocar a partir del punto de la partitura que decida

Ese Sorey multidisciplinar ofrece una muestra definitiva en su último disco, un apabullante trabajo que expande algunas de las vías que ha ido explorando en los últimos años, como líder, como instrumentista y como compositor: “La música que escribí para Verisimilitude tiene la particularidad de que cada intérprete puede tocar a partir del punto de la partitura que decida, y seguirla en el orden que quiera. La música tiene un fuerte poso compositivo, pero cada vez que interpretamos una pieza es completamente diferente: el número de variaciones posibles es ilimitado. Aparte de esto, mediante la conducción yo puedo forzar la música para que se desvíe de su trayectoria en cualquier momento y ver a dónde nos lleva. ¡Hay veces que podemos llegar a estar interpretando dos piezas diferentes al mismo tiempo!”.

El inmenso potencial de Sorey acaba de ser respaldado por la beca Mac­Arthur, también llamada “para genios”. Esta beca es, además, un balón de oxígeno financiero para un artista que practica una música a la que resulta muy difícil dedicarse si no es con ciertas ayudas: “Nunca he recibido muchas becas; siempre he estado agradecido cuando he recibido cualquier tipo de apoyo, pero nunca he basado mi trabajo en conseguir financiación, porque al final de cada día he de sentirme a gusto con lo que hago. Me siento muy honrado y agradecido por la beca MacArthur, pero si no me la hubiesen dado seguiría trabajando al mismo nivel, en la misma dirección y con la misma perseverancia”. Aparte de esto, aunque acaba de terminar de grabar un nuevo álbum, el compositor tiene claras algunas de las primeras cosas a las que va a dedicar esta oportunidad: “Me gustaría hacer un disco en solitario, tocando todo tipo de instrumentos; en 2010 ya grabé en ese formato, pero no lo publiqué porque no estaba satisfecho con el resultado. Y también me gustaría hacer otro disco con el trío de piano… En fin, muchas cosas. Las ideas no dejan de brotar, y pretendo continuar trabajando en este ruido que tanto me gusta”.

 

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