Desire…Isis.

 

Si hubieras tú en este siglo estado, Dylan ¿quién hubieras sido, quién?
¿Un cazador?
¿Una ballena madre de un dios que a todos reproduce?
Oh Isis, traidor entre las algas que apaciguaban tu hambre.
No fuiste menos hombre por haber arrancado
la uña de un Adán a mitad de nadie.
Las estaciones muertas eran parte de tu traje,
la marea carcomida por un terrible hermano sin heridas
había caído con el aire pálido
hacia tu dura oración agonizante.
Bebiste entonces el oro de sus ojos, la sal diseminada
en la furia de los cánticos
y las plegarias pobladas de mentiras y secos escorpiones.
Dijiste que un muro jubiloso te ocultaba,
que una bestia para ti
era el alimento en el templo de todas tus visiones.
Ahora hablas de ballenas,
de aquel espanto como grito de ángel
que finge ser tú en el huerto de las flores
que sueñan con tu sangre.
Dices que la noche se enmaraña por tu ojo.
Hay un sonido que estremece
aquello hielos de tu whisky hacia tu nombre.
Aquí el cielo disgregado por las manzanas rojas
y el sabor
de las grosellas en tus labios,
el sueño de una muchacha loca como los pájaros
y aquella oscuridad desmoronada
bajo tu lámpara de crestas agitadas
y las manchas de tus medallas rotas.