Nunca quise…

Nunca quise enamorarme
de quien pudiera decir mi nombre
sin que le tiemble el pulso en ese momento
en el que dicha y pesar le ganen los labios.

Nunca quise ser de nadie que no supiese
ser holocausto virginal de mínima humanidad,
ni entregarme a la pequeñez de una pasión exagerada
que se borra con un viaje y un “¡déjame en paz!”.

Quise la prenda que se teje día a día,
llegar perdiendo y terminar ganando;
quise salir del frío para entrar a ese territorio
donde lo cálido del amparo roza el infierno del abismo.

Tanto quise, allá por lo sincero
que llevo el mañana sellado en la frente,
y hay un suspiro de otras horas que yo siento es tuyo
que me hace menos solo, casi de piel
y hasta puedo decirte, si me propongo.

Nunca quise enamorarme
y conseguír cosas profundas,
querer de un modo semejante a mi mirada
ser correspondido a la manera de mi boca,
y vivir la constancia de una compañía

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