Ser perfecto…

El ser humano se ha especializado a lo largo de su historia en crear reglas para vivir. Laicas, religiosas, con fundamento científico, basadas en la reflexión filosófica, personales, colectivas… la lista puede ser cuantiosa pero el objetivo persiste: resolver ese misterio que parece ser la vida.  ¿Qué pasaría si nos diéramos cuenta de que, después de todo, el problema no existe y vivir es más sencillo de lo que creemos? Al final, para vivir, parece que hace falta poco: valor, honestidad, compasión, hacer el bien tanto como sea posible.

¿Pero qué más?

El poema que compartimos a continuación es una síntesis preciosa de esa sencillez. Es posible que su longitud dé la apariencia de lo opuesto, pero lo cierto es que su elocuencia radica más bien en el contenido y no en la forma. Su autor, Ron Padgett, amante de lo mínimo, eligió para la composición eso que todos los días, a final de cuentas, hace nuestra vida y que, por no considerarlo así, a veces tendemos a creerlo trivial o menor.

Cabe mencionar, por último, que Padgett es el autor de los poemas que, salvo otra indicación, se leen en Paterson, la película que Jim Jarmusch dirigió en 2016. No parece casual que Jarmusch haya elegido a Padgett como una especie de “poeta oficial” de la cinta, pues de algún modo ésta intenta capturar y transmitir esa belleza esencial de la vida que usualmente nos rodea y que a veces dejamos de ver, por estar distraídos u ocupados en otra cosa.

Gracias o todos. Gracias a todas. La poesía, sin embargo, siempre vuelve y siempre nos hace volver.

 

CÓMO SER PERFECTO

Duerme.

No des consejos.

Cuida tus dientes y encías.

No tengas miedo a nada que esté fuera de tu control. No tengas miedo, por ejemplo, de que el edificio se caiga mientras duermes, o de que alguien a quien amas muera súbitamente.

Come una naranja todas las mañanas.

Sé amable. Te hará feliz.

Eleva tus latidos a 120 pulsaciones por minuto durante 20 minutos cuatro o cinco veces por semana haciendo cualquier cosa que te guste.

Desea todo. No esperes nada.

En primer lugar, cuida las cosas que están cerca de tu casa. Ordena tu cuarto antes de salvar al mundo. Luego salva al mundo.

Ten en cuenta que el deseo de ser perfecto es quizás la expresión encubierta de otro deseo –ser amado, tal vez, o no morir.

Haz contacto visual con un árbol.

Sé escéptico a toda opinión, pero trata de encontrar algún valor en cada una de ellas.

Viste del modo que te guste tanto a ti como a quienes te rodean.

No hables rápido.

Aprende algo cada día. (Dzien dobre!)

Sé amable con las personas antes de que tengan la ocasión de portarse mal.

No te enojes por más de una semana, pero no olvides aquello que te hizo enojar. Mantén tu ira al alcance de la mano y obsérvala, como si fuera una bola de cristal. Luego agrégala a tu colección de bolas de cristal.

Sé fiel.

Usa zapatos cómodos.

Planifica tus actividades para que reflejen un equilibrio grato y variedad.

Sé amable con los mayores, incluso aunque sean odiosos. Cuando llegues a viejo, sé amable con los jóvenes. No les tires tu bastón cuando te llamen abuelo. ¡Son tus nietos!

Vive con un animal.

No pases demasiado tiempo con grandes grupos de personas.

Si necesitas ayuda, pídela.

Cultiva una buena postura hasta que se vuelva natural.

Si alguien asesina a tu hijo, consigue un arma y vuélale la cabeza.

Planifica tu día para que nunca debas correr.

Muestra tu aprecio a las personas que hacen algo por ti, incluso aunque les hayas pagado, incluso aunque te hagan favores que no pediste.

No malgastes el dinero que podrías dar a aquellos que lo necesitan.

Espera que la sociedad sea defectuosa. Luego llora cuando te des cuenta de que es mucho más defectuosa de lo que creías.

Cuando pidas algo prestado, devuélvelo en mejores condiciones.

Utiliza objetos de madera en lugar de objetos plásticos o metal, tanto como sea posible.

Mira el pájaro que está allí.

Luego de la cena, lava los platos.

Cálmate.

Visita países extranjeros, excepto aquellos cuyos habitantes hayan expresado su deseo de matarte.

No esperes que tus hijos te amen, pueden, si quieren.

Medita acerca de lo espiritual. Luego ve un poco más allá, si tienes ganas.

¿Qué hay allá afuera?

Canta, cada tanto.

Sé puntual, pero si llegas tarde no des una larga y detallada excusa.

No seas demasiado auto-crítico ni  demasiado auto-complaciente.

No pienses que el progreso existe. No es así.

Sube las escaleras.

Imagina qué querrías que ocurra, y luego no hagas nada que lo convierta en algo  imposible.

Desconecta tu teléfono al menos dos veces por semana.

Mantén limpias tus ventanas.

Extirpa cualquier indicio de ambición personal.

No uses la palabra extirpar muy a menudo.

Perdona a tu país de vez en cuando. Si eso no fuera posible, vete a otro país.

Si estás cansado, descansa.

Siembra algo.

No deambules por las estaciones de trenes murmurando: “¡Todos vamos a morir!”

Cuenta entre tus verdaderos amigos a gente de diferentes momentos de tu vida.

Disfruta de los pequeños placeres, como el placer de masticar, el placer del agua caliente corriendo por tu espalda, el placer de una brisa fresca, el placer de quedarse dormido.

No exclames: “¡No es maravillosa la tecnología!”.

Aprende a estirar tus músculos. Estíralos todos los días.

No te deprimas por envejecer. Te hará sentir más viejo.  Lo cual es deprimente.

Haz una cosa a la vez.

Si te quemas un dedo, ponlo en agua fría de inmediato. Si te martillas el dedo, sostén tu mano en el aire durante veinte minutos.

Los poderes curativos del frío y de la gravedad te sorprenderán.

Aprende a silbar a un volumen ensordecedor.

Mantén la calma en una crisis. Cuanto más crítica la situación, más tranquilo debes permanecer.

Disfruta del sexo, pero no te obsesiones con él. Con excepción de breves períodos durante tu adolescencia, juventud, mediana edad y vejez.

Contempla todo opuesto.

Si te asalta el temor de que has nadado muy mar adentro, da la vuelta y regresa al bote salvavidas.

Mantén tu niño vivo.

Responde tus cartas sin demora. Utiliza estampillas atrayentes, como la que tienen un tornado.

Llora de vez en cuando, pero nada más cuando estés solo. Luego agradece cuánto mejor te sientes. No te avergüences por sentirte mejor.

No aspires humo.

Respira hondo.

No seas impertinente con la policía.

No te bajes de la acera hasta que hayas recorrido toda la calle. Desde la acera puedes estudiar a los peatones que están atrapados en el medio del enloquecido y ruidoso tráfico.

Sé bueno.

Recorre diferentes calles.

Hacia atrás.

Recuerda la belleza, que existe, y la verdad, que no. Mira que la idea de verdad es tan poderosa como la idea de belleza.

Permanece fuera de la cárcel.

En la madurez, conviértete en místico.

Usa la nueva fórmula con control del sarro del dentífrico Colgate.

Visita a amigos y conocidos en el hospital. Cuando sientas que es tiempo de retirarte, hazlo.

Sé honesto contigo, diplomático con los demás.

No te vuelvas loco. Es una pérdida de tiempo.

Lee y relee grandes libros.

Cava un pozo con una pala.

En invierno, antes de ir a dormir, humidifica el cuarto.

Comprende que las únicas cosas perfectas son una puntuación de 300 en un partido de bowling y un partido de béisbol con 27 bateos, 27 outs.

Bebe mucha agua. Cuando te pregunten qué quieres beber, di: “Agua, por favor”.

Pregunta: “¿Dónde está el baño?”, pero no: “¿Dónde puedo orinar?”

Sé amable con los objetos.

Comenzando a partir de los cuarenta, realiza un chequeo médico cada tanto con un médico de confianza que te haga sentir a gusto.

No leas el periódico más de una vez al año.

Aprende a decir “hola”, “gracias”, y “palitos chinos” en mandarín.

Eructa y tírate pedos, pero en silencio.

Sé especialmente amable con los extranjeros.

Ve teatro de sombras e imagina que eres uno de los personajes. O todos ellos.

Saca la basura.

Ama la vida.

Da el cambio exacto

Mea Culpa dice Zuckerberg.

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, que se enfrenta hoy a la segunda audiencia ante el Congreso de EEUU por el escándalo provocado por las brechas de privacidad existentes en su red social, ha asegurado durante la sesión que él también ha sido una víctima del caso. Zukerberg ha declarado ante los congresistas estadounidenses que sus datos también fueron filtrados y vendidos a terceros como los del resto de los 87 millones de usuarios de Facebook.

Sin embargo, ante las preguntas y afirmaciones de los congresistas que le han recriminado que los usuarios de la red social no pueden sentirse seguros, el dueño ha insistido en rechazar tales hechos: “Cada vez que alguien elige compartir algo en Facebook… hay un control. Ahí mismo”, ha declarado.

A los congresistas no les están convenciendo las explicaciones del directivo, que una vez más ha abandonado su camiseta gris y se ha enfundado un traje para asistir a la Cámara. “¿Por qué deberíamos creer en sus promesas?”, le han espetado.

La sesión está siendo bastante tensa y aunque Zuckerberg no es hombre de quedarse sin palabras, se le está notando bastante incómodo en algunos momentos. El empresario de 33 años ha asegurado que en el robo de datos no se ha detectado actividad de Rusia ni de China a la vez que ha comentado que completar la investigación llevará “muchos meses”.

“¿En qué hotel te alojaste anoche?”

En la sesión de ayer, Zuckerberg entonó el mea culpa: “Fue mi error. Y lo siento”, declaró ante los senadores. Fue esta actitud de arrepentimiento la que permitió al fundador de Facebook salir indemne de la sala.

Insistió en pedir perdón, reafirmó la voluntad de la empresa de impedir nuevos casos como el de Cambridge Anlytica, la consultora Cambridge Analytica, que trabajó en la campaña de Donald Trump y en favor del Brexit y que recolectó los datos de 87 millones de usuarios de la red social sin el consentimiento de éstos. Eso si: no hubo anuncios de cambio de política.

Los senadores de la oposición demócrata fueron más duros con Facebook. Uno de los momentos más tensos del interrogatorio se vivió con las preguntas del senado demócrata Dick Durbin, que le hizo las siguientes preguntas a Zuckerberg:

-¿Te sentirías cómodo compartiendo con nosotros el nombre del hotel en el que te hospedaste anoche?

-Um, uh, no- contestó Zuckerberg tras una pausa de ocho segundos.

– Si te has enviado mensajes con alguien esta semana ¿compartirías con nosotros el nombre de tus interlocutores?- le inquirió el senador demócrata de Illinois.

-No, no me gustaría compartir eso con vosotros- contestó.

-Creo que de eso trata todo esto: tu derecho a la privacidad, los límites de tu derecho a la privacidad… Debemos saber qué informaciones recoge Facebook, a quien se las envía y si ha pedido autorización al usuario para hacerlo.

-Pienso que todo el mundo debería poder controlar la forma en que sus datos son utilizados- replicó Zuckerberg.

Demasiado importante…

Tengo que confesar que a lo largo de una vida he pasado por cuatro estados acerca de la cuestión de la existencia de Dios: fe, duda, agnosticismo y ateísmo. De ninguno de ellos me enorgullezco,  especialmente, salvo de la sinceridad con que los he profesado.

Hoy, instalado no en la duda sino en la negación de la existencia de Dios, no veo la falta de fe como un empobrecimiento, sino como expresión y precio de la lucidez, o, si se prefiere, de la determinación de mirar las cosas a la cara y no emplear la palabra “misterio” para lo que es tan solo nuestra ignorancia. Es más: ese estado de duda o indecisión ante Dios en el que permanecí largo tiempo se me antoja hoy una excusa artificiosa y con pretensiones de elegancia intelectual para una condición de ateísmo que en ese momento de mi vida no me resignaba a aceptar ni menos me atrevía a confesar.

Comienza su libro Agustín Squella con una sita de Bolaño, “leyendo se aprende a dudar”. Y, al menos para mi persona, la duda contrae el compromiso con la “verdad” y la verdad con el amor.

El autor Agustín Squella Narducci nacido en Santiago de Chile en 1944. Profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valparaíso y la Universidad Diego Portales, Miembro de Número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales y Ciudadano Ilustre de Valparaíso.

Le preguntan al autor por su individual apego a dios viniendo de un ateo, a  lo que Squella responde citando a su vez Carlo Martini, Dios es demasiado importante para dejarlo solo en las manos de los creyentes…

Una historia natural del amor…

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Tras el sonado éxito de Una historia natural de los sentidos, Diane Ackerman ha usado su personalísimo talento para explorar el mayor de los talentos: el escurridizo, eterno y siempre interesante asunto del amor.

Ackerman bebe de gran variedad de fuentes, tanto clásicas como de su experiencia inmediata. Explora e ilumina las raíces históricas, culturales, religiosas y biológicas del amor. Propone una nueva lectura de Freud («trazando el mapa de las áreas bélicas del amor»), Stendhal («el amor como fantasía») y Proust («el erotismo de la espera») y extrae lecciones de distintos amantes a lo largo de la historia.

A continuación, fija su atención en lo físico: la química, la biología y la neurofisiología asociadas con el amor en el cerebro, la mente y el cuerpo. Discute la «evolución del rostro», el abrazo, analizado a la vez como caricia y como química, y las costumbres del matrimonio. Y siempre nos asombra. Su toque distintivo, al que se suman sus aventuras y exploraciones personales, enriquece nuestro conocimiento sobre mujeres y caballos, hombres y sirenas, sexo y volar, y sobre otras materias igualmente atractivas.

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El libro empieza: «…el amor es el gran intangible…». A partir de esta afirmación Diane Ackerman se dispone a hacerlo más tangible, rastreable, respirable y…, en resumen, lo amamos. La autora Diane Ackerman (n. 7 de octubre de 1948  en Waukegan, Illinois) es filosofa, ensayista, poeta y naturalista estadounidense. Estudió filosofía en la Universidad Cornell, donde se doctoró en 1978. Ha sido profesora en la Universidad de Columbia y la Universidad Cornell, y escribe regularmente en la prensa. Su estilo literario, que le ha reportado un gran éxito editorial, se caracteriza por la sencillez, aunando la poesía, la autobiografía y la divulgación científica. Ha recibido varios premios y reconocimientos, como el premio Lavan de poesía y el Literary Lion de la biblioteca pública de Nueva York. Una molécula lleva su nombre (la dianeackerone). Sus ensayos sobre la naturaleza humana han aparecido en periódicos y revistas de gran tirada, como The New Yorker, The New York Times, Parade, National Geographic, entre otros. También fue responsable de una serie de televisión en la cadena PBS de cinco horas sobre una Historia Natural de los Sentidos.
Una lectura recomendable….

No poder amar…

Pocos novelistas han sido capaces de sondear la profundida del alma humana como Fiódor Dostoyevski. El novelista ruso reflejó en sus novelas los abismos de la conducta humana -los cuales conoció en la prisión en Siberia-, así como también la belleza y la más noble fe del espíritu. En Los hermanos Kamarazov Dostoyevski escribió:

Padres, maestros, me pregunto, “¿Qué es el infierno?”. Mantengo que es el sufrimiento de no poder amar.

No poder amar es el infierno; el amor es, entonces, el cielo. Difícilmente se puede decir algo más sencillo y profundo. Es una definición que aunque puede tener un significado religioso (y ciertamente Dostoyevski fue profundamente religioso en sus últimos años de existencia), no se constriñe solamente a lo religioso y puede tener una interpretación secular. Abarca toda la existencia, ya que, ciertamente, para el ser humano la más alta felicidad y a la vez también aquello que da más claramente sentido y propósito es el amor. Asimismo, algunos filósofos, como Platón, han dicho que el amor es el primer impulso que permite al alma emprender el vuelo hacia la realidad, hacia el mundo de las Ideas, hacia el mundo divino. O incluso, que el amor es la misma vida en su estado puro, el elan vital: Eros fue el primer dios en brotar del caos, según la teología órfica. Siendo lo primero, es lo que nos regresa al origen, al estado de unidad.

En la misma novela, Dostoyevski revela cómo es que un ser humano llega a la infernal incapacidad de amar:

Un hombre que se miente a sí mismo y cree en sus propias mentiras, se vuelve incapaz de reconocer la verdad, tanto en sí mismo como en cualquier otro, y acaba perdiendo todo respeto para sí mismo y para los otros. Cuando no tiene respeto, ya no puede amar, y acaba cediendo a sus impulsos, indulge en la forma más baja del placer y se comporta como un animal satisfaciendo sus vicios. Y todo se produce por la mentira -a otros y a uno mismo-.

Así que la mentir es lo que conduce realmente al infierno. En esto coincide Alexander Solzhenitsyn, quien vivió la máxima atrocidad de los gulags rusos y consideró que tal violencia y tal abyección del espíritu -que padecieron millones de personas asesinadas o torturadas en el régimen de Stalin- tienen como causa las mentiras. Solzhenitsyn explicó que la violencia no puede sostenerse mucho tiempo si no es con las mentiras y el engaño. El psicólogo Jordan Peterson ha comentado sobre esto, diciendo que el infierno es cuando todos dicen mentiras. Podemos crear fácilmente el infierno en la Tierra; hemos tenido pruebas de ello con los gulags rusos o con los campos de concentración nazi, y lo que lleva a esto son el engaño y la mentira, los cuales, a fin de cuentas, revelan cobardía y una debilidad del espíritu que no es capaz de encarar con dignidad la realidad y encarnar su verdadera naturaleza.

De alguna manera, el budismo y el hinduismo coinciden con esto. Para estas religiones, el sufrimiento de este mundo (el samsara) y la posible reencarnación en infiernos se deben fundamentalmente a la ignorancia, al engaño o a la falta de conocimiento de lo que es verdadero. La liberación, lo que alcanza el estado de dicha e inmortalidad, por otra parte, es la sabiduría, establecerse en lo verdadero. Como dice el famoso mantra de los Upanishad:

Asato mā sad gamaya, tamaso mā jyotir gamaya, mṛtyor mā amṛtaṃ gamaya.

(Condúceme de la falsedad a la verdad de la oscuridad a la luz, de la muerte a la inmortalidad).

(Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad)

Toda la religión de la India se ha construido sobre esta base: el sufrimiento e incluso la muerte se alimenta solamente de la ignorancia, ambos existen por no conocer lo que somos. La ignorancia es el triunfo de la muerte, la verdad el triunfo de la vida, aquello que libera para siempre de la muerte (como se dice también en el Evangelio de San Juan). Toda acción que no tenga que ver con el conocimiento de sí mismo o de la conciencia es una distracción. Para poder mantenerse fijo en esta búsqueda de la realidad es fundamental que el individuo no diga mentiras y practique una completa honestidad intelectual; de otra manera, su búsqueda lo conducirá a nuevas ilusiones y a la inflación del ego.

Evidentemente no es fácil saber cuál es la verdad, pero lo que sí es obvio es que la forma más clara de acercarse a ella que tiene el ser humano es diciéndose la verdad y diciendo la verdad a los demás. Es bastante simple. Esto es ya una fuerte tentativa de alineamiento con el orden y las leyes del cosmos.

Princeton Theological Seminary Library

La Universidad de Princeton ha compilado un jugoso archivo de sabiduría milenaria dentro del sitio Internet Archive, el cual permite descargar todo tipo de textos que ya no tienen copyright. En este caso se han clasificado más de 70 mil textos religiosos, mitológicos y filosóficos en diferentes idiomas (la mayoría en inglés, pero más de 3 mil en español). La herramienta permite buscar por idioma, por autores, por religión, tema y muchos más filtros.

Los textos allí reunidos son parte de la Princeton Theological Seminary Library y abarcan cientos de años, tocando casi cualquier tema religioso concebible. Son parte de un diálogo interreligioso que preserva y vincula las diferentes tradiciones de lo que podemos llamar una sophia perennis.

Todo aquel interesado en las antiguas tradiciones y las raíces del pensamiento moderno encontrará un jugoso banquete de conocimiento.

Se encuentran en este jardín digital de tesoros textos como La rama dorada de Frazer, La mitología teutónica de Grimm, las obras de Madam Blavatsky, el Zend Avesta (el texto fundacional del zoroastrismo), el Satapatha Brahmana (el texto que describe el sacrificio védico y que Roberto Calasso considera el primer libro en prosa de la historia), las Leyes de Manu, el Mahabharata, los Jyatakas (el texto que recuenta las vidas previas del Buda), compilaciones de los sutras del mahayana, algunos puranas, estudios comparativos del cristianismo y el hinduismo, por supuesto las Upanishad, diferentes versiones del Rig Veda y el Sama Veda, textos islámicos, textos y comentarios de los misterios egipcios y sus rituales soteriológicos, textos sobre las religiones de Mesoamérica, todo tipo de comentarios de los diferentes libros, la Biblia y todo tipo de traducciones, incluyendo una versión sánscrita de la Biblia, textos de las diferentes sectas cristianas, textos de William James, Martín Lutero, John Locke y muchos otros pensadores, textos de astrología clásica, de los misterios de Eleusis, y textos tan especializados como un estudio de la adoración del falo y la vagina (lingam y yoni) en la India.

Un talismán contra el olvido.

Un amigo rescata la foto de su padre adolescente. Colores sepia. Recuerdos de los sesentas en una Habana tan lejana.  Dos adolescentes con una risa que me recuerda la de los personajes de Twain. Dos rebeldes. Dos muchachos que se hacen hombres. Sus dos causas a cuestas para la rebeldía: fumar y escuchar a los Beatles.  Poseedores Un LP de los Beatles. El padre de mi amigo tiene una risa desafiante.  Al fondo un grupo de socios aplauden el desafío con gestos de aprobación y apoyo, aunque se mantienen al margen como en las pinturas del Greco, son la multitud. Me cuenta mi amigo que conserva el disco de los Beatles como un talismán contra el olvido.

El Dios de Arvo Pärt.

En su excelente libro ‘El ruido eterno’ Alex Ross cuenta lo siguiente: “Para algunos, la extraña pureza espiritual de Arvo Pärt satisfacía una necesidad más desesperada; una enfermera ponía regularmente ‘Tabula rasa’ en la sala de un hospital de Nueva York a varones jóvenes que estaban muriendo de sida, y en sus últimos días ellos le pedían oírla una y otra vez”. La música minimalista de Pärt, sostiene Ross, alcanzó un inesperado éxito comercial a partir de los años 80 del pasado siglo porque “brindaba oasis de reposo en una cultura tecnológicamente sobresaturada”.

Tiene toda la razón Ross, escuchar la obra de Arvo es una invitación a la paz y el silencio en un mundo de violencias y ruidos.

La música de Pärt sorprende por el golpe espiritual, un vigor sutil que tiene que ver con esa idea budista y cristiana de que el Supremo o Dios se manifiesta en la debilidad, en la paz y el amor de los pequeños. Contenida y sustancial, desprovista de ribetes y de premuras. Arvo convence, el único camino a lo sagrado es la belleza, la compleja simplicidad del amor.

Arvo Pärt luce como un monje ruso, un Dostoievski que detiene con tonadas y melodías el crimen y la violencia del mundo incluso el castigo del mismo Dios. Un monje cuya oración y penitencia es la música. Arvo suena como el alma penitente de Estonia. Creador de su propio sistema de composición nombrado tintinnabuli (el término procede de una palabra onomatopéyica latina —tintinnabulum— que alude al sonido que hacen las campanitas), que fue construido entre 1968 y 1976, o más concretamente, desde el incidente con Credo y el estreno de Für Alina.  Guerra fría, crisis de los misiles en Cuba, Stones y Beatles, y en Estonia, patria que había alumbrado al bueno de Arvo en 1935, se disfrutaba de aquel reino de Dios en la tierra que se llamó la URSS.

Arvo Pärt  compuso su personal Credo una pieza collage escrita para piano, coro y orquesta en la que se enfrentan una masa atonal contra una tonal, que sigue el esquema del preludio en Do mayor del Clavicordio bien temperado. Como se ve, no se puede decir que la pieza invitase a estallar  el Kremlin; el peligro no lo estaba en la forma, entonces buscaron en el contenido.

Titular una pieza “Credo” en la Estonia de los sesentas era una invitación al ostracismo. Así lo entendieron los burócratas soviéticos como una provocación insoportable, tanto que no repararon en que lo que canta el coro no es el credo litúrgico sino ese pasaje del Evangelio de Mateo que dice “se os ha dicho: ojo por ojo y diente por diente; así yo os digo que no devolváis el daño”.

Las autoridades soviéticas no pensaban igual, prohibieron la pieza durante más de una década.

A partir del incidente Arvo hace silencio. Para encontrar sus verdades existenciales y artísticas. El acercamiento de Pärt a la Iglesia Ortodoxa Rusa y por el canto llano y la polifonía temprana.

Los procesos de conversión espirituales e ideológicos son fenomenológicamente muy complejos. No obstante, debe quedar claro que la conversión compromete la vida, en tanto le otorga un nuevo sentido que el converso acepta plenamente. Es lo que dicen los textos vedas o los evangelios. En palabras de Eliade, “la vida en su totalidad es susceptible de ser santificada. Los medios por los cuales se obtiene la santificación son múltiples, pero el resultado es casi siempre el mismo: la vida se vive en un doble plano; se desarrolla en cuanto existencia humana y, al mismo tiempo, participa de una vida transhumana, la del cosmos o la de los dioses”.

Pärt explica  “no hay una línea que divida religión y vida: es todo lo mismo”.

En consecuencia, si aceptamos que la música de Pärt es “música religiosa” (tal como él mismo afirma, dicho sea de paso) no podemos aproximarnos a ella de una manera “aséptica”, despojada del sustrato espiritual en el que se levanta. En relación con esto, no es ocioso que el compositor estonio se afane en el estudio del canto llano o de la polifonía baja medieval y renacentista: estas músicas tienen, de manera muy evidente, una relación entre su forma y su pretensión. Ni los intervalos que se emplean son gratuitos, ni lo son los tiempos, etc.; por así decirlo, la estructura formal de un gloria gregoriano es ya un acto de alabanza.

Paul Hillier llama a esto el “espíritu de la música antigua” y puede rastrearse pormenorizadamente en la música de Pärt.

El estilo de Arvo es en apariencia sencillo. El  tintinnabuli se construye con dos voces, una que hace la melodía y otra, el acompañamiento. La que hace la melodía se construye en torno a una nota central, que puede ser la tónica o cualquier nota del acorde tónico, y se despliega en cuatro modos: partiendo de la nota central y ascendiendo, partiendo de la nota central y descendiendo, descendiendo hasta la nota central o ascendiendo hasta la nota central. No quiero dar detalles cansinos de cuál es el método mejor lo escuchan en las manos de mi esposa…Für Anna Maria_ Frohlich.

La voz que hace el acompañamiento se construye usando las notas del acorde tónico de la nota que suena en la melodía. Y no hay más. Con estas armas tan sencillas Arvo Pärt ha sabido construir piezas tan sobrecogedoras como el Cantus In Memoriam Benjamin Britten (1977), Fratres (1977), Tabula Rasa (1977) o Passio Dómini Nostri Jesu Christi secundum Joannem (1982).

Quisiera hacer una distinción Arvo no tiene nada de monje ascético, a pesar de su aspecto monacal. Es un hombre del mundo, de sus hijas, hijos, nietos, amigos. Es el hombre que se colocó una peluca para arengar a la Unión de Compositores Estonios, en protesta por la censura que ejercía sobre ellos el omnímodo poder soviético. Pero también es ese señor que bromea con sus hijos tapándose las orejas con plátanos en el documental “And then came the evening and the morning”  o que saca a bailar al fundador de ECM, Manfred Eicher, durante un ensayo de una de sus piezas, como atestigua la película “Sounds and silence”.

Todo eso es anecdótico: a un creador se le juzga por su obra.

No creo que se pueda escuchar “Fratres” o “Annum per annum” y entender que esa música es monacal, por mucho título en latín que tenga. La música de Arvo Pärt encuentra nuestra unidad bajo la apariencia múltiple de realidad. “Lo omplejo y multifacético sólo me confunde, y debo buscar la unidad. […] He descubierto que es suficiente cuando una nota es tocada bellamente. Esa sola nota, o silencio, o momento de silencio me confortan”.

Sencillez y  belleza para realizar ejercicios de una espiritual brutal, directa e imponente. Si les digo que Arvo Pärt busca a Dios no creo que nadie se sorprenda, por muy atípica que sea esta particularidad en el arte contemporáneo.

Y sería un error entender que por este motivo la música de Pärt es una suerte de revival, una suerte de neogregoriano batido en una coctelera minimalista (un simple análisis formal de la música de Pärt debería disuadirnos rápidamente de esta idea). Más allá de todas estas consideraciones teóricas, históricas o taxonómicas, la música de Pärt es, fundamentalmente, un ejercicio estético en el que el compositor hace partícipe al auditorio de su búsqueda y de su hallazgo íntimo.

Asistir a la música de Pärt es una experiencia de lo sagrado en la que el espectador es invitado a ser partícipe; si no es ponerse en oración, al menos sí que es asistir a una.

Me parece que es sincero: ocurre que me creo a Arvo Pärt cuando me habla de Dios.

Sonnenaufgang, Una Odisea Espacial.

Así habla…

 No conozco inicio más cinematográfico en la historia del cine como la introducción del filme: “2001 A Space Odissey” del cineasta norteamericano Stanley Kubrick.

Existen obras de arte, autores, libros y filmes que pueden configurar tus sueños y tus pesadillas, “2001 A Space Odissey” y  “Blade Runner”  son dos de esos filmes, esos dos escritores, esos dos cineastas, esas historias me abrieron las puertas del espacio y la percepción siendo aún un adolescente. “Blade Runner” y “2001: A Space Odissey”, Scott y Kubrick, Clarke y Dick son parte de mis paradigmas culturales como lo pueden ser Paradiso de José Lezama Lima o en la Calzada de Jesús del Monte de Eliseo Diego. Me es difícil concebir el universo sin la inteligencia, sin 10 de Octubre, sin la poesía del Paraíso de Dante o José, sin la odisea de la inteligencia artificial, sin los algoritmos, el algebra o la alineación de los planetas, los monolitos o la casualidad.

Ayer chateaba con una amiga sobre el panorama artístico cubano, los libros y el cine reciente de la Isla, es probable que ahora en algún pueblo de Cuba recién nazca otro Lezama, otro Eliseo e  intuyo que algún día tengamos en Cuba un Dick o Clarke, un Scott o Kubrick, un Kafka o Dante; pero hoy las novedades culturales parecen alimentar más las carencias artísticas que las materiales, el arte visual, la literatura, se erosionan en los lugares comunes y los estereotipos de una decadencia en pleno; se habla del chisme o del dinero del cantante de moda o la penúltima censura pero ni tan siquiera se intenta (re)crear la introducción o una nota al pie de página para nuestra Odisea, caribeña, ni tan siquiera mirar las estrellas o la alineación de los planetas en éxtasis.

50 años…

“2001 A Space Odissey” cumple cincuenta años de estrenada, algunos dicen que el dos de abril de 1968 otros el seis. Medio siglo. Una odisea que mira a las estrellas y el lugar que nosotros ocupamos entre ellas.

Se cuenta que Kubrick leyó casi todo lo relacionado con la ciencia espacial, la ciencia ficción, la astronomía planetaria, escuchó toda la música del siglo XX, se interesó por la naciente computación, inteligencia artificial y la psicodelia del LSD, la evolución de la especie humana, nuestra historia de simios violentos a sofisticados seres en naves interestelares, todo para armar su filme.

Un recorrido por la ciencia de lo posible, los sonidos de la magia y las vibraciones de los planetas. El vals azul de los misterios, la inteligencia, la vida, la percepción de lo imposible.

Fiel a su exquisitez que rondaba con la neurosis en su creación nos legó quizá la obra maestra de la ciencia ficción en la historia del cine.

El amanecer del hombre

Nadie ha superado la introducción de 2001. La secuencia inicial del filme comienza con algo más de dos minutos de la pantalla en negro y el sonido de Atmosphères la obra del compositor húngaro György Ligeti. Le sigue una Tierra  ascendiendo sobre la Luna y el Sol que asciende sobre ambas los tres en perfecta alineación planetaria. En este momento comienza a escucharse el “Sonnenaufgang” (“Amanecer”) del poema sinfónico “Also Sprach Zarathustra” (“Así habla Zaratustra”) de Richard Strauss.

El tema de la música es expuesto por el solo de una trompeta, en tres ocasiones separadas por un redoble de los bombos, para dar paso a las cuerdas primero y toda la orquesta después hasta para completar una orquestación que recorre la escala en Do Mayor y en Do Menor, es solo un adelanto de las tres afirmaciones de la transformación, como la obra que inspira el “Así Habla Zaratrusta” musical. Finalmente cuando asciende el Astro Rey nos quedamos con el acorde del órgano en Do Sostenido.

Kubrick nos presenta entonces la vida cotidiana de un grupo de primates en una sábana semidesértica conviviendo aparentemente de forma pacífica, uno de los miembros de esta manada es atacado y muerto por un leopardo. Se nos muestra su disputa con otro grupo de primates muy similares por el agua de una charca fangosa, todo sin violencia.

Presenciamos el temor compartido por la oscuridad y los depredadores. Su dormir nervioso e intranquilo en el fondo de diminuta caverna. Amanece con extrañas vibraciones acústicas, uno de los primates se despierta y encuentra frente al refugio tallado en la roca un monolito que provoca asombro y la alarma en el grupo. Al poco tiempo, se acercan y, confiando prudentemente, llegan incluso a acariciarlo como reverenciándolo.

Uno de los simios se da cuenta de cómo utilizar un hueso como herramienta y  arma al tiempo que se observan visiones mentales del monolito, sugiriéndose que este ha motivado ciertos cambios en la conducta de los primates y les ha dado cierto grado de conciencia sobre los recursos disponibles para sobrevivir debido a que ahora los monos son capaces de matar animales y comer carne. Volvemos a escuchar la fanfarria de Strauss…

A la mañana siguiente le arrebatan el control de la charca a la otra manada, asesinan mediante el hueso usado como arma al líder de la manada rival. Exaltado frente a su poder el primate vencedor lanza su hueso al aire, produciéndose una enorme elipsis temporal en la narración: el hueso que asciende en el aire, pasa a convertirse en un ingenio espacial que surca el espacio entre la Tierra y la Luna, estamos con el Hombre Cohete en el 1999.

Big Bang…

2001 A Space Odissey es un recorrido por el espíritu y la vida que nos sostiene. La historia se divide igual en tres tiempos, en la Tierra, la Luna y Júpiter que esconde un misterio…pero también es el viaje de Nietzsche y Strauss, de Clarke y Kubrick el espíritu expuesto en su arte. De camello, a león de león a niño. Las tres transformaciones descritas en el primer capítulo de “Asi hablo Zaratrusta” y musicalizadas en el poema y visualizadas por Kubrivk de cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.

Al final todo seremos David Bowman (interpretado por un sobrio Keir Dullea), simios terrestres y sapiens intergalácticos, todos traspasamos el monolito que se transforma en puerta para testificar las sombras y las luces, testimonio de Eros y Tánatos, protagonistas de la muerte y la vida. Todos terminamos, ¿o nos iniciamos? como un feto interestelar y universal, un ciclo del eterno retorno.

Entonces, después del silencio y las vibraciones de los monolitos, de la inmensidad estelar volvemos a escuchar el Sonnenaufgang de Also sprach Zarathustra.

Una metáfora construida con una estructura de música, filosofía, imagines, luces, movimientos, el Vals del Danubio danzando con la Tierra Azul junto al Saco Amniótico que contiene el Huevo Cósmico de Ammavaru depositario de la trinidad de la Brahmanda, el feto universal de la creación, la preservación y la destrucción, el Ciclo…

muerte

“¿Esto era – la vida?” quiero decirle yo a la muerte. ¡Bien! ¡Otra vez!” Amigos míos, ¿qué os parece? ¿No queréis vosotros decirle a la muerte, como yo: ¿Esto era – la vida? Gracias a Zaratustra, ¡bien! ¡Otra vez!»

vida

Vendré otra vez, con este sol, con esta tierra, con este águi­la, con esta serpiente – no a una vida nueva o a una vida me­jor o a una vida semejante: vendré eternamente de nuevo a esta misma e idéntica vida, en lo más grande y también en lo más pequeño, para en­señar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas, para decir de nuevo la palabra del gran mediodía de la tie­rra y de los hombres, para volver a anunciar el superhombre a los hombres.