Nunca es silencio. Audi nos.

 

Audi nos

Pero nadie parece escuchar, solo el cíclico silencioso de las olas en avalancha, la marea cada doce horas y la vida que se te va en una sucesión de tragos salobres.

Audi nos…

Silencio, silencio, silencio y el ciclo perpetuo e interminable de la naturaleza humana que se deja matar o morir por cualquier causa: Dios, Poder, Patria, Dinero, Ego.

En uno de los pasajes más conmovedores del libro “Silencio” de  Shusaku Endo el escritor japonés describe:

Audi nos (Escúchanos, Señor…).

 Era una voz sin angustia y sin ira, que se apagaba al perderse la negra cabellera entre las olas.

 Los oficiales sacaban el cuerpo por la borda, se les veía la blanca dentadura al reír. Uno de ellos, jugando con la lanza, le hostigaba cada vez que quería llegarse al bote. La cabeza se hundió en el mar, la voz se apagó. Después saltó otra vez la cabeza a la superficie, un bloque negro de basura zarandeada por las olas. La misma voz apagada, mucho más apagada, seguía gritando algo a ráfagas…

El horror de unos hombres martirizados, asesinados, por otros hombres.

Al regresar camino a casa después de ver la versión de Martin Scorsese de la novela de Shusaku Endo aún nos conmueve la escena de aquellos tres hombres martirizados, crucificados y expuestos a las mareas, a la muerte. Un Gólgota Marino.

El cine de Scorsese no necesita presentación, “Taxi Drive”, “Toro Salvaje”, “Pandillas en Nueva York” y “La última tentación de Cristo” son clásicas del cine universal.  ‘Silence’ no es una excepción. Tampoco es sorpresa que fuera filmada tras 30 años de espera por el director italiano norteamericano y de fe católica. Tampoco que su primer espectador fuera el actual Papa Francisco al cual el propio Martin Scorsese y su equipo le organizaron una exhibición privada en el Vaticano.

He leído algunas reseñas en los principales espacios de críticas cinematográficas, desde la perspectiva católica, desde la japonesa o la occidental. No me conmueven. Todas se diluyen frente al contexto. Lo que no es el caso ni de la novela de Endo o el filme de Scorsese. Ambos autores intentan contextualizar esa complejidad del mundo en el siglo XVI en la que se sumerge la trama y el desenlace de sus personajes.  Novela y filme no solo hablan de la fe,  la santidad o la apostasía. No muestran el esfuerzo del cristianismo mesiánico y martirologio  institucionalizado como religión de Estado para llevar su ‘verdad’ a toda la recién descubierta circunferencia del Orbe.  Y a los emperadores del Sol Naciente asesinando a sus propias gentes en nombre del inmovilismo y el Imperio.  

Además funcionan como un esfuerzo desde el arte por mostrar nuestra naturaleza pero también el contexto histórico en la que nuestra individualidad se manifiesta.  

El Hombre y el individuo frente a la Historia y la sociedad.

En “Silencio” encontramos las acciones de los individuos en nombre de la Compañía de Jesús y el Vaticano: «Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia, su Esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra». No es de extrañar que un extraordinario dialogo de la novela el Inquisidor Inoue se refiera a las cuatro “concubinas estériles”. “Las concubinas se llaman aquí España, Portugal, Holanda e Inglaterra, y cuando les llega su turno de noche, le cargan el oído de chismes a su marido el Japón”.

En ese contexto de desprecio por la vida humana por parte del  feudalismo japonés o los mercaderes occidentales. De la expansión de España, Portugal, Holanda e Inglaterra, para cristianizar   -ya sea en su versión protestante o católica-  para conquistar y elevar sus instituciones y valores como verdades universales, entre ellas el cristianismo. Ese es el trasfondo de “Silencio” y de su tragedia humana. Y, en esa historia de enfrentamientos, los hombres sufren. Apostatan. Traicionan. Matan. Mueren.

Audi nos…Pero mientras llegan la respuesta a sus plegarias continúa el festín de muerte y tortura en nombre de sus dioses, sus creencias ’verdaderas’, por sus  divinidades ‘verdaderas’, por sus egos, por sus frustraciones, por sus ‘verdades verdaderas’.

Los novelistas o cineastas deciden basados en su creatividad, la vida lo hace basado en la realidad.  En una larga entrevista con los protagonistas y el equipo de ‘Silence’ el crítico Paul Elie nos revela otro de los temas de la película y novela, la “transculturación”. Tan cercana y arraigada en nuestra religiosidad nacional. La trasmutación de uno valores con otros, de unas creencias con otras. En el caso cubano no existía un contrapoder capaz de enfrentar a la religiosidad del conquistador como si la hubo con las civilizaciones y pueblos prehispánicos del continente, que a pesar del sistemático esfuerzo por ‘cristianizar’  encontraron en la transculturación la forma de conservar creencias, tradiciones y valores.

El catolicismo cubano se enriqueció transculturalizado de tradiciones africanas, como lo está el peruano de tradiciones incaicas, o el mexicano de tradiciones mexicas. Según la entrevista de Paul Elie, la opción de Ferreira, “una fe interna, disimulada, camuflada, que pacta con el poder, es una forma de inculturación, eficaz y aceptable”.

En un alarde de militancia extrema y de voz discordante el Mons. Robert Barron de la Arquidiócesis de Los Ángeles,  en un artículo publicado en español en el sitio católico ACIPRENSA,  compara la experiencia de la Compañía de Jesús en el Japón de los Shogunes con la de los pequeños grupos de tropas elites norteamericanos que operan en los ‘lugares más oscuros del mundo’. En su mezquino y paranoico análisis al Mons. Robert Barron no le falta credibilidad, al menos desde el punto de vista de los poderes terrenales.  

Pero la esencia del arte no es develar esa estatua de mármol o de sal, es reconocernos como lo que somos: humanos. Nuestra contradictoria esencia humana con sus matices espirítales e ideológicos, psicológicos y sociales. El arte -como la vida-  te permite una visión multilateral y variada de la existencia y nuestros conflictos. Nunca es silencio.

Audi nos…

6 opiniones en “Nunca es silencio. Audi nos.”

    1. Shusaku Endo y Martin Scorsese son dos reconocido artistas en su país de origen y en el mundo. Ambos además católicos. El libro y el filme son sus visiones artísticas de hechos reales, ficcionados desde la creatividad por dos personas con rasgos geniales. No son anticatólicos.

      Yo, si le puede recomendar algo -lo cu’al no creo sinceramente- le dijera que antes de emitir un juicio unilateral y sesgado que lea y vea la novela y el filme. Saldra enriquecido en su fe o su intelecto, usted selecciona.

      Y, de su interpretación a mi comentario, le sugiero igual lo vuelva a leer una vez haya disfrutado de novela y filme.

      Gracias, pos su cometario.

    1. Bueno Hernan ese es su punto de vista. Pero, has visto el filme. Has leido a Endo. Me parece no tienes ni idea de la bobaria que estas escribiendo.

      1. Cabalga , quijote , no importa que canes fundamentalistas ladren , peor seria que sin ladrar , te atraparan por la donde comienza( o termina) la espalda.

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