Conejo de Wittgenstein, vivir en ignorancia.

                    El pato/conejo de Wittgenstein es dos cosas simultáneas

¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.
¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.
¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?
¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios? –Epicuro

Un excéntrico profesor de filosofía intentaba explicarme en mis años de estudiante universitario las interrogantes de Epicuro tomando como referencia un pequeño opúsculo escrito tardíamente por Immanuel Kant, “Die Religion”.

¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. Esa ha sido la gravitación de toda la filosofía occidental desde los griegos, “la propensión hacia el mal del ser humano, perdido entre propensiones y deseos”. Kant y Epicuro entienden la depravación como … “reversión del orden ético en cuanto a los incentivos de un Poder libre de elección(DR 6:30). Entre la libertad e incentivos se mueve el péndulo del Ser humano. El filósofo de Königsberg evade la pregunta: ¿por qué no aprendemos la lección? Lo que Epicuro pregunta hace dos mil quinientos años  ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios? 

El alemán asume que la depravación del hombre se contrasta con la fragilidad (fragilitas) y la impureza moral (impuritas, improbitas). Para ello Kant propone su famoso oxímoron: ungesellige Geselligkeit (la «insociable socialidad»). Toda la filosofía occidental se encadena a ese oxímoron nacido de las preguntas sin respuesta del filosofo griego.  Lo omnipotente que no puede prevenir la reversión.

La amistad de una muchacha única y la visión sucia de las aguas del Ganges me abrieron otra ventana a esa realidad Geselligkeit Kantiana. El monismo vedanta de Īśvara.

El hinduismo acepta que las preguntas de Epicuro no tienen sentido en su cosmología; y, desde la mitología hasta su filosofía ensaña otras preguntas, otras respuestas. ¿Qué sentido tendría que Dios creara un universo engañoso? Pregunta Krishna en el Gita. En la tradición hindú Māyā interroga otros conceptos morales. Y proporciona otras respuestas igual de engañosas, otra “insociable sociabilidad” posible.

Los Upanishads responden con las «ficciones» propias de Brahman (Dios), la Ilusión  de Māyā, el Poder (shakti), o la propia Naturaleza (prakriti) del Señor Omnisciente. (Upanishads, 2:1,14).

Y lo hacen con esa enrevesada dialéctica del  Īśvara esa bipolaridad de la relación entre Māyā/Brahman. Por ello en la tradición cultural hindú no encontramos un Epicuro o a un Kant. Existe eso si esa relación que reproduce al “supremo controlador”: Brahman,  lo imperecedero y absoluto, indiferenciado e incondicionado. Y cuando ese absoluto se materializa a través del infinito de los fenómenos aparece el Īśvara, “el supremo controlador”.

El «engaño» de Māyā consiste en uno no Poder (o no querer Poder más bien), entonces las puertas secretas del monismo adwaita vedanta quedan abiertas como los ojos de aquella muchacha que lloraba mirando el fluir del las aguas sucias del Ganges.

Por ello Epicuro interroga de esa manera a Brahman y Kant asume que la respuesta está en  el “Poder Libre de Elección”.

Brahman (Dios) es la única realidad del mundo. Aparte del Brahman, todo es falso: el universo, los objetos materiales y las personas. Bajo la influencia de la ilusión (Māyā), cada alma cree que es un cuerpo, y que está separada de Dios, y es diferente de Él. Cuando el alma individual elimina el velo de Māyā, se da cuenta de la verdad: no hay diferencia entre Ella y Brahman.

¿Quién juega a la realidad? ¿Māyā, o nosotros en alianza con ella? Cuándo sabemos que ambos son lo mismo en UNO (pero un UNO incompleto). Ese es el juego del monismo adwaita vedanta y del Īśvara. Māyā, poder cósmico, es la causa material de la apariencia del mundo, aparición y separación de las almas en su individualidad (incluso de las aparentes cualidades del propio Brahman).

Por ello Māyā aparece como una serpiente en la cuerda floja, relación ambivalente entre Brahman  (lo inefable) y lo (pakriti) lo material. La alucinación colectiva propuesta por  Epicuro y Kant termina siendo una forma de ignorancia colectiva. ¿Cómo es esto posible? Nos responde Māyā:  Ser humano es vivir en ignorancia.

Cold War…de Paweł Pawlikowski.

 

Siempre ha creído que el amor es el acto supremo de libertad.

Siempre he condicionado mis expectativas bajo ese prisma hexagonal que comienza de una relación binaria (el amor siempre es un acto entre dos) que puede matizar y colorear todo este universo rapaz con cientos de azules, violetas, negros y blancos.

Al concluir el filme “Cold War” («Guerra Fría», del director polaco Paweł Pawlikowski, intuimos que el amor puede ser incluso superficialmente negro y blanco como un claroscuro de Caravaggio pero bajo la superficie de esas dos tonalidades se esconde todo el espectro, todos los matices.

Subjetivamente, el mejor filme que he visto durante hace mucho tiempo: “Cold War”.

Reconozco el cine de Paweł Pawlikowski desde que asumió con delicadeza los elogios internacionales por su reconocido filme “Ida”, otra historia bipolar, la de una monja polaca que en los sesentas descubre que es judía. Pawlikowski es un director hibrido, bipolar, como sus filmes. Hijo de la guerra fría, de una Polonia dividida, sujeta a las paranoias ideológicas del siglo XX. Exiliado en Londres, ni heredero de Wadja, ni disidente político, ni cineasta oficialista.  Es un hombre que reconoce en el arte una forma humana de expresar ese amor, la profunda complejidad de las relaciones humanas en escenarios delirantes.

Hombre que además  reconoce lo que son las reducciones de las etiquetas desde la teología hasta la ideología en su nación natal, pero igual en el exilio británico.  El leitmotiv del cine de Pawlikowski parece ser ese despropósito de “asignar a alguien una identidad fija (o de aferrarse a ella)”.

Una magistral denuncia de esos “despropósitos” resulta su aclamada “Guerra Fría”.

Para los que no la han visto el filme el titulo les puede resultar engañoso. No se trata aquí de un filme histórico que describe el enfrentamiento entre Este y Oeste, Moscú y Washington, la OTAN y el Pacto de Varsovia,  una épica de tanquistas soviéticos o de espías de la KGB o la CIA.

 “Guerra Fría” es una historia de amor, entre un hombre y una mujer.

Un crítico ha señalado que… “En el primer acto de sus películas, los personajes descubren que aquello que alguna vez les dio sentido de pertenencia –religión, nacionalidad, ideología– ya no los define más. Unos se sienten traicionados y otros asumen el desamparo. A todos se les desmorona el mundo, pero ninguno da marcha atrás”.

Eso es “Guerra Fría” la apasionada y convulsa, hibrida y bipolar, historia de amor en un mundo enloquecido, una lucha de contrarios entre el blanco y el negro, entre el Este y el Oeste, entre tradición y modernidad, entre jazz y folclor, entre hombre y mujer. El tema de la identidad flotante del amor, de la íntima naturaleza humana que no da marcha atrás.

La historia de amor comienza al mismo tiempo que la guerra fría. 1949. Cuando Wiktor (Tomasz Kot) descubre a Zula (Joanna Kulig -foto) entre las decenas de campesinos polacos que audicionan para formar parte del teatro folclórico Mazurka. Mientras que todos entonan canciones tradicionales, ella interpreta el tema de una popular película rusa de la época, la trasgresión de Zula (junto con su belleza, su vigor y su abierta sexualidad) enloquecen a Wiktor. Pronto la llamará “la mujer de su vida”, definición masculina por excelencia, que solo se reserva a la madre o a esa otra mujer que es capaz de detener la rotación de los astros y la configuración de los elementos. Lo mismo ocurre en el filme. A partir de ese instante ya nada sería igual. Como una tragedia griega se transforma el porvenir de Wiktor y Zula.

El romance tormentoso entre ellos se narra en cortos episodios de estructura semejante entre sí: reencuentro, reconciliación y separación imprevista. Transcurren años entre uno y otro, años entre un encuentro y otro, pero el amor continúa indetenible aún teniendo en cuenta los sacrificios que hacen para lograrlo (favores corruptos a funcionarios, pactos con el régimen, matrimonios por conveniencia). El blanco y negro de la guerra fría desgasta y erosiona.

Las facturas personales pueden ser leídas como consecuencia de una identidad social fracturada. O el arquetipo shakesperiano de amor trágico. Paweł Pawlikowski no asume ni la una ni la otra, solo expone sus delirios. Una historia de amor atemporal, única y universal; esas ideas hibridas la refuerza a través de la banda sonora del filme, una popular canción folclórica polaca que se repite como leitmotiv dentro del poema sinfónico visual.

El tema titulado “Dos corazones” se escucha en cuatro momentos, en diferentes versiones: como parte del repertorio del teatro tradicional Mazurka, cuando Wiktor la toca al piano al estilo bebop, cuando la canta Zula en un bar parisino y como parte del disco que ella graba en París. Su letra desgarradora la vuelve intemporal.

Al principio uno comprende que el amor es el acto supremo de libertad.

Chica de los dioses wondijna.

Cuando la puerta se cerró supe que eras tan jodidamente especial como el sonido oxidado de las bisagras emplumadas. Chica de los dioses wondijna –aquella colina donde correr libera las siluetas de extraterrestres construidas con piedras calizas o volcánicas, ojos con corales, boca marina, piel de arenas…Me dijiste, ¿recuerdas cuando fuimos amantes? Por el color de tu mirada no pude determinar si llegabas o partías. Nos sentamos sobre el borde del mar y nos hicimos historias de androides paranoicos, de la policía del pensamiento y el karma, de Kafka, el susto de ser judío y gentil (al mismo tiempo), de los árboles plásticos de navidad, de la Esfinge y los profetas ciegos del desierto, nigromantes medievales.

La puerta sonó como a bisagras emplumadas de primavera. La brisa agridulce del mar desnudó las cortinas, el mantel, la copa de vino, el mensaje sobre la pared “a partir de hoy viajar no significará nuevos lugares, sino nuevas formas de ver lugares viejos”. Con el viento llegó la chica de los dioses wondijna.

Su única intención compartir su vino, su sexo y dos sueños. Sus viejos lugares desde nuevas perspectivas. Street spirit, fade out. Llegamos a la sala de exposición a media noche, las paredes ocres iluminadas con el espíritu de un sol moribundo oculto por sucesivas posesiones lunares anunciaban a los dioses de las tribus de las planicies centrales, de las tierras altas de la costa norte, de la piedra roja, sola, única, sagrada que ubican el centro de tu alma perfecta; en el centro de tu cuerpo perfecto.

Dioses wondijna crucificados sobre duras paredes, el crudo invierno en Valhalla, una tribu albina desnuda orando en extraños tabernáculos de alianzas olvidadas.

¿Recuerdas cuando fuimos amantes? No. No lo recuerdo. Pero sí recuerdo que eres tan jodidamente especial como esa luz que ahora proyecta tus sombras sobre la imagen de esos wondijna, el dios de la tierra, de los vivos, el dios espectro de los ángeles del infierno; perdón del Paraíso que se oculta detrás de la Luna posesiva, quise decir. ¿Recuerdas? Eres. Alto y bajo. Ser Kafka, judío y gentil. Eres un insecto devorado por una gigantesca madeja de seda, de ríos, océanos, eones de luz y tribus ancestrales. Eres una roca roja. Lo viejo visto como nuevo. ¿Recuerdas? Eres tan jodidamente especial como cuando fuimos amantes, sutil como un cristal, como lo es la consecuencia al azar. Eres las luces y las sombras de mis dioses wondijna.

Acumulación de Piedras…

 

 

En un excelente artículo en el “The Washington Post”  Jason Bittel expone y explica a un amplio publico lo que muchos evolucionistas conocen desde hace siglo y medio, sustento de las ideas que Darwin publicará como “la evolución de las especies mediante la selección natural”. El impacto de la selección natural en «el comportamiento de los individuos y en sus comunidades».

Explica Bittel, “Each population, each community, each generation is different,” she said. “In the rush to conserve the species, we also need to remember the individual.” (Cada población, cada comunidad, cada generación es diferente. En el camino de conservar las especies, necesitamos recordar a los individuos”).

Es una idea revolucionaria.

El articulista recorre los últimos avances de los biólogos evolucionistas desde que en 1960 Jane Goodall fuera la primera en observar la utilización de instrumentos para “cazar” o “pescar” termitas en algunos grupos de chimpancés.  Una conducta que hasta entonces se creía propia sola de los “homos sapiens”, la utilización de herramientas.

Lo interesante es que desde entonces otros científicos han determinado que cada comunidad de chimpancés tiene sus propias habilidades en la utilización de estas herramientas para “pescar” insectos o extraer miel de los panales de abejas silvestres.

Estos y otros comportamientos recientemente estudiados ha propiciado que los especialistas describan estos comportamientos como “culturales”cada comunidad aprende de su tradición local. El estudio también muestra la interacción de estas comunidades de homínidos con los hombres y la influencia que tienen estos últimos tienen en las variaciones de los comportamiento de los grandes simios al destruir sus ecosistemas.

Para llegar a esta conclusión mas de 75 científicos han compilado datos de 144 comunidades de chimpancés encontradas en 15 naciones de África comprando el comportamiento de cada comunidad teniendo en cuenta el impacto de los hombres sobre ellos. El resultado es bien polémico. Los chimpancés que viven en áreas con mayor influencia humana presentan menos variedad adaptativa y de comportamiento de acuerdo a la académica  Ammie Kalan, una antropóloga del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania.

Por su parte Cat Hobaiter, de la Universidad de St. Andrews, alega que la escala de los datos es insipiente para llegar a conclusiones definitivas.

La idea de un comportamiento “cultural” de los parientes evolutivos similar  a los humanos es relativamente reciente, a penas desde el 1999.

La observación prolongada de sus actitudes, vocalizaciones, utilización de instrumentos, puede aportar nuevas evidencias, pero aquí nos encontramos con otra dificultad mayor las pocas capacidades para comprender las actitudes y comportamientos complejos de otras especies de los humanos.  Por ejemplo, ocurre con el comportamiento conocido como “acumulación de piedras” que Kalan y sus colegas describen desde el 2016, pero para el que no tienen una respuesta de su significado real, aunque señalan que de la observación prolongada el comportamiento puede poseer algún significado “simbólico y comunicacional”,   que igual se creía  único de los “homos sapiens”.

Amor potente y concentrado.

 

La poesía de Krishna Naranjo Zavala es como la velocidad de aquel 550 Barchetta.  

Su boca emite poesía con esa vibra exquisita entre la plenitud sexual, el placer de los sentidos, la gratificación de las palabras y el misterio del disfrute estético de la vida, su voz trasmigra en un tarro de leche y miel en el centro del orbe. Un atardecer de invierno en la Villa Strangiato, el color ocre de las colinas y la luna de mantequilla en el Temples Of Syrinx. La briza del mar, el olor a vino, el tren cruzando el desierto de Oriente, tú sexo húmedo.

Amor potente y concentrado.

El amor entre Krishna y Radha será el sacramento de toda una religión, un sistema de creencias que se renueva en la destrucción creadora. Un amor ilegítimo, pues Radha es una mujer casada. Ambos mantienen una relación fuera de la Ley, un amor parakīya-rasa (relación fuera del matrimonio), pero en la tradición india, en su religión y sobre todo en su poesía, ese amor será designado el más sublime.

Y es que, en el amor total, el amor real, el verdadero amor es el que destruye toda convención. Destruir todo signo del mundo para alcanzar su esencia, el Uno, lo Divino, delirio sollozante que conducen a la divinidad en la primogénita esencia humana. Es ese tensarse del arco de caña de azúcar, en la flecha que apunta al blanco más que en el encajarse en la piel o comer la fruta (en este caso nunca prohibida), ese es el Amor; el intervalo en que la flecha de Kāma (el Eros indio) antes de hacer contacto físico y real entre los amados, es la trama de esta historia, la huida del dios azul en el bosque, el vago murmullo de su flauta, la sed de la dulzura que inflama el corazón y hace que nos aferremos a la imagen, al sabor de lo divino, de aquello que hemos ilusoriamente perdido, pero que nos da la energía para levantarnos, para ir de cacería y ser seducido por el ciervo que susurra delirios de amor, a encontrar lo divino, al tiempo que se nos vuelve a ocultar.

Radha entonces castiga al dios infiel Krishna, y lo araña, lo muerde, lo asfixia con sus piernas, lo aplasta con sus senos. Los truenos del amor resuenan (la gran batalla del Mahabharata con sus millones de elefantes y ríos de sangre intestina, no es más que este combate). Al consumar su romance, el cuerpo de la amada se convierte en un lienzo donde el dios dibuja con los jugos del amor formas arcanas, fórmulas secretas, cifras y emblemas, nos cuenta el Gita Govinda.

Es el deseo lo que crea el mundo.

Y para que el mundo siga creándose debe haber distancia, separación, nuevo deseo. La tensión del deseo es lo que genera el fuego creativo (un calor interno, individual, personal y único, el que está en el origen de la cosmogonía védica).Sin distancia no hay esencia, o movimiento, ese movimiento perfecto circular, exitus/reditus, no hay un ir tras el objeto del deseo, no hay acción; karma, el constructor del mundo, el combustible del tiempo, depende de Kāma.

Sin el deseo, es imposible la paz perfecta de la unión con el Brahman: la gota cae al mar y se disuelve en el mundo, toda diferencia. Todo diferencia. Entonces todo es posible…el juego del amor divino, la relación personal entre el amante y el amado, entre el alma y dios. También es necesario el fuego y el agua, la danza de opuestos. Eso es lo que representa Krishna y Radha, amándose en su claro de bosque.

Aunque toda separación sea una ilusión, aunque toda separación sea una realidad; siempre el Uno es Todo y ese Todo ocurre dentro de nuestro cuerpo que es el Sat-Chit-Ananda, esa unión vital que da vida al mundo, la Creación misma.

Este es el juego perpetuo de Krishna y Radha en el bosque, su mano azul sobre el sexo de Radha, el amor que crea el mundo y lo destruye y lo vuelve a crear, separándose sólo para volverse a unir y deleitarse infinitamente en sí mismo: el amor que es la deificación de todas las cosas.

Hare Hare Krishna….

1

Poema para desprenderse

Antes de colocar el punto final al poema-río en que te estaba sumergiendo,

antes de que tomara la postura correcta de quien entona el amor,

ya tenía entre las manos los vuelos de tus aves musicales,

ya tenía entre las manos tu nombre esparciendo significados en todo mi cuerpo

Corrí por el camino de la ausencia para encontrarme a mí misma:

despoblada de sentidos, de indicios, transparente como siempre era

pero mi corazón irradiaba una fuerza diurna

Yo quise huir, quise negar, quise contrariar a mi pobre humanidad

que por primera vez sentía despegarse de la Tierra, que por primera vez

tocaba paraísos prometidos donde tu cuerpo era prolongación del mío

El remolino del fuego bendecía con silbidos y yo nunca respondí si te amaba.

 

2

Este continúo desnudarme

 Estoy desnuda dentro de este cuarto de espejos

deseando la resonancia más bella de mi misma

pero afuera la ciudad

no deja recobrar el silencio

que en la mañana traza el colibrí o la torcaza

el aleteo tornasolado y el canto

son los labios de esa oscuridad sonora

que se asemeja al mar apacible

por qué no entienden allá

que el estruendo mutila el rito de las flores

cuando se abren líricamente

bajo la directriz del viento

¿qué horas son? el tiempo para desprenderse

me destierro, abro otro camino

pienso en un túnel del porvenir

debo seguir en este continuo desnudarme

donde afloran los pinos y los robles de mis senos

donde el mangle cobra sentido

en la zona costera de mis piernas

donde se conjugan los arrayanes, los luceros

donde el mar bebe de mí

donde me hace el amor este absoluto silencio.

Krishna Naranjo Zavala

God save the Queen.

 

Watching him dash away, swinging an old bouquet (dead roses)
Sake and strange divine Uh-h-h-uh-h-uh you’ll make it
Passionate bright young things, takes him away to war (don’t fake it)
Sadden glissando strings
Uh-h-h-uh-h-uh, you’ll make it

Aladdin Sane. David Bowie.

Acabo de ver la premiación de los premios Oscar, con aquel decorado de plexiglás dorado que asombró al mundo desde el lujoso teatro Dolby de Los Ángeles en ajena semejanza al tupé dorado-naranja del Míster Trump.

Recordé a Gibbon cuando describe la decadencia del Imperio Romano. Su lenta implosión desde las entrañas; desvarío cuando pienso que las primeras manifestaciones de esa decadencia ocurren invariablemente con un arte aburrido, siempre premiado por los centros dorados del Poder (cinematográfico).

Una ceremonia diseñada por los hombres políticamente correctos, un Lineamiento post-ideológico de Hollywood, una nueva forma de aburrimiento.

Y, no digo todo esto porque mis filmes favoritos en esa noche de lo banal no fueran finalmente premiados, esa es otra versión de la historia, la mía, la que me reservo.

Lo digo porque me aburrí viendo el mismo ir y venir de una aristocracia elitista prisionera entre las neurosis que provoca el mucho dinero y lo «políticamente correcto». Me aburro cuando veo a un actor mediocre con una ridícula prótesis dental intentar imitar en el escenario y en la vida a la Reina Mercury, a un danés-argentino interpretar a un racista que en el fondo es un buen tipo de familia o la historia en blanco y negro de una empleada doméstica de Oaxaca en una nación azotada por las mafias de la política y el narcotráfico, sin límites definidos entre los unos y otros.

La noche concluyó con las estatuillas más doradas en la historia del cine; mas doradas que el propio decorado del Dolby LA. Una noche de Queens Transformers (Marvel dixit). Pero no había Reino que gobernar, ni Reinas, ni Reyes,  el arte estaba en una galaxia muy lejana, en el “Transformer” de Lou Reed,  o  en  la resurrección  del Marqués de Sade nacido esta vez en formas de «rock star»  en Zanzíbar, inmigrante, pobre, homosexual, millonario, sadomasoquista, muerto de SIDA; y…  es que los “genios no deben morir (pues estamos muy escasos de ellos”).

“Green Book” dice el crítico de Los Ángeles “es frívola, deshonesta y racista” aunque aparente lo contrario. Lo que no dice el critico Justin es que fue el filme premiado como el mejor del 2018,  pues se asemeja mucho a la Sociedad del Entretenimiento que lo engendró.

«Sociedad» que  por igual engendró a un presidente misógino, racista, presuntamente criminal, cuyo tupé dorado adornó toda la ceremonia como el recordatorio de un neo fantasma que recorre el mundo, un Big Brother igual de  «frívolo, deshonesto y racista” .

El ideal trillado de reconciliación racial del  “Green Book” se merece el premio pues representa ese ideal cursi y falso que exporta  toda una nación con sus ilusas panaceas que vienen indistintamente  incorporadas desde sus insalubres hamburguesas hasta su cine plebeyo y prejuiciado.

Terminada la ceremonia fui al equipo de música, bese a mi esposa en la nuca y los labios, deje que el azar y la noche hicieran su trabajo, un tema de Queen, nos servimos un vodka doble con hielo y zumo de naranja, mirando como comenzaba la mañana entre las estrellas y Neptuno, las serpientes del Nilo, los siete mares y las flores del Valle, entre los reyes (y las reinas) que pierden sus reinos por un caballo, nos hicimos el amor en paz, «frívolos y deshonestos».     

 

Desde el darwinismo hasta Lulu y Nana.

 

1

Hace un par de días visitando una de estas “cajas replicadoras” ahora de modas por el uso masivo de la internet en Cuba, donde variados intereses desde los tecnológicos a los religiosos, postean (cortan y pegan) noticias acríticas y muchas veces sin confirmar o lo peor titulares con faltas de ortografía para mensajes con una simplificación de la realidad (científica) rayana en la estulticia cuando no en su completa falsedad, como este sobre el “darwinismo” .

Las teorías de Darwin siempre han sido un campo de batalla para los espíritus religiosos. ¿No sé el por qué? Aunque intuyo las causas. Pero lo más falaz son los argumentos que se utilizan en contra de la teoría de la evolución y de la biología evolutiva. El debate científico ya terminó hace más de ciento cincuenta años, incluso una religión tan jerárquica y tradicionalista como la católica reconoce la validez científica de la evolución de las especies mediante la selección natural. No obstante, existe un sector desde el cristianismo fundamentalista mayoritariamente evangélico asentado en el cinturón bíblico de EE..UU., (igual desde el judaísmo tradicionalista o el fanatismo islámico) que intentan mantener vivo un debate,  o resucitar más bien un falso debate,  contra la evolución darwinista, lo cual científicamente hablando está muerto y enterrado desde los tiempo de Huxley.

La genética y la biología evolucionista van a siglos luz de estos intentos desesperados de mantener a sus feligreses en un “oscurantismo victoriano y decimonónico” con estas burdas simplificaciones que recuerdan la era pre-científica de la Edad Media.  Desaprovechando la oportunidad de informar y debatir entre los suyos sobre los aspectos más novedosos de la genética evolutiva y sus consecuencias con la vida tal y como la conocemos, debatir sobre los temas éticos y morales que del uso del evolucionismo hace la tecnología actual para modificar la propia vida.

Comparto una nota de prensa y análisis con temas de mucha actualidad publicados por mi amiga Aura Cecilia Jiménez Moreno.

2

A finales del año pasado (noviembre 2018) el doctor He Jiankui, especialista en edición de genoma en China, anuncio vía la red social YouTube el nacimiento de dos niñas gemelas a las que presume haberles realizado edición genética (o como él dice: “cirugía genética”).

Aunque al momento no se ha reportado ningún estudio decodificando el ADN de estas gemelas para comprobar si esto es verdad o no, la noticia dio la vuelta al mundo causando revuelo inmediato entre la comunidad de investigadores y genetistas. El “experimento” de Jiankui no sólo se saltó principios éticos y morales que siguen en debate entre investigadores, filósofos, médicos y religiosos del mundo entero, sino que se consideró violatorio de las leyes chinas. Contra lo esperado, el ministro de la Industria y de la Tecnología de la Información, Huai Jinpeng, dijo que el gobierno chino no tolerará el comportamiento “deshonroso” en la investigación y sacarán a Jiankui de la contienda por un premio nacional a la investigación al que estaba nominado.

La profesora Jennifer Doudna de la Universidad de Beckly, una de las pioneras en el uso de la tecnología CRISPR, se dijo “horrorizada y decepcionada” porque el experimento no respetó los parámetros internacionales. “El procedimiento no era necesario médicamente y la motivación [de He Jiankui] fue ser el primero en hacer algo así”, agregó. Por su parte, el director del NIH (Instituto de Salud Nacional en Estados Unidos) rechazó públicamente la práctica y la definió como “profundamente perturbadora porque pisotea las normas éticas”.

Para entender un poco más la controversia que ha provocado este video, así como las posibles consecuencias de la noticia, primero hay que entender un poco sobre la ciencia detrás de esta “cirugía de genes”.

La tecnología CRISPR se refiere a la forma de “cortar” los genes en puntos específicos y editar o parchar las secciones eliminadas. Es importante aclarar que la posibilidad de este procedimiento no se descubrió porque se buscara activamente modificar los genes, sino entender cómo es que las bacterias combaten infecciones virales (y porqué son más eficientes haciéndolo que nosotros, los humanos). Sin embargo, como en otros descubrimientos importantes de la historia, la exploración constante llevó a descubrir posibilidades inimaginadas en el campo de estudio. Se vio que éstas bacterias tienen un sistema de tijeras (en específico una “súper proteína”) que puede buscar, encontrar, cortar y eventualmente degradar el ADN del virus atacante en cuestión de minutos. Esta “súper proteína” se llama Cas9 y se logró replicar en laboratorio demostrando ser la tecnología maestra capaz de editar genes de manera precisa, y la única hasta el momento. Antes del anuncio de He Jiankui ya se habían demostrado las posibilidades del Cas9 en células, modelos animales y plantas, e incluso en embriones humanos, pero sin ser implantados.

Antes del anuncio, la doctora Doudna había convocado a una mesa redonda con expertos a nivel mundial para discutir el dilema ético que rodea las posibilidades resultantes del uso de esta tecnología. Los potenciales curativos o de prevención de enfermedades parecen más obvios y relativamente justificables, pero preguntémonos: ¿qué pasaría si se usa en embriones humanos para influir en factores como lograr hacer huesos más fuertes, ojos azules o ser menos susceptible a contraer enfermedades no predominantemente genéticas? En otras palabras, usarla para hacer “bebes de diseñador”.

Esto aún no es del todo posible porque CRISPR corta secciones de genes y puede editarlos pero los tiene que remplazar con otros que no existen en el material genetico en cuestión; hasta ahora, eso no se presumía posible en humanos. Pero Lulu y Nana, los nombres de las gemelas que nacieron en China, parecen haber sido editadas en el momento de la fecundación in vitro con el objetivo de hacerlas inmunes al virus del sida. Doudna y sus colegas genetistas llamaron a una “pausa” mundial en cualquier aplicación clínica de CRISPR en embriones humanos. Argumentan que debemos considerar no sólo las consecuencias científicas que podrían ser benéficas, sino también las no deseadas, y que esto es responsabilidad de todos.

Entre las razones de controversia que fundamentan esta preocupación está el hecho de que el material genético de Lulu y Nana será heredado por todas sus futuras generaciones sin que sepamos los efectos secundarios que esto puede traer. Además, lo que hizo Dr. Jiankui tiene una dosis de ambigüedad que vuelve injustificable su experimento: manipuló embriones saludables para hacerlos resistentes al virus del VIH que padece el padre donador del esperma. Sin embargo, hasta donde sabemos, el virus del VIH se pasa de madre a hijo durante el parto. ¿Era, pues, necesario hacer esto para evitar el contagio de las niñas? Tampoco sabemos si los padres fueron propiamente informados sobre los riesgos (aún existe la probabilidad de efectos off-target, como las mutaciones) ni nos hemos preguntado por la posibilidad futura de que alguna de las gemelas esté en desacuerdo con tener material genético manipulado.

Históricamente, quienes defienden la creencia y búsqueda activa por mejorar la calidad genética del ser humano se conocen como eugenésicos. La vieja escuela de eugenésicos asumía que ciertas razas y etnias tenían posibilidades de heredar rasgos “superiores” de ser humano. Y sabemos la historia que estas creencias desataron. Sin embargo, en los cincuenta surgió una nueva corriente eugenésica que defendía que los rasgos de “súper ser humano” en realidad se pueden encontrar en los genes de todas las razas, sólo que en unas personas están “activados” y en otras “desactivados” o con mayor riesgo de “desactivarse” (por ponerlo en palabras simples). “La nueva eugenesia en principio permitiría la conversión de todo aquel no apto a un nivel máximo de cualidades” dijo una vez el renombrado biólogo Robert Sinsheimer (1936-2017).

Dr. Francis Collins, uno de los lideres del Proyecto del Genoma Humano se pregunta cuándo fue que cambiamos del modelo de curar al modelo de “mejorar”, y cuándo habría de considerarse aceptable o inaceptable dicha mejora. Pone el ejemplo del famoso Ritalin, un medicamento que amplia los niveles de alerta y atención, y que ciertamente puede ser aceptable para tratar condiciones como el déficit de atención. ¿Pero es válido su uso cuando los adolescentes lo consumen para que les vaya mejor en los exámenes?, se pregunta. Ésta se podría calificar como una “mejora” no aceptable. Ahora transportemos este ejemplo al tema de edición genética: editar el ADN para prevenir una enfermedad que viene determinada en los genes y para la que no existe otro tipo de cura puede ser válido, pero si se usa para dar una habilidad “extra” (como ser más resistentes que el resto a un virus) surgen temores basados en la desigualdad de acceso a estos tratamientos.

Mi critica a la “nueva eugenesia” y al “experimento” del Dr. Jiankui no tiene ningún fundamento religioso ni cercano a los cuestionamientos sobre el “jugar a ser Dios”. Soy una ferviente admiradora de la ciencia y apoyo la idea de abrirnos a tecnologías y opciones que pueden ayudarnos como sociedad a reducir cargas económicas, de educación, o de salud. El ejemplo de las gemelas Lulu y Nana, sin embargo, no entra en mis cartas de defensa. Al contrario, da razones de sobra a los que se oponen totalmente a la manipulación genética en cualquiera de sus formas pues la justificación del “experimento” no sobrepasa los riesgos posibles. Si uno se somete a controversias de esta magnitud, el fundamento tendría que ser más fuerte y humano que el del simple hecho de experimentar, y sobre todo, de hacerlo antes que nadie.

El Dr. Jiankui presume haber embarazado ya a 7 mujeres con esta técnica así que la controversia está lejos de terminar.

Por Aura Cecilia Jiménez Moreno

Investigadora de la Universidad de Newcastle en el Reino Unido. Se especializa en enfermedades neuromusculares.

Bibliografía

  • Hwang, Woong Y., et al. «Efficientgenomeediting in zebrafishusing a CRISPR-Cas system.» Naturebiotechnology, Vol. 31. No.3, 2013.
  • Tool, Maps, et al. «CRISPR/Cas9 & TargetedGenomeEditing: New Era in Molecular Biology.», New EnglandBioLabs, no. 1,2014.