
Then Play On.

Existen dos blues que al escucharlos crees oír supurar la tierra… fuego, aire, cielo estrellado, esa esencia que nos hace ser lo que deseamos ser, amados, lo que solo logra la poesia…
Dos temas que por si solos, inmortalizan el disco “Then Play On” de Fleetwood Mac. “Closing my eyes” y “Without you”. Tienen esa extraña virtud de la perfección. Y nos hablan (cantan) de las esencias, del amor, la perdida, la vida y la muerte. Bastan para que el LP sea un clásico de la música popular en el siglo XX.
“Closing my eyes” se inicia con un pequeño acorde que se repite tres veces en do Mayor. Un tono sostenido de un órgano Hammond da entrada a la letra que tiene ese vago sabor del inglés medieval. Habla del compromiso entre dos personas que se aman. Entre realidad y deseos inalcanzables, se repite una vez el tema en guitarra acústica, primero… y otra en eléctrica. “Solo espero que cuando muera estés para que me cierres los ojos”. Un tema desgarrador y una musica profunda y florescente.
“Without you” es un blues en toda su extensión como lo es el Mississippi. Aguas trasnsparentes y dulces como una mujer desnuda sobre la cama: tormenta y calma. Pero ahora esa mujer se ha ido. No sabemos si para siempre o solo por un par de segundos. Y, entonces, estamos solos, solos y lo peor con su memoria que aun traspira en las sabanas como el delta del Mississippi. Pero al final, poco importa, pues podemos vivir sin ella. O al menos con la esperanza que regrese.
Silencios…
Bronce & Carne.



Cuando el bronce y el mármol se hacen carne, cuando el cincel y el mazo se hace verbo, como una escritura sagrada que viene del sentimiento, el dolor, la trascendencia, la muerte, el sacrificio, la pasión, el amor. La piedra deja de serlo, el bronce deja de serlo, para herirnos o salvar nuestra carne o nuestos ojos…Cuando el simple mortal contempla la imperfecta perfección de lo que por esencia es frio (piedra, bronce) y entonces se nos hunde en nuestros sentidos ese creador que sufre o se divierte; para representar al hombre divino, al mártir desollado, a los amantes; solo nos queda esa sensación, ahora ya tan individual, de lo que en verdad importa: la tenue memoria o el olvido…no es el hecho del recuerdo per se, es ese (i)limitado detalle: el bolsillo repleto de mamoncillos agrios, los pies desnudos sobre la lluvia aún caliente, el beso de una primera muchacha. Punjab, Roma, Milán, La Habana, Varadero, dejan de ser esa plena geografía para participar del misterio de la memoria que se hace carne amada o putrefacta.
Ambos lados del Cielo.

Es completamente surrealista que al día de hoy, cuando han pasado ya 48 años de su fallecimiento, se siga editando material inédito de aquel chico zurdo que revolucionó el mundo de la guitarra a mediados de la década de los sesenta.
Hendrix suena ahora como la reencarnación de Bach, de Mozart, de Chopin, eléctrico y con esteroides.
El músico de Seattle fue un autor tremendamente prolífico y un enamorado del estudio de grabación, y a su muerte dejó centenares de cintas con ideas, jams con amigos, versiones de autores que admiraba y revisiones de sus propios temas originales. De ese material se ha estado nutriendo la industria para sacarse de la manga cada cierto tiempo un nuevo disco con el sello Hendrix bien visible en la portada.
El dinero manda.
Pero el genio siempre esta atrás de cada disco. Lo mucho que seperdio la música con su temprana muerte.
Con cada nuevo lanzamiento póstumo hay muchas preguntas que responder: ¿de dónde sale este material? ¿se trata verdaderamente de algo nuevo, atractivo y publicable? ¿O es solo otro sacacuartos con rarezas de ínfima calidad?
Hay un poco de todo.
Para empezar, aunque este Both Sides Of The Sky se anuncia a bombo y platillo como compuesto casi en su totalidad por material inédito, dicho material no dejan de ser tomas y versiones alternativas de temas que ya habían salido a la luz de una forma u otra. El ejemplo más claro lo tenemos en el tema Sweet Angel, que es una primera demo instrumental de la que luego sería su balada Angel, editada en el disco póstumo The Cry Of Love (1971), y posteriormente, de nuevo, en First Rays of the New Rising Sun (1997). El tema publicado como adelanto de este disco, una versión de Muddy Waters titulada Mannish Boy, ya se podía escuchar en el disco póstumo Blues (1994), aunque no esta toma en concreto. Pasa lo mismo con Hear My Train a Comin’, viejo conocido en la discografía de Jimi, que aquí se presenta en su enésima versión. Y así podríamos seguir tema por tema para darnos cuenta de que la mayor parte del material no es tan «nuevo e inédito».
Ahora bien, si no eres un enfermo de Jimi Hendrix que se conoce al dedillo los entresijos de su material y simplemente eres el aficionado medio, que ha escuchado sus tres discos oficiales de estudio y poco más, no es sorprendente que te encuentres con una colección de temas que no habías escuchado antes. Y desde ese punto de vista del mero disfrute estamos sin duda ante un muy buen disco.

A los mandos está el legendario productor Eddie Kramer, y el lanzamiento tiene la aprobación de la familia y la fundación para el legado de Hendrix. Con esas credenciales podemos estar tranquilos respecto a su calidad, que sorprende para bien. Todos los temas suenan de maravilla, algo sorprendente teniendo en cuenta el tiempo que llevaban olvidadas estas cintas. Las grabaciones son claras y conservan toda su fuerza y mojo, la selección y el orden también son los adecuados, todo ello hace que la escucha no resulte brusca en ningún momento. Los temas se suceden con un ritmo y una calidad que no decae y atrapa.
Respecto al carácter de los temas pocas sorpresas, porque a estas alturas prácticamente cualquier aficionado a la música sabe lo que puede encontrar en un disco de Hendrix, y es lo que aquí encontrará: blues de alto octanaje , como en el mencionado tema Mannish Boy o en Georgia Blues. Blues desnudo de bar humeante en Things I Used to Do. Temas desenfadados y marchosos como Stepping Stone, donde Jimi aúna el rock y el funk como solo él sabía hacer. Baladas y medios tiempos con preciosos acordes marca de la casa como en Jungle. Y por supuesto la psicodélia para tus viajes astrales con temas como Cherokee Mist, que se encarga de cerrar el disco. También cuenta con unas colaboraciones de lujo como Stephen Stills o Johnny Winter, que se pasean por un par de temas.
Este disco viene a cerrar una trilogía que se inició con Valleys of Neptune (2010), y siguió con People, Hell and Angels (2013). Esta trilogía pretende ser al colofón final respecto al material póstumo de Hendrix en estudio disponible. Sí señores, tras esto ya no habría más donde rascar, al menos en lo referente al estudio. Pero siempre puede aparecer alguna grabación perdida en un cajón, ¿verdad?
Aunque nos encontramos claramente ante una obra menor, que no llega a la calidad estratosférica de los tres discos en estudio publicados en vida de Jimi, y aunque tampoco es el mejor de sus álbumes póstumos, una cosa está clara: estamos ante algo más de una hora de música de alta calidad. Porque no es ningún secreto que Jimi Hendrix era un genio, y este álbum solo es una muestra más de ello, y por tanto es perfectamente disfrutable en cualquier momento y ocasión, como solo la buena música puede serlo.
Subacuáticos…
Friends…
El sexo de las emociones.

Emoción es una palabra femenina. Emotividad también lo es. Parece evidente que la sensibilidad es femenina y la agresividad, masculina. Esto ha conducido a justificar, en el curso de los siglos, que los hombres detenten el poder. Todavía hoy la mayoría de los malentendidos se funda sobre esta supuesta diferencia.
Alain Braconnier destaca que las emociones constituyen el cimiento de la comunicación humana. Ahora bien, cada sexo posee su propia cultura afectiva. Hombres y mujeres no hablan la misma lengua, su comunicación parece un intercambio entre culturas diferentes. La tesis central de este libro es que las mujeres no son más emotivas que los hombres, sino que saben comunicar mejor sus emociones. La diferencia afectiva entre los sexos sería esencialmente una diferencia de expresión. Las emociones positivas (alegría, risa) suelen manifestarse del mismo modo y suscitan idénticas reacciones. No ocurre lo mismo con las negativas: cólera, pena, culpabilidad, angustia. Las mujeres dejan que se manifieste la angustia dos veces más que los hombres; tres veces más hombres que mujeres se muestran encolerizados. Pero casi los dos quintos de los tartamudos son hombres. ¿A qué se debe todo esto? ¿Y a qué el que las mujeres caigan con mayor facilidad en la neurosis y los hombres en la paranoia? Un libro aparentemente sencillo que sin embargo apunta a plantear en orden asuntos de la más decisiva importancia para toda convivencia posible; y a mostrar caminos de solución. Y que por otra parte desmonta ideas de larga data, recibidas, y falsas; que, en fin, propone caminos para una «conversación» positiva entre hombres y mujeres.
Alain Braconnier es un psiquiatra y psicoanalista francés nacido en Perreux-sur-Marne el 21 de octubre de 1942 , especialista en niños y adolescentes. Enseña en la Sorbona: es director, además, del Centro Terapéutico del distrito XIII de París. Ha publicado numerosos libros, entre ellos Les adieux á l’entance (1990) y Tout est dans la téte (1992). Braconnier es consultor en el Hospital Universitario de La Pitié-Salpêtrière después de haber sido director de la Asociación de Salud Mental del XIII arrondissement de París y Jefe del Centro de Consejería de Adolescencia del Centro Philippe Paumelle. Publica numerosos artículos relacionados con sus actividades y los agrupa en la revista
Walt…
Lucha de contrarios…
El artista de origen ucraniano Nicolas Tolmachev puede ser aún estudiante de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Paris, Francia, pero sus brillantes ideas y hábil técnica muestran una imaginación desbordada.
Románticas y desconcertantes, las obras de Tolmachev llaman la atención del espectador, que se convierte en observador de una serie de pinturas yuxtapuesta, pero muy equilibrada.
Mi favorita es el Ángel, en 3D, al estilo Western.







