Esto no es populismo, es fascismo.

Después de Trump y América ahora le toca su turno a Bolsonaro y Brasil, dos gigantes arrebatados al punto mas bajo de la insolvencia de la razón. Tiempo oscuros. Tiempos sin razón. Deseo compartir la lectura del siguiente post, seco y magistral como siempre, del intelectual mexicano Andrés Silva Herzog.

Esto no es populismo

Cuando en abril del 2016 se votó en el Congreso brasileño por la destitución de la presidenta Dilma Roussef, el diputado Jair Bolsonaro dedicó su voto al coronel que la torturó cuando tenía 19 años. En esa hora solemne, el militar convertido en político quiso dejar en claro la fuente su inspiración. El coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, muerto en 2015, fue responsabilizado de la tortura, desaparición y muerte de cientos de disidentes en tiempos de la dictadura. Con su voto, el legislador le rendía un homenaje. Esa devoción por el torturador es reveladora. El ideal de quien se convertirá muy probablemente en presidente de Brasil no es la democratización de la democracia, no es la inclusión popular, no es la lucha contra las élites, es la militarización de la sociedad.

La prensa insiste en describirlo como un populista de derecha. No lo es, es un fascista y es importante hacer el distingo. Populistas y fascistas coinciden en su rechazo al dispositivo liberal, pero, mientras el populista propone medidas y símbolos de inclusión popular para corregir los vicios del elitismo, el fascista propone la violencia como mecanismo para terminar con la “cobardía liberal y su siniestra tolerancia”. La violencia ocupa el núcleo del discurso de Bolsonaro. Para evitar la homosexualidad, hay que golpear a los hijos que muestran esas peligrosas tendencias. Hay que aplicar ejemplarmente la pena de muerte. Y revivir el edificante espectáculo del fusilamiento. Bolsonaro lo ha dicho: hay que fusilar a los opositores del Partido del Trabajo, hay que fusilar a los delincuentes, hay que fusilar a los inmorales. Los héroes matan, ha declarado su compañero de fórmula, El matadero es la fantasía política del fascismo.

Bolsonaro se ha percatado que en nuestro tiempo no hay nada más eficaz que la defensa enfática de lo aberrante. Decir con soltura las peores barbaridades garantiza atención de los medios, sean viejos o nuevos. Conlleva además una extraña bendición: el patán presume que es el único auténtico entre la legión de los hipócritas. Dice las cosas tal cual, expresa sus puntos de vista sin hacer concesiones a lo políticamente correcto. El discurso del brasileño es sorprendentemente agresivo, incluso para los niveles de violencia retórica de nuestros tiempos. La agresión es para él la expresión natural de una masculinidad resuelta. Con su voz grita el orgullo del macho. Padre de cuatro hijos y una hija, declaró hace poco en un evento en Río de Janeiro que engendró a la niña en un penoso momento de debilidad. Por eso no puede decirse que su antifeminismo o que su homofobia sean rasgos secundarios de su personalidad. El fascismo tiene un fuerte componente sexual. Transfiere la voluntad de poder a los dominios de la sexualidad, como dijo Umberto Eco en un viejo artículo sobre el fascismo eterno. El fascismo expresa una masculinidad predadora.

Bolsonaro busca una revolución del orden. El ejército ha de ejercer el poder nuevamente como símbolo de jerarquía, eficacia y patriotismo. “El periodo militar fue un tiempo de gloria para Brasil, declaró Bolsonaro. Los criminales eran criminales; el que trabajaba era recompensado y, hasta en el futbol pasábamos menos vergüenzas.” Pero la dictadura en la que sueña el fascista brasileño es una dictadura más enérgica, más decidida, más letal. Una dictadura que no tenga los miedos de la previa: que no solo torture, sino que también mate. No hay aquí la ilusión de un gobierno del hombre común que se hace cargo de su destino, como pregonan los populistas. Lo que hay aquí es el mito de la mano dura. El mito de la eficacia militar… y tecnocrática. La restauración que imagina Bolsonario pretende restablecer el antiguo matrimonio entre la dictadura y los economistas ultra liberales.

La crisis de las democracias liberales ha alimentado a sus adversarios. Mal haríamos colocando a todos en el mismo saco. Siendo complejo el reto que nos lanza el populismo, debemos reconocer que es muy distinto el que provoca el nuevo fascismo: un polo que propone la militarización, el rechazo a los derechos humanos y la politización del machismo. El modelo político de Bolsonaro no es la política corrosiva de Trump o Berlusconi, dos populistas de derecha. Su modelo es la política criminal de Duterte (en Filipinas).

Simpatía por el Diablo.

 

Simpatía por el Diablo.

Incluso tú, Príncipe, algunas veces estás ciego,
viviendo tan profundamente en la oscuridad;
sin duda la maldad es fácil como el egoísmo,
y que alguien como yo saborearía
tu especie de soledad, paladeando
aquellos días seductores, noches en lechos vacíos.
¿Qué puedo decir? Tu manera es tan masculina…


Y cuando nos encontramos esa noche en el cruce de caminos
marché un poco contigo, observando cómo se torcía
tu bastón, deseando poder aplacar
todas las congojas de tu mundo. Pensé
acunarte, como un discípulo agónico,
en mi dadivoso regazo; incluso no escuché
todas las ofertas de sabiduría que me hiciste
a cambio de mi alma.


Incluso cuando enarbolaste el contrato,
seguro de mi firma, no estaba prestando
atención, embrujada por ese dolor
en tus ojos, esa necesidad de algo bueno,
¿me atreveré a llamarlo… Amor?

 

Karen Alkalay-Gut

 

 

Reconozco…

Reconozco tu mirada desde cualquier estrella, pulsante, vibrante.

Como si latiendo con el universo completo pudieras resistirte ser parte de él, como si pudieras obligarlo a fundirse en ti.

No te falta la audacia, ni el valor de aquella que atravesado el tiempo ya no teme al espacio conquistado más de lo que se teme a sí misma, cuando cruza su mirada con la mía.

Cierto que quizás sea mi piel la que se estremece, mi sangre la que late enfurecida con la fuerza de mil huracanes estallando en cada latido.

Fluye desesperada y hasta mi corazón emanan como lavas volcánicas estallando con fuerza en cada cavidad del órgano -que dicen-  se pierde en los sentidos.

Un corazón que se arrebata en su caudal impetuoso, una ladrona que solo nubla la razón que debería sosegarme. 

Pero tú que osas batallar con agujeros negros, y océanos galácticos, que no temes ni a los tiempos ni a los dioses, doblas la mirada ante mi vista que permanece inmutable a tu ausente presencia.

Cierto que quizás sea mi mundo el que se arrastre por los lugares inhóspitos de un suburbio estelar poco recomendable, pleno de supernovas de champaña, tentadoras e irracionales adolescentes estelares pretendiendo deslumbrar a las poderosas emanaciones de luces y sonidos traslucidos…Que nunca tendrán. 

Perderías mi mundo sabiendo que en él voy yo. En mi existes tú…Te observo fijamente sin apartar la mirada, ya no quemas, ya no dueles, ya no ruges como las musas en celo…

Te apagas y yo permanezco en tu deseo anhelante, aquel que olvidó generarse a sí mismo.

La mirada se pierde en el movimiento atrevido de un rosal, el poderío de intentar  brazarme sin sangrarme, de calentarme sin quemarme. El aire danza a mí alrededor invitándome a la fiesta, siempre jugando a quien resiste la mirada…aguanta.

 

Los próximos cien años.

Una historia en dos actos: un poema en forma de pregunta y una pregunta en forma de respuesta.

*

Uno

Como ayer
mi respuesta va más allá de la cuestión,
como ayer
se trata de no tener una respuesta inmediata
y de cómo quedas ante ello,
si persistes o abandonas.

¿Cuánto dura la firmeza de un estuche?
¿Cuánto demoras en ver la belleza de un rostro?
¿Cuánto tardas en medir tu esfuerzo con el de enfrente?
¿Cuánto tienes que gritar para escuchar a los mudos?

Cuando en un milisegundo puedas contener
los próximos diez años y los cien anteriores
ciertamente reirás ante la idea de un milagro.

*

Dos.

En un Áshram en la ciudad de las luces, un gurú, en perfecto inglés de Oxford, me ¿aclaró? las diferencias entre la fe y la imaginación. Mucho Mejor que “El libro de la Flor de Loto”, la “Torá” o “El Corán” juntos…me dijo (recuerdo cada una de las silabas): ¿si de verdad quieres saber qué es fe y qué es imaginación?, te doy dos caminos…

Ves… cuenta cuántos dioses tienen los hindúes (trata de memorizar la mitad de ellos en una tarde); o…

Averigua si el genio de Srinivasa Aiyangar Ramanujan, creía que su dominio matemático le venía de su mente, o de su diosa familiar.

Tres

Perfecto…por ambos, poeta y gurú, yo, aún ensayo una respuesta en un milisegundo que contenga los próximos cien años.

Montserrat Caballé (1933-2018)

La mítica soprano catalana Montserrat Caballé (1933) ha fallecido a los 85 años. Caballé fue una gran diva, una de las voces y personalidades más atractivas de la escena operística. Figura transversal, trascendió el ámbito de la música clásica para convertirse en una mujer muy popular y tremedamente respetada en todos los ámbitos.

Freddie Mercury cantó a Barcelona para honrar a su admirada Montserrat Caballé. La letra de la canción que los unió relata el momento en que se conocieron. Juntos interpretaron el tema en varias ocasiones y el líder de Queen cumplió así uno de sus últimos sueños.

Pero no pudieron hacerlo durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1992. Mercury falleció a causa del sida meses antes. “No siempre tienes la suerte de cantar con alguien que se va, que lo sabe, y estar interpretando con él su último adiós”, contaba la soprano en 2012 sobre esta unión.

Caballé comentaba de Freddie Mercury que era una estrella del rock única, porque vendía su voz en vez de su imagen. Procedentes de mundos opuestos, su extraña alianza fue también un ejemplo de tolerancia.

De alguna manera, la historia de la canción Barcelona podía intuirse en el guiño operístico del Bohemian Rhapsody de Queen. A Mercury le apasionaba el género lírico y, desde que vio cantar a Caballé en 1983, quiso de inmediato colaborar con ella.

La española interpretaba Un Ballo In Maschera (Un Baile De Máscaras) de Verdi en la Royal Opera House de Londres.

Después de esa función, el británico nacido en Zanzíbar comenzó a cortejar a la soprano a través de su representante.  Su primer encuentro ocurrió cuatro años después de esa noche en la ópera. Fue en el Ritz de Barcelona. Mercury, siempre excesivo en sus formas, se plantó en el hotel junto a su productor, Mike Moran, y con un enorme equipo de sonido. Le mostró a la española cómo sonaría una versión a dúo del tema Exercises In Free Love. Él se había encargado de grabar también la parte de ella recurriendo al falsete.

Además de comenzar a colaborar juntos en un disco, se hicieron amigos. Fue a ella a una de las primeras personas a las que contó que estaba enfermo de sida…Caballé guardó silencio en tiempos en que el nombre de la enfermedad era tabú y continuaron grabando su disco: “Me lo dijo y tuvimos la oportunidad de crear canciones en las que todas tenían un significado. Estábamos haciendo algo muy especial y eso no pasa a menudo”. La intención era inaugurar los Juegos Olímpicos de Barcelona con los dos sobre el escenario cantando el que era el himno oficial del acontecimiento deportivo. Pero la muerte del británico, en noviembre de 1991, impidió que ocurriera. Antes de fallecer, estuvieron tres años promocionando el tema principal de su álbum conjunto. Su agenda de actuaciones era tan exótica como su amistad -la extraña pareja, les denominaba parte de la prensa británica-. Pasaron por ejemplo por un fiestón de la discoteca Ku de Ibiza, donde optaron por el playback.

El sueño de Mercury se había cumplido, después de haber pasado años declarando a los medios españoles que Caballé era su cantante favorita. También estuvieron en el festival La Nit, celebrado precisamente en Barcelona. En esta actuación al aire libre, rodeados de un enorme bullicio y con fuegos artificiales como colofón, Caballé pidió que también se usara una grabación. De entre los cientos de canciones con Queen y en solitario que grabó Mercury, pidió expresamente que Barcelona fuera una de las que sonaran en su funeral.

Despedimos a la maravillosa cantante catalana quien, durante ha sido durante muchos años una de las más importantes embajadoras de la ópera en el mundo.

Bar Mitzvah

Nuestro sitio es un pasillo
un cuarto lateral con dos ventanas pequeñas con cortinas
que dan al interior de la Sinagoga.
Nosotras que nos encontramos en la piscina en bikini,
estamos sentadas modestamente y cubiertas con un pañuelo,
humildes en nuestro lugar.

Y escuchamos. No hay libros,
así es que no puedo revisar
el capítulo de la semana
o seguir la lectura de mi hija.

De pie alrededor de la Torah,
participando en turno en la ceremonia
cada hombre tiene el honor
al recibir un nuevo miembro.

Cuando mi hija completa su oración,
nosotras las mujeres arrojamos caramelos
desde detrás de las cortinas cerradas.

Me coloco detrás de una anciana
que comparte el libro que trajo de casa,
y al apuntar cada palabra,
llora de alegría, “Tan bello que es este capítulo
qué suerte poder leer esta parte”.

Compara mi muchacha con su muchacho
muerto en la guerra,
y las lágrimas manchan la página.
Sentada en el porche cerrado,
con caramelos en ambas manos,
lloro con ella.