De la estupidez a la locura, Eco.

Umberto Eco (1932-2016) es quizá el último renacentista italiano. El penúltimo humanista europeo.

Poco antes de morir entregó a la imprenta esta amplia selección de sus crónicas periodísticas. Un sutil intento por capturar ese futuro que ya estaba allí y que se expresaba en computadores y hackers, aceleración indetenible y flagrantes anacronismos políticos, como el caso de Berlusconi que comenzó cantando en los cruceros turísticos por el Mediterráneo y terminó en cenas con menores de edad como “Ruby Robacorazones” a quienes protegía con todas las instituciones del Estado a su servicio.

Pero Eco, lector de santo Tomás y de la diferencia que hay entre lo público y lo privado, entre la razón y nuestros deseos, tiene una curiosidad amplísima que le permite ir desde los templarios hasta Julio Verne con humor, erudición y capacidad de captar lo vigente de sus propuestas religiosas o creativas. Son un deleite, en verdad, sus batallas contra la manía de figurar, en la televisión o en la prensa, con tal de ser reconocidos en el bar de la esquina y el síndrome del móvil infatigable registrando todo en grises secuencias para solo alimentar el olvido.

Pero Eco no para nunca: el olor de los libros viejos, Harry Potter o las modalidades de la ciencia ficción le permiten en dos o tres páginas, brillantes tratados de brevedad fulgurante. Viajando con un taxista pakistaní en Nueva York, quien le preguntó qué países eran enemigos de los italianos, responde Eco:

“Debería haberle dicho que los italianos no tienen enemigos. No tienen enemigos externos y en cualquier caso nunca están de acuerdo en determinar cuáles son, porque están continuamente enzarzados en guerras internas. Los italianos se hacen la guerra entre sí, a veces ciudades contra ciudades, herejes contra ortodoxos; luego clase contra clase, partido contra partido, corriente de partido contra corriente del mismo partido, región contra región y, por último, gobierno contra magistratura, magistratura contra aliados de coalición contra aliados de la misma coalición. No sé si lo habría entendido, pero al menos yo no hubiera hecho el ridículo de pertenecer a un país sin enemigo”.

Dio así la mejor definición de los italianos. Del mundo hoy.

Guerra civil en el Vaticano?

No aparece la tan ansiada paz en el Vaticano

 La agencia cubana Prensa Latina escribe  un largo y contundente artículo  donde se pregunta por los efectos de los recientes escándalos sobre la percepción de la moral católica  en el discurso de la Iglesia sobre las identidades de genero, familia y matrimonio igualitario, en momentos en que Cuba se presta para legalizar constitucionalmente no solo la libertad de credo, también el matrimonio igualitario.

Por otra parte un articulo reciente de opinión,  del bien informado y nada excéntrico New York Times, se preguntaba si existe realmente una guerra civil entre la jerarquía de la Santa Sede, los moderados y reformistas y los tradicionalistas y fundamentalistas.  El periodista Matthew Schmitz  (@NYTopinion) cree que si. Lo que es una guerra civil típica de las cortes. No se escuchan los disparos, pero hay victimas, muchas victimas.

La fiscalía del Estado de Nueva York esta por revelar su propia investigación sobre alegatos criminales de pedofilia y abusos sexuales en la Iglesia de la urbe americana.

La primera victima en todos estos escándalos resulta el propio Francisco, su popularidad apenas alcanza el 48%  en una encuesta de CNN cuando en enero del 2017 sobrepasaba el 60%.

Pero en realidad no es la primera victima, la primera y más  importante  victima es la propia feligresía católica  que cada día se despierta con un nuevo escandalo que afecta los cimientos de una iglesia universal y milenaria que debería asentar su fe, su credo y sus dogmas, en la moral y la integridad humana de sus jerarquías y sacerdotes al cuidado de sus feligreses.

Ahora le toca el turno a Alemania. En menos de un mes del desastre de la visita a Irlanda  y el informe Pensilvania,  de la carta de un importante ex nuncio pidiendo la renuncia del Vicario de Cristo alegando (sin presentar evidencia por el momento) que personalmente le había informado de la conducta criminal de un cardenal norteamericano, la renuncia masiva de los arzobispos de Chile… ahora le llega el turno al país más importante de Europa: República Federal de Alemania.

Un documento filtrado a la prensa local detalla la espeluznante magnitud de esos crímenes ahora en Europa, en el corazón de la Europa Protestante.

El informe interno encargado por la Conferencia Episcopal alemana (DBK) y filtrado a la prensa indica que el abuso sexual a menores ha sido una práctica muy extendida en los últimos 70 años. El trabajo de investigación documenta 3.677 casos de abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia a menores, la mayoría de ellos varones y muchos menores de 13 años. La Conferencia Episcopal alemana remitió a un comunicado emitido la tarde del miércoles en el que aseguran:

“Somos conscientes de la magnitud del abuso sexual, lo que queda demostrado por los resultados del estudio. Es opresivo y vergonzoso para nosotros. Hace cuatro años encargamos el estudio y nosotros, los obispos en particular, nos enfrentamos a los resultados”.

Los obispos lamentan sin embargo la filtración del documento que tienen previsto hacer público a finales de mes y que aseguran que no conocían ni siquiera aún muchos miembros de la institución.

“El objetivo del estudio, en el que participaron las 27 diócesis de Alemania, es obtener más claridad y transparencia sobre este lado oscuro de nuestra Iglesia, no solo por el bien de los afectados, sino también para ver por nosotros mismos las faltas y hacer todo lo posible para que no se repitan”, añade el comunicado.

El documento cifra en 1.670 los curas que habrían perpetrado abusos a menores, lo que según detalla Die Zeit, junto con Der Spiegel , uno de los medios que ha obtenido el informe supondría un 4,4% de los sacerdotes en ese determinado periodo de tiempo. En uno de cada seis casos se trata de una violación. Hasta un 25% de los casos de abusos se produjeron en la iglesia o gracias a una relación pastoral con el menor.

Los investigadores advierten de que sus hallazgos podrían ser solo la punta del iceberg. Que el número de casos podría ser mayor de los que en el informe han sido capaces de documentar. Estiman que muchas de las víctimas no han dado el paso de denunciar. Los autores de la investigación han declinado comentar las conclusiones de su trabajo, que de momento no es público.

El informe es fruto del trabajo de siete investigadores llevado a cabo durante cuatro años y medio y basado en el análisis de documentos y entrevistas. En 2014, la propia Conferencia Episcopal alemana (DBK) anunció la puesta en marcha de una investigación que llevaría a cabo un equipo interdisciplinar procedente de tres universidades, en el que figuran criminólogos, gerontólogos y psicólogos.

Está previsto que los resultados se presenten oficialmente el próximo 25 de septiembre.

En el estudio los académicos analizan hasta 38.000 documentos. Los autores advierten sin embargo, según recoge la prensa alemana, que en algunos casos hay evidencias claras de que “pruebas relacionadas con abusos a menores han sido destrozadas en el pasado”. Señala también las limitaciones a las que se han visto sujetos los investigadores. “Todos los archivos fueron revisados por el personal diocesano o por abogados designados pos ellos”.

Los investigadores en definitiva, no tuvieron acceso independiente archivos de la iglesia. En cuanto a los perpetradores, el estudio señala que solo un tercio ha sido juzgado de acuerdo con el derecho canónico y en los casos en los que se impusieron sanciones, fueron menores.

Lo habitual sin embargo era trasladar de diócesis a los sospechosos sin alertar a la parroquia de destino de los motivos del cambio. Hasta un 4% de los acusados siguen en activo, según la revista digital Der Spiegel.

La Conferencia Episcopal alemana decidió encargar el estudio después de que una oleada de denuncias sacudiera la institución en 2010.

La 8 vida.

Acabo de terminar de leer una novela monumental e impresionante.

Desde “Los hermanos Karamazov”  hasta “Sonata a Kreutzer” pasando por “La gaviota”, las crisis de la familia de conjunto con la de sus naciones ha dado páginas inolvidables a la literatura rusa. ” La octava vida. (para Brilka)  es una novela familiar escrita en alemán por una autora de Georgia con un fuerte trasfondo literario y cultural ruso. Vaya inicio para una novela global.

Narrada desde los limites de lo humano en el l extinto imperio soviético, esta epopeya, que abarca seis generaciones, tiene un calado y una fuerza inusuales.

Ambiciosa, segura del material que narra, fría pero con una tensión emocional siempre a flor de piel, Nino Haratischwili (Tiflis,1983), llegada a Berlín en 2003, compone un tapiz histórico fascinante en el que se mueven inolvidables personajes del alma rusa, desde Tolstoi a Pasternak, leyendo “La Octva Vida” recuerdo a esos dos autores en especial, el intimo detalle de las vidas  individuales y las familias rodeadas por el el avatar de la Historia.  

LA novela es como la del Gabo, cien años, no de soledad, sino de vida y milagros de los Dzhashi, que ven pasar bajo el balcón y a menudo tomar la casa a los avatares del imperio ruso, en sus perversas mutaciones.

Da que pensar…

David Foster Wallace como todos los genios no deben morir. Pero no solo murió, sino se suicidó.

David Foster Wallace nació en una familia de profesores universitarios (él de filosofía, ella de inglés) en Ithaca, Nueva York, en febrero de 1962. Tras una adolescencia entregada al tenis —tema presente en ensayos y ficciones—, se licenciaría summa cum laude en inglés y filosofía.

Publica en vida dos novelas y varios libros de ensayo y periodismo. Para concluir la historia del siglo XX.  Un siglo de literatura que comenzaría con la transgresión de los modernistas y la obsesión por romper con el siglo XIX. Un siglo para el cual la historia de la literatura acabaría convirtiéndose en la Historia de las formas de contar historias, en donde tanto críticos como autores parecieron especialmente interesados en el aspecto formal del relato.

O en palabras del propio Wallace: “todas las Novelas Serias después de Joyce suelen ser valoradas y estudiadas principalmente por su grado de innovación formal”. Aunque, en verdad, aquellos a los que conocemos como grandes maestros del siglo XX, ¿no se caracterizaban precisamente por su ruptura con el siglo anterior? Curiosamente, sobre los fantasmas de James Joyce, Samuel Beckett, Georges Perec, Gerturde Stein, Jorge Luis Borges, Virginia Woolf, Franz Kafka, Marcel Proust, Julio Cortázar, William Burroughs, Italo Calvino, John Maxwell Coetzee… siempre sobrevuela una idea más o menos vaga que gira en torno a la experimentación y ruptura.

La lectura de Wallace y la propia interpretación de sus escritos parecen impensables sin atender a ciertos elementos ajenos al texto que envuelven su ficción, como puedan ser el entorno editorial donde se inscribe, la biografía y la fatídica suerte del autor o la subjetividad que rige su literatura. DFW, de hecho, parecía consciente de la necesidad de reivindicar una crítica que no se atuviese sólo a criterios textualistas; él mismo llamaría “Falacia Afectiva” a “la evaluación de una obra de arte basándose en sus resultados, sobre todo en su efecto emocional”. Algo que, junto a la “Falacia Intencional” (intentio auctoris, lo llamaría Umberto Eco; se refiere a que la interpretación que el autor da sobre su propia obra no tiene por qué ser la interpretación principal o verdadera).

David Foster Wallace nos dejó en su literatura innumerables pistas de que él era, tal vez, la principal fuente de inspiración de su propia ficción. La niña del pelo raro, libro en el que varios relatos abordan la familia como institución coactiva y amenazadora, está sarcásticamente dedicado a la “Mr. And Mrs. Wallace Fund for Aimless Children”.

En Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, Wallace denuncia la incomodidad que produce una cámara, pues obliga a sonreír fuera de contexto; está claro que no todo el mundo es igualmente frágil ante una cámara de televisión pero cualquiera que haya visto una entrevista con el escritor puede advertir su embarazo frente a los periodistas.

La broma infinita, su novela más extensa, gira alrededor de un tenista adolescente, brillante tanto en sus estudios como en la práctica deportiva, perfil que encaja sin problemas en la figura del propio Wallace. En un artículo publicado en The Awl sobre la colección privada de libros de autoayuda que poseía el escritor, la periodista María Bustillos comenta cómo Wallace culpa a su madre de buena parte de su sufrimiento. En su libro de divulgación matemática, DFW muestra su interés por Kurt Gödel (a quien dedica un relato en La niña del pelo raro). “También falleció como resultado de una enfermedad mental”, dice en referencia al matemático Georg F.L.P. Cantor, que murió en un sanatorio.

Precisamente, esa introducción a Everything and More complica las cosas aún más: “Los casos de grandes matemáticos con enfermedades mentales han tenido una enorme repercusión en los escritores pop y directores de cine […] El Matemático Mentalmente Enfermo se asemeja a lo que el Caballero Errante, el Santo Humillado, el Artista Torturado y el Científico Loco, un Caballero de Paris adscrito a los “ismos superfluos de la historia”.

Han significado en otros tiempos: una especie de Prometeo, aquel que se dirige a lugares prohibidos y regresa con dones para que todos los podamos usar pero por los cuales tan sólo él ha pagado”. Por si fuera poco, en una nota a pie de página leemos: “Decir que el ∞ [infinito] volvió loco a Cantor es como lamentar la pérdida de San Jorge con el dragón: no es sólo falso sino también insultante”. Como todos sabemos, David Foster Wallace murió a causa de una enfermedad mental. Paradójicamente y contrariando la famosa muerte del autor que proclamó Barthes, el autor nunca estuvo tan vivo…

 Uno de los conceptos más sonados en las lecturas que se han hecho de DFW es la idea de “postmodernidad” literaria. Wallace no tardaría en burlarse de semejantes nociones, que generan preguntas como: de qué hablamos cuando recurrimos a ellas en filosofía, cómo pueden aplicarse entonces a la ficción, o qué rasgos inequívocos envolverían a esa literatura postmoderna o post-postmoderna. La cuarta enseñanza es de Nabokov: “Si uno empieza con una generalización prefabricada, lo que hace es empezar desde el otro extremo, alejándose del libro antes de haber empezado a comprenderlo”.

Para sus críticos, la prosa de Wallace comprendió rasgos, en ocasiones contradictorios, como los que siguen: piruetas formales, descripciones agotadoras, una obsesión excesiva con la forma del relato que resultaba carente de sentimientos, una sentimentalidad extrema, experimentalismo (aunque DFW admitiese no tener ningún interés hacia la literatura experimental, y se considerase a sí mismo como escritor realista), un humor corrosivo, una crítica brutal a la sociedad de consumo norteamericana, una asunción total de la cultura pop norteamericana, una asunción de la hegemonía de los lenguajes audiovisuales, digresiones excesivas, un estilo conscientemente alambicado y plúmbeo, un desafío contras las reglas básicas de la narrativa, una obsesión con la imposibilidad de narrar y una crítica frontal contras las formas realistas. Con todo, siguen faltando cosas.

Wittgenstein habló del sujeto que no pertenece al mundo siendo el propio sujeto límite de ese mundo, lo cual explicaba con la metáfora del ojo que no se ve a sí mismo. James Ryerson, en A head that throbbed heartlike (Fate, Time and Language), recuerda que el solipsismo “en ocasiones referido como una doctrina pero también como metáfora de la desolación y la soledad, impregna la escritura de Wallace”. En cierta ocasión, DFW le comentó al crítico Larry McCaffery que las Investigaciones Filosóficas de Wittgenstein “eliminaban el solipsismo pero no el horror. La única diferencia entre este nuevo enunciado y aquel otro en el Tractatus era que en lugar de estar atrapados solo en nuestro pensamientos privados, estábamos atrapados juntos, con otra gente, en la institución del lenguaje”. He aquí una hipótesis para los habituales laberintos textuales de DFW: es necesario leer su obra en clave filosófica.

En Mundo Adulto II (Entrevistas breves con hombres repulsivos), la trama transcurriría de la siguiente manera: Jeni Roberts arregla una cita con su “Antiguo Amante” y le pregunta si alguna vez fantaseó con otras mujeres en sus relaciones sexuales ; él (A.A.) lo niega con vehemencia, llorando, hasta confesar que aún sigue deseándola, que en ocasiones piensa en ella cuando hace el amor con su actual novia y que todavía se masturba en secreto acordándose de Jeni “hasta el extremo de hacerse daño”. A.A. le suplica que abandone a su marido, o bien que acudan al Holiday Inn siguiendo por la autopista para pasar el resto de la tarde haciendo el amor. Entonces cogen sus respectivos coches. Jeni detrás del Antiguo Amante; A.A. gira a la entrada del Holiday Inn pero ella, en lugar de torcer, sigue recto e imagina cómo él, bajo el chaparrón, correría por el aparcamiento viendo su automóvil alejarse. En adelante, la relación de Jeni con su actual marido mejora. “El matrimonio entra en una fase nueva más adulta”. Conforme pasa el tiempo los encuentros sexuales entre ambos van esparciéndose en el tiempo, hasta que en el séptimo y octavo año ambos se masturban en soledad y con frecuencia, y hacen el amor cada dos meses, lo cual es “una aceptación tanto como una celebración de ciertas realidades libremente adoptadas”…

A ninguno de ellos parece importarles, sino que ahora lo que los une es una profunda complicidad. Curiosamente, creo recordar que éste el único relato que en la prosa de David Foster Wallace encierra algo parecido a un final feliz. Da que pensar.

Perversamente obvio.

Conocí a Malcolm Gladwell de casualidad, ambos descansábamos en el mismo hotel de sol y costa en Cuba, ambos con una familia repleta de mujeres ruidosas, bellas e inteligentes, ambos de orígenes caribeños y europeos.

No conocía sus libros, pero el destino siempre es el azar vestido de secretos y oportunidades, una amiga en común nos presentó, hablamos entonces un par de horas en la playa, de las hijas, de las mujeres, de la verdad intuitiva y las noticias falsas en la red, de Cuba, de Martí, del futuro que se hace imprevisible por necesario. Después supe que era un hombre que vende millones de libros, entre sus lectores están Bill Gates y Bill Clinton, en Cuba nadie lo conocía: reía entre el sol y la arena bebiendo cervezas nacionales, por lo que ningún medio le solicitaba una entrevista. Su aspecto y trato es el de un hombre simple, sencillo, sincero…un mestizo caribeño (madre jamaiquina, padre ingles).

Ahora le debo a esa misma entrañable amiga la recomendación de un podcast extraordinario del mismo Malcolm Gladwell.

En un anterior post explicaba el desconocimiento de los podcast entre los cubanos como los libros de Gladwell. La presencia casi nula de cubanos en las librerías de podcast en la Red, posibilidad de comunicación que resulta barata y fácilmente manejable con los recursos limitados de ancho de banda y altos costos de acceso en la Isla.

Quisiera volver a compartir lo mejor que puede ofrecer ese medio magnífico. Se trata de Revisionist History de Malcolm Gladwell. Está ya en su tercera temporada.

Pueden escucharse los veinte capítulos en http://revisionisthistory.com/ .

O descargarse en cualquiera de las librerías de podcast. Se trata, como lo dice en su presentación, del intento de repensar aquello que damos por comprendido. Tiene razón: el pasado merece una segunda oportunidad.

El periodista canadiense ha examinado en varios volúmenes lo contra intuitivo. Sabe bien que la verdad se esconde en lugares comunes, en datos ocultos y en prejuicios. Los saberes recibidos suelen ser engaños confortables de los que alguien saca beneficio. De eso mismo habla en el podcast pero lo hace con un tono distinto. Las historias de cada programa adquieren una extraordinaria intimidad. No son pocos los capítulos terribles, los conmovedores, los que desatan la indignación. Nada tan íntimo como la voz. Nada tan honesto como el sonido de las palabras, sus silencios, sus acentos. La voz no puede ocultar la tristeza, rabia, duda, asombro. Lo sabe bien Gladwell y quiere usar el poder del audio y de la palabra: hacernos pensar pero también hacernos llorar.

(Vale advertir que será difícil en algunos capítulos contener las lágrimas).

El talento narrativo de Gladwell se pule para alcanzar su mayor brillo en este producto auditivo. Las historias que cuenta se enredan y se aclaran magistralmente. Los secretos de una vieja exposición de pintura, los efectos mortíferos de una amistad, las revelaciones de la música country, alguna lección de un basketbolista, las paradojas de la sátira. En cada oportunidad Gladwell confronta nuestras expectativas, juega con la idea que tenemos del mundo y la somete al ácido de su inteligencia interrogante. Hilos que parecen inconexos se van trenzando para conformar el argumento.

Uno de los capítulos abre con dos cápsulas: una sobrecogedora descripción de la hambruna en Bengala en 1943 y el retrato de un excéntrico físico inglés. En 34 minutos Gladwell exhibe el impacto de las lucubraciones de ese aristócrata en la muerte de millones de indios. Si el poder te puede hacer pasar hambre simplemente te hace pasar hambre porque puede. ¿Cuál fue la causa de la hambruna en Bengala, pregunta Gladwell? Creo que fue una amistad, responde. Cada capítulo es un enigma que se resuelve ante nuestro oído: algo que parece obvio es, en realidad, un engaño; eso que esperamos que produzca el efecto virtuoso desencadena consecuencias funestas. Gladwell sabe sacar jugo a los trabajos de la academia pero, sobre todo, sabe hacer buenas preguntas y contar historias. Un detective intelectual que no se deja llevar por la corriente de las opiniones hechas.

Siendo auténticamente conmovedor, este trabajo de Gladwell es, probablemente, el más político de todos los que ha hecho el investigador canadiense. Hay una línea común en todos sus casos: nuestro entendimiento del mundo no es resultado de nuestro interés por la verdad sino un efecto del poder. El poder declara lo razonable, lo útil, lo valioso y barniza con cera nuestros ojos para que seamos incapaces de ver lo que tenemos frente a los ojos. Su gran victoria es la cancelación de las preguntas. Acercarse a este podcast es maravillarse ante una inteligencia que interroga eso que yace perversamente como obvio.

La Habana para un Perro Difunto.

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Hace unos días intercambiaba con un par de amigos mexicanos por Twitter sobre literatura cubana, creen, mejor les han hecho creer desde la metrópoli que la literatura cubana es Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez.

No les bastó lo que les dije por la red social del pajarito azul, insistieron y me acaban de enviar la novela “Carne de Perro” de Pedro, con la vana esperanza de salvar mis gustos literarios y demostrar cuan equivocado estoy en descartar la lectura de los “mayores escritores” de Cuba.

El mercado manda. Cuatro Estaciones y Trilogía Sucia de La Habana, son para ellos no solo los mejores libros escritos desde La Habana, son La Habana para un Perro Difunto.

Extraña hipertextualidad la de ambos novelistas: mujeres-carne-de-perro y hombres-que-aman los-perros. Del libro de Pedro, no pude pasar de la primera página, cuando cita una de mis lecturas predilectas:

Todo el mundo está dividido en dos partes

De las cuales una es visible y la otra invisible

Aquello visible no es sino el reflejo de lo invisible.

Zohar 1, 39.

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No pude continuar con “Carne de Perro”.  Aunque si leí dos veces la historia de Mercader…Entonces. Me serví un vodka doble con sumo de naranjas y bese en la frente a mi hija más pequeña (tiene mucha suerte).

Busque en mi librero y me puse a repasar al azar las “haMidrash haNe’elam” del Zohar, los comentarios perdidos, la relación del ego con la oscuridad, el Midrash que me relaciona con La Habana y todo el Universo, una ciudad más abierta, menos sórdida pero más oscura que la descrita en la novela, mi alameda Santa Catalina roja,  loca y perfumada de Framboyanes en Flor, mi cine de barrio en ruinas y mis mujeres que no son  –por suerte-   carne de perro como las de Pedro.

PD

Estoy regalando un ejemplar de “Carne de Perro” y otro de “El hombre que amaba los perros”. Contactar.

 

Secretos de mujeres.

Con el sugerente título Mujeres: la sexualidad secreta, las autoras abordan un tema tabú, controvertido, tratado livianamente o, en la mayoría de los casos, silenciado.Éste no es un libro sólo para mujeres. Quizás a quienes más sirva sea precisamente a los hombres…Se combinan en esta obra la extensa experiencia terapéutica de una psicóloga talentosa con la pluma y la capacidad expresiva de una periodista inteligente y aguda. Conceptos como frigidez, multiorgasmo, masturbación o falte de deseo aparecen tratados en una dimensión tan real como natural. Para una mujer, constatar que muchas de sus semejantes jamás han mirado sus genitales o, para un hombre, enterarse de que prácticamente todas sus parejas han fingido placer en algún momento, seguramente resultará novedoso y hasta estremecedor. Nada de lo que pueda leerse en estas páginas ha nacido de prejuicios médicos o religiosos o de la imaginación de las autoras. El material, recogido en veinticinco años de terapias y confidencias, tiene la riqueza insuperable de la revelación que se produce en ese lugar secreto donde las personas expresan sus más íntimos deseos y temores. Estamos frente a un libro indispensable que “se atreve” con el sexo de las mujeres, aporta al encuentro entre ellas y los hombres, y a la unión donde el placer se hace posible. Después de la lectura de Mujeres: la sexualidad secreta su relación con el sexo no será la misma.Con el sugerente título Mujeres: la sexualidad secreta, las autoras abordan un tema tabú, controvertido, tratado livianamente o, en la mayoría de los casos, silenciado. Éste no es un libro sólo para mujeres. Quizás a quienes más sirva sea precisamente a los hombres…Se combinan en esta obra la extensa experiencia terapéutica de una psicóloga talentosa con la pluma y la capacidad expresiva de una periodista inteligente y aguda.Conceptos como frigidez, multiorgasmo, masturbación o falte de deseo aparecen tratados en una dimensión tan real como natural. Para una mujer, constatar que muchas de sus semejantes jamás han mirado sus genitales o, para un hombre, enterarse de que prácticamente todas sus parejas han fingido placer en algún momento, seguramente resultará novedoso y hasta estremecedor. Nada de lo que pueda leerse en estas páginas ha nacido de prejuicios médicos o religiosos o de la imaginación de las autoras. El material, recogido en veinticinco años de terapias y confidencias, tiene la riqueza insuperable de la revelación que se produce en ese lugar secreto donde las personas expresan sus más íntimos deseos y temores. Estamos frente a un libro indispensable que “se atreve” con el sexo de las mujeres, aporta al encuentro entre ellas y los hombres, y a la unión donde el placer se hace posible. Después de la lectura de Mujeres: la sexualidad secreta su relación con el sexo no será la misma.

Las autoras, Patricia Politzer nació en Santiago en 1952, estudio periodismo en la Universidad de Chile, donde se graduó como periodista con distinción unánime.Eugenia Weinstein nació en Santiago en 1950. Se graduó como psicóloga clínica en la Universidad Católica de Chile y obtuvo el Master de Ciencia en Psicología en la Universidad de Wisconsin. Durante sus años de residencia en México fue docente e investigadora de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Ha sido también profesora de las universidades Católica de Chile y Diego Portales. Actualmente ejerce como psicoterapeuta en práctica privada.