Kamasutra para dormir a un espectro

Más por una cuestión de forma que de contenido, Clara Janés (Barcelona, 1940) nunca pensó que un volumen como “Kamasutra para dormir a un espectro” (Siruela) se pudiera llegar a publicar. «Este libro -escribe entre sus páginas- se presentó como una forma de ebriedad, escrito sin saber por qué». Un collage poético que mezcla versos, micro-relatos, reflexiones e ilustraciones sobre ese amor, en concreto el amor erótico, presente en muchas de sus otras publicaciones como “Eros” (1981) o “Creciente fértil” (1989). 

Janés  sobrepasa los setenta, dueña de unos ojos almendrados color mar mediterráneo, misterio de navegantes y mil civilizaciones, aceite de olivo y esmeraldas del Monte Sinaí… Sus libros de amor se leen como se toma el vino, despacio, sutil como las mareas entre Sicilia y Barcelona.

“Eros”, fue su primero libro de amor erótico, no obstante, es mucho más tarde, con “(Psi) o el jardín de las delicias” (2014), del que incluye algunas partes también en el último tramo de este tomo, cuando su erotismo literario entra en una nueva etapa inesperada. Como un afluente, los versos, en aquella ocasión, llegaron solos. «Iba por la calle, pensaba un poema, llegaba a casa y escribía al menos diez». Así todos los días. «Yo estaba horrorizada -confiesa-. A tus 70 años, te sale un libro erótico». A aquella época pertenece, por ejemplo, esta Pasión que recupera ahora:

Esta ha sido una semana
con dos hexágonos.
Cuando llegó la cifra siete
puse el pie en el infierno y su metamorfosis.
En la llama, que era una rosa,
te amé.
Entramos en el ser y no ser.
el felino acechaba.
En tus ojos
se fundió la esmeralda
de la visión.

Pero «el erotismo no tiene edad. Lo publiqué y me lancé con Kamasutra», recuerda. Inspirado en las ilustraciones del artista José Antonio Sistiaga, al que conoció de manera casual en el Café Gijón mientras Janés elogiaba sus sellos de estrellas, cuenta que cuando vio sus dibujos, lo supo. «En mi cabeza estaba siempre la idea de intentar hacer algo, pero tratando de ser tan sutil como la obra de Sistiaga, de la que en realidad no ves lo que es y, de repente, lo ves y sonríes».

Hija del poeta y editor Josep Janés, en Kamasutra para dormir a un espectro” la poeta -o poetisa, como prefiera la autora-, traza un recorrido de lo invisible a lo visible, del interior al exterior, la unión con el Otro, ese espectro, ese personaje ficticio, que nace de una casualidad, de una frase de un oyente radiofónico que llama e irrumpe en su sintonía.

«Mi padre antes morir decía que si no era muy amado no se podía dormir», relata Janés que escuchó decir por la radio. «Mi cabeza empezó a elaborar algo entonces para que se duerma». De ahí llegó al Kamasutra.

«Quiero entrar con mi antorcha en tu caverna -escribe en su último libro-. Iluminar tus vísceras, leer tu corazón y tu hígado, detenerme en tus jugos y secretos carnales. Si fuera águila te devoraría esa luz que te otorga un brillo soberano, pero bastan acaso mis ojos para absorber tu pulso y tu materia y sujetarte, mientras me voy mezclando con tus humores y haciendo mías tus fatigas hasta vencer el muro de tu insomnio«.

Dividido en dos partes –El color prohibido, escrita en 2016, y Kamasutra para dormir a un espectro (2014) además de un apéndice y una apostilla, ella misma define el resultado final como «inclasificable». En el sentido «de que está compuesto de muchas tramas que no son de fácil lectura», explica. 

Como tampoco resulta sencillo para la propia Janés despegarse de su propia invención, ese espectro que toma forma en el lenguaje y cobra sentido en su interior. «La palabra tiene esa fuerza. Que algo que escribes, que ya has formulado, cobra más realidad en su formulación que en lo que estás internamente pensando. Al formularse se contempla de otro modo», reflexiona.

Es así como, como le ocurre a Don Quijote con Dulcinea, llega a la conclusión de que «lo que has inventado a partir de la palabra tienes que apartarlo a través de la palabra”. Esta es la primera parte del libro. “La manera en que yo intento despedirme de este espectro, que me ha llenado de alegría y que me ha abierto muchos mundos, y el modo que tengo de controlar la palabra».

Como Victoria Cirlot matiza en el prólogo del libro, si la diversidad de géneros de esa primera parte alcanza cierta unidad es gracias a partir del ritmo que crean los catorce sonetos que la autora compone. Janés recuerda que ella misma había escrito muchos sonetos -hoy todos destruidos-, mientras estudiaba. Ahora, «se me ocurrió que, si yo dominaba la palabra a través de la forma, a lo mejor, podría dominar todo lo que estas palabras habían generado en mi mente», opina. Pero el suyo, es un amado y un amor erótico místico que “aflora aquí con inusitada fuerza -escribe Cirlot-de lo que aquí se trata es de la unión, ¿carnal?, ¿espiritual?, de la unión con el Otro, que no soy yo pero que vive en mí, aunque de pronto me abandona y entonces se oye el grito».

«¿Duermes, amado espectro? (…) En esta creación tuya quiero hallarme. Te he ido recorriendo punto a punto, fibra a fibra, siguiendo los meandros de tus venas, las médulas suaves que sostienen tus deslizamientos».

Y es que para Janés el otro, en parte, es la palabra, es la creación. «Lo dice Erasmo de Róterdam en Elogio de la locura, el mayor placer es el misticismo, porque lo que has creado mentalmente te llena de un gozo inmenso». Y para ella, la escritura, lo consigue. «Estás leyendo algo que realmente se parece al arrebato místico. ¿Qué pasa con Santa Teresa? El gozo es tan grande que quiere morir». 

Traductora, escritora y miembro de la Real Academia Española a Janés, el final de Kamasutra para dormir a un espectro la despertó trabajando con las notas de Galileo al cancionero de Petrarca, por lo que le resultó «inevitable», concluirlo con un canzoniere, compuesto por nueve poemas de 2017, que escribió a la vez en italiano y español.

El Cultural @2019

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