Deportaciones.

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La noticia de que los cubanos ya no serán acogidos apenas toquen suelo en Estados Unidos, a menos que tengan visado, dio la vuelta al mundo. Sin embargo, el fin de la política “pies secos, pies mojados” decretada por el expresidente Barack Obama es sólo una de las partes del acuerdo bilateral que Washington y La Habana anunciaron el 12 de enero.

La contrapartida de este acurdo es que la isla accederá, después de negarse durante décadas, a recibir bajo ciertas condiciones a los cubanos que Estados Unidos desea expulsar de su territorio. Este punto, que ocupó mucho menos espacio en la cobertura de la prensa mundial, tiene a miles de cubanos “en pánico”, como le explicó a BBC Mundo la abogada Idalis Pérez, que atiende desde hace años casos de migración en Miami, Florida.

La jurista indicó que desde que se conoció del acuerdo anunciado el jueves, su teléfono prácticamente no dejó de sonar por las llamadas y mensajes de cubanos que tienen orden de deportación y temen que ahora sí los devuelvan a la isla.

A continuación te contamos qué se sabe de estas deportaciones.

Los 2.746

En el anuncio mismo del acuerdo entre Cuba y Estados Unidos se adelantó que ya existe una lista de 2.746 personas que pueden ser deportadas en cualquier momento. Se trata de un grupo de cubanos que abandonaron la isla desde el emblemático puerto de Mariel, en La Habana, en octubre de 1980.

Ninguno de esos 2.746 llegó a conseguir la ciudadanía estadounidense y aquellos que permanecen con vida llevan décadas en EE.UU. Cuba ya accedió a recibirlos en el momento en que Estados Unidos disponga ponerlos en un avión rumbo a la isla. Cuba también aceptó permitir la devolución de otros “marielitos”, como se conoce a aquellos que zarparon hace 36 años, que tengan orden de deportación.

Sin embargo, como señaló el secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Jeh Johnson, “también existe la posibilidad de que los cubanos acepten migrantes fuera de este grupo, pero después de una revisión caso por caso”.

El limbo de los “deportados”

Las estimaciones de los abogados con los que conversó BBC Mundo y de otros medios de comunicación en Florida señalan que entre 10.000 y 35.000 cubanos tienen orden de deportación en Estados Unidos.

La cifra es difícil de calcular porque hay cubanos que fueron expulsados en la década delos 80, algunos que fallecieron y otros que se mudaron a otros países.

El abogado experto inmigración Carlos Sandoval, basado en Miami, le dijo a BBC Mundo que “se trata de un problema de décadas y estamos hablando de varios miles de personas”.

“Cuando les dieron órdenes de deportación quedaron en el limbo porque Cuba se negaba a recibirlos de vuelta. Se trata de personas que no llegaron a obtener la ciudadanía y perdieron la residencia”, explicó Sandoval. El abogado añadió que la mayoría de ellos cometieron delitos relacionados con el tráfico de drogas, violencia doméstica, disturbios o fraudes.

Este grupo debe presentarse una vez al año en las oficinas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas para poder acceder a un permiso de trabajo y a la licencia de conducir.

La abogada Idalis Pérez explicó que de esta manera EE.UU. los mantiene monitoreados.

Pérez añadió además que actualmente hay cubanos que están detenidos y ya tienen orden de expulsión. Explicó que ellos son en este momento algunos de los más preocupados porque temen que puedan ser los primeros en ser devueltos.

Después del 12 de enero

Hay un elemento más en el acuerdo sobre deportaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Si un cubano ingresa ilegalmente a Estados Unidos después del 12 de enero de este año, cuando entró en vigencia la nueva política migratoria, también podrá ser devuelto si Estados Unidos así lo dispone, siempre y cuando no hayan pasado cuatro años entre el momento de su salida de la isla y el inicio del proceso de su deportación.  Las leyes cubanas dicen que si una persona no volvió a la isla después de abandonarla por más de dos años es considerada oficialmente un migrante.

El secretario Johnson afirmó el jueves que Cuba aceptó el plazo de cuatro años durante las negociaciones. Sin embargo, la autoridad estadounidense señaló que buscarán ampliar estos términos.

“Buscamos llegar a un punto plenamente compatible con el derecho internacional bajo el cual Cuba esté de acuerdo en aceptar de vuelta a todos quienes se disponga que sean deportados por nuestro país”, concluyó Johnson.

BBCMundo

Roberto y los maestros…

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Hace muchos años en una época terrible alguien me regaló un pequeño libro de un hasta entonces desconocido chileno. La Habana por aquel entonces estaba llena de chilenos revolucionarios fugitivos como hoy lo está de canadienses obesos y aburridos. El libro del chileno terminó en una de esas lecturas voraces en la que terminas con una enorme interrogante ¿y, ahora qué? El libro apenas lo contenían setenta páginas…de poesía. Su título. Los perros románticos.

El chileno desde entonces me conmovió, su exilio, su tenacidad, su inteligencia, su libertad. Años después con dos de sus versos logré que la madre de una de mis hijas me diera la primera oportunidad, de al menos, escucharme por un par de segundos.

Cae fiebre como nieve

Nieve de ojos verdes.

No puedo dejar de agradecerle, entre muchas, que me haya permitido enamorarla con su (mi) poesía.

Cuando la derrota compasiva nos convenza de lo inútil

Que es seguir luchando, a tus ojos me fiaré.

Gracias a los versos de los perros románticos descubrí que Chile existe más allá de Neruda, de los 20 poemas de amor, de las batallas ideológicas y del inconcluso caudillismo latinoamericano. Me leí cada página que escribió Roberto Bolaños, su lectura  te puede golpear con un mazo austral o elevar como peyote perfumado.

Cuenta Canetti en su libro sobre Kafka que el más grande escritor del siglo XX comprendió que los dados estaban tirados y que ya nada le separaba de la escritura el día en que por primera vez escupió sangre. ¿Qué quiero decir cuando digo que ya nada le separaba de su escritura? Sinceramente, no lo sé muy bien. Supongo que quiero decir que Kafka comprendía que los viajes, el sexo y los libros son caminos que no llevan a ninguna parte, y que sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontrar algo, lo que sea, un libro, un gesto, un objeto perdido, para encontrar cualquier cosa, tal vez un método, con suerte: lo nuevo, lo que siempre ha estado allí.

De eso se trata toda la literatura de Roberto Bolaños, de la enfermedad, de la vida, de los viajes, el sexo y el amor, de los libros. De lo nuevo que siempre está aquí.

En una reciente conversación y almuerzo,  entre platos verganos de ensaladas y sopas frías,  con unos compatriotas ligeramente universitarios, de esos que acaban de descubrir a Bolaños en edición digital y Google mediante, me recordaron de inmediato la estridente dialéctica que existe entre lo nuevo y lo viejo, entre Kafka y Bolaños. Por ejemplo, las diferencias que existen entre aquellos exiliados chilenos y los actuales turistas canadienses que son el pasado y el presente del paisaje humano de una La Habana por siempre tropical. Todo se cierra como un mantra tibetano dentro de una muralla de piedra bordada con hilos de oro, incluso lo nuevo pero sobre todo lo viejo.

Todo es, a final de cuentas, folclore. Somos buenos para pelear y somos malos para la cama. ¿O tal vez era al revés, Maquieira? Ya no me acuerdo.   Roberto dixit.

Tampoco recuerdo muy bien pues soy muy malo para la memoria peor para el olvido. Aunque si, algo aprendí por ahí, de camino en camino sobre la nieve de tus ojos verdes, de leer algunos libros o de los infinitos viajes. Algo aprendi de la vida. Por ello siempre te pregunto a las mañanas si soy bueno en la cama o bueno peleando.

Ahora intento en vano conversar con los descubridores digitales de Roberto Bolaños pero después del segundo plato no son capaces de resistir la tentación de revisar Facebook o enviar un mensaje por correo electrónico. No me dieron la oportunidad de decirles que en la obra de Roberto Bolaños hay inteligencia, valentía y desesperación como lo hay en la vida, las mujeres, los libros y los viajes. Son asombro y no costumbre.

Si pudiéramos crucificar a Borges, lo crucificaríamos. Somos los asesinos tímidos, los asesinos prudentes. Creemos que nuestro cerebro es un mausoleo de mármol, cuando en realidad es una casa hecha con cartones, una chabola perdida entre un descampado y un crepúsculo interminable. Quién ahorraríamos a nosotros mismos para épocas mejores. No sabemos estar sin papá y mamá. Aunque sospechamos que papá y mamá nos hicieron feos y tontos y malos para así engrandecerse aún más ellos mismos ante las generaciones venideras. Pues para papá y mamá el ahorro era interpretado como perdurabilidad y como obra y como panteón de hombres ilustres, mientras que para nosotros el ahorro es éxito, dinero, respetabilidad. Sólo nos interesa el éxito, el dinero, la respetabilidad. Somos la generación de la clase media.

La generación que aspira a ser una nueva clase media en tiempos en que la clase media desaparece desde Suecia a Japón, la generación que Iván Rojas define como los acumuladores primarios y precarios del capital. Y, ya no un capital ficticio o de texto neo marxista si no uno fundamentado en la abolición de la dignidad humana.  Sin darnos cuenta que esas construcciones mentales que te irradian por todos los medios  posibles provienen no de palacios de cristal sino de chabolas de playwood. 

De un crepúsculo interminable…imagino que para pretender conocer y ser maestro de literatura latinoamericana hay que leer primero a Cesar Vallejo o Roberto Bolaños, antes que a García Márquez y sus mil epígonos con zapatos de charol o a Vargas Llosa con sus manías de oráculo de revista del corazón. Imagino primero hay que estudiar el español de mierda que hablan Maduro y Morales, cuyo creador es un escritor chileno que solo vivió cuarenta años.

 

 

 

 

1984…again.

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El Ministerio de la Verdad de Orwell (“Miniverdad” en la neolingua), por ejemplo, no tenía nada que ver con la verdad pero era responsable de la fabricación de hechos históricos. Lo que es realmente aterrador es que el presidente Trump y su gente se niegan a reconocer la naturaleza contradictoria de sus posiciones. Esta no es la primera vez en tiempos recientes que las ventas de “1984” han tenido un aumento.

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Nota del editor: Alexander J. Urbelis es un abogado y autodescrito hacker con más de veinte años de experiencia con información de seguridad. Ha trabajado como asociado en la Oficina del Consejo General de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), como secretario de la Corte de Apelaciones de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y como asociado en las oficinas de Steptoe & Johnson en Nueva York y Washington. También fue asesor de seguridad de Información y jefe de cumplimiento de uno de los conglomerados de lujo más grandes del mundo. Actualmente es socio de Blackstone Law Group y consejero general de una consultora independiente de seguridad en información. Síguelo en Twitter en @aurbelis. Las opiniones expresadas aquí son de su propia responsabilidad.

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Viéndome leer 1984, posiblemente la más grande novela distópica jamás escrita, en la escuela secundaria, mi madre me dijo que era un libro que todos debían leer no sólo una vez, sino otra vez cada diez años. Sin duda merece una relectura ahora mismo.

De hecho, decenas de noticias de esta semana nos han alertado sobre las crecientes ventas de 1984, de George Orwell, desde la posesión y aún más aún como consecuencia de la infame estratagema expuesta por Kellyanne Conway de los “hechos alternativos”. La mayoría de los medios de comunicación han informado con esmero sobre las cifras, y algunos llegan a comparar la lista de best-seller de Amazon (donde las compras de 1984″han subido casi un 10.000 %) con un “barómetro político” antes de hacer el evidente paralelo entre los conceptos orwellianos de la neolingua, el doble pensamiento, las palabras de Conway y las acciones del director de comunicaciones de la Casa Blanca, Sean Spicer.

Sin embargo, sorprendentemente, muy pocos han vaciado todo el paquete de lo que implican los paralelos entre la distopía de Orwell y el gobierno de Trump, ni la importación de las prácticas del nuevo gobierno (hasta ahora) si no se controlan. Como le fue advertido al protagonista de 1984, Winston Smith:

“Siempre, en cada momento, estará allí la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres una imagen del futuro, imagina una bota que se estampa contra una cara humana, para siempre”.

Si las cifras de ventas nos dicen algo, es que tenemos razón al querer un relato más completo de las comparaciones entre la distopía de advertencia más infame de la literatura y el nuevo gobierno estadounidense.

Creo que estamos entrando en territorios más traicioneros que los que incluso contempló Orwell. Ahora tenemos un presidente y un gobierno en el poder que esperan que sus propias versiones de la realidad y los hechos se creen según su propio entender, a la carta, después de los hechos.

Esta no es la primera vez en tiempos recientes que las ventas de 1984 han tenido un aumento. En junio del 2013, Edward Snowden le hizo saber al mundo que las maquinaciones del aparato de vigilancia de Estados Unidos no sólo estaban destinadas al exterior, sino que operaban muy agresivamente en el interior.

Pero esta nueva oleada de popularidad tiene una causa mucho más perniciosa: el asalto lingüístico y la flagrante despreocupación por la verdad y el pensamiento racional por parte de altos funcionarios del gobierno de Trump y del propio presidente.

Actualmente estamos peleando una batalla sobre quién controla la noción misma de lo que es real y lo que es falso. No podemos darnos el lujo de desmenuzar las palabras: el presidente Trump y su personal han usado y seguirán usando mentiras y engaños para crear una falsa percepción de la realidad que se adapte a su agenda política.

Han sostenido diariamente como verdades falsedades insostenibles e indefendibles, y, para los medios de comunicación, se ha convertido en una tarea de tiempo completo señalar las ficciones que propaga este gobierno. Si no persistimos en la lucha por la honestidad, Orwell nos advierte que las mentiras no corregidas serán “traspasadas a la historia y (se convertirán) en la verdad”.

Lo que 1984 nos dice de nosotros mismos:

La obra 1984 es una desafiante historia sobre el estado ficticio de Oceanía. Vive en un estado de guerra continua y aparentemente sin fin y sus instituciones son notoriamente revisionistas y manipuladoras de la percepción pública sin tener en cuenta los hechos históricos o la verdad. La supervisión de la ley y el orden y la protección incluso contra una rebelión menor es la esencia de la abierta y omnipresente vigilancia. Y en el trono, dirigiendo todas las funciones del Estado, está el Gran Hermano, un líder cuyo culto a la personalidad exige la más intensa lealtad personal y política.

Para mí, sin embargo, 1984 ha sido más que una historia cuyo contenido nos previene de la distopía. Los conceptos, los personajes y las lecciones me han guiado personal y profesionalmente en un sentido real. Mis años de adolescencia los pasé como un hacker, frecuentemente yendo hasta Manhattan desde Long Island para asistir a las infames Reuniones 2600, encuentros mensuales subterráneos de hackers neoyorquinos en el lobby del edificio Citigroup.

En el centro de estas reuniones estaba el redactor en jefe del 2600, The Hacker Quarterly, “Emmanuel Goldstein”, cuyo nombre de guerra fue tomado directamente del principal (y probablemente ficticio) enemigo del estado en 1984. Emmanuel y yo tenemos una amistad de casi 25 años, y todavía participo regularmente en su programa de radio y podcast centrado en los hackers, “Off the Hook”, transmitido semanalmente en WBAI en Nueva York. Cuando era adolescente, vi a varios amigos del círculo del 2600 ser llevados a prisión. Sus experiencias consolidaron mi deseo de ser abogado.

En medio de mi primera lectura de 1984, mi madre me sorprendió a mi hermana ya mí con una mascota, un precioso y pequeño perro negro abandonado en el local de un peluquero. Este cachorro era voluntarioso, contundente y parecía estar siempre conspirando contra todos los intentos de ejercer autoridad o dominio sobre él. Él era la encarnación del concepto orwelliano del crimen de pensamiento, el acto criminal de oponerse al partido gobernante. Le puse Winston, como el Winston Smith de 1984.

Winston permaneció firmemente contrario, pero a la vez a mi lado durante 16 años, viéndome ir a la escuela secundaria, la universidad, la facultad de Derecho y luego enfrentándome a la vida real. Cuando Winston murió en el 2011, empecé a trabajar como voluntario en un centro de rescate de perros en Nueva York, el Mighty Mutts, y durante un turno que nunca olvidaré, la beagle más perfecta para la adopción saltó sobre mi regazo y se negó a irse, como si le gritara al mundo que ahora era suyo.

Cuando pregunté por su nombre, no podía creer lo que oía cuando me dijeron que era “Julia”, el mismo nombre de la contraparte de Winston en 1984, su espíritu afín y su proscrito compañera. Adoptamos a Julia inmediatamente, y, hasta que se unió a Winston sobre el puente del arco iris a principios de este año, ella asumió su papel como un recordatorio diario de la sabiduría de 1984 y el lugar muy especial que la novela tiene en mi corazón.

Las lecciones, las advertencias y las predicciones de Orwell en mi vida nunca han sido más reales y más serias de lo que son ahora. Esas lecciones y paralelos merecen una seria consideración.

Mucho se ha escrito acerca de la noticia, el lenguaje ficticio de Oceanía, con su vocabulario deliberadamente limitado y en constante disminución, y cómo sus ataques contra la verdad y la razón son paralelos a las prácticas de administración de Trump. La idea detrás de la neolingua es que, al reducir el vocabulario, también es posible restringir el pensamiento personal y la libertad de expresión.

En el mundo de Orwell, no hay tal cosa como la palabra “malo”, sino que es “ingobernable”. Pero, ¿podría esta verdadera comparación entre la neolingua y la representación hecha por Conway de las mentiras flagrantes de Spicer como “hechos alternativos” estar realmente estimulando tal resurgimiento de interés en 1984? Por supuesto que no. Hay más.

Donald Trump y el doble pensamiento

Desde sus nombramientos en el Gabinete hasta las razones para sus desestabilizantes decretos, el presidente Trump parece haber visto una señal directa de los ministerios ficticios de 1984, cuyos propósitos son diametralmente opuestos a sus nombres.

El Ministerio de la Verdad de Orwell (“Miniverdad” en la neolingua), por ejemplo, no tenía nada que ver con la verdad pero era responsable de la fabricación de hechos históricos. En ese sentido, Trump ha promulgado, en nombre de la seguridad, una prohibición de viaje contra inmigrantes y refugiados de países cuyos ciudadanos no han causado la muerte de ningún estadounidense al terrorismo, dejando por fuera de esta prohibición a países cuyos ciudadanos sí han llevado a cabo actos de terrorismo.

Nos ha puesto en el camino a Betsy DeVos, una candidato a ser secretaria de Educación supuestamente opuesta a la educación pública y que promueve el concepto realmente orwelliano de la “elección de escuela”, un plan que parece bien intencionado pero del que los críticos aseguran que es un drenaje de los muy necesarios fondos de la educación pública hacia la privada.

Andy Pudzer, nominado para dirigir el Departamento del Trabajo, encargado de promover y proteger el bienestar de los asalariados, tiene un pasado complicado con los derechos de los trabajadores y ha elogiado la eficacia de los robots sobre los humanos debido a la incapacidad de los autómatas de tomar vacaciones y presentar quejas por discriminación.

Y no podemos dejar de mencionar que Scott Pruitt, nominado para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), que tiene la responsabilidad de proteger la salud y el medio ambiente, como procurador general de Oklahoma dedicó su cargo a luchar contra la EPA, buscó activamente la desregulación de los requisitos en cuanto a la contaminación del aire, y encabezó el ataque contra el Plan de Energía Limpia, el mayor esfuerzo de Barack Obama para reducir el calentamiento global.

Lo que es realmente aterrador es que el presidente Trump y su gente se niegan a reconocer la naturaleza contradictoria de sus posiciones, que es la condición perfectamente descrita en “1984” como “doble pensamiento”.

“Mantener simultáneamente dos opiniones anuladas, sabiendo que son contradictorias y creer en las dos”, es doblepensar. Y lo más relevante: “Contar deliberadamente mentiras mientras se cree genuinamente en ellas, olvidar cualquier hecho que se haya vuelto inconveniente, y luego, cuando sea necesario de nuevo, sacarlo del olvido por el tiempo que sea necesario”, es “doble pensamiento”.

La noción de blanco-negro iba de la mano con el concepto de “doble-pensamiento”: “Una voluntad leal de decir que el negro es blanco cuando la disciplina del partido así lo exige”. Esta noción es, sin embargo, más siniestra, en tanto que “significa también la capacidad de creer que el negro es blanco, saber que el negro es blanco y olvidar que uno ha creído siempre lo contrario”.

Vimos esto de primera mano cuando el presidente Trump se dirigió a los miembros del personal de la CIA. Mientras recordaba sus impresiones mentales sobre la multitud de la posesión, dijo: “Miré hacia fuera, y parecía que había un millón o un millón y medio de personas”. Y no creo que estuviera mintiendo. Creo que el presidente Trump creyó esto porque tenía que creerlo: la revisión de los acontecimientos un día antes de su discurso era necesaria porque era la única manera en que podía afirmar la legitimidad para controlar el momento presente.

Lo peor, sin embargo, no es que Conway y Spicer siguieran tan fácilmente y con gusto sus propios actos inspirados en la noción blanco-negro, sino que creyeran realmente que nosotros, los medios de comunicación y la gente, haríamos a su vez lo mismo.

En un famoso pasaje de 1984, grandes multitudes se reúnen para denunciar el eterno rival de Oceanía, Eurasia. En medio del discurso, un trozo de papel le es pasado al orador y, en medio de la frase, sin pestañear, el locutor cambia el nombre del enemigo al del antiguo aliado de Oceanía, Estasia. Con un simple acto de negro-blanco, el enemigo fue cambiado a amigo, y el amigo a enemigo.

Por qué todos necesitamos leer —y releer— 1984

Vivimos en este estado de flujo en la vida real. Rusia era y es probablemente el rival más feroz de nuestra nación, aunque como candidato, el presidente Trump declaró: “Rusia, si escuchas, espero que puedas encontrar los 30.000 correos electrónicos de Hillary Clinton que faltan”. Elogia a Putin, pero afirma que tal vez no le guste en realidad cuando se reúnan. WikiLeaks publicó datos del Comité Nacional Demócrata supuestamente obtenidos por hackers rusos, pero las elecciones no fueron “manipuladas”.

Un recuento sería “ridículo”, pero el fraude electoral fue incontrolable. Las fuentes confiables de información son “noticias falsas”, y de alguna manera Chelsea Manning, la denunciante más notable de WikiLeaks, es ahora una “traidora ingrata”.

Frente a la condena bipartidista de sus delirantes de fraude electoral, el presidente Trump ha prometido impulsar una “importante investigación” sobre los tramposos ficticios que “le costaron” el voto popular. Con tal giro orwelliano, tal vez pronto aprenderemos que los millones de ,misteriosos votantes evasores se registraron bajo el nombre de “Emmanuel Goldstein”.

En una semana y más que hemos tenido de la presidencia de Trump, los paralelismos con 1984 son más que superficiales, y esto presagia un futuro siniestro para Estados Unidos, sin importar su persuasión política. Nosotros, entre todas las especies, estamos dotados de lenguaje, de pensamiento, de la capacidad de expresar libremente todas las emociones singulares que experimentamos con sinceridad y honestidad. Tenemos hoy lo que Winston y Julia, los personajes de la distopía de Orwell, perdieron y que lucharon tan duro para conquistar y no lograron: la libertad de expresión.

A la vez cautelosos y aprehensivos, ciertos pasajes de 1984 nos recuerdan elocuentemente que nos aferramos a los ideales de verdad e igualdad, porque las verdades simples que nos atan son más fuertes que las mentiras complejas que nos dividen:

“Era curioso pensar que el cielo era el mismo para todo el mundo, en Eurasia o Estasia, así como aquí, y la gente bajo el cielo era también la misma. En todas partes, en todo el mundo, cientos o miles de millones de personas como estas, gente ignorante de la existencia del otro, separada por muros de odio y mentiras, y sin embargo casi exactamente igual, un pueblo que nunca había aprendido a pensar sino que estaba apiñado en sus corazones, vientres y que ejercita el poder que un día derribaría el mundo”.

Antes de que Winston, mi perro, falleciera, le prometí que mi hijo primogénito llevaría su nombre. Amando a ese perro tanto como yo, mi amable esposa me permitió cumplir con esa promesa. El segundo nombre de nuestro hijo es Winston, y como Winston y Julia, que vivieron antes que él, para mí su nombre es simbólico de la lucha constante contra la tiranía y la verdad.

Espero sinceramente que cada copia recién comprada de 1984 se lea, y, como mi madre me dijo, hay que leerlo una y otra vez, porque esa novela nos muestra que lo que está en juego ahora es nada menos que la legitimidad, la confianza y la honestidad de nuestra república.

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El verbo se hace verbo.

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Un viaje a la revelación, incompleta y única, con el olor de las mañanas de abril en la piel. Estuve en la esquina esperando doscientos once días, nueve horas, y diez minutos. No te voy hablar de los segundos que son los que me definen. Me basta descubrir la nueva vía en el brillo de tus pupilas. Lo nuevo que esconde el arco iris en su viaje de norte a sur. Tu vientre es el misterio que esconde esa difusa línea del horizonte. Una quimera. La misma condición de siempre, la fertilidad, tus manos como nieve en fuego, el Kama Sutra dibujado en tus sabanas, signos de Buda sobre las sombras de las paredes, el ruido, el gesto, la nueva percepción de los sentidos ocultos, tu ritmo allegro templado. Tan cerca de tus ojos, tan cerca de tu corazón. Las campanas de la división han roto los vientos de mis hadas aladas. En un cortejo de mínimas flores silvestres sobre una ladera que se empeña en desafiar a las aves marinas y los halcones celestes. Tus píldoras rosas, tu ergocaína, el ritual de magia blanca en el Bronx, con tus caderas desnudas empapadas de esponjas. El sabor del cannabis verde fluorescente cuando escuchas a Pink Floyd, los pulsos y la corrientes ascendentes vapores de colibríes que danzan con un sonido exótico. Extrañas el árbol de casa. La iglesia blanca sobre ladrillos rojos. Las puertas de Blake -se cierran o se abren-  nunca estoy seguro de nada cuando estas a mi lado, el tiempo se hace cero, las proporciones infinitas, el verbo se hace verbo.

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Soy un prisionero de las arenas movedizas, de las arañas y sus tenues telas de seda, de los astros que en la noche me hacen ser un pobre tonto, de los azares que tejen urdimbres indescifrables, de las antenas que emiten señales invisibles, de los asteriscos que señalan el camino equivocado, de las aspiraciones sin destinos prefigurados. Soy, el otro, una pobre A perdida entre el puente sobre la montaña rusa y el mar pacifico. Perdido en los ojos de una pequeña que habla en siete idiomas con el lenguaje de las flores. Rodeado de un cuarteto de hadas. Solo te puedo decir hola, o quizá adiós, tienes siempre una respuesta ensayada para mí, pero, yo nena, solo soy el otro, el que lee poesía en voz alta entre los sermones de los profetas pedófilos o los discursos aburridos de las putas disfrazadas de asesinas que se mueven en las carrozas de tus desgastados carnavales. Soy el que espera desde hace un millón de años que me beses sobre el puente de las aguas tumultuosas. El que solo te pide, en silencio, un poco de amor.

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Margaret Atwood en Cuba.

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Una de las grandes figuras literarias que estarán en Cuba durante el 2017 será la canadiense Margaret Atwood. Pues su país de nacimiento será la nación invitada a la feria del libro en Cuba. Una oportunidad única para leer a la escritora del norte, una de las mejores voces del siglo XX y XXI.

El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale, 1985) es una de las obras más importantes de la autora, que renueva las sombras de la teocracia sobre toda la geografía americana. Su novela está entre las más vendidas en Amazon, no es de extrañar en la era Trump. Los temores sobre Trump han aumentado el interés por historias sobre gobiernos totalitarios como “Eso no puede pasar aquí” de Sinclair Lewis, “1984” de George Orwell o “El cuento de la criada” de Margaret Atwood. El presidente durante su campaña hablaba de “hechos alternativos” como si la realidad fuera una alternancia. No es de extrañar que las novelas distópicas encabecen la listas de ventas de Amazon.com.

En el cuento de la criada, Offred viaja del presente al pasado, del pasado al presente, en una continua presentación de personajes que no son más que visiones temporales de un imposible, “hechos alternativos”. La obra tiene como tema el futuro, pero uno  inversamente proporcional a lo que nosotros deseamos sea el futuro, un mal futuro.

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Las utopias distropicas.

Un régimen totalitario y teocrático definitivamente ha llegado a los Estados Unidos de América. ¡Les suena posible¡ Un sistema de gobierno puritano, basado en los ovarios de las mujeres, en el fundamentalismo pueril y en el odio al otro, en odio en primer lugar a las mujeres, pues como es de esperar en todos los regímenes totalitarios hay una evidente falta de fertilidad y creatividad.

Gilead puede ser el futuro, y el futuro puede ser ahora. En cualquier lugar. Nos recuerda Margaret Atwood. Offred es una mujer perdedora, perdió a su amante, su hija, su dinero, su empleo e incluso su nombre propio. No es más que una criada. Aquí se nos revela su verdadero nombre, Of Fred…Offred. De Fred. Es la posesión de un hombre, del comandante Fred sobre las mujeres ¡les suena posible¡; y, como todas las criadas Offred tiene  relaciones sexuales con su comandante supervisadas por supuesto por la esposa de éste.

En la novela se nos habla de la nostalgia del pasado, de éxodos masivos desde los EE.UU a Canadá, de maternidad, de las prima donas y su corte de tristes animales y bufones, de juegos y medias verdades, decadencia, pobreza de espíritu, puritanismo mendicante, fundamentalismo religiosos, poder y libertad. Es una obra de símbolos, pero no al estilo del simbolismo decimonónico. Es el simbolismo del desastre. De la jerarquía a la que son sometidos los humanos por todas las estructuras sociales, pues en Gilead lo más bajo es ser mujer. Esa mujer culpable ontologicamente de un delito distante, oculto, pecador y misterioso, considerada por la sociedad como una No-Persona, una No-Mujer. Una No-Creadora,  ¡les resulta conocido¡

The Handmaid’s Tale es una novela de la noche, novela oscura pero no negra, una historia de las doce horas de sombras ya que en la noche es cuando las mujeres se encuentran entre ellas, por ellas y per se. Nos narra la repetición de la Historia, del eterno retorno y el castigo público, de las hogueras y del miedo, pero igual de la resistencia y la libertad.

Margaret Atwood ha sido publicada más de una vez en Cuba, así que no es una desconocida para nuestros lectores. Pero su visita a La Habana, como parte de la amplia delegación de escritores canadienses que participarán en la XXVI Feria Internacional del Libro, será un indudable acontecimiento. Ojala se pueda adquirir The Handmaid’s Tale en Cuba.

John Wetton 1949-2017

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Acaba de morir John Wetton, todos a mi alrededor alguna vez cantamos al calor del momento. Pero el momento pasó…murió Wetton.

John ha grabado varias obras maestras del rock  como el “Lark’s Tongues in Aspic” de King Crimson, el disco homónimo de UK o el disco homónimo de Asia.

Wetton estuvo en el momento de gloria de  Kim Crinsom. Desde que se fundara King Crimson (Rey Carmesí) es uno de los hitos de rock progresivo del siglo XX. La idea de la banda partió del propio compositor y letrista del grupo inicial,  Peter Sinfield,  como un sinónimo de Belcebú príncipe de los demonios. Según Fripp, Belcebú es un anglicismo de la frase árabe B’il Sabab, la cual significa “hombre que ambiciona” y en la mitología celta el Rey que ambiciona es Crinsom, el Rey Carmesí. Uno de los mejores proyectos musicales del rock progresivo de todos los tiempos.

Larks’ Tongues in Aspic es el quinto álbum de estudio de la banda una obra maestra.  Con una de las alineaciones más reconocibles de la banda,  Robert Fripp,  el lider de todos los tiempos, John Wetton, David Cross, Jamie MuirBill Bruford y el letrista Richard Palmer-James. El sonido de la banda se hace clásico…hevay metal, oscuro y claro, ideal y profano. Wetton fue el líder vocal y el bajista del proyecto, autor de varios de sus temas, complejos musicalmente como si de reflejar la esencia del Todo en la escala de notas…

El músico falleció después de una “larga y valiente batalla contra el cáncer”, según un comunicado del grupo. Su agente ha informado de que la muerte se produjo a causa de las complicaciones derivadas del cáncer de colon que padecía, dos meses después de contraer matrimonio y con planes para iniciar una nueva gira en marzo con Asia por Norteamérica.

El cantante británico inició su carrera musical en bandas de rock progresivo como Family, Renaissance y Mogul Trash, hasta que en 1972 fue invitado a formar parte de King Crimson como sustituto de Lake. Tres años más tarde, a raíz de la separación de la banda, John Wetton se unió a Bryan Ferry en Roxy Music.

Su discografía incluye discos clásicos, como Caught in the Crossfire, el recopilatorio King’s Road, 1972-1980, One World , Battle Lines y Chasing the Dragon (Live) o Arkangel.

No fue hasta los años 80 cuando se juntó con Steve Howe, Geoff Downes y Carl Palmer para formar Asia, grupo con el que en su estreno vendieron más de diez millones de copias. Y con el éxito de público y crítica garantizado.

“Con la muerte de mi buen amigo y colaborador musical John Wetton el mundo pierde a otro gigante musical más. John fue una gran persona que creó algunas de las melodías y letras más recordadas en la música popular”, aseguró el percusionista Carl Palmer. En 2014 publicó el último álbum de Asia, Gravitas.

“Como músico, era innovador y atrevido, con una voz que llevó a Asia a lo más alto de las listas de todo el mundo. Para los que lo conocíamos, su valiente batalla contra el cáncer fue una gran inspiración. Echaré de menos su talento, su sentido del humor y su sonrisa contagiosa. Qué te vaya bien, viejo amigo”, señaló el percusionista.

Cada vez que muere un músico con el cual crecí siento que el mundo es un lugar más silencioso.

El papa perdonará al mayor de los herejes …

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El papa Francisco y el presidente de la Federación Luterana Mundial, Munib Younam, firmaron este lunes una declaración conjunta en la que rechazan todo tipo de violencia en nombre de la religión. Francisco viajó a Suecia para participar en los actos conmemorativos del 500 aniversario de la Reforma protestante, promovida por Martín Lutero el 31 de octubre de 1517. La firma se produjo después de la ceremonia que abre en Suecia el ‘Año Lutero’, celebrada en la catedral de Lund.

El 2017 es un año de aniversarios, ya veremos, uno a uno, pero fiel a Jack vayamos por partes… los herejes no pierden su encanto incluso entre los hombres santos.

Los historiadores podrían juzgar la sangrienta historia de Europa por cómo se han celebrado los centenarios del nacimiento de Martín Lutero (Eisleben, Alemania, 1483-1546). Si las conmemoraciones sirven para algo, esta de los 500 años de la Reforma abre un boquete para el encuentro entre las diferentes iglesias cristianas. El concilio Vaticano II sembró en 1962 la semilla del ecumenismo, pero poco se ha avanzado. Al contrario, Juan Pablo II y su ideólogo principal, el cardenal Ratzinger (entonces inquisidor, más tarde Benedicto XVI) agriaron de mala manera el proceso abierto por Juan XXIII. Lo hicieron el año 2000 con la declaración Dominus Iesus sobre la unicidad de la Iglesia católica como única religión verdadera. El documento tenía “expresiones ofensivas para las personas creyentes de otras religiones”, reaccionaron entonces 75 de los mejores teólogos cristianos del momento. Aquel volver a la idea de que “fuera de la Iglesia no hay salvación” (lo proclamó el obispo Cipriano de Cartago, en el siglo III), hirió de muerte el ecumenismo, echando por tierra los logros de varias décadas.

Este viaje de Francisco a Suecia, para asistir en una basílica luterana a la apertura del ‘Año Lutero’, que culminará dentro de un año cuando se cumpla el V Centenario de la Reforma, es todo un símbolo, de manera especial porque quien da el paso por la parte de Roma es nada menos que un jesuita, la congregación que combatió en primera fila aquella reforma tomando incluso un nombre militar (la Compañía de Jesús). “El peor de los herejes”, había sentenciado Roma en el decreto de excomunión. Guerras que se prolongaban a veces por treinta años, torturas, quema de herejes y la división de Europa en varios bandos hace mucho tiempo que son historia. El conflicto fue religioso, pero sobre todo político. Las víctimas fueron los pueblos. Cuius regio, eius religio, es decir, la religión del rey será la religión de su súbditos, fue una manera de sobrevivir cuando las iglesias luteranas se libraron del yugo romano y el poder papal (los pontífices como brutales comandantes militares) fue reemplazado por el de los reyes, no menos totalitarios.

Se discute si Francisco prepara una rehabilitación de Lutero. El Vaticano no podrá levantar la excomunión al fraile agustino (eso solo puede hacerse en vida), pero sí reconocer que las intenciones del famoso fraile no estaban erradas. Francisco habló del tema en el avión de vuelta del viaje a Armenia y ha insistido la semana pasada en una entrevista con La Civiltà Cattolica. Dijo:

“Lutero fue un reformador en un momento difícil y puso la palabra de Dios en manos de los hombres. Tal vez algunos métodos no fueron correctos, pero si leemos la historia vemos que la Iglesia no era un modelo a imitar: había corrupción, mundanismo, el apego a la riqueza y el poder”.

Lutero colmó el vaso de su paciencia el 31 de octubre de 1517 cuando se enteró de que el enviado papal, el predicador dominico Juan Tetzel, estaba vendiendo indulgencias en Wittenberg, donde el monje agustino era profesor de la universidad.

Esa misma noche redactó sus 95 tesis y clavó el manuscrito en la puerta de la catedral local. Wittenberg, a orillas del Elba, era entonces la capital del pequeño ducado de Sajonia, una ciudad próspera gracias al comercio y a sus muchas riquezas mineras. Hoy tiene apenas 50.000 habitantes y vive sobre todo del turismo cultural y religioso que atrae la fama de su huésped más famoso.

Aunque el gran reformador contó más tarde que la conversión le llegó mientras estaba en el retrete del convento.

Según Owen Chadwick, profesor de historia en Cambridge, empezó así su tomo sobre la Reforma:

A principios del siglo XVI, todas las personas importantes dentro de la Iglesia Occidental estaban clamando por reformas. Había corrupción y superstición. Los puestos eclesiásticos se podían comprar y vender. Muchos sacerdotes eran adúlteros, borrachos e ignorantes de las Escrituras. Por eso confesó Maquiavelo: “Nosotros los italianos somos más irreligiosos y corruptos que otros, porque la iglesia y sus representantes nos han dado el peor ejemplo”.

Aquella noche de hace 500 años germinó el segundo gran cisma de la cristiandad, después de la separación en 1054 de católicos y ortodoxos.

Lutero abría, además, nuevas maneras de ver el mundo. La Reforma marcó la historia de Europa y Estados Unidos, y también el devenir de España, que se convirtió en abanderada de la Contrarreforma.

Y de América del Sur donde la iglesia romana impidió toda reforma.

Si la Reforma fue el antecedente necesario de la Ilustración y el comienzo del mundo moderno, la Contrarreforma cierra a España y sus colonias al mundo moderno.

Ocurrió pese a que el emperador Carlos V (y Carlos I de España) fue un protector de Lutero, a quien Roma quería quemar vivo cuanto antes. La escena es famosa. Lutero se presenta frente al joven emperador en la Dieta de Worms (28 de enero de 1521) y mantiene su doctrina con la famosa respuesta:

 “No puedo de otra manera”.

La larga inquina entre el emperador y el papado culminó el 6 de mayo de 1527 con el terrible saqueo de Roma por tropas al mando del duque de Borbón. Durante siglos, los reyes de España fueron más papistas que el Papa para hacerse perdonar aquel episodio de pillaje y muerte en el corazón del Vaticano. Así vio la historia nacional Marcelino Menéndez Pelayo, empezado ya el siglo XX:

 “España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de san Ignacio; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra”.

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Frente al  “No puedo de otra manera” el “no tenemos otra” de los hispanos, no es de extrañar que entre santos y herejes, una de las figuras públicas más reconocidas sea la del caudillo carlista tanto en la península como en estas otras nuevas tierras, por lo pronto -con 95 tesis o no-  al resto de los mortales   -en pleno siglo XXI-   podemos mirar atrás en 500, 1000, 2000 el triste show del circo de los caudillos, los papas, los generales, los reyes, lo mandatarios… ver la celeste esfera en la que todos se desvanecen.

 Perdonará Francisco al mayor de los herejes. Es posible…

 

Adoro…

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   Adoro aquella sombra entre los soles de la noche,
   cuando desde el negro todo se hace blanco.
 
   Adoro aquella breve transparecia entre olvidos,
   el sabor a piel desnuda entre las hierbas de lunas.

   Adoro la indomable paciencia de los atroces felinos, 
   el color verde de tus ojos a la noche de enero. 

 

Las personas del Verbo.

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¿Qué son eso que llamamos las personas del verbo?
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En un primer momento podría pensarse que son únicamente lugares de enunciación, posiciones de discurso que nos permiten hablar. Pero parece claro que su esencia no se agota en ese mero posibilitar. No son, por tanto, meros pronombre. ¿Qué otra cosa son? En pocas palabras, el cobijo de diferentes miradas sobre el mundo. A sabiendas de que pensar es siempre pensar desde algún sitio, las personas del verbo aquí planteadas son diferentes perspectivas sobre la realidad. Se trata de mostrar cómo se ve el mundo –el mundo común, el mundo compartido, el mundo de todos- desde cada uno de esos lugares. Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona, recoge en este ensayo múltiple diferentes perspectivas sobre un mismo tema. Sin caer en discursos autorreflexivos o viciados de individualidad, cada uno de los autores (todos profesionales universitarios del mundo de la filosofía) muestra cómo es visto el mundo (compartido y común) a través de las lentes ofrecidas por el yo, el tú, el él, el nosotros, el vosotros y el ellos. Si bien desde el yo (texto de Fina Birulés) asistimos a cierta rehabilitación de la antigua certeza e indubitabilidad con las que se presentan las vivencias subjetivas (como si el lugar del sentido de las acciones radicara exclusivamente en las vivencias del sujeto), el tú supone una vía que escapa del contumaz individualismo y del en ocasiones gregario comunitarismo. El “pensamiento del tú” aporta al pensamiento contemporáneo una preeminencia de la ética sobre la ontología, es decir, un desplazamiento del saber a partir de la relación ética con un tú (a cargo de Laura Llevadot). La tercera persona, él (Alicia García Ruiz), supone la base de las oraciones impersonales, y por ello, la aspiración a una siempre pretendida objetividad; de ahí que esta persona del verbo se emplee en contribuciones a la filosofía y pensamiento políticos. La historia moderna se ha erigido a partir de un desenraizamiento de sus individuos, o lo que es lo mismo, el hombre no quiere recordar que es imposible decir “yo” sin aludir al mismo tiempo a un nosotros (Marina Garcés), del que no se puede escapar. Actualmente se da un auge de la cooperación, de la ayuda mutua y de la lucha común por la existencia, técnicas que ponen en práctica los individuos más aptos. En cuanto al vosotros (Ángela Lorena Fuster Peiró), supone el reconocimiento de una diferencia y, por tanto, de una distancia. El vosotros depende siempre de un espacio común en el contexto de una conversación o diálogo, donde la presencia de otros conforma el espacio de las relaciones recíprocas. Por último damos con una tierra de nadie, con el ellos (David Gràcia Albareda): una exterioridad que nos constituye y nos complica en un mundo compartido y complejo. Esta obra nos brinda la inapreciable oportunidad de acercarnos al panorama filosófico español, en muchas ocasiones dejado a un lado e incluso denigrado en beneficio de ensayistas y pensadores extranjeros. La publicación de Las personas del verbo (filosófico) muestra la vigencia no sólo de la filosofía en el conjunto de preocupaciones de la sociedad actual, sino la necesidad de crear un entorno de diálogo que fomente el intercambio de posiciones encontradas con el fin de adelantarse un paso a los tiempos que corren, para de este modo anticipar los desamparos que podríamos sufrir frente a esta terrible crisis por la que, casi todos, nos sentimos ya huérfanos en algún sentido por todo aquello que se ha llevado. No se trata tanto de pensar el presente para cambiar un dudoso futuro como de cuestionar las bases sobre las que se asienta nuestro modo de afrontar los acontecimientos que nos afectan y acechan, desde una perspectiva común y global.
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Manuel Cruz  natural de Barcelona es catedrático de filosofía contemporánea en la Universidad de Barcelona y director la colección “Pensamiento”. Autor de alrededor de una veintena de libros y compilador de más de una docena de volúmenes colectivos, de entre sus títulos más recientes (algunos de ellos traducidos a otros idiomas) cabe mencionar: La comprensión del pasado, junto a Daniel Brauer; Las malas pasadas del pasado (Premio Anagrama de Ensayo 2005); Acerca de la dificultad de vivir juntos; Menú degustación y Si de verdad me quisieras… (Premio Espasa de Ensayo 2010). Colaborador habitual en la prensa española y argentina, así como en la cadena SER, dirige la revista Barcelona Metropolis.