Epístolas a Venus…

Un tema de Venus, unas palabras, una poeta, poemas y prosas de las que sabes – o acaso intuyes levemente-  provienen de esos lugares profundos y oscuros de los corazones habitados por sentidos de pieles desnudas como si se trataran de las inmensas dunas de Venus. Uno que siempre se reconoce como un simple mortal se piensa entonces demonio azul. Demonio dominado por el amor. Veo los detalles que nadie observa. El color de la lluvia. El sabor de las ostras de Orión. Un ser con alas multicolores de sonidos desorientados, ojos azules que ven a través del cristal gris de los catalejos invisibles, sombras que configuran costas y corales, un paladar con sabor a vodka, cremas y jugo de naranja, la costumbre adquirida de los poetas franceses, una memoria de una mañana pintando orbes con polvos de diamantes, cuartetos de espuma en tu espalda y piernas desnudas. Me puedes decir que eres extraterrestre igual te lo creo. Y, si te digo que soy el aprendiz del aire, puede que  todavía me creas…
Por Andrés Recasens.
 *
Epístola primera
Aquí el amor
se vive simplemente
no se halla cautivo
en la trampa de un concepto
se prodiga franco
cuando entibia las manos
para un ritual
de pieles
cuando incuba besos
en su nidal
de ardores
el amor
silba una nota en cada poro
y hace danzar al cuerpo
como hierba
apremiada por el viento
Mi amor
guía mis pasos
en las noches
al lecho de mi amada
y conmueve sus senos
con mis labios
semejando lunas
sorprendidas
por dos brasas
No vengas
aprendiz del aire
no estás maduro todavía
para festejar a las alas
y al viento
Mi amor
es un gitano
que hurta gozos
en el temblor
de terciopelos
de mi amada
y juega el éxtasis
sus vértigos
hasta que suplica
ser prisionera
de mi pecho
No vengas
aprendiz del aire
no estás maduro todavía