Testigos de Jehová y abusos a los menores II.

Una civilización sana se debería definir por el cuidado que le brinda a sus más desvalidos, entre ellos sus ancianos y niños.

Entre el abuso a los menores, el sexual,  escandaliza por su obsenidad y por las heridas que siembra en las futuras generaciones.

Un niño abusado es una vergüenza para la humanidad.

Según cifras de la UNICEF el 25% de las niñas y el 10% de los niños sufren algún tipo de abuso sexual en su infancia o temprana adolescencia. Pero,  en raras ocasiones se debate sobre el asunto, o se esclarece desde la esfera pública. El 80% de los depredadores sexuales suelen ser familiares cercanos, o personas que por sus profesiones, tienen fácil acceso a los infantes.

Uno de los escándalos de abuso sexuales más mediáticos y difundidos fue el desatado en los Estados Unidos por el Boston Globe sobre los abusos dentro de la Iglesia Católica.

Entre los esfuerzos recientes por esclarecer el tema, desde el punto de vista legal y de la justicia, pero igual desde las legislatura y/o el poder ejecutivo se encuentra el realizado por la “The Royal Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse”.  La que desde el 2013 realiza audiencias públicas y recomendaciones de políticas y acciones judiciales relacionadas con el tema en Australia,  como país integrante de la Commonwealth, cuenta con uno de los sistemas jurídicos y legales más sofisticados del mundo occidental.

Su reporte final se espera esté listo para finales del 2017. Ya Irlanda realizó un esfuerzo similar que duro una década y presento un demoledor reporte a su Parlamento en el 2009.

La Royal Commission fue creada para estudiar y documental el abuso sexual a los menores, no para enjuiciar individuos. Ha estudiado, evidenciado y documentado casos desde las escuelas públicas y privadas, los orfanatos y la Iglesia Católica, Anglicana, evangélicas y sectas como la de los Testigos de Jehová.

En una reciente entrada prometí hacer referencia el reporte de la Comisión relacionada con los Testigos de Jehová. Aunque el asunto no es exclusivo de la secta norteamericana.

Si creo muy necesario que se conozca de forma pública y se debate el asunto. Como la única forma de proteger a nuestra infancia, que es al final, el principal deber de nosotros  los adultos. La lectura de esta entrada puede ser un complemento oportuno para ilustrar los intentos de opacidad, de secretismo y de no esclarecer el tema del abuso infantil; que,  aunque doloroso, es responsabilidad nuestra, en primer lugar, para intentar elevar a la humanidad más allá de sus zonas mas oscuras y perversas.

Adjunto el Caso de Estudio No. 29, en ralcion a la secta Testigos.

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Testigos de Jehová, un sentido.

Los Testigos de Jehová se definen a sí mismos como una confesión cristiana, milenarista, antitrinitarista y antiecuménica. Llevan a cabo una interpretación heterodoxa de la Biblia. Fueron fundados por Charles Taze Russell en 1881, en Estados Unidos. Su sede jurídica se encuentra en Brooklyn (Nueva York), en un recinto llamado la Watch Tower (Torre de Vigilancia). Los Testigos de Jehová son reconocidos por muchos estereotipos: sus predicadores dominicales visitando puerta a  puerta, su negativa a recibir transfusiones de sangre –en su tiempo se negaban incluso a vacunarse contra enfermedades, por su risible y fracasada propensión a las profecía sobre parusía.

Una cuarta y más delicada característica les está devolviendo en los últimos tiempos a la actualidad, y es su enfrentamiento en España, Australia, los EE.UU., y otros países, a múltiples denuncias policiales y judiciales por no actuar, ocultar información o simplemente obstruir a la justicia frente a los casos de abusos sexuales dentro de sus congregaciones, y que involucren a víctimas y victimarios Testigos de Jehová.

Como toda secta propensa al control integral absoluto de sus miembros, los Testigos contemplan una compleja y burocrática organización paralela que muchas veces intenta suplantar con su heterodoxa interpretación de la Biblia a las instituciones y los códigos civiles, adminitrativos y penales del Estado de Derecho.

Las lecturas sobre el tema de los Testigos   -y las sectas en general-  no me satisfacen ya que casi siempre las partes involucradas suelen estar envueltas en risibles “debates doctrinarios” entre bandos de fundamentalistas, son por lo general almas encadenadas a un dogma, o un sistema de creencias, se manifiestan como pueblos o individuos elegidos por un poder sobre natural por donde pasa la verdad de los hombres, son simplemente sectarios o cuando menos sencillos  ‘religiosos’ dentro del Negocio de Dios.

Por ello dos amigos -que conocen de mi interes por el tema-  hicieron llegar dos sobrecogedoras lecturas sobre los Testigos.

Torre de vigilancia

La primera lectura, un psicólogo especializado en el tratamiento a individuos afectados por las prácticas de los cultos y las sectas,  me hizo llegar una carta circular interna de los Testigos de Jehová, fechada el pasado primero de agosto de 2016 y redactada por el Cuerpo Gobernante, la cúpula dirigente de los Testigos de Jehová desde su sede en Nueva York, y enviada el pasado verano a las sedes centrales de todos los países, donde se intenta establecer los procedimientos ante el abuso físico, psicológico o sexual de los menores de su congregación.

La carta circular enfatiza en su apartado tercero que: “la congregación no esconderá a nadie de tan repugnante pecado”. Nada que objetar.  Pero más adelante señalan “los documentos relacionados con una acusación de abuso sexual a menores (…) deben guardarse en un sobre que se conservará indefinidamente en el archivo confidencial de la congregación”.

Estos documentos internos muestran que la organización cuenta con una suerte de justicia paralela, regida por sus principio bíblicos y en la que, sin acudir a las autoridades, se juzga, fiscaliza y sentencia (o absuelve) a los miembros que hayan cometido algún “pecado”. Aunque el “pecado”  del que se juzgue sea también un delito penal tipificado por el Estado de Derecho.

La mencionada carta dirigida a los Cuerpos de Ancianos con el asunto: “Protección de menores contra el abuso”  funciona como una actualización con respecto a cartas anteriores y a lo escrito en “Pastoreen el Rebaño” el texto interno que funciona como el código de justicia penal de los Testigos de Jehová.

La mencionada carta se hizo llegar a los líderes a todas las congregaciones (denominados Cuerpos de Ancianos), quienes recibieron la orden de seguir las directrices descritas en la carta y posteriormente archivarla bajo absoluta confidencialidad. Así funcionan los Testigos: la cúpula dirigente redacta las directrices a seguir, idea las normas internas, y cada congregación debe cumplirlas escrupulosamente.

Queda claro que en un Estado de Derecho, frente a delitos la prevalencia la tiene lo establecido en los códigos penales aprobados por la mayoría dentro del consenso del Estado de Derecho. Los Testigos, ni otras sectas que operan bajo similares procedimientos, ni las Iglesias  u  otras congregaciones religiosas,  o seculares,  tienen prevalencia para juzgar sobre delitos, menos los relacionados con el abuso infantil o la violencia doméstica. Son las instituciones dentro del  Estado de Derecho las que establecen sus códigos penales y procedimientos administrativos para salvaguardar la integridad física, psicológica y emocional de sus ciudadanos; y,  principalmente la sus menores.

“En todos los casos, a la víctima le asiste el derecho absoluto de denunciar el abuso ante las autoridades”, afirma el documento.  Pero, a partir de ahí, la circular no vuelve a referirse a la Ley, al Estado, nunca más, y basa todas las instrucciones y órdenes en protocolos de actuación y justicia internos.

“Cuando llegue a oídos del Cuerpo de Ancianos una acusación de abuso de menores, dos de ellos deben llamar inmediatamente al Departamento de Asuntos Legales para recibir asesoramiento legal (…) Tras recibir asesoría de la sucursal, el Cuerpo de Ancianos nombrará a dos de sus miembros para que realicen una investigación basada en la Biblia de toda acusación de abuso sexual de un menor. Estos deben seguir escrupulosamente los procedimientos establecidos en las Escrituras (…) Si el Cuerpo de Ancianos determina que hay prueba bíblica suficiente para la formación de un comité judicial, el coordinador lo comunicará”.

El documento también se refiere a la pena recibida por un pederasta, que será, como máximo, de expulsión permanente de la orden, aunque en la mayoría de estos casos la expulsión es temporal hasta que muestra arrepentimiento, según se puede leer en los mismos documentos.  Es decir: un pederasta o un abusador violento,  no solo no sería denunciado a las autoridades competentes sino que, con mostrar arrepentimiento, será absuelto y perdonado.

‘Pastoreen el rebaño de Dios’ es el título del libro -editado por la propia organización y solo accesible para los dirigentes de la orden- que sirve como jurisprudencia para los Testigos de Jehová. En él se explica el procedimiento para formar los comités judiciales, las apelaciones y las condenas que consisten en la exclusión del culpable. La propia jurisprudencia interna de la secta el libro ‘Pastoreen al rebaño de Dios’, recoge lo que se debe hacer en estos casos en la página 85, deja claro que este sistema judicial, al margen del Estado de Derecho, debe preservarse en secreto. Textualmente dice: “Si un periodista o un abogado que represente al acusado se comunica con los Ancianos, estos no deben proporcionar ninguna información sobre el caso ni confirmar la existencia de un comité judicial. Más bien, darán la siguiente explicación: ‘El bienestar físico y espiritual de los Testigos de Jehová es de primordial importancia para los Ancianos, que han sido nombrados para pastorear el rebaño. Esta labor pastoral se realiza de manera confidencial”.

Una página más adelante, el libro añade: “Si las autoridades exigen documentos reservados o piden a los Ancianos que declaren sobre asuntos confidenciales de la congregación, se debe llamar enseguida a la sucursal”.

La Ley del Menor.

La segunda lectura es la novela que me recomendó una amiga. “La Ley del Menor”.

Justicia y fe, los dos temas se conectan en La ley del menor, la última novela de Ian Mc Ewan, quien en pocos trazos plantea los dilemas que se le presentan a una jueza del Tribunal Superior involucrada en el caso de un joven Testigo de Jehová, enfermo de leucemia, que no quiere recibir una transfusión para salvar su vida: a lo largo de la trama la decisión tomada superará el plano legal para incluir una perspectiva inesperada -la de los sentimientos- , un recurso utilizado por el escritor británico en sus obras.

Algo que me recordó de inmediato su lectura es que tras los meta-relatos y superestructuras religiosas e ideológicos, políticas o culturales,  están los individuos y su naturaleza humana. La novela trata de la relación entre justicia y fe pero desde los sentimientos y las personas. Es la relación entre Fiona Maye y Adam Henry.

Especializada en derecho de familia, Fiona Maye recibe un cimbronazo cuando su esposo Jack le pide permiso para tener una aventura efímera con una joven, una manera de recuperar la efervescencia amorosa perdida en este matrimonio de sesentones.
Frente a la negativa de la jueza, él se va de la casa y ella vuelve a su parsimonia habitual y a retomar su trabajo sin signos exteriores de lo que comienza a bullir en su interior.

Además del Testigo de Jehová, Adam Henry, que al momento del fallo todavía no ha cumplido 18 años, Fiona dicta justicia en otros casos como el de un matrimonio judío divorciado: el padre ortodoxo intenta inculcarles a sus hijas una educación inflexible y acorde a sus creencias mientras la madre se inclina por brindarles más posibilidades.
Y el caso de un matrimonio católico con dos gemelos recién nacidos que comparten órganos, que se niega a autorizar la muerte de uno de ellos -condenado de antemano a la muerte- para que el otro pueda vivir de manera autónoma.

“El bienestar del menor será la consideración primordial del juez dice la Sección I (a) de la Ley del Menor (1989)”, esta premisa es la que tiene en cuenta Fiona al momento de tomar una decisión que la lleva a visitar al joven religioso en el hospital.  La intransigencia de Adam por atender los argumentos de la jueza se ve mitigada cuando ésta comienza a hablarle de poesía y termina por cantar una bella canción que él interpreta en violín, una melodía sobre la insensatez del amor.

“No ha sido fácil resolver este asunto. He tenido muy presente la edad de Adam, el respeto que debemos a su fe y la dignidad del individuo que reclama su derecho a rechazar un tratamiento. A mi juicio, su vida es más preciosa que su dignidad”, dice la jueza, quien entabla con el menor una relación espontánea que se bifurca del camino del derecho. Paradójicamente, la decisión de la jueza provoca el alivio de los padres y el paciente, siempre fieles a los preceptos de su fe.

Escrita en tercera persona, la novela utiliza los argumentos precisos y la documentación que acompaña siempre los libros de Mc Ewan, adonde detalla hasta en los mínimos detalles la idiosincrasia de los Testigos de Jehová.  Luego de su proclamación de independencia, el marido de la jueza retorna al hogar sin haber concretado sus deseos y Fiona lo recluye en el cuarto de huéspedes. Este punto de inflexión en el matrimonio es acompañado por un giro en la conducta de Fiona relacionado con el vínculo que establece con el joven Testigo de Jehová antes del fallo.

Ella seguirá impartiendo justicia con la idoneidad que la caracteriza pero en su interior algo se ha resquebrajado y aunque trata de huir de Adam, éste la sigue hasta dar con ella. La vida real impone sus propias reglas, que no se ajustan a derecho, ni a las religiones,  y Adam ya no puede ver a Fiona como una jueza aséptica, sino como alguien muy cercano. Un contrapunto parece dibujarse con los ímpetus primaverales de Jack el marido y el hecho de que el joven haya bajado a la jueza de su pedestal.

“Adam había ido a buscarla y ella no le había ofrecido nada en lugar de la religión, ninguna protección, aun cuando la ley era clara, su consideración prioritaria era el bienestar del menor”.

Lo que aparece encorsetado a través de leyes o creencias se desploma en un suspiro e invierte el curso de los acontecimientos, con un desenlace absolutamente impensado. “Pensó que sus responsabilidades terminaban dentro de las paredes del tribunal. Pero ¿cómo podían terminar allí? Él fue a buscarla, quería lo mismo que quiere todo el mundo y que sólo podían darle los librepensadores no los seres sobrenaturales. Un sentido”.