Una ironia en torno a la exegesis de libros sagrados…

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A menudo advertimos a apologetas religiosos que defienden libros considerados Sagrados cuyo contenido es cruento, violento e injusto, en definitiva, inhumano, amparándose en la excusa de la interpretación no literal (que se presta a la subjetividad y a especulaciones abiertas que ellos mismos son, sin embargo, incapaces de aceptar en su visión dogmática y unilateral de los textos Sagrados). Los defensores de la religión, de la tradición, interpretan torcida, antojadiza y convenientemente pasajes que de otro modo serían inaceptables, tanto a nivel ético, como a nivel legal, por no mencionar el científico, y hacen pasar por bello, bueno y verdadero aquello que a claras luces no lo es.

Vamos a realizar su mismo juego a la inversa y citar directamente a Lenin, el más recalcitrante de los materialistas:

Dios es el conjunto de esas ideas elaboradas por la tribu, la nación, la humanidad, que despiertan y organizan los sentimientos sociales y que se proponen como fin vincular al individuo con la sociedad y refrenar el individualismo zoológico.

Interpreto este pasaje como sigue:

Sólo se puede elaborar lo que previamente yace en uno. Elaborar es dar a luz o exteriorizar lo latente, conducir al plano de la manifestación lo que yacía en estado de esencia pura en la interioridad no manifestada. Ergo, lo que la tribu idea en realidad le precede. Así, si Dios es expresión de un pueblo, es asimismo aquello que le antecede y subyace. De esa forma, la humanidad es puente: nexo entre Dios como su fundamento y Dios como su expresión ulterior, filtrada por ella misma de acuerdo con su naturaleza particular de pontífice -de puente-.

Una realidad semejante sólo puede traer bien a la sociedad: orden que se contrapone al caos y elevación por sobre la mera animalidad descendente. La vinculación entre los elementos dispersos de la sociedad sólo se puede dar mediante un principio unificador y directriz que los liga, una inteligencia, un logos, Dios. Los elementos divergentes y múltiples se armonizan, religan y encauzan en la Unidad Divina, lo que permite la cohesión social desde el mismo ser Divino que obra al interior de la humanidad reuniendo armoniosamente lo disperso en un cosmos.

¡Qué profundamente religioso era Lenin!

 

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