“Don’t F ** K With Cats”.  




El gato y el ratón.

Ayer de regreso a casa la goma trasera derecha reventó como un globo. Hace más de un año que no me ponchaba; entonces, los clanes estaban tan duros que parecían clavos empotrados en una pared de acero. El esfuerzo de desmontarla me provocó un dolor de espalda que no me dejo dormir en toda la noche; aproveche para ver la serie de Netflix:  “Don’t F ** K With Cats”.  

Una saga pos-digital de A sangre fría” de Truman Capote pero con gatos, Big Data, Facebook y personas solitarias y adoloridas; pero sobre todo con seres humanos que son lo peor de los seres humanos. Cada serie de Netflix genera ruido en todo el mundo, sus cajas de eco son las redes sociales que explotan ahora con el “true crime” de “gatos”. “A los gatos, ni tocarlos: Un asesino en internet”.


Esta no es una serie de brujas, o de magos medievales, son hombres y mujeres reales y por supuesto de gatos…


Netflix es una plataforma basada en el Big Data. Sus algoritmos de IA (inteligencia artificial) controlan los hábitos y gustos visuales de sus 158 millones de suscriptores tan de cerca que no solo sabe lo que miras, sino cuando lo miras, cuánto ves y lo que deseas ver. Deseas ver lo peor de los seres humanos dixit la IA. Los datos que Netflix (Google, Facebook, Twitter) tienen a su disposición son terroríficos y monumentales.

“Don’t F ** K With Cats” me enganchó de inmediato sus tres capítulos. 

Matar por un clic.

Soy fan de Truman Capote. De Netflix pues te ofrece lo que quieres incluso antes de saber que lo que quieres. Incluso lo que quieres cuando el dolor de espalda no te permite dormir: usuarios obsesivos de las redes sociales, gente infeliz, egocéntrica, asesinos en series e investigación policial en Facebook. El resultado la serie sobre gatos de más alto perfil jamás estrenada, tres horas de dolor y suspense, y de caída libre… (el gato y el ratón, matar por un clic y la red se cierra).

No cuento los desenlaces. Pensé que “joder” tenía que ver con el “sexo”. Siempre correlaciono la palabra inglesa “fuck” con tener “tener sexo”. Me equivoque. Joder, es sinónimo de asesinar. La historia comienza con un video subido a YouTube que representa gráficamente la tortura y el asesinato de dos pequeños gatitos…(spoiler, el video no se ve en la serie).

Sin embargo, la historia es increíble. Nada parecida a los espacios televisivos de policías y ladrones al estilo “Día y noche” de la TV local.

Un usuario anónimo sube el video de los dos gatitos asesinados y asusta a un grupo de usuarios de Facebook con tanta fuerza que usan todas las herramientas disponibles para localizarlo. Analizan el video cuadro por cuadro en busca de detalles; cualquier cosa, que les dará una pista sobre el paradero del asesino. Las tomas de corriente y los paquetes de cigarrillos. Una manta con el rosto de un lobo se rastrea a través de eBay. Se consulta la experiencia de un foro de aspiradoras en línea. Los metadatos tienen referencias cruzadas con Google Maps.

La historia, a estas alturas ya importa poco.

Importa, lo violentamente angustiante de los personajes que allí aparecen, desde el asesino hasta sus perseguidores virtuales. Son, en esencia seres angustiados por la violencia y la falta de empatía con otros seres humanos. Un miembro clave, una mujer llamada Deanna Thompson, es la narradora de facto de la serie, una mujer solitaria, divorciada, poco agraciada, la que nos narra los peores comportamientos humanos conocidos.

La red se cierra.

Pero tan pronto como el horror de los videos de gatos asesinados desaparece, nos embarcamos en una búsqueda de imágenes inversas, barridos de Google Street View y bases de datos de identidades falsas. Y luego aprendemos quién es el asesino, y que sus asesinatos están a punto de escalar más allá de los gatos, conocemos a la familia de su víctima y ​​la doble dualidad de la serie amenaza con volverse casi insostenible.

Incluso; los detectives aficionados de Facebook conducen al suicido de un hombre enfermo por la depresión crónica, pero a Netflix esa historia de daño colateral no le interesa; al menos por el momento.  Van por el asesino de los dos gatitos. Como sucede en todas sus series el protagonista es el asesino y no las víctimas; al final los que resultan jodidos (asesinados o suicidados) son personas reales; no el esperado spoiler devuelto por los algoritmos de Netflix.

Nota spoiler:

Si no ha visto la serie no lea el siguiente párrafo.

Por ejemplo; lo que no cuenta el documental es que el asesino está casado desde 2017 con otro preso; y, escribe decenas de cartas públicas y libros desde su celda en busca de atención, en ellas, para quien quiera o desee creer en su palabra, explica que su vida entre rejas es similar a la de vivir en un Spa de lujo, le contaba al diario Toronto Sun.

Después de tres horas de dolor, me ducho y regreso al trabajo que deje ayer. 

6 opiniones en ““Don’t F ** K With Cats”.  ”

  1. Huxley, note que existe este grupo de detectives de internet cuando ocurrió lo del caso de zoofilico (mediáticamente, dado que sigue libre) en Cuba, había un PDF súper bien redactado con todo el procedimiento de la búsqueda hasta su identificación, además de la existencia de un thread en un foro, para la discusión (sería, super sería) del tema, que pasaba por ciertos fotogramas de sus actos en el bosque que gracias a unas plantas situaban el hemisferio y demás, por último en una de las fotos que dicho personaje público había una pared e un doodle de mesa que fue rasteadro hasta la heladería Himalaya en playa,… Nada que fue un esfuerzo super conjunto. No he visto la serie pero la voy a buscar, luego te cuento.

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