Sol de Agujero Negro…

Recuerdo la primera vez que estuvimos en un concierto de Chris, tan jóvenes rodeados de un intenso atardecer dorado. De unas aves que no recuerdo si eran aladas o feroces plumas terrestres rodeadas de sol, lagos de platino y pieles de felinos extintos. Recuerdo que pasábamos las horas de madrugada escuchando a Cornell, pintando en acuarelas tu precioso rostro, los reflejos de tus ojos sobre el agua, tus cabellos como odas de cielo, tus sonrisas como si fueran la razón de la música. Éramos tan jóvenes.  Ya eso no volverá a ocurrir.

Chris Cornell está muerto. Murió Christopher John Boyle a los 52 años. Yo crecí con el grunge, esos chicos eran   -son-  mi extinta Generación X, Y y Z…Todo en mi cabeza desaparecía como en un sol de agujero negro cuando estabas a mi lado…dentro de cabeza…Cornell se suicidó, como Kurt Cobain…

El cantante y compositor Chris Cornell, líder de la banda Soundgarden y pionero del movimiento grunge, murió a los 52 años tras un concierto en la ciudad de Detroit, en Estados Unidos. La policía de Detroit había apuntado al suicidio como posible causa de muerte del reconocido artista, dato que confirmó posteriormente el forense médico.

“La muerte fue dictaminada como suicidio por ahorcamiento”, le dijo a BBC Mundo James Martínez, portavoz de la oficina del forense médico del condado de Wayne, en Michigan. El cuerpo de Cornell fue encontrado sin vida en la habitación de su hotel en Detroit, donde se encontraba de gira por el regreso de Soundgarden, la mítica banda de grunge que se formó en Seattle en 1984. También era conocido por otro popular grupo de rock, Audioslave, además de formar parte de la “superbanda” Temple of the Dog.

Cornell fue uno de los artistas que dieron forma e impulsaron internacionalmente a la música grunge, considerado por muchos como el último gran subgénero del rock. Junto a bandas como Nirvana y Pearl Jam, ese grupo impulsó una verdadera revolución musical en la década de los 90.

Su mayor éxito en aquella época fue “Black Hole Sun”, que sigue siendo su canción más popular al punto que en Spotify hay más de 50 versiones interpretadas por artistas tan distintos como Anastacia y Paul Anka.

Pero incluso Cornell nunca supo por qué esta canción con su dulce melodía y letras oníricas provocó tal furor: “Simplemente estaba absorbido por la música y pinté una imagen con las letras”, dijo una vez. Con Soundgarden grabó seis álbumes y ganó dos Grammy, mientras que con Audioslave lanzó tres discos. Esta banda, formada en 2001 y disuelta en 2007, es la que le dio toda una nueva generación de seguidores,

Como solista grabó cuatro álbumes, el más reciente titulado Higher Truth (2015). Cornell también compuso para otros artistas, incluyendo a Alice Cooper y, de hecho, conformó Audioslave con los miembros restantes del grupo de rock experimental Rage Against The Machine. Junto a ellos participó en el primer concierto al aire libre de una banda de rock estadounidense en Cuba.

Posteriormente trabajó con el productor de hip-hop Timbaland. Como fruto de esa colaboración surgió su álbum Scream(2009).

Cornell nació el 20 de julio de 1964 en Seattle, la ciudad del noroeste de Estados Unidos considerada como la “cuna del grunge”. Ya estando en la escuela se interesó en la música, especialmente debido a su afición a los Beatles, lo que le llevó a aprender a tocar el piano. Durante su adolescencia fue mayormente un joven solitario que padecía de agorafobia y ansiedad, hasta que el rock le ayudó a superar su dificultad para relacionarse con los demás.

Tras abandonar los estudios, compró una batería y se puso a tocar en varios grupos locales. Fue entonces cuando entró en contacto con el bajista Hiro Yamamoto y el guitarrista Kim Thayil, con quienes formó Soundgarden en 1984. En 2003 inició un tratamiento de rehabilitación como parte de un esfuerzo para superar su adicción a las drogas y al alcohol.

Como todos los grandes músicos, escribe Savage, Cornell “era curioso y audaz”. Su mayor pesar con la escena del grunge fue que las bandas experimentales de Seattle, las que estaban tocando jazz y rock gótico, quedaron atrás porque no encajaban en la narrativa y etiquetas inventadas por la industria de la música.

“Es como si alguien hubiera entrado en su ciudad con bulldozers y compresores de agua y minado su propia montaña perfecta y excavado y arrojado lo que no quería y tiró el resto para que se pudriera”, dijo a la revista Rolling Stone en 1994. “Es así de malo”. En los últimos años, las canciones de Cornell conquistaron una generación más al saltar a la gran pantalla.

Su tema You Know My Name para la película Casino Royale (2006) puede no ser un clásico del género, pero fue un éxito sin concesiones por su asociación con el nuevo y más rudo James Bond, Daniel Craig. También escribióLive to Rise, la canción final del éxito de taquillaThe Avengers (“Los Vengadores”, 2012), que reúne a varios superhéroes de Marvel.

A su vez, la canción Misery Chain, un dúo con Joy Williams, fue parte de la banda sonora de la película ganadora del Oscar 12 Years A Slave (“12 años de esclavitud”, 2013). Por otra parte, su temaThe Keeper from Machine Gun Preacher fue nominada para un Globo de Oro en 2012.

Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, varias leyendas de la música le rindieron homenaje. El guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, tuiteó: “Descansa en paz Chris Cornell. Increíblemente talentoso, increíblemente joven, increíblemente te echaremos de menos”. Por su parte, el músico Elton John expresó: “Conmocionado y entristecido por la repentina muerte de @chriscornell. Un gran artista y un hombre de los más amoroso”.

Savage escribe: “Su muerte prematura significa que, después de Kurt Cobain, Layne Staley y Scott Weiland, otra de las principales luces del grunge se ha extinguido”.

Yo, me quedo hoy con un enorme hueco negro dentro el sol…Sol de Agujero Negro

ES OTOÑO

Es otoño. Los frutos repiquetean al caer.
Hayucos, bellotas, nueces negras,
huérfanos de los árboles
que caen ataviados con sus rígidos atuendos.
No te adentres en el bosque
de tenue color naranja,
está lleno de viejos irascibles
que se deslizan furtivos
con ropa de camuflaje y fingen que nadie los ve.
Algunos ni siquiera son viejos,
sólo tienen frentes artríticas,
o están borrachos;
pero alguien tiene que pagar por sus rencillas,
sus oscuros dolores,
cuanta más carne explote, mejor.
Dispararán a la menor señal del movimiento,
a tu perro, a tu gato, a ti.
 Dirán que eras un zorro o una ardilla,
 un pato, o un faisán. Quizá un ciervo.
No son cazadores, estos hombres.
No tienen la paciencia de los cazadores,
ni su remordimiento.
Están seguros de que todo les pertenece.
Un cazador sabe que toma prestada su presa.
Recuerdo las largas horas agazapada
 en las altas hierbas de los pantanos
-el cielo vacío, el agua silenciosa,
los callados colores de lejanos árboles-
 esperando el fugaz aleteo de las aves,
casi rogando que no pasara nada.

Boy’s reguetón…

Una reciente entrada acerca del disco “ The Joshua Tree” de U2 propició que un entrañable amigo me escribiera un esplendoroso correo electrónico para discrepar conmigo, el mejor disco de la banda irlandesa para él es su LP debut: “Boy”.

Uno puede estar de acuerdo o no,  en cuestión de preferencias sexuales y musicales, todo es posible.

El sonido de “Boy” todavía no es el sonido U2.  Incluso el segundo disco “Octuber” aún no es el sonido de U2. En los dos la banda suena punk, áspera, con un mensaje cercano al cristianismo pagano y primogénito, contestatario y agresivo, al estilo del éxito “I will follow”…

El disco se publicó en 1980.  Un año decadente. Inicio de una década decadente.  Pero  los sonidos no necesariamente deben ser irrelevantes e intrascendentes cuando todo se derrumba. Venecia se hacia polvo pero Vivaldi  estaba enamorado de sus cuatro estaciones o el sonido del mar,  ese sonido trascendió la caida de su impresionante ciudad maritima…

Y eso fue precisamente lo que ocurrió con “Boy” y Bono millones de amantes de la música siguieron a los irlandeses como los nuevos profetas del rock. Los ochentas fueron una década perdida, pero el sonido U2 la  trascendió.

1980. Una época de disco, de chapucería y mal gusto, como la actual lo es de reguetón. La banda sonora de La Habana post siglo XX son los bicitaxis, los bares, los restaurantes, las guaguas, los hospitales, los cementerios con sonidos incorporados, el reguetón. Bueno en realidad no sé si identificar esa música urbana con un sonido. Puede ser el balbuceo de los que no tienen nada que cantar, menos que decir. Pero sí  estoy de acuerdo que es el sonido de la decadencia. Entonces si seguimos la lógica de “Boy” con “los ojos que hacen círculos”, o la historia y los ochentas, la fórmula más segura es ocultar la decadencia con la censura.

Censurar o silenciar nunca será la solución.

La otra opción sería como en la Gran Lubianka esconder la decadencia, enmendar el error con los convulsos eléctricos. “The Electric Co.” “electric convulsion therapy” es mi tema preferido de “Boy”. Fuerte, agresivo, en contra de la tortura médica, en contra de la decadencia.

El verbo se hace verbo.

agua1*

Un viaje a la revelación, incompleta y única, con el olor de las mañanas de abril en la piel. Estuve en la esquina esperando doscientos once días, nueve horas, y diez minutos. No te voy hablar de los segundos que son los que me definen. Me basta descubrir la nueva vía en el brillo de tus pupilas. Lo nuevo que esconde el arco iris en su viaje de norte a sur. Tu vientre es el misterio que esconde esa difusa línea del horizonte. Una quimera. La misma condición de siempre, la fertilidad, tus manos como nieve en fuego, el Kama Sutra dibujado en tus sabanas, signos de Buda sobre las sombras de las paredes, el ruido, el gesto, la nueva percepción de los sentidos ocultos, tu ritmo allegro templado. Tan cerca de tus ojos, tan cerca de tu corazón. Las campanas de la división han roto los vientos de mis hadas aladas. En un cortejo de mínimas flores silvestres sobre una ladera que se empeña en desafiar a las aves marinas y los halcones celestes. Tus píldoras rosas, tu ergocaína, el ritual de magia blanca en el Bronx, con tus caderas desnudas empapadas de esponjas. El sabor del cannabis verde fluorescente cuando escuchas a Pink Floyd, los pulsos y la corrientes ascendentes vapores de colibríes que danzan con un sonido exótico. Extrañas el árbol de casa. La iglesia blanca sobre ladrillos rojos. Las puertas de Blake -se cierran o se abren-  nunca estoy seguro de nada cuando estas a mi lado, el tiempo se hace cero, las proporciones infinitas, el verbo se hace verbo.

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Soy un prisionero de las arenas movedizas, de las arañas y sus tenues telas de seda, de los astros que en la noche me hacen ser un pobre tonto, de los azares que tejen urdimbres indescifrables, de las antenas que emiten señales invisibles, de los asteriscos que señalan el camino equivocado, de las aspiraciones sin destinos prefigurados. Soy, el otro, una pobre A perdida entre el puente sobre la montaña rusa y el mar pacifico. Perdido en los ojos de una pequeña que habla en siete idiomas con el lenguaje de las flores. Rodeado de un cuarteto de hadas. Solo te puedo decir hola, o quizá adiós, tienes siempre una respuesta ensayada para mí, pero, yo nena, solo soy el otro, el que lee poesía en voz alta entre los sermones de los profetas pedófilos o los discursos aburridos de las putas disfrazadas de asesinas que se mueven en las carrozas de tus desgastados carnavales. Soy el que espera desde hace un millón de años que me beses sobre el puente de las aguas tumultuosas. El que solo te pide, en silencio, un poco de amor.

B10