El evangelio de la familia…

El mundo ha cambiado radicalmente en las últimas tres décadas. Pero Irlanda va a mucha mayor velocidad que el resto del mundo. El catolicismo romano mantiene cierta influencia en la isla del mar del norte, pero desde el 2009 cuando la “Comisión Ryan” dio a conocer 80 años de abusos al menos a 32.000 menores y el encubrimiento de las autoridades eclesiásticas,los irlandeses han decidido democráticamente enormes transformaciones estructurales que han salido adelante pese a la oposición sistemática de la Iglesia Católica.

Hoy Irlanda tiene un primer ministro homosexual elegido democráticamente, ha despenalizado la homosexualidad, el divorcio, el aborto y permitido los matrimonios homosexuales, sobrevivido a una crisis económica de la que salió más rápido y más fortalecida que ningún otro socio de la Unión Europea. Los niveles de vida y educación son ejemplo de políticas seculares inclusivas para otras naciones de tradición católica en Europa como España e Italia.Irlanda ocupa el séptimo lugar en el índice de desarrollo humano, cuenta además con los mejores indicadores de libertad económica, política y de prensa de toda la UE.

El catolicismo ha perdido importancia desde la última visita de Juan Pablo II en 1979, del 95% de la población solo el 76,1% se reconoce ahora como católico. La autoridad moral de la Santa Sede y su burocracia se debate en plena retirada.

Otros antecedentes. El desplome del bloque soviético y sus Estados materialistas dialecticos y la conclusión de la guerra ideológica entre comunismo y capitalismo hizo que la Santa Sede re-inventara su tradicional narración teológica e ideológica enfocando su discurso en la familia, pero sobre todo en lo referente a la sexualidad humana.

La sexualidad humana como último campo de batalla teológico. Las religiones monoteístas siempre han mantenido una tensa reacción en contra de la variedad y la libertad de la experiencia sexualidad humana.

El recién finalizado enfrentamiento al ateísmo comunista de un hombre como Juan Pablo II le paso a un discurso moralizante desde lo político, pero igual desde lo social y lo cultural; y, por supuesto, desde lo teológico contra el intimo reducto de la razón e individualidad del ser, su sexualidad como expresión de amor y libertad plena. Por ello Juan Pablo II deliberadamente ocultó los informes que le llegaban sobre las conductas sexuales, muchas veces criminales, de sus prelados, seminaristas, mojas, presbíteros, cardenales y eminencias…La dialéctica era demasiado contradictoria para hacer coincidir realidad con su narración.

Por ello la Santa Sede centro su propaganda universal; primero: en la desigual distribución de la riqueza en un mundo gobernado por un capitalismo globalizado y trasnacional; y segundo:en contra de la secularización de la sociedad con una defensa tradicionalista del comportamiento humanoconcerniente a su sexualidad (familia, matrimonio, concepción, divorcio, anticoncepción, etc…);sin percatarse que por su propia historia su discurso sobre estos temas encierrauna insalvable contradicción interna asentada en unasuperestructura monacal, célibe y monárquica que se sostienepor igual en mecanismos trasnacionales tradicionalistas, enobjecionessustentadas en estructuras misóginas, patriarcales y discriminatorias,  pero sobre todo en el comportamiento de los individuos que las sostienen y reproducen que han (de)mostrado su incapacidad no solo para enfrentar las conductas sexuales de sus miembros  -y sus comportamientos criminales-  sino para afrontar la creciente secularización de las  relaciones humanas con respecto a su sexualidad, la familia y el matrimonio.

A consecuencia de esa lógica interna el Vaticano en el 2015 seleccionó a Dublín, Irlanda como sede del noveno “Encuentro Mundial de las Familias” bajo el pomposo título de “El Evangelio de la Familia. La Alegría para el Mundo”.En un esfuerzo parasaldar sus deudas concernientesal abuso y encubrimiento sistemático de sus “crímenes abomínales” en Irlanda y recuperar la influencia de antaño en una de las naciones más católicas del mundo. “El Evangelio de la familia…” seria la excusa para reforzar esa narración a favor de su visión tradicional de la sexualidad, la familia, el matrimonio y la concepción de la vida;no solo en la Isla sino en el resto del universo católico.

Una lectura pausada de los principales estudios académicos sobre la sexualidad en la Iglesia Católicarevela esas contradicciones internas, sus metáforas teológicas,  entre la reconstrucción de unaficción y la realidad de la persona humana.  Desde Karlheinz Deschner con “Historia Sexual del Cristianismo” hasta John E. Boswell con “Cristianismo, tolerancia social y homosexualismo” las contradicciones entre el discurso del Vaticano y la realidad de las sociedades y sus individuos resultan más que evidentes. No es de extrañar que“la alegría del mundo y el evangelio de la familia” concluyó con “la crónica de una pesadilla anunciada”.

Los escándalos de pedofilia y homosexualidad y el comportamiento criminal de cardenales, obispos, sacerdotes, monjas y laicos encontra de la propia integridad de la familia humana (y sus miembros históricamente menos favorecidos: mujeres y niños) se desató en Irlanda en 2009(y ahora en 2018) junto a una enorme tormenta de lluvia en Dublín. No hubo conciliación entre las partes. El Vaticano resulta una estructura lo suficientemente monárquica, vertical y antidemocrática para exponer, debatir y solucionar sus contradicciones en un ambiente abierto, democrático y plural, incluso para un papa como el argentino.

Como es posible hablar “de la alegría del mundo” cuando se encubre el abuso a menores de edad desde hace al menos 80 años por parte de instituciones que tienen como funciones proteger a la familia y educar a sus hijos. Como es posible hablar del “evangelio de la familia” cuando las instituciones de la Iglesia en Irlanda le arrebataron sus hijos a cientos de madres solteras para darlos en adopción sin su consentimiento con la complicidad de la jerarquía eclesiástica y las autoridades civiles.Cuando en la propia Argentina del Pontífice miles de abuelas todavía intentan localizar a sus nietos arrebatados de sus legítimos padres con el pleno conocimiento de las jerarquías católicas locales en complicidad con la junta militar. Como es posible hablar de evangelio y amor filial cuando sacerdotes marcaban a sus víctimas menores de edad con cruces de oro para que otros depredadores sexuales las reconocieran como tales.

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La única conciliación en el cielo irlandés fue la lluvia con Ryanair.

A pesar de las risas y el educado protocolo el desafío para el Papafue enorme, aunque estaba sobre aviso…

En una Isla donde el Vaticano solía jugar como en supatio trasero, fue recibido por un primer ministro homosexual, Leo Varadkar, quienle revindicó que el país ya no era el mismo que en 1979 o 2009, frente a frente y en público le pidió un cambio de mentalidad de acuerdo a la nueva sociedad irlandesa, acciones concretas sobre la corrupción en la curia y sus instituciones yapoyo en las acciones penales a los pedófilos y sus encubridores. El perdón está bien en el confesionario pero no resulta suficiente para reproducir estructuras sociales y psicologías sanas. Y, se lo dijeron sin mucho protocolo a Francisco, desde el poder político hastalas víctimas, se lo dijo toda una sociedad, incluyendo la iglesia católica local.

Insólito ver a un primer ministro irlandés, Leo Varadkar, homosexual y demócrata cristiano, recordándole en un discurso contundente, claro y tremendamente progresista los avances logrados gracias a las votaciones democráticas de su país para con el respeto universal de los derechos del hombre, especialmente teniendo en cuenta que el Papa había venido a hablar de las familias tradicionales y de su oposición, entre otras cosas, al aborto y el matrimonio igualitario.

Insólito fuera un primer ministro de Irlanda,  una de las grandes naciones tradicionalmente católicas de Europa, con un gobierno adscrito al idealcristiano. El discurso entonces toma proporciones épicas. No estamos hablando de una nación de mayoría protestante, luterana o anglicana como sus vecinos o de un país francamente ateo o materialista…“La Irlanda del siglo XXI es un lugar muy diferente y cada vez más diverso. Hay más gente que se adhiere a diferentes creencias, o que se sienten cómodas en religiones no organizadas. Hemos votado en nuestro parlamento un referéndum para modernizar nuestras leyes, entendiendo que los matrimonios no siempre funcionan, que las mujeres tienen que tomar sus propias decisiones y que las familias tienen diferentes formas, incluyendo aquellas encabezadas por un abuelo, un padre soltero, dos padres del mismo sexo o divorciados”.

En Irlanda, subrayó, la religión está en el centro de la sociedad, pero igual la plena libertad de los hombres. Y eso sí es una novedad.Este antiguo gran feudo del catolicismo es hoy una plaza más áspera para un Pontífice de la que encontró Juan Pablo II incluso en su comunista Polonia natal.

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El viaje coincide con la crisis y la renuncia en pleno de la elite eclesiástica en otro país tradicionalmente católico: Chile.

La percepción de las víctimas –muchas de las cuales se sostienen en su fe católica-  que a pesar de las palabras y los discursos algo no cambia cuando se trata de mantener el statu quo de “corps d`estate”: encubrimiento, luchas internas por el poder y la influencia política, la sistematización de pagos extrajudiciales para evitar juicios y condenas, complicidad con la justicia secular motivadas por intereses políticos. Conductas todas que degradan la dignidad humana en manos de aquellos que dicen pretender elevarla hasta dimensiones divinas.

El viaje coincide por ultimo con la publicación del devastador “Informe Pensilvania”.

Es la segunda vez en menos de un año que un viaje del Papa orbitará alrededor de los escándalos de pedofilia.

El pasado enero, Francisco visitó Chile y trató de esquivar la cuestión acusando a las víctimas de carecer de pruebas para sus acusaciones. Defendiendo a los victimarios. Las evidencias irrefutables lo hicieron dar un giro de 180 grados y rectificó de forma veloz e intentó subsanar el error encargando una profunda investigación e invitó a las víctimas al Vaticano. Pero el viaje desató una crisis histórica que terminó con la dimisión en bloque de todos los obispos chilenos exigida según muchos vaticanistas por el propio Francisco.El Vaticano es consciente ahora de la inflamabilidad de la cuestión. Las voces llegan incluso desde dentro de la Iglesia local, el arzobispo de Dublín, recordó la semana antes de la visita del Papa que no basta con pedir disculpas, sino que “deben aniquilarse las estructuras que permitieron los abusos”.

Todo el mundo esperaba las palabras del Papa en ese sentido. Pero aportó pocas novedades respecto a la carta ya publicada o a discursos anteriores.

“No puedo dejar de reconocer el grave escándalo causado en Irlanda por los abusos a menores por parte de miembros de la Iglesia encargados de protegerlos y educarlos. El fracaso de las autoridades eclesiásticas –obispos, superiores religiosos, sacerdotes y otros- al afrontar adecuadamente estos crímenes repugnantes ha suscitado justamente indignación y permanece como causa de sufrimiento y vergüenza para la comunidad católica. Yo mismo comparto esos sentimientos”.

No hubo menciones directas al último escándalo destapado en Pensilvania, donde un informe del gran jurado reveló hace tres semanas que más de 1.000 niños y niñas fueron abusados por unos 300 religiosos. Tampoco al encubrimiento que según el mismo informe alcanzó al Vaticano.“Deseo que la gravedad de los escándalos de los abusos, que han hecho emerger las faltas de muchos, sirva para recalcar la importancia de la protección de los menores y de los adultos vulnerables por parte de toda la sociedad”.

Poco más para los que esperaban palabras más duras o medidas concretas, como la víctima y símbolo de esta lucha en Irlanda, Marie Collins, a quien el discurso le pareció “decepcionante” y “nada nuevo”. O seguramente también, al propio primer ministro, que sí se refirió al escándalo de Pensilvania en su discurso –“una historia trágica y muy familiar para Irlanda” y pidió sin ambages más contundencia al Pontífice.“Las heridas siguen abiertas y hay mucho que hacer para traer justicia y verdad y curar a las víctimas. Santo Padre, le pido que use su posición e influencia para asegurar que se toman medidas en Irlanda y alrededor del mundo. […] Debemos asegurarnos de que se pasa de las palabras a la acción”.

El Papa, que visitó Irlanda en 1980 para aprender inglés durante tres meses, según él mismo explicó entre risas durante el vuelo a los periodistas, afronta también en este viaje el proceso de encaje de una Iglesia católica profundamente dañada en una sociedad en la que ha perdido un importante peso, sobre todo ético y moral. El discurso de Francisco en Dublín lucia anacrónico y desfasado de lo que sucede en las calles y los hogares de Irlanda (Chile o  España). Una narración entre los milagros, familias tradicionales, el rechazo a la anticoncepción o el aborto. El aborto, según el Pontífice, está relacionado con una “cultura del descarte materialista que nos ha hecho cada vez más indiferentes a los miembros más indefensos de la familia, incluso a los no nacidos, privados del derecho a la vida”.No explicaba si la conducta pedófila o criminal de los suyosse debe al mismo “descarte materialista” o a la sordidez de una falsa espiritualidad. Lo que sí es un hecho que el pasado mayo la despenalización del aborto ganó de forma aplastante con un 64,6% de los votosen un histórico referéndum que significó un paso más en la transformación de Irlanda, a pesar de la oposición de la Iglesia. Muchos de ese 64.4% se reconocen como católicos.

El catolicismo no ha muerto en Irlanda y la Iglesia –vinculada al nacionalismo irlandés en la lucha contra el poder colonial inglés– sigue teniendo un enorme poder de convocatoria. Ojala ese poder pueda sanar las heridas y cubrir de esperanza y justicia a las víctimas y sus familias “aniquilando  las estructuras” que las reproducen y protegen,tampoco pienso ayudan las frases graciosas o las bromasimpostadas del tipo “argentinas” del Papa; horas antes de su encuentro con las víctimas, Francisco afirmó –utilizando la palabra en castellano– que la corrupción en la Iglesia era “caca”.Irlanda descubrió en 2009 y ahora en 2018 que el cielo y el infierno se encontraban mucho más cerca de lo que cabía esperar de la “caca” que gobierna Bergoglio.

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Demostrado que las cartas pastorales no son la solución a los problemas de los seres humanos.

Pero ahora esas “cartas pastorales” son el nuevo mecanismo mediático entre “los cuervos del Vaticano” para dar publicidad a sus luchas intestinas y exponer los tumores morales que corrompen su integridad; no había concluido su desolada Misaen Phoenix Park, Irlanda, aún se escuchan los aplausos de los feligreses tras enumerar uno a uno todos los pecados de la Iglesia  (mientras otros miles de personas se manifestaban en el Jardín de la Memoria)cuando el que fuera el nuncio en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, filtró  una carta en la que acusa al Papa de respaldar durante cinco años al que fuera cardenal arzobispo de Washington Theodore McCarrick hasta que le sancionó el pasado mes de junio retirándole el capelo por estar envuelto en varios casos de abusos sexuales, prácticas homosexuales, encubrimiento y falso testimonio.

En esta misiva de once folios, el diplomático vaticano exige la renuncia de Francisco, en tanto que le acusa de conocer la situación del purpurado porque él mismo le informó en un encuentro en junio de 2013. “Y siguió encubriendo al cardenal McCarrick”, explica Viganò, a pesar, de que, según él, le informó de que el citado purpurado “corrompió a generaciones de seminaristas y sacerdotes”. El ex nuncio señala que Francisco solo tomó medidas “cuando ha sido obligado por la denuncia de un menor, y siempre en función del aplauso de los medios de comunicación”.

De esta manera, el arzobispo italiano se erige como abanderado de la lucha contra la corrupción (¿caca?) que Francisco volvió a condenar junto a  las víctimas de abusos en Dublín, llegando a asegurar que “ha alcanzado la cima de la jerarquía eclesiástica”.

De hecho Viganò dispara contra los secretarios de Estado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, AngeloSodano y TarcisioBertone, además del actual arzobispo de Washington, Donald Wuerl, así como al cardenal Rodríguez Maradiaga.Viganò, dixit.“Tenemos que tener la valentía de derribar esta cultura de omertà y confesar públicamente las verdades que hemos mantenido ocultas.Es necesario derribar el muro de omertà con el que los obispos y sacerdotes se han protegido a ellos mismos en detrimento de sus fieles; omertà que, a los ojos del mundo, corre el riesgo de hacer aparecer a la Iglesia como un secta,omertà no muy distinta de la que encontramos vigente en la mafia. “Lo que digáis en la oscuridad… se pregonará desde la azotea” (Lc 12, 3)”.

Sin embargo Viganò olvidórecordar en su carta que él mismo protegió a un depredador sexual como el arzobispo John Nienstedt. Por su parte Francisco explica que cuando los periodistas saquen sus propias conclusiones el dirá la suya sobre las denuncias de ex nuncioViganò.

Antes interviene otro obispo Robert Morlino de Wisconsin con su propia “cartaal estilo:yo acuso” explicando que los “crímenes abominables” son la consecuencia directa de una“subcultura homosexual en la más alta jerarquía de la Iglesia y a la enseñanza de una curia progresistay liberal que no reza lo suficiente”. Morlino exhortó a los seminaristas en su diócesis:“el deber de notificarlo directamente sobre cualquier abuso, coerción o de inmoralidades sexuales de los que hayan sido testigos o víctimas”. No explica si están en el deber de notificarle si son ellos, los propios seminaristas, los agresores y victimarios. Por lo que se espera que los escándalos continúen indetenibles en los próximos año o…siglos.

“Aniquilar las estructuras que permitieron los abusos” suena demasiado a revolución para ser ejecutada por los actuales o futuros inquilinos de las colinas vaticanas. Es como la parábola de los poderosos, el camello, la aguja y el paraíso celestial. Creoen Hamlet; algo huele a podrido en Roma ¿o esen Dinamarca, Australia, Chile, México, Boston o Pensilvania? Amén.

 

2 opiniones en “El evangelio de la familia…”

  1. The seriousness of the latest round of Catholic sex-abuse scandals is evident in the details that have emerged and the seniority of the leaders who have been implicated. The Pennsylvania grand-jury report that came out 4 week ago detailed allegations against some 300 priests, involving more than 1,000 known child victims. The individual stories are horrifying: One priest was accused of raping a 7-year-old while she was in the hospital. Another allegedly raped and impregnated a girl, and later arranged for her abortion. These and other crimes were consistently waved off and covered up by diocese officials: One priest who finally quit his post after years of complaints was able to get his superiors to recommend him for a job at Walt Disney World.
    Prominent clerics and allies of Pope Francis, including Cardinal Donald Wuerl of Washington, D.C., have been blamed for their role in letting this culture of abuse fester. Cardinal Sean O’Malley is also under fire in a separate case for disregarding a letter sent to his office years ago warning about McCarrick’s abuse of young seminarians. O’Malley helped lead the U.S. Church’s efforts to implement safe abuse-reporting processes after the 2002 revelations of widespread sex abuse and cover-up in Boston. “The clock is ticking of all of us in the Church leadership,” O’Malley said in a recent video statement. “Catholics have lost patience with us. Civil society has lost confidence in us. But I am not without hope, and I do not succumb to despondent acceptance that our failures cannot be corrected.” In recent weeks, the U.S. Conference of Catholic Bishops, or USCCB, has drafted a number of changes to how it handles sex-abuse allegations, including requesting an independent investigation by the Vatican into the McCarrick case; proposing new, confidential channels for reporting complaints against bishops; and promising to advocate for “more effective resolution of future complaints.” Their intensity—if not their specificity—was echoed by Pope Francis, who wrote that he is “confident” that zero-tolerance policies and sanctions against abusers “will help to guarantee a greater culture of care in the present and future.”
    But for many Catholics—including clergy and lay people—these apologies and promises are not enough

    1. Under fire does not seem to me a play on words so far from reality. Or maybe? And we are only witnessing the visible part of what the NYT calls a civil war in the Vatican. Witnessing from the media the internal wars between factions within the global curia for the control of the minds of a billion people, as I. Berlin wrote. Court fight between fundamentalists and moderates. What happens is that to be Pope the weight of tradition drags you to traditionalism, not renewal, proposed, limited and conditioned by that same curia from Vatican II. Everything else is marketing. The scandal of sexual abuse and homosexuality in the Catholic Church has centuries, perhaps from its very foundation, the sexism that gave birth to firstborn Christianity, contempt for women, hatred of sex as erotic representation beyond reproductive, asceticism, celibacy , monastery culture and Roman imperial court, separation of man’s physical experience of his spirituality, etc … can give some incidental answers.

      Francisco, a kind of pope Pop -which made cover in Rolling Stones and Time- now faces that well-known maxim, for much reform the clergy, the curia, the bureaucracy that administers the business of God, is what holds and It reproduces like all ideological and economic superstructure, beyond the high priests … Vagano, O’Malley, McCarrick and the others -including Francisco- only try to preserve those structures of powers that sustain them. As I said the victims, those abused by centuries and centuries of doctrinal determinisms and alliance of powers, are those that today reach conclusions and demand justice in Ireland, Chile Boston, are basically Catholic victims. To save a finger you can t amputate your head.

      In the end what we see between Putin and Trump is from another perspective what we intuit happens between Vagano and Bergoglio. Fight for hegemony. Thanks for your comment, I always read what you write, greetings.

      I’m going to seriously think about taking my daughters to Disney World or not. I could not finish reading the Shapiro Report, I felt nauseous and disgusted.

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