Montserrat Caballé (1933-2018)

La mítica soprano catalana Montserrat Caballé (1933) ha fallecido a los 85 años. Caballé fue una gran diva, una de las voces y personalidades más atractivas de la escena operística. Figura transversal, trascendió el ámbito de la música clásica para convertirse en una mujer muy popular y tremedamente respetada en todos los ámbitos.

Freddie Mercury cantó a Barcelona para honrar a su admirada Montserrat Caballé. La letra de la canción que los unió relata el momento en que se conocieron. Juntos interpretaron el tema en varias ocasiones y el líder de Queen cumplió así uno de sus últimos sueños.

Pero no pudieron hacerlo durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1992. Mercury falleció a causa del sida meses antes. “No siempre tienes la suerte de cantar con alguien que se va, que lo sabe, y estar interpretando con él su último adiós”, contaba la soprano en 2012 sobre esta unión.

Caballé comentaba de Freddie Mercury que era una estrella del rock única, porque vendía su voz en vez de su imagen. Procedentes de mundos opuestos, su extraña alianza fue también un ejemplo de tolerancia.

De alguna manera, la historia de la canción Barcelona podía intuirse en el guiño operístico del Bohemian Rhapsody de Queen. A Mercury le apasionaba el género lírico y, desde que vio cantar a Caballé en 1983, quiso de inmediato colaborar con ella.

La española interpretaba Un Ballo In Maschera (Un Baile De Máscaras) de Verdi en la Royal Opera House de Londres.

Después de esa función, el británico nacido en Zanzíbar comenzó a cortejar a la soprano a través de su representante.  Su primer encuentro ocurrió cuatro años después de esa noche en la ópera. Fue en el Ritz de Barcelona. Mercury, siempre excesivo en sus formas, se plantó en el hotel junto a su productor, Mike Moran, y con un enorme equipo de sonido. Le mostró a la española cómo sonaría una versión a dúo del tema Exercises In Free Love. Él se había encargado de grabar también la parte de ella recurriendo al falsete.

Además de comenzar a colaborar juntos en un disco, se hicieron amigos. Fue a ella a una de las primeras personas a las que contó que estaba enfermo de sida…Caballé guardó silencio en tiempos en que el nombre de la enfermedad era tabú y continuaron grabando su disco: “Me lo dijo y tuvimos la oportunidad de crear canciones en las que todas tenían un significado. Estábamos haciendo algo muy especial y eso no pasa a menudo”. La intención era inaugurar los Juegos Olímpicos de Barcelona con los dos sobre el escenario cantando el que era el himno oficial del acontecimiento deportivo. Pero la muerte del británico, en noviembre de 1991, impidió que ocurriera. Antes de fallecer, estuvieron tres años promocionando el tema principal de su álbum conjunto. Su agenda de actuaciones era tan exótica como su amistad -la extraña pareja, les denominaba parte de la prensa británica-. Pasaron por ejemplo por un fiestón de la discoteca Ku de Ibiza, donde optaron por el playback.

El sueño de Mercury se había cumplido, después de haber pasado años declarando a los medios españoles que Caballé era su cantante favorita. También estuvieron en el festival La Nit, celebrado precisamente en Barcelona. En esta actuación al aire libre, rodeados de un enorme bullicio y con fuegos artificiales como colofón, Caballé pidió que también se usara una grabación. De entre los cientos de canciones con Queen y en solitario que grabó Mercury, pidió expresamente que Barcelona fuera una de las que sonaran en su funeral.

Despedimos a la maravillosa cantante catalana quien, durante ha sido durante muchos años una de las más importantes embajadoras de la ópera en el mundo.

Bar Mitzvah

Nuestro sitio es un pasillo
un cuarto lateral con dos ventanas pequeñas con cortinas
que dan al interior de la Sinagoga.
Nosotras que nos encontramos en la piscina en bikini,
estamos sentadas modestamente y cubiertas con un pañuelo,
humildes en nuestro lugar.

Y escuchamos. No hay libros,
así es que no puedo revisar
el capítulo de la semana
o seguir la lectura de mi hija.

De pie alrededor de la Torah,
participando en turno en la ceremonia
cada hombre tiene el honor
al recibir un nuevo miembro.

Cuando mi hija completa su oración,
nosotras las mujeres arrojamos caramelos
desde detrás de las cortinas cerradas.

Me coloco detrás de una anciana
que comparte el libro que trajo de casa,
y al apuntar cada palabra,
llora de alegría, “Tan bello que es este capítulo
qué suerte poder leer esta parte”.

Compara mi muchacha con su muchacho
muerto en la guerra,
y las lágrimas manchan la página.
Sentada en el porche cerrado,
con caramelos en ambas manos,
lloro con ella.

Mangia molto, caca forte, I nia paura de la morte.

Ya muy vieja, en su asilo, la madre de Charles Simic le preguntaba si todavía escribía poesía. El hijo, un poco avergonzado por la decepción que le volvería a causar, le contestó que sí: seguía en ésas. ¿Seguir escribiendo poesía a los setenta y tantos? Algunos piensan que, para un hombre de esa edad, escribir poemas es como salir a nadar por las noches con una muchacha universitaria.

De la perseverancia de Charles Simic deja constancia su libro, (New and Selected Poems. 1962-2012, HMH, 2013) una antología de medio siglo de poesía.

Cincuenta años de constancia: tan maduro el primer poema como el último; tan fresco el poema del viejo como el de veinteañero. Esa es, quizá, la gran sorpresa de este libro magnífico, sólido; voluminoso pero compacto. Poemas tallados en la misma madera oscura y severa, de la que brotan siempre las astillas irónicas, ácidamente sonrientes. Comenzar el libro desde la primera página es entrar ya en la pesadilla demencial de su historia.

Una carnicería traza nuestro mapa…

Un delantal cuelga del gancho: 

Embadurnado por continentes inmensos

Mapas de sangre,

Los grandes ríos y océanos de sangre.

Nuestra cartografía dibujada a golpe de cuchillo.

En el poema gobierna la noche como en casi todos los poemas de Simic. La carnicería está cerrada pero hay una luz solitaria “como la del condenado cavando su túnel.” Y ahí, en la hondura de la noche, el poeta escucha una voz. Toda su poesía proviene de esa luz, de esa voz, la voz del condenado. Ahí, en este poema-epígrafe, se fija el tono de su escritura: el reconfortante pesimismo del insomne. Sabiduría de la humildad que quiere ser piedra, adentrarse en la roca inerte que el niño arroja al río y que los peces mordisquean… y escuchan. Tal vez las paredes de la piedra no son tan oscuras como parecen: cuando dos piedras se rascan vuelan las chispas.

Bordando siempre la catástrofe, ajena a todos los engaños de la esperanza, en alerta siempre frente a la imbecilidad de la política, la teología y la ideología, la poesía de Simic siempre sonríe. No deja nunca de escuchar la palabra del despreciado.

El humor está presente en la poesía de Simic -como estaba en el Belgrado de su infancia. Mientras caían las bombas, recuerda en sus memorias, se contaban los mejores chistes. En un poema recogido en esta antología retrata su cameo en la cinta de la historia del genocidio…. Tuve un papelito en la épica sangrienta del siglo, escribe. Se me puede ver en la película: no tengo parlamento pero aparezco ahí apretujado como pollo, escuchando al Gran Líder. También fui uno de los bombardeados, también huí de la ciudad en llamas, también vi cómo se asesinaban, pero, obviamente, eso no lo filmaron. Pero sé que estuve ahí.

Simic ha podido ver el monstruo que nos observa todos los días en la mesa. El tenedor es una criatura horripilante: la pata de un pájaro en el collar de un caníbal. Odas elementales a la escoba, la cuchara, los zapatos, los ratones, las moscas, los gusanos. Tengo fe en usted: Don Gusano. En este mundo de incompetentes, sólo usted es eficiente y confiable en la administración de su negocio.

Al terminar una entrevista, el periodista le preguntó a Simic si quería agregar algo. En italiano, dijo: Mangia molto, caca forte, I nia paura de la morte.
Come mucho, caga fuerte y no temas a la muerte.

 

 

Sandwich carringtoniano.

Mi amigo Pepe de la Colina me cuenta a través de Twitter una anécdota maravillosa de Leonora Carrington.

Un día Leonora recibe una visita en su casa, media desnuda como andaba por la vida. Quien llega es un crítico de arte, un defensor del realismo socialista, cuyo nombre está perdido en los anales del olvido.

Imaginándola aleccionable, le habla del compromiso social del arte, de la deuda que el Creador ha de pagar al Pueblo. La invita entonces a dejar las tonterías del surrealismo para entregarse a la causa socialista. La pintora no le responde pero, acariciando la mano del visitante, le pregunta si ha cenado. Al saber que no, le ofrece un “sandwich carringtoniano”. El crítico acepta de inmediato, curioso por la delicia gastronómica que descubrirá muy pronto. Leonora va a la cocina. Luego va al cuarto de su hijo pequeño. Vuelve a la cocina y entrega después el sandwich al grandilocuente promotor del arte comprometido. El sandwich carringtoniano era un sandwich de jamón con caca de bebé en lugar de mostaza. El crítico saborea el plato y hace algún comentario sobre el toque exótico de sus sabores. Un sabor intenso… pero exquisito, le dice agradecido.

Ahí está, en una cápsula, la idea que Leonora Carrington tenía del arte político. ¿Usted me pide arte comprometido? Yo le preparo un sandwichito.

La rebeldía de su imaginación no tocaba las coordenadas de la ideología. Quien contemplaba las maravillas de los astros y las moléculas, quien injertaba plantas en los venados, quien rompía la tiranía de la gravitación, la cuidadora e inventora de mitos habitaba otra historia. La política no tenía sitio en sus lienzos. Su rebeldía, esa marca de todas sus artes, se expresaba de otro modo.

Termino de visitar su exposición “Cuentos mágicos” concluyo extasiado y agotado de luz y libertad. La expo tiene la habilidad no solo de recorrer la obra plástica tiene el gran acierto de rescatar también su incursión en el teatro y el cine, sus maravillosas cartas, esas admirables piezas literarias que son sus cuentos y sus memorias. Su arte, escribió el mexicano Carlos Fuentes, “es una batalla alegre, diabólica y persistente, contra la ortodoxia.” Subversión de cuerpos y de reinos; revuelta contra la razón y la fe. Apuesta por la magia, lealtad al mito. Una burla y también una denuncia. Esto último adopta, excepcionalmente, forma francamente política.

En la muestra asoma un cuadro que llama la atención de inmediato. No solamente resalta por abordar políticamente la coyuntura sino porque parece realizado en un arranque, de prisa, bajo el influjo de otros demonios. No se encuentra ahí la sutileza sobre la tela. Es un cuadro con trazos toscos sobre un comprimido de madera. La firma resalta la fecha: 13 de agosto de 1968. Es la contribución artística de Carrington al movimiento estudiantil. Con dos hijos universitarios involucrados en la protesta, Leonora no podía permanecer indiferente. La represión se dejaba sentir. La hechicera sentía el deber de apoyar al movimiento y donaba un cuadro a los jóvenes para que lo subastaran y obtuvieron dinero para comprar mantas, comida, papel. El cuadro que regaló muestra a un tigre con cabeza de ave y jirafa que sostiene figuras adorando a una mariposa y a una espora gigante. En ambos lados, textos manuscritos. El cuadro pinta, en realidad, lo que no es. En una columna a la izquierda, puede leerse: “No es el retrato de un político, no tampoco de un granadero, no está en el ejército. No maltrata ni asesina a nadie. Es un dibujo libre, quiero guardar mi libertad.” Y a la derecha, un poema de John Donne.

“Arts triumph over man and without such advantage kill me then”. A decir verdad, no puede ser apolítico el arte de esta “feminista natural”, como la llama Tere Arcq. Nunca dejó de pintar libertad. Nunca dejó de picar nuestra imaginación. Libertad. Se rompe por doquier el catálogo de las especies. Humanos y animales se fecundan y mestizan. El universo, una fraternidad en el misterio.

Yield…

 

 

 

Escucho a Pearl Jam desde muy niño. Y, aunque muchos me puedan contradecir, uno de mis discos preferidos de la banda estadounidense es “Yield”.

Disco de los más aclamados por el público y la crítica. Un proyecto que regresaba a los orígenes del sonido de la banda fundada en la costa oeste norteamericana durante los tiempos de Nirvana.

Rock de Seattle…”Yield” retoma el sonido directo que tenía la banda en sus primeros trabajos, ahora inspirados en la gran literatura, en libros y autores de culto. La extraordinaria novela “Ishmael” escrita por Daniel Quinn (origen del tema “Do the Evolution”), “El Maestro y Margarita” de Mikhail Bulgakov y los relatos cortos de Bukowski.

I’m ahead…I’m advance…I’m the first mammal to wear pants I’m at peace…w/my lust…I can kill cause in god I trust, yeh…it’s evolution, baby…

El título del álbum hace referencia al anuncio de tránsito y proviene de la idea de “Ceder el paso”, ahora es “Ceder el paso a la naturaleza”, el cual también es uno de los temas centrales de la novela “Ishmael”.

Ye it’s herd behavior… I’m a thief… I’m a liar…there’s my church, I sing in the choir …(hallelujah…hallelujah).

“Do the Evoltion” suena tan potente y penetrante como el texto que la origina. Según Veder el tema habla de aquellos que están embriagados de tecnologías y piensan que pueden controlar a todos los seres vivos del planeta.

I’m the first mammal to make plans crawled the earth now i higher twenty ten watch it go fire.

En “Do The Evoltion” un maestro y su aprendiz evolucionan con el objetivo de salvar el mundo, así inicia el tema y comienza la novela de Quinn “Ishmael”, el maestro resulta un gorila y el alumno un humano, al final las fronteras entre las vidas de ambos individuos se hacen tenues y borrosas. Rock punk y novela metafórica que describe socráticamente “cómo las cosas llegaron a donde están hoy”.

“No Way” estremece desde el golpe del bajo y el bobo inicial, con una pequeña resonancia de la guitarra eléctrica de fondo, como si una piedra gigantesca golpeara por nosotros el camino hacia el océano. Una larga carretera de cielo azul. Entonces entran el riff de la guitara prima en segunda, marcando las diferencias, se escucha la voz de un Ángel perdido entre las Rocallosas y el Pacifico. “No way”.

“Pilate” suena a Nirvana.

“MFC” es punk al mejor estilo de Londres y Seattle.

“Low Ligth” reproduce los sueños de unos hombres que se hacen adultos, que ven las luces disminuir y encuentran en el amor y la comunión con sus semejantes el destino de una colisión cósmica, de esa luz tenue tan necesaria para encontrar el camino de regreso, el camino de regreso a casa, al origen, gran tema.

De un gran disco que cumple 20 años

De la estupidez a la locura, Eco.

Umberto Eco (1932-2016) es quizá el último renacentista italiano. El penúltimo humanista europeo.

Poco antes de morir entregó a la imprenta esta amplia selección de sus crónicas periodísticas. Un sutil intento por capturar ese futuro que ya estaba allí y que se expresaba en computadores y hackers, aceleración indetenible y flagrantes anacronismos políticos, como el caso de Berlusconi que comenzó cantando en los cruceros turísticos por el Mediterráneo y terminó en cenas con menores de edad como “Ruby Robacorazones” a quienes protegía con todas las instituciones del Estado a su servicio.

Pero Eco, lector de santo Tomás y de la diferencia que hay entre lo público y lo privado, entre la razón y nuestros deseos, tiene una curiosidad amplísima que le permite ir desde los templarios hasta Julio Verne con humor, erudición y capacidad de captar lo vigente de sus propuestas religiosas o creativas. Son un deleite, en verdad, sus batallas contra la manía de figurar, en la televisión o en la prensa, con tal de ser reconocidos en el bar de la esquina y el síndrome del móvil infatigable registrando todo en grises secuencias para solo alimentar el olvido.

Pero Eco no para nunca: el olor de los libros viejos, Harry Potter o las modalidades de la ciencia ficción le permiten en dos o tres páginas, brillantes tratados de brevedad fulgurante. Viajando con un taxista pakistaní en Nueva York, quien le preguntó qué países eran enemigos de los italianos, responde Eco:

“Debería haberle dicho que los italianos no tienen enemigos. No tienen enemigos externos y en cualquier caso nunca están de acuerdo en determinar cuáles son, porque están continuamente enzarzados en guerras internas. Los italianos se hacen la guerra entre sí, a veces ciudades contra ciudades, herejes contra ortodoxos; luego clase contra clase, partido contra partido, corriente de partido contra corriente del mismo partido, región contra región y, por último, gobierno contra magistratura, magistratura contra aliados de coalición contra aliados de la misma coalición. No sé si lo habría entendido, pero al menos yo no hubiera hecho el ridículo de pertenecer a un país sin enemigo”.

Dio así la mejor definición de los italianos. Del mundo hoy.