Noches de ficción. 7.

Desconocía la música de Cian Nugent. Pero prefiero que los libros, la música y las mujeres me sorprendan. Y, en libros, música y mujeres no tengo prejuicios establecidos. Me gusta la sorpresa. Indagar en lo nuevo. Me sucedió con el último disco de Cian Nugent. Nigth Fiction.

Noches de ficción. Excelente título. Me gustaría contar una historia de una noche de ficción, pues la ficción puede ser al mismo tiempo real e irreal, buena y mala, bendita y pecadora. Compré  el CD por el título. Y encontré mucho más. Una música ecléctica, actual, joven con esteroides. Lo escuché un par de veces y se lo regalé  a mi esposa por San Valentín. Noche de ficción.

Son apenas siete temas. Actualmente los CD suelen contener doce y hasta catorce cortes para hacerlos más radiales, mas comerciales, este tiene siete. Número de ficción. Siete pecados, siete leyes, notas, secretos, maravillas, siete noches de ficción. 7.

Abre con Lost you way. Un tema que tiene el mismo tempo adagio imagino del italiano perdido en medio de su vida media antes de iniciar su personal viaje entre  Infierno y Paraíso. Y termina con Year of the Snake un tranquilo  tema instrumental entre lo acústico y eléctrico, de regreso al pecado. En el medio podemos encontrar un sonido mezcla de los Stones con Dylan, de Johnson con Lennon, de Nick Drake con Cat Stevens, de Country y Rock. Shadows funciona como una mezcla folk con blues y Nugent lo canta al estilo  Fogelberg o Tracy Chapman. Lucy mujer acústica con un color como Delta de aguas dulces y salobres, puedes sentir el sabor del sexo de Lucy, su sudor, su mirada, su piel y su cabello empapado con el agua salobre del Mississippi. Nigthlife es mi preferida, al confluir magistralmente angustia y  nostalgia al tiempo que la sutil esperanza de un alba se te cuela por la ventana con su color naranja que todo lo cubre de mañanas. Things Don’t Change That Fast, no por ser una verdad no deja de sorprendernos. Los cambios son a veces imperceptibles, una noche te acuestas y ya eres Otro, una noche de ficción.

La Biblia Humanista…

La bendición de la amistad, del respeto y la generosidad son armas contra la que no existen defensas u ofensas posibles, no mientras exista humanidad. Una amiga leyó uno de mis comentarios -o lo que sea-  por cualquier perdido lugar dentro de la red y me contactó  de inmediato para hablar de los viejos y los nuevos tiempos. Del pasado y del presente que se nos hace futuro a los dos. La conversación terminó parcialmente enviándome este precioso libro,  compilación al estilo de la más sublime tradición humanista y libertaria The Good Book. A Humanist bible. Escrito por A.C.Grayling uno de los pensadores más interesantes y gentiles de la actualidad. Un humanista entre los postmodernos, un orador al estilo griego, un renacentista, al estilo toscano, un hereje, como los ateos de Burgos, un brujo, al estilo de Salem, un hombre, al estilo de todos nosotros. A.C.Grayling en construye su propio Antiguo y Nuevo Testamento, para ello reune miles y miles de citas, ideas, párrafos, pensamientos de más de mil hombres y mujeres a través de la historia, citas folclóricas y anónimas de los cinco continentes, conversaciones en bares e iglesias, y, en un esfuerzo humano,  nos confecciona otro Libro, otra historia de la humanidad, una versión de esa humanidad igual de posible y deseada. Hace meses no leía la Biblia. Esta versión me emocionó, como mi primera lectura de la Torah, o los Evangelios, ya que la generosidad, el respeto y la amistad junto al amor son signos esenciales de lo que somos, una especie única. Hay un Árbol que en primavera brinda flores…Les dejo con los primeros versos, del Primer Capítulo del  Libro del Génesis.

In the garden stands a tree. In springtime it bears flowers; in the autumn, fruit.

Its fruit is knowledge, teaching the good gardener how to understand the world.

From it he learns how the tree grows from seed to sapling, from sapling to maturity, at last ready to offer more life;

And from maturity to age and sleep, whence it returns to the elements of things. 

The elements in turn feed new births; such is nature’s method, and its parallel with the course of humankind. 

It was from the fall of a fruit from such a tree that new inspiration came for inquiry into the nature of things,

When Newton sat in his garden, and saw what no one had seen before: that an apple draws the earth to itself,and the earth the apple,

Through a mutual force of nature that holds all things, from the planets to the stars, in unifying embrace.

So all things are gathered into one thing: the universe of nature, in which there are many worlds: the orbs of light in an immensity of space and time,

And among them their satellites, on one of which is a part of nature that mirrors nature in itself, 

And can ponder its beauty and significance, and seek to understand it: this is humankind.

All other things, in their cycles and rhythms, exist in and of themselves;

But in humankind there is experience also, which is what makes good and its opposite…

 

 

En la era del artificio.

‘Vindicación del arte en la era del artificio’

 

ATALANTA

Vindicación del arte en la era del artificio es un brillante y meditado alegato contra el estado actual del arte, sometido a las tramposas leyes del mercado, la banalización de la cultura del espectáculo, y la perniciosa influencia del progreso tecnológico, donde ya no es la tecnología la que se adapta a nuestros deseos y necesidades sino nuestros deseos y necesidades los que se adaptan a la tecnología. Así, este joven escritor y premiado director de cine canadiense reclama buscar salidas a la honda decepción que produce este panorama decadente, que equipara con el estado de la biosfera, como algo que también está en peligro de extinción.

Tomando ejemplos, que van de las pinturas del Paleolítico a la música pop, J. F. Martel va construyendo las bases de su pensamiento crítico a través de oportunas referencias a las reflexiones de Joyce, Wilde, Deleuze y Jung, entre otros, para hacernos recordar de nuevo que el arte y la emoción estética son un fenómeno humano innato que precede a la formación de las culturas y sociedades humanas, y expresa una realidad mucho más profunda y compleja que la que cualquier artificio ideológico o consumista pueda transmitirnos.

Aunque los medios que utilizan son equiparables, el arte y el artificio difieren en sus objetivos. Más allá del mero deseo o repulsión que suscita el objeto, o lo que representa, toda experiencia artística capaz de conmovernos sobrepasa con creces la obviedad de cualquier discurso o de cualquier guiño del mercado. El arte no es un panfleto ni un objeto de consumo. Si lo dejamos actuar en libertad, es capaz de iluminar nuestro campo de visión o de sumergirnos tanto en nuestro propio misterio como en los misterios del mundo que nos rodea. 

«La completa colonización de la mente humana es la última frontera del dominio capitalista. Como Martel bien sabe, esta clase de dominación conduce a una aceleración cada vez mayor y a un reduccionismo de la imaginación mediante lo predecible y controlable. Lejos de ser una mera mercantilización de la estética, es una ingeniería para eliminar lo inefable y único de la existencia humana.» Joshua Ramey, autor de The Hermetic Deleuze

«Vindicación del arte en la era del artificio argumenta en favor de la belleza de la experiencia trascendente del arte en contraste con el mundo discordante del artificio moderno. Moviéndose con confianza y esfuerzo entre el cine, la literatura y la pintura, J. F. Martel nos muestra -en una cuidadosa progresión razonada- que todo gran arte, en última instancia, se enraíza en el poderoso misterio de la vida.» David Staines, profesor de la Universidad de Ottawa 

«Un ensayo luminoso que explora “la naturaleza del arte en el momento histórico actual”, un viaje personal hacia un arte que “trabaja con la propia conciencia, con el material del que están hechos nuestros sueños.”» Santos Domínguez

«He aquí un lúcido y oportuno recordatorio sobre aquellas cosas que tan a menudo parecen haber sido olvidadas en las consideraciones artísticas, como la importancia de la belleza, el misterio o la profundidad. Tras décadas de hipocresía y pretenciosidad -al margen de la trivialidad- que ha rodeado al mundo del arte, la lectura de este libro resulta un grave y a la vez refrescante despertar.» Patrick Harpur, autor de
El fuego secreto de los filósofos 

 PREFACIO

Piense en una de esas raras salidas al cine que resultan realmente excepcionales. Tras la proyección, ya en el vestíbulo, la experiencia suscita en usted una expresión de anonadamiento y ausencia. Es como si pudiera decir: «Me había olvidado de todo… Y podría haber seguido así para siempre». Al salir a la calle tiene la impresión de que nada es igual que antes. Los automóviles, el cielo nocturno por encima de los elevados edificios acristalados, las luces reflejadas en el húmedo pavimento… Todo brilla con una extraña inmediatez y novedad. Es como si la película que acaba de ver hubiera tenido algún efecto sobre el mundo. Algo muy parecido a lo que ocurre cuando terminamos de leer una gran novela o nos sumergimos en una pieza musical impactante.

     Hay una línea memorable del Apocalipsis que dice: «Mirad, yo hago nuevas todas las cosas». Reflexionando sobre este antiguo texto, el crítico Northrop Frye ha definido el Libro de las Revelaciones como «la manera de ver el mundo tras la desaparición del ego». Y es que toda gran obra de arte es un apocalipsis silencioso. Desgarra el velo del ego y reemplaza las viejas impresiones por otras nuevas que son a un tiempo inexorablemente ajenas y profundamente significativas. Las grandes obras de arte tienen la capacidad única de arrebatar la mente discursiva para llevarla a un nivel de realidad más expansivo que la dimensión del ego en la que habitamos normalmente. En este sentido, el arte es la transfiguración del mundo.

      Este libro es un intento de explorar la naturaleza del arte en el momento histórico actual. No es la última palabra ni propone una teoría estética; es más bien un viaje hacia el mundo del arte, un viaje personal. No obstante, tengo la esperanza de llegar a inspirar en el lector una apreciación más profunda de la fuerza única del arte, y también de lo urgente que es para todos hacer que el arte sea una parte fundamental de nuestras vidas y de nuestra sociedad. Creo que ello es esencial si queremos hallar solución a los graves problemas a los que nos enfrentamos en el presente, ya sean políticos, medioambientales, económicos o espirituales.

Nuevos Planetas.

 

Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto un nuevo sistema solar con siete planetas del tamaño de la Tierra. Está a unos 40 años luz de nosotros, en torno a una estrella tenue y fría de un tipo conocido como “enanas rojas”. En la Vía Láctea, esta clase de astros son mucho más abundantes que las estrellas como el Sol y, recientemente, se han convertido en el lugar predilecto para buscar gemelos terrestres que podrían albergar vida, según explicaron los investigadores y responsables de la NASA en rueda de prensa. “La cuestión ahora no es si encontraremos un planeta como la Tierra, sino cuándo”, han asegurado.

El nuevo sistema solar orbita en torno a Trappist-1, un astro del tamaño de Júpiter ubicado en la constelación de Acuario. El año pasado, un equipo internacional de astrónomos halló tres planetas orbitando en torno a este astro, con tan solo un 8% de la masa del Sol. En un nuevo estudio publicado hoy en la revista Nature, el mismo equipo confirma la existencia de esos tres mundos y anuncia otros cuatro. Todos tienen un tamaño similar a la Tierra, pero están mucho más cerca de su débil estrella, lo que les permitiría albergar agua líquida, condición esencial para la vida. Se trata del sistema solar con más planetas del tamaño de la Tierra y que podrían contener agua que se ha hallado hasta la fecha, según un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO).

 
 En febrero y marzo de 2016, los astrónomos usaron el telescopio espacial Spitzer de la NASA para captar las minúsculas fluctuaciones en la luz del astro que se producen cuando los planetas pasan frente a su estrella. Telescopios terrestres en Chile, Sudáfrica, Marruecos, EE UU y la isla de La Palma, en Canarias, dirigieron también sus lentes hacia Trappist-1 entre mayo y septiembre. Las observaciones confirman la existencia de seis planetas, Trappist-1 b, c, d, e, f y g, según su proximidad decreciente al astro, y sugieren la existencia de un séptimo, h, aún no confirmado. Los seis planetas confirmados parecen ser rocosos, como la Tierra, Marte, Venus y Mercurio, aunque algunos podrían ser mucho menos densos. Trappist-1 y sus mundos se parecen mucho a Júpiter y sus lunas heladas Io, Europa, Ganímedes y Calisto, algunas también candidatas a albergar vida.

“Es un sistema planetario alucinante, no solo porque haya tantos sino porque su tamaño es sorprendentemente similar al de la Tierra”, dice Michaël Gillon, investigador de la Universidad de Lieja (Bélgica) y autor principal del estudio. “La pregunta de si estamos solos en el universo se resolverá en las próximas décadas”, ha dicho Thomas Zurbuchen, investigador de la NASA, durante la rueda de prensa. No será viajando, o al menos por ahora: para llegar allí con la tecnología actual, necesitaríamos unos 300.000 años.

El planeta más cercano a su sol tarda un día en completar una órbita y el más alejado, 12. Los tres primeros están demasiado cerca de la estrella, con lo que probablemente tienen climas demasiado abrasadores como para que el agua no se evapore de su superficie, según los modelos climáticos usados por los astrónomos. Es probable que h, con un tamaño más parecido al de Venus o Marte, sea un mundo helado por su lejanía a la estrella. Los tres planetas restantes están dentro de la llamada “zona habitable” y pueden albergar océanos, según el ESO.

Lo más importante de este descubrimiento es que puede permitir observar por primera vez la atmósfera de uno de estos planetas, explica Guillem Anglada-Escudé, astrónomo barcelonés que trabaja en la Universidad Queen Mary de Londres. Se trata de un logro científico que bien vale un Nobel y uno de los pasos previos fundamentales en la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar. El año pasado, Anglada-Escudé descubrió el exoplaneta del tamaño terrestre más cercano a la Tierra, a cuatro años luz.

Observar la atmósfera

Este mundo también orbita en torno a una enana roja, Próxima Centauri, y puede estar cubierto por un gran océano. Aún está por ver si tiene atmósfera, una condición casi esencial para la vida, y si esta es observable desde la Tierra. En los planetas de Trappist-1 “es posible que el telescopio espacial Hubble pueda analizar si hay atmósfera en alguno de estos planetas y es bastante probable que el Telescopio Espacial James Webb, que se lanzará el próximo año, lo pueda confirmar”, explica el astrónomo.

Aunque no se pueden ver a simple vista desde la Tierra, tres de cada cuatro estrellas en nuestra galaxia son enanas rojas, así que es posible que descubrimientos como el de hoy se conviertan en la norma. El nombre de la estrella responde al acrónimo de Telescopio Pequeño para Planetas en Tránsito y Planetesimales (Trappist), un sistema de dos observatorios robóticos de la Universidad de Lieja (Bélgica) que está rastreando las 60 estrellas enanas frías más cercanas a la Tierra en busca del tránsito de planetas habitables. Se calcula que por cada planeta que se consigue detectar con este método “hay entre 20 y 100 veces más planetas” que no lo hacen, explica Ignas Snellen, de la Universidad de Leiden (Holanda), en un comentario al artículo original que se publica en Nature.

Por eso este hallazgo debe ser un recordatorio a los terrícolas de que no hay razones objetivas para sentirse especiales. “Encontrar siete planetas en una muestra [de estrellas analizadas] tan pequeña sugiere que el Sistema Solar con sus cuatro planetas rocosos puede que no sea nada fuera de lo normal”, escribe el investigador en un comentario al artículo original en Nature. ¿Pueden estos planetas alojar vida? Imposible saberlo por ahora, dice Snellen, pero “una cosa es segura: en unos cuantos miles de millones de años, cuando el Sol haya agotado su combustible y el Sistema Solar deje de existir, Trappist-1 seguirá siendo una estrella en su infancia. Consume hidrógeno tan despacio que seguirá viva unos 10 billones de años, 700 veces más que la edad total del Universo y, posiblemente, es tiempo suficiente como para que la vida evolucione”, concluye.

Tomado de El País.

 

NASA en conferencia de prensa…

 

Esta tarde   -hora del Oeste- la Agencia Espacial de los Estados Unidos convocó a una conferencia de prensa, para revelar sus últimos descubrimientos. Todas relacionadas con la existencia de posibles planetas con posibilidad de vida en otros sistemas solares. El 2016 estuvo particularmente lleno de descubrimientos y primicias en este campo. En mayo, el telescopio Kepler descubrió 1.284 exoplanetas y un par de meses después, la misión Kepler K2 halló 104 nuevos exoplanetas.

Al menos la Tierra no es una excepción en el universo. Hay muchos hogares, o posibles hogares,  para una biología al menos como la conocemos por acá. Puede que exista otra que ni podamos imaginar. 

Es posible que la NASA esta tarde nos revele que no estamos solos. Que la posibilidad de vida, de la evolución y de inteligencia sea una constante en la historia universal. La conferencia será trasmitida en vivo desde su página web y de forma interactiva con sus usuarios.

En los últimos 20 años han aparecido miles de exoplanetas. No fue sino hasta que los astrónomos se dieron cuenta de que los planetas rocosos como la Tierra eran muy comunes en nuestra galaxia, que la gente comenzó a interesarse en la idea de que la Tierra no era un planeta totalmente único, en términos de masa o de temperatura.

El 2016 estuvo particularmente lleno de descubrimientos y primicias. Hubo hallazgos, tipo Guerra de las Galaxias, de planetas similares a Tatooine, que orbita alrededor de dos estrellas. También se descubrió un planeta que orbita alrededor de tres estrellas y, como si fuera poco, los investigadores encontraron tres exoplanetas gigantes que orbitan alrededor de dos estrellas gemelas, la primera de ellas alojando a dos planetas y la segunda a un tercer planeta.

Por primera vez, los investigadores encontraron tres planetas como la Tierra orbitando alrededor de una estrella diminuta y extremadamente fría, ubicada a 40 años luz de distancia en otro sistema estelar.

La estrella, conocida como TRAPPIST-1, no es el tipo de estrellas que los científicos esperan que sea un centro para varios planetas. Está al final de la escala dentro de la cual se clasifica una estrella: tiene la mitad de la temperatura y una décima parte de la masa del sol.

También pudieron estudiar las atmósferas de dos de los planetas y ambos tienen atmósferas compactas que son comparables con las de la Tierra, Venus y Marte.

Eso llevó a los investigadores a determinar que los dos planetas eran básicamente rocosos, lo que implica una mayor evidencia de que allí puede haber vida. Entonces, ¿cuántos exoplanetas están allá afuera en la galaxia y pueden ser descubiertos y estudiados por la NASA? Decenas de miles de millones de planetas habitables del tamaño de la Tierra.

Me gusta esa idea, esas pruebas que no somos algo excepcional, que la vida fluye y fluye, nos hace sentir menos arrogantes, mas conectados con el universo.

 

Gota de agua que se desliza por tu mejilla.

 

Cuando estabas no estabas. Después como en aquella vieja canción del medio Oeste se desplomó una pequeña lluvia gris. Desde las nubes del Este. Una gota cristalina tras otra sobre el cielo transparente. Recordaba el día que nos reconocimos perdidos dentro de la multitud de seres como fractales de ilusiones, un diminuto fuego, un espacio entre los espacios vacíos.  Ya, nada es igual. Nada fue igual. Las bromas soleadas en una playa solitaria. El sabor a tierra y mar en los vinos. El pequeño muro de piedra donde te dibujaba un corazón rodeado de rosas y espinas. El largo y empinado camino a casa. Pequeña chica violeta con el sexo de vainilla. El rostro como los acantilados por donde se desprenden los lobos en extinción. Los ojos verdes como mi final opción. Aquellas famosas primeras palabras, nieve, sol, música. Nuestra canción  de la nueva primavera. Desconozco el intricado misterio.  Cómo haces para crear algo completamente original dentro de ti.  No hay nada dentro, nada fuera; no hay nada en absoluto. Ni siquiera hay en Absoluto ninguna dualidad. No hay ninguna creación. No hay nada que haya de verse. Solo la gota de agua que se desliza por tu mejilla.

 

Little girl blue…

Little girl blue…

Para I

Cuando escuché a Janis Joplin cantar “Little girl blue” sentí como que la naturaleza toda cantara, como si la lluvia cantara a las nubes, el mar a los arroyos, los glaciares terrestres a los congelados polos. Pude escuchar a un invisible Bach con tú potente voz de hembra americana en una fuga perpetua.  O al Zohar vocalizar su preferido tono en Do Mayor. Sentir cómo te sientes cuando te acaricio el rostro con la punta de mi lengua. Acuario cantar. Al azul cantar. El canto de los seres libres. ¿RecuerdasGato montés, hermano del alma, indómito seas, sin cadenas; no sigas senda alguna de los hombres, y hazte fuerte en la hierba y malezas. Halcón del cielo, compañero alado, salvo para cazar, nunca desciendas; y como en una atalaya, anídate en riscos que circunden anchos torrentes. Gran cárabo, noctámbulo conmigo, en claustro cavernoso de cipreses, vela los secretos escondidos a quien no ve la luz en las tinieblas. Escuchar a Joplin es como hacer el amor. Y hacerlo junto a la voz de un ángel caído. Ya no hay nada que ocultar. Ya no hay Luna. No hay Unicornios. Las Clavículas de Salomón es polvo que cubre tus olvidadas cartas del Tarot. Cobijar mi cuerpo con el éxtasis íntimo de mi chica azul. “Trust me”. Regálame solo un segundo de tu indescifrable tiempo entre sincopados rumores. O el balbuceo gris cuando se desplome la cuidad de las luces. Get in while you can. No tengo nada que perder. Nada que ganar. Descreo de toda tu adquirida libertad nacida de tus magias arcanas. Descreo del velado laberinto del Minotauro. Descreo del útero oscuro, virgen y universal. No te voy a decir a quién seguir. A quién adorar. El camino de la montaña mágica. Pero. ¿Dime? Revélame en este momento en un imperceptible susurro el secreto oculto de mi esotérica alma. “Down on me”. Sin metas perennes o sueños irrecuperables, pero, por favor, cae conmigo.

El Joven Papa.

 

Desnudo frente al espejo, Pío XIII (Jude Law) se repite a sí mismo: “Soy el Papa”. Soy el Papa”. Así comienza la serie El Joven Papa. Pero este Santo Padre no es hebreo, tampoco es alemán ni tan siquiera es argentino. Es uno norteamericano, interpretado por un inglés y ficcionado por el italiano Paulo Sorrentino para la trasnacional audiovisual HBO.

Muchos de los fanáticos de siempre han declarado que es una serie que nos muestra toda la corrupción y putrefacción de la Iglesia Romana. Otros que es una apología a la Iglesia  y al Santo Padre. Algunos han opinado sin tan siquiera haberla visto. No sé qué serie han visto, al menos no es la que he visto yo. Uno nunca sabe, cuándo se trata de Dios, o Poder, o Riqueza, los hombres casi siempre terminan enfrentados y contradiciéndose los unos a los otros. El Joven Papa es un canto al cristianismo, aunque más que al cristianismo podemos decir al amor, a la compasión, a la reflexión, a la crítica y la libertad. ¿El Papa debe creer en Dios? Pues no. Y no por ello debe ser juzgado porque al fin y al cabo… ¿Quién es Dios? ¿Qué es Dios?

Un poeta español nos dejó escrito que la vida es sueño y los sueños casi siempre concluyen enmarcados en la majestuosidad del poder. Prisioneros en el despliegue total de la ficción del poder. Una de las posibilidades del arte es librarnos de esos sueños, o al menos la posibilidad de señalar esas barreras.  Quien si no la Iglesia inventó la teatralidad del mundo, la mitra, los trajes, las luces y la pirotecnia de las máscaras, la opulencia y el resplandor del oro. La Iglesia es la irresoluble contradicción entre lo material y lo espiritual. El propio actor protagónico Jude Law (Lenny Belardo-Pio XIII) responde a la pregunta: ¿Reconoce en el Papa a un compañero de profesión? Sin duda. La primera escena de la película es la de un hombre que se prepara para interpretar el papel de su vida. Está desnudo delante de su traje. Fuma mientras toma té. Y se repite a sí mismo: «Yo soy el Papa, yo soy el Papa…». Tiene que interpretar un papel. Es un actor, sin duda. Y, en este sentido, lo encuentro muy cercano. Imagino que cualquier Papa, vivo o muerto, se ha visto en un trance similar. Es puro teatro.

Es puro cine. Aunque se trate de una serie para HBO, Paulo Sorrentino no deja de deslumbrarnos visualmente al mejor estilo italiano, pues Paulo es heredero de Federico Fellini, Bernardo Bertolucci o la propia majestuosidad del Vaticano y su arte incomparable. El joven Papa es la continuación lógica de La Grande Belleza o Il Divo. Creada por un cineasta ya inclasificable y de estilo muy personal además de un artista con ideas despolarizadas en un mundo cada vez más paranoico donde la libertad de pensamiento, de ideas y creación parece ser un estilo de vida en perpetua desaparición.  Algunos críticos han querido ver la llegada de un ficticio Papa norteamericano al Vaticano con el arribo de un real Trump a la Casa Blanca. Un conocido diplomático afincado desde décadas en la Santa Sede nos ilustra.  “La política, tal como la conocemos, es un juego de niños comparado con las maniobras y equilibrios de poder en el Vaticano”.

Como ya he escrito anteriormente la contradicción de la ficción lo engloba todo. ¿Y no es el cristianismo una contradicción en sí mismo? Donde María es una virgen que da a luz, Dios es a la vez padre, hijo y espíritu santo. Con tales contrapuntos no es extraño que haya un canguro en los jardines del Vaticano a través del que se manifieste el invisible Espíritu Santo. A ello parece apuntar la serie de Sorrentino. A un festín de ideas relevantes a un humor provocador a una ovación visual por la libertad humana. A reflejar la vida íntima dentro de un Estado y como se maneja el poder cuando su dogma e imperativo moral es la renuncia de ese poder y el amor desinteresado hacia el prójimo.

La serie nos recorre por una pléyade de personajes son de lo mejor que he visto en mucho tiempo tanto en el cine como la TV.  Partiendo de Lenny Belardo Pio XIII (interpretado por Jude Law), un Papa que no llega a los 50 años, que fuma, que se salta todos los protocolos de la iglesia, que tiene una visión ultraconservadora, que tiene un pasado que le atormenta y una búsqueda que le tiene cegado, que desayuna Coca Cola Cherry Zero, que tiene visiones sexuales y es la persona más inteligente del mundo pero a la vez es el más estúpido, una contradicción tras otra.  La normalidad dentro de la Iglesia.

Otro personaje fundamental es Sister Mary (Dianne Keaton) una monja que juega al baloncesto y duerme en camiseta. Voiello (Silvio Orlando) un personaje lleno de matices y que supuestamente es el personaje antagonista al principio. Pero que al final se nos descubre en su condición humana; pues; aunque la propaganda santoral nos quiera hacer creer estupideces el Vaticano está habitado y gobernado como toda institución por hombres y mujeres.

El Joven Papa evita la crítica superficial, por el contrario nos adentra en una íntima introspección del laberinto de la fe. La posibilidad de hacer o no hacer. Al final toda ficción termina siendo una conspiración de palacios no importa estemos en Roma, Moscú, Washington o Dinamarca. Algo siempre huele a podrido escribía Shakespeare. El Rey alguna vez se tiene que preguntar al mismo tiempo que responderse: se es o no se es. Para dictar un dogma que nos alivie la pesada carga existencial que todos soportamos. El Joven Papa es una bellísima mirada en profundidad a la espiritualidad humana, al amor, a la infancia, a la compasión, a la aceptación, a los sueños, las ficciones y el uso del poder.

Lenny Belardo se levanta todos los días con la mirada de Dios sobre él. No parece algo tan duro, hasta que un plano picado a un Cristo crucificado nos obliga a contemplarla: los ojos de todos le observan en todo momento, atentos a cualquier decisión que decida tomar. El ambiente religioso, tranquilo y diáfano, espera con regia serenidad su salida al balcón. La población mundial aguarda horas al calor, frío y lluvia para verle proclamar bondades. La prensa se afana para conseguir un primer plano, una gran declaración, otra gran verdad irrebatible de boca del Santo Pontífice.
Entre todo este majestuoso despliegue, parece alzarse la pregunta de Sorrentino: ¿cómo es posible que una sola persona decida el devenir espiritual del mundo?

El oficio del Papa es casi ciencia ficción, pero por alguna razón es algo que existe y permanece, que muchos conocen y muchos otros veneran. Por lo tanto, Sorrentino no se corta: un Papa joven, fumador e impredecible parece la perfecta figura para hablar acerca de esta ficción existente. Lenny se echa sin mucha dificultad la capa de Pío XIII sobre los hombros, y al hacerlo también se proclama salvador espiritual de la humanidad, por mucho que no pueda parecerlo. Pero en la ficción todo es posible. ¿Quién es la cara visible de una de las mayores instituciones religiosas de la Historia?

Lo primero que encuentra el Papa Pío XIII es una entidad caduca y corrupta, anclada en casi dos mil años de dogmas y contradicciones, en santos y asesinos. Apenas un despreocupado museo de ese dogma que todos parecen conocer pero nadie lleva a la práctica. Los personajes se debaten en sus pequeñeces humanas pero al mismo tiempo están inmersos en la titánica tarea de buscar el verdadero sentido de la Cristiandad que Sorrentino retrata en escenas deslumbrantes de belleza e intimidad, casi siempre con un difuso Papa como un vago espectador.

Más allá de la extraordinaria visualidad de la serie no puedo dejar de mencionar su banda sonora. Encabezada por el brave new Premio Nobel Bob Dylan en una versión instrumental de All along the watchtower, además de temas como “Life is life”, “Sexy and I know it”  (un escena al estilo video clip más fascinantes que he visto nunca), “Changes”. Y por último, los diálogos, sobre todo los diálogos finales de los capítulos tres, cinco y siete,  conversaciones densas pero con un exquisito sentido del humor que te conducen por caminos insospechados.

Una serie de las mejores que puedas disfrutar, un verdadero Juego de Tronos. Pero como siempre la vida es mucho más exuberante que el arte.

En una reciente entrevista para el diario español El País, el Papa Verdadero, Francisco, nos confirma que la ficción de El joven Papa es solo una infinitesimal normalidad dentro de la caja blanca que ocultan las decoradas paredes de San Pedro. Donde según el propio Bergoglio -el Papa Real- conviven santos y pecadores, vírgenes y putas.

Pregunta Antonio Caño director de El País en compañía del corresponsal Pablo Ordaz en la Santa Sede:

Aquellos problemas que tuvo Benedicto XVI al final de su pontificado y que estaban en aquella caja blanca que le entregó en Castel Gandolfo. ¿Qué había allí dentro?

Respode Jorge Mario Bergoglio:

La normalidad de la vida de la Iglesia: santos y pecadores, decentes y corruptos. ¡Estaba todo ahí! Había gente que había sido interrogada y está limpia, trabajadores… Porque aquí en la Curia hay santos, ¿eh? Hay santos. Eso me gusta decirlo. Porque se habla con facilidad de la corrupción de la Curia. Hay gente corrupta en la Curia. Pero muchos santos. Hombres que han pasado toda su vida sirviendo a la gente de manera anónima, detrás de un escritorio, o en un diálogo, o en un estudio para lograr… O sea, ahí adentro hay santos y pecadores. A mí ese día lo que más me impresionó es la memoria del santo Benedicto. Que me dijo: “Mirá, acá están las actas, en la caja. Acá está la sentencia, de todos los personajes”. Y acá “fulano, tanto”. ¡Todo en la cabeza! Una memoria extraordinaria. Y la conserva, la conserva.

Es bueno igual que el arte conserve esa memoria.