El emérito y los pederastas.

                                               El incienso de los pedaerastas

Joseph Ratzinger, el papa emérito Benedicto XVI, ha roto su silencio y ha publicado un documento en el que analiza algunas de las causas de la plaga de los abusos a menores que azota a su Iglesia.

El extenso texto, titulado La Iglesia y los abusos sexuales, navega por la situación actual con el pretexto de la Cumbre Vaticana sobre el abuso de menores (y de Poder) entre su jerarquía y sus fieles, para lidiar con el descredito y el bochorno de la Iglesia en una época de noticias falsas y redes sociales. 

El documento de 18 páginas se publicará en la revista mensual “Klerusblatt” dedicada el clero católico en Baviera y ha sido adelantada su publicación por varios medios de comunicación cercanos a la Santa Sede, entre ellos el “Corriere della Sera” o en español por la agencia católica Aciprensa.

En un arranque de locuacidad poco habitual en el nonagenario pontífice emérito, su diatriba va mucho más allá del ámbito eclesiástico-teológico y atribuye el problema a una evolución de las costumbres sexuales producida en toda la sociedad y originada durante la revolución sexual de los años sesenta. Ratzinger se asume definitivamente como un tradicionalista anti Concilio Vaticano II, para muchos observadores la verdadera guerra oculta tras los frescos de Miguel en la Capilla Sixtina es la lucha de y por el poder entre los modernos y los tradicionalistas. El papa emérito nos lo explica con sus palabras;

“Hubo –y no solo en los Estados Unidos de América– obispos que individualmente rechazaron la tradición católica por completo y buscaron una nueva y moderna “catolicidad” en sus diócesis”. 

El verdadero asunto tras los escándalos, las cartas pastorales acusatorias y los arrestos de Cárdenlas desde Australia a los Estados Unidos, es la vieja añoranza por el poder total imperial sustentado en la supuesta Santidad de la Iglesia y la infalibilidad doctrinaria del Sumo Pontífice.

«Es muy importante oponerse con toda la verdad a las mentiras y las medias verdades del demonio: sí, hay pecado y mal en la Iglesia, pero incluso hoy existe la Santa Iglesia, que es indestructible. Además, hoy hay mucha gente que humildemente cree, sufre y ama, en quien el Dios verdadero, el Dios amoroso, se muestra a Sí mismo a nosotros. Dios también tiene hoy Sus testigos («martyres») en el mundo. Nosotros solo tenemos que estar vigilantes para verlos y escucharlos»

Es importante oponerse con la verdad no solo a las mentiras, sino rescatar con la justicia y la reparación de las humanidades heridas los abusos de la Iglesia “indestructible”, santa y pecadora (Joseph dixit), aunque para otros menos apasionados o sujetos a las elucubraciones metales del ex pontífice, la Iglesia es una poderosa institución humana que lejos de escuchar «vigilante» a sus mártires y víctimas; escuchó, protegió y hasta encubrió primero a sus criminales. Dejando indefensos a los que «humildemente creen, sufren y aman» entre los que por el significado de sus palabras se excluye el mismo papa emerito.

Además, sustenta su “mea culpa” en “una justicia garantista” un logro de la modernidad occidental (cristiana),  principio utilizado ahora como justificación post mortem por el mismo Vaticano para proteger a sus prelados y laicos y arroparlos de impunidad que no de verdadera «justicia garantista»;  esconderlos de la Ley y de los justos castigos por delitos penales y punibles en casi todos los códigos civiles.  Los castigos por parte de la justicia y la Ley no se produjeron por el uso criminal del “garantismo” de las propias elites vaticanas que por décadas lo impidieron. La propia carta acusatorias de Viganò solo muestran la punta del iceberg.   

Sin embargo si reconoce que, en el siglo XXI (muy a su pesar y dolor), la integridad humana está muy por encima a la “protección de la fe”, para mi uno de los mas humanos legados de Cristo y lo Evangelios. La inviolabilidad de la dignidad y la integridad humana antes que sus instituciones. El furor teológico de la curia tradicionalista no lo interpreta asi…

“Si hoy se presenta esta concepción inherentemente clara, generalmente se cae en hacer oídos sordos cuando se llega al asunto de la protección de la fe como un bien legal. En la consciencia general de la ley, la fe ya no parece tener el rango de bien que requiere protección. Esta es una situación alarmante que los pastores de la Iglesia tienen que considerar y tomar en serio”. 

El considerar y tomar en serio la Ley Civil por encima de las conmiseraciones de que la “…fe ya no parece tener el rango de bien que requiere protección…”, es para muchos un logro de Occidente, que el propio cristianismo debe sentir como su legado a nuestra civilización,  muy lejos de los intentos fundamentalistas de equipar Ley y Justicia civil con códigos canónicos y revelaciones metafísicas, todas las teocracias se sienten incomodas y «alarmadas» frente a esa posibilidad de anteponer el humanismo antes que la protección de la fe ya trasfigurada en Estados, Ideologías Dogmas o Instituciones.  

Un sangriento ejemplo contemporaneo los intentos de otras teocracias de crear un Califato donde se asume que la protección de la fe esta por encima de los ciudadanos. 

El extenso documento está estructurado en tres partes. 

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En la primera, presenta el contexto histórico desde la década de los sesenta, con las revoluciones descolonizadoras en el tercer mundo, desde Cuba a Argelia, hasta las revoluciones sexuales, feministas, artísticas y culturales de los sesentas, culminando en el mayo del 68. De hecho, volviendo a una de sus viejas obsesiones, sitúa el epicentro de la cuestión en la revolución de mayo del 68 y el colapso espiritual que, supuestamente, produjo. 

“Se puede decir que en los 20 años entre 1960 y 1980, los estándares vinculantes hasta entonces respecto a la sexualidad colapsaron completamente, y surgió una nueva normalidad que hasta ahora ha sido sujeto de varios laboriosos intentos de disrupción”.

“Respecto a la sexualidad” es un asunto que creo el clero, la curia y su jerarquía a fuerza de no practicarlo, no comprenden diáfanamente su significado de realización personal, carácter reproductivo, y fuerza liberadora. Con el “colapso” se refiere precisamente a la recuperación de la sexualidad humana como un ámbito de su íntima e inalienable humanidad, que nada tienen que ver con las construcciones teológicas que la Iglesia utilizó como instrumento de culpabilidad o neurosis colectiva para imponer su visión del mundo, de la vida y de la propia experiencia sexual humana. Y, en los sesentas, ese sistema colapso definitivamente en manos de una juventud abrumada por la enajenación impuesta por el poder, desde el burgués hasta el eclesiástico. Poder eclesiástico que, si consideramos sus votos de castidad, de hombres célibes, deberían sentirse psicológicamente inmunes a este “colapso” y estas “revoluciones”. En realidad esas revoluciones se iniciaron desde Lutero y el Renacimiento y no en mayo del 68.

El emérito en un alarde puritano recuerda su adolescencia en Alemania: 

» El asunto comienza con la introducción de los niños y jóvenes en la naturaleza de la sexualidad, algo prescrita y apoyado por el Estado. En Alemania, la entonces ministra de salud, (Käte) Strobel, tenía una cinta en la que todo lo que antes no se permitía enseñar públicamente, incluidas las relaciones sexuales, se mostraba ahora con el propósito de educar. Lo que al principio se buscaba que fuera solo para la educación sexual de los jóvenes, se aceptó luego como una opción factible».

Después un poco más agredido continua: 

» También recuerdo haber llegado a la ciudad el Viernes Santo de 1970 y ver en las vallas publicitarias un gran afiche de dos personas completamente desnudas y abrazadas».

Dos personas desnudas y abrazas en una valla publicitaria vista hace setenta años atormentan sus freudianos recuerdos. Tengo amigos que alguna vez asistieron a Seminarios Jesuitas que me comentan que el consumo de pornografía es habitual en sus claustros. Espero que cuando lleguen a los noventas no se sientan tan aturdidos por ello.

Oportuno recordar que en la congregación cristiana donde más incidencia ha tenido la pederastia, el abuso de poder vertical de hombres contra mujeres, niños y los más desfavorecidos es en la Iglesia Católica de acuerdo a una Comisión Real creada por el Gobierno de Australiana, en un informe de mas de 30 mil folios,  hasta la fecha es una de los estudios desde lo jurídico más objetivos sobre el tema de los abusos sexuales a menores entre las instituciones, incluyendo las religiosas, y entre ellas la Iglesia Catolica.

Pero el emérito va más allá en la demonización de ese periodo y señala que «parte de la fisionomía de la Revolución del 68 fue que la pedofilia también se diagnosticó como permitida y apropiada». Algo sin sustento alguno ya sea histórico, jurídico o médico. 

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En la segunda, se refiere al impacto que tuvo una cierta decadencia moral de aquel periodo entre los sacerdotes. Para aclararnos que: “Hoy, la acusación contra Dios es sobre todo menosprecio de Su Iglesia como algo malo en su totalidad y por lo tanto nos disuade de ella. La idea de una Iglesia mejor, hecha por nosotros mismos, es de hecho una propuesta del demonio, con la que nos quiere alejar del Dios viviente usando una lógica mentirosa en la que fácilmente podemos caer”. 

Esa Iglesia que, de acuerdo a su informe, “en varios seminarios establecieron grupos homosexuales que actuaban más o menos abiertamente, con lo que cambiaron significativamente el clima que se vivía en ellos”. El “clima moral” de confundir homosexualidad, incluso sexualidad, con algo “malo”, “pecaminoso”. Confundir sexualidad con relajamiento moral y ético.

Explica con cierto sentido de culpabilidad y desconocimiento. «En las comidas cotidianas, los seminaristas y los especialistas pastorales estaban juntos. Los casados a veces estaban con sus esposas e hijos; y en ocasiones con sus novias. El clima en este seminario no proporcionaba el apoyo requerido para la preparación de la vocación sacerdotal. La Santa Sede sabía de esos problemas sin estar informada precisamente”

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En la tercera, lanza una propuesta para encarar una situación que, según él, «no fue aguda hasta mediados de los años 80». Aunque podemos asumir aquello de “sabía de esos problemas sin estar informada precisamente”.

Al concluir el texto, extrañamos entre tanta letra muerta la poca fortuna en facilitar las reparaciones y el tan esperado perdón cristiano para con las víctimas, los “mártires” (testigos violados y abusados) por parte del emérito y los suyos. Tampoco da referencias claras sobre cómo erradicar los abusos a menores en el seno de la Iglesia y concluye que la pederastia ha alcanzado «estas proporciones» ante «la ausencia de Dios». Se sobre entiende que con estas proporciones y la ausencia de Dios se refiere a su Iglesia, sus Cardenales, Obispos, Sacerdotes y Laicos.

“La extensión y la gravedad de los incidentes reportados han desconcertado a sacerdotes y laicos, y han hecho que muchos cuestionen la misma fe de la Iglesia”.

Es posible, aunque conozco a muchos amigos católicos que mantiene su fe intacta, aunque si desconfían de los discursos huecos y la falta de transparencia y soluciones de una institución que se ve enfrentada a la modernidad sin encontrar las formas y las maneras de adaptarse a un mundo donde ya no actúa como el centro de Occidente, desde donde emanaba no solo el poder político, sino el moral o el legal. Y de, reconocer, más allá de la batalla cósmica entre el Bien y el Mal, entre el Nazareno y el Demonio en el desierto de Judea, tiene un grave problema de justicia pendiente entre sus millones de fieles y una minoría de su jerarquía elitista, reaccionaria y presuntamente criminal, pero muy poderosa, que tiene pendiente para con los suyos primeramente un tema de trasparencia y credibilidad, de reparación y adminidtrscion de justicia.

Sus files, no los que no lo son, son los que se ven necesitados urgentemente en la necesidad de “enviar un mensaje fuerte y buscar un nuevo comienzo para hacer que la Iglesia sea nuevamente creíble como luz entre los pueblos y como una fuerza que sirve contra los poderes de la destrucción”.

Pero igual reconocen que desde dentro de sus filas se esconden por igual esos “poderes de la destrucción”. Para que sus conclusiones no sean interpretadas como un esfuerzo tardío, desde los teológico-metafísico de enfrentar una realidad humana, concreta e histórica, el abuso de poder de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

No referencias vanas a la irrupción del relativismo moral donde no existe ya el bien y el mal, sino solo aquello “que según la circunstancia es relativamente mejor”. Un observador lo suficientemente provisto del cinismo propia de las jerarquías políticas y teológicas podría señalar que ese mismo relativismo moral es que ha hecho posible se encubriera institucionalmente la practica sostenida de la pedofilia entre los suyos. Sin mencionar por enésima vez el concepto de “garantista” que a estas alturas debe dejar un mal sabor en las bocas de las decenas de miles de sus mujeres, débiles mentales, niños y adolescentes sistemáticamente violados.

Por cierto, resulta curioso que en las 18 páginas del documento no se pida cristiano arrepentimiento para con las victimas, esa condición humana, psicológica y jurídica, de “victima” tan propensa al catolicismo.

2 opiniones en “El emérito y los pederastas.”

  1. Solo quiero compartir con vos esta noticia… la transferencia del Monseñor Nicaragüense Silvio Jose Baez a Roma, por una decisión expresa del papa Francisco, causó sorpresa y desconcierto entre los sacerdotes de la arquidiócesis de Managua Olvídate de toda esa palabrería vacía y ficticias batallas entre los buenos y los malos ese es el humo que desean vender, la realidad esta en lo que explicas, ansias, muchas ansias de poder. No el que proviene de la pobreza de Cristo, sino del poder de dinero corrupto y bañado en sangre. Bueno tu blog

    1. Si, lei la noticia esta tarde. Tienes toda la razón. Cortinas de humo para esconder la verdad, y disipar la realidad en las viejas ficciones de la lucha bipolar entre el Bien y el Mal, cuando la realidad humana es tan compleja y sutil como el azul del Lago de Managua. Gracias. Si, si el tema no fuera tan serio, abusar de un niño, es un crimen de lesa humanidad para mi que no se ni jota de leyes, pero hablar de recuerdos de hace setenta anos de anuncios publicitarios con «personas desnudas» (no aclara si hombre-mujer, mujer-mujer, u hombre-hombre) y la educación sexual, Mayo del 68 y los clubes homosexuales en los seminarios y monasterios en el siglo XXI, me suena a decrepitud intelectual. Triste pues el emérito es uno de los mayores teólogos vivos del catolicismo tradicionalista. Aunque es cierto es una nube de humo, tiene algunos libros en los que el mismo duda de la historicidad de algunos pasajes de la vida de Cristo. Vaya usted a saber. En cuanto a ustedes espero que encuentren la paz, el consenso, y que no haya mas violencia en su país. Gracias.

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