Reconozco…

Reconozco tu mirada desde cualquier estrella, pulsante, vibrante.

Como si latiendo con el universo completo pudieras resistirte ser parte de él, como si pudieras obligarlo a fundirse en ti.

No te falta la audacia, ni el valor de aquella que atravesado el tiempo ya no teme al espacio conquistado más de lo que se teme a sí misma, cuando cruza su mirada con la mía.

Cierto que quizás sea mi piel la que se estremece, mi sangre la que late enfurecida con la fuerza de mil huracanes estallando en cada latido.

Fluye desesperada y hasta mi corazón emanan como lavas volcánicas estallando con fuerza en cada cavidad del órgano -que dicen-  se pierde en los sentidos.

Un corazón que se arrebata en su caudal impetuoso, una ladrona que solo nubla la razón que debería sosegarme. 

Pero tú que osas batallar con agujeros negros, y océanos galácticos, que no temes ni a los tiempos ni a los dioses, doblas la mirada ante mi vista que permanece inmutable a tu ausente presencia.

Cierto que quizás sea mi mundo el que se arrastre por los lugares inhóspitos de un suburbio estelar poco recomendable, pleno de supernovas de champaña, tentadoras e irracionales adolescentes estelares pretendiendo deslumbrar a las poderosas emanaciones de luces y sonidos traslucidos…Que nunca tendrán. 

Perderías mi mundo sabiendo que en él voy yo. En mi existes tú…Te observo fijamente sin apartar la mirada, ya no quemas, ya no dueles, ya no ruges como las musas en celo…

Te apagas y yo permanezco en tu deseo anhelante, aquel que olvidó generarse a sí mismo.

La mirada se pierde en el movimiento atrevido de un rosal, el poderío de intentar  brazarme sin sangrarme, de calentarme sin quemarme. El aire danza a mí alrededor invitándome a la fiesta, siempre jugando a quien resiste la mirada…aguanta.

 

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