El auge de las noticias falsas.

 

Esto es una manzana. Algunas personas quizás intenten decirte que es un plátano. Puede que griten «plátano, plátano, plátano» una y otra vez. Puede que intenten escribir «plátano» en mayúsculas. Puede que incluso empieces a creer que esto es un plátano, pero no lo es: esto es una manzana. Los hechos son los hechos. No están teñidos por las emociones ni los sesgos. Son indiscutibles. No existen alternativas a un hecho. Los hechos explican cosas: qué son, cómo sucedieron. Los hechos no son interpretaciones. Una vez que los hechos se demuestran, se puede tener una opinión formada. Y aunque las opiniones importan, no modifican los hechos.

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Plátanos Vs. Manzanas.

La ilustración más extrema del concepto de la pos-verdad y el aumento de las noticias falsas, tuvo su clímax cuando el presidente Trump, con las fotos de su toma de posesión y la de su predecesor delante de sus ojos, exclama que a la suya asistieron mas ciudadanos que a la de su predecesor. Aunque las fotos –reales- mostraban lo contrario.

En fin ¿a quién le importa? Noticias falsas y post verdad es el fin último en la “era de la perplejidad”.  

El autor estadounidense Ralph Keyes (2004) señala que la sociedad ha entrado en la era de la pos-verdad y las “fake news”. El engaño se ha convertido en una característica definitoria de la vida actual, y es tan ubicua que la gente está insensibilizada a sus efectos y conclusiones. La definición de una noticia falsa ha variado a lo largo del tiempo y sigue haciéndolo continuamente, Inicialmente, el término «noticia falsa» se refería a las parodias y la sátira de noticias, como en los programas norteamericanos The Daily Show, The Colbert Report y Weekend Update,o en el popular Saturday Night Live. Durante la campaña norteamericana de 2016, el concepto de noticia falsa se relacionó con las historias ficticias que se hacían pasar por artículos reales y noticias verdaderas. Estas historias se diseminaban por páginas web que tenían la apariencia de plataformas de noticias o blogs auténticos, como Infowars, The Rightest y National Report.

Una recopilación hecha en 2017 documentó 122 páginas web que publican noticias falsas de forma rutinaria, de ahí el salto a las redes sociales y los medios es solo cuestión de tiempo y la credibilidad de los usuarios y lectores. A los autores se les paga (a veces miles de dólares) para escribir o grabar información falsa. Utilizan las interacciones en las redes sociales y algoritmos   – bots – para diseminar contenidos a sectores concretos. Las historias inventadas se difunden viralmente mediante “bots sociales” un software automatizado que replica mensajes haciéndose pasar por una persona.

Los bulos online tienen por finalidad obtener beneficios y fomentar la inestabilidad política, la propaganda religiosa o ideológica, incluso la simple venta de papel sanitario. Los contenidos de este tipo que circulan por las redes sociales engañan a los ciudadanos, crean una cultura de la desconfianza y la confusión, y cada vez hay más indicios de desigualdad entre los que confían en los medios y los que no lo hacen. En una encuesta realizada por la Universidad de Chicago en Cuba, se ilustra las diferencias de percepciones entre los cubanos que tienen o no acceso a la internet en temas claves como la economía, el futuro y la percepción de riesgo social (drogas, crimen, distribución de la riqueza).

Ahora cualquiera puede crear una página de noticias, por ello el uso cualificado de internet depende de toda una serie de capacidades para participar en la comunicación interactiva, la difusión y la recopilación de información, así como de la interpretación de esa información.

La falta de progresos significativos en el desarrollo de una amplia alfabetización digital significa que la gente que carece de la cualificación apropiada está siendo progresivamente marginada y excluida del debate real y se ve sumergida en un ambiente silencioso de manipulación o propaganda que se sustenta en falsedades. Discriminados por su incapacidad para reconocer el valor o la utilidad de los servicios digitales reales o la utilidad de las herramientas digitales, porque no entienden cómo esos servicios pueden ser utilizados de manera social, individual, económicamente o creativamente productiva.

Donde más se observa el fenómeno es en los que los eruditos de las comunicaciones sociales y la digital nombran “cajas de resonancia” o “cajas replicadoras” en los que la gente escoge sus fuentes de noticias e información basándose en su afinidad política, ideológica, religiosa o en un ámbito más amplio la cultura que comparte con otros usuarios. Las “cajas de resonancia” han sido aceleradas por las redes sociales ya que facilitan la exposición de la gente a la información compartida por individuos de mentalidad similar en sus redes personales. El 62 por ciento de los estadounidenses adultos se informa a través de las redes sociales. Los usuarios de las redes sociales suelen encontrar noticias involuntariamente mientras ojean sus canales. La capacidad de los medios sociales de aislar a la gente de la exposición a puntos de vista distintos exacerba la polarización política, ideológica, xenófoba o religiosa, el razonamiento o el pensamiento crítico, la revisión por pares y la validación de fuentes y orígenes.

Los medios de la pos verdad.

El engaño se ha convertido en una característica definitoria de la vida actual, los datos objetivos están subordinados a los llamamientos emocionales y las creencias personales en la formación de la opinión pública. El público tiene dificultades para distinguir las noticias relevantes sobre cuestiones importantes del clamor superfluo que impregna por estos medios.

Los ciudadanos deben ser capaces de manejar la información de forma creativa. Necesitan tener la capacidad de seleccionar la información, ignorar la que sea irrelevante e interpretar patrones de información; y, estas no son destrezas técnicas. Esta característica, propia de la falta de cualificación, es especialmente importante en relación con la producción y el consumo de contenidos mediáticos en los que las noticias falsas o «fakes» son un problema creciente.

El trabajo de los periodistas de investigación se ha convertido, en cierto modo, en más profundo e informado que en el pasado, debido a los amplios recursos disponibles para investigar historias, incluyendo un mayor acceso a archivos del gobierno y al análisis del “big data”. Sin embargo, las historias bien documentadas se ven ensombrecidas por el constante zumbido de pequeñas informaciones triviales repetitivas y explotadas con fines sensacionalistas que predominan en los medios antiguos y en los nuevos. Reflexionando sobre la cobertura informativa de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, Glasser afirma: «El escándalo en los medios de 2016 no tiene tanto que ver con lo que los reporteros no contaron al público, sino que tiene que ver con aquello de lo que informaron y con el hecho de que no pareció importar»

Las historias sobre noticias falsas apelan a las creencias preexistentes de la gente sobre los líderes políticos, los partidos, las organizaciones y los medios de noticias convencionales. Aunque algunas historias de noticias falsas son rotundas invenciones, otras contienen elementos de verdad que hacen que parezcan creíbles para el público instalado en “cajas de resonancia”. Las teorías de la conspiración, los fraudes y las mentiras se difunden eficazmente a través de Facebook, Snapchat y otras redes sociales, y llegan a millones. Por ejemplo, una historia inventada que apareció en el The Denver Guardian, ( una página de internet falsa que pretendía emular al periódico real The Denver Post), informó de que un agente del FBI relacionado con una investigación sobre los emails de la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, había asesinado a su mujer y luego se había suicidado disparándose. Unos artículos falsos afirmaban que el Papa Francisco había respaldado a Donald Trump y que Hillary Clinton había vendido armas al ISIS, millones lo leyeron y lo asumieron como verdad.

De hecho, las historias de noticias falsas se difunden más ampliamente en Facebook que en las noticias basadas en hechos de los medios convencionales.

El público se ve engañado y confundido por las noticias falsas, que mezclan hechos elementales de la política y el gobierno con la ficción. Un informe del año 2016 del Pew Research Center halló que el 64 por ciento del público estadounidense encontraba que las noticias inventadas generaban mucha confusión sobre los hechos esenciales de los sucesos actuales, y otro 24 por ciento creía que las noticias falsas generaban alguna confusión. Por último, las reclamaciones legales ante las noticias falsas y la distribución de contenidos falsos son mucho más difíciles de plantear, ya que resulta caro y consume mucho tiempo demandar a editores por difundir informaciones falsas.

 

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