
Qué tienen en común un actor porno y una monja? ¿En qué situación coincidirían ambos y, sobre todo, de qué hablarían?
La respuesta a esta pregunta es Invulnerables, una campaña solidaria que lucha contra la pobreza infantil y que ha logrado reunir en un mismo spot a Nacho Vidal y a la monja argentina Sor Lucía. El resultado: un vídeo de cuatro minutos en el que abordan temas como la religión o la transexualidad cuyo objetivo busca recaudar fondos.
El spot recoge las respuestas sin tapujos de los dos protagonistas sobre diferentes asuntos, como por ejemplo la iniciativa a la que se ha sumado ahora Vidal o el amor y el rechazo del actor a la Iglesia. También el shock que supuso descubrir que su hija, con solo cuatro años, era transexual y sentía que estaba en un cuerpo con el que no se sentía identificada. Para él, que la Iglesia «entienda y respete eso es muy importante».
Este cara a cara inverosímil, sin embargo, demuestra que la extraña pareja comparte un punto en común: «Tú con tu cara y yo con mi hábito es como si fuéramos desnudos por la vida, todo el mundo sabe quién eres». Porque lo que Invulnerables pretende demostrar es que todas las personas, por encima de todo, no dejan de ser eso, personas. Se supone que la monja y Nacho Vidal asisten a una especie de cita a ciegas donde se sientan a conversar, a confesarse y a hablar abiertamente sobre sus modos de ver el mundo.
Ella en un momento le dice: “Yo creo que lo importante es no dejarnos llevar por personajes ni por etiquetas sino ser capaces de ir a descubrir quién es el otro y yo creo que todos nos pueden enseñar y de todos podemos aprender algo”.
Vidal contó detalles de su vida familiar y el caso de su hijo transexual. En eso, le preguntó a Sor Lucía Caram si creía capaz de hacer exactamente lo mismo que está haciendo ahora pero sin llevar los hábitos. El cierre del video se centra en una reflexión: no juzgar al otro por lo que creemos conocer de él. “Hemos tenido suficiente religión para odiarnos, para crear normas y estructuras, pero no para amarnos”, concluyó la religiosa.




