Los cerebros «hackeados» votan.

No suelo cortar y pegar mensajes de otros medios de prensa en mi blog, pero hoy deseo compartir una extensa reflexión del israelí Yuval Noha Harari publicado en el diario español El País. Pienso es una visión muy oportuna del académico y escritor de títulos imprescindibles como ‘Sapiens. De animales a dioses’ (editorial Debate).

Para los que posean internet el original esta en este link.

https://elpais.com/internacional/2019/01/04/actualidad/1546602935_606381.html

Los cerebros ‘hackeados’ votan

Algunas de las mentes más brillantes del planeta llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para que pinchemos en determinados anuncios o enlaces. Y ese método ya se usa para vendernos políticos e ideologías.

Fotograma de la película «1984» de Michael Anderson y basada en la novela homónima del escritor George Orwell.

La democracia liberal se enfrenta a una doble crisis. Lo que más centra la atención es el consabido problema de los regímenes autoritarios. Pero los nuevos descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos representan un reto mucho más profundo para el ideal básico liberal: la libertad humana. El liberalismo ha logrado sobrevivir, desde hace siglos, a numerosos demagogos y autócratas que han intentado estrangular la libertad desde fuera. Pero ha tenido escasa experiencia, hasta ahora, con tecnologías capaces de corroer la libertad humana desde dentro.

Para asimilar este nuevo desafío, empecemos por comprender qué significa el liberalismo. En el discurso político occidental, el término “liberal” se usa a menudo con un sentido estrictamente partidista, como lo opuesto a “conservador”. Pero muchos de los denominados conservadores adoptan la visión liberal del mundo en general. El típico votante de Trump habría sido considerado un liberal radical hace un siglo. Haga usted mismo la prueba. ¿Cree que la gente debe elegir a su Gobierno en lugar de obedecer ciegamente a un monarca? ¿Cree que una persona debe elegir su profesión en lugar de pertenecer por nacimiento a una casta? ¿Cree que una persona debe elegir a su cónyuge en lugar de casarse con quien hayan decidido sus padres? Si responde sí a las tres preguntas, enhorabuena, es usted liberal.

El liberalismo defiende la libertad humana porque asume que las personas son entes únicos, distintos a todos los demás animales. A diferencia de las ratas y los monos, el Homo sapiens, en teoría, tiene libre albedrío. Eso es lo que hace que los sentimientos y las decisiones humanas constituyan la máxima autoridad moral y política en el mundo. Por desgracia, el libre albedrío no es una realidad científica. Es un mito que el liberalismo heredó de la teología cristiana. Los teólogos elaboraron la idea del libre albedrío para explicar por qué Dios hace bien cuando castiga a los pecadores por sus malas decisiones y recompensa a los santos por las decisiones acertadas.

Hitler no podía construir un mensaje a medida para cada una de las debilidades de cada cerebro. Ahora sí es posible. Si no tomamos nuestras decisiones con libertad, ¿por qué va Dios a castigarnos o recompensarnos? Según los teólogos, es razonable que lo haga porque nuestras decisiones son el reflejo del libre albedrío de nuestras almas eternas, que son completamente independientes de cualquier limitación física y biológica. Este mito tiene poca relación con lo que la ciencia nos dice del Homo sapiens y otros animales. Los seres humanos, sin duda, tienen voluntad, pero no es libre. Yo no puedo decidir qué deseos tengo. No decido ser introvertido o extrovertido, tranquilo o inquieto, gay o heterosexual. Los seres humanos toman decisiones, pero nunca son decisiones independientes. Cada una de ellas depende de unas condiciones biológicas y sociales que escapan a mi control. Puedo decidir qué comer, con quién casarme y a quién votar, pero esas decisiones dependen de mis genes, mi bioquímica, mi sexo, mi origen familiar, mi cultura nacional, etcétera; todos ellos, elementos que yo no he elegido.

Esta no es una teoría abstracta, sino que es fácil de observar. Fíjese en la próxima idea que surge en su cerebro. ¿De dónde ha salido? ¿Se le ha ocurrido libremente? Por supuesto que no. Si observa con atención su mente, se dará cuenta de que tiene poco control sobre lo que ocurre en ella y que no decide libremente qué pensar, qué sentir, ni qué querer. ¿Alguna vez le ha pasado que, la noche anterior a un acontecimiento importante, intenta dormir, pero le mantiene en vela una serie constante de pensamientos y preocupaciones de lo más irritantes? Si podemos escoger libremente, ¿por qué no podemos detener esa corriente de pensamientos y relajarnos sin más?

Aunque el libre albedrío siempre ha sido un mito, en siglos anteriores fue útil. Infundió valor a quienes lucharon contra la Inquisición, el derecho divino de los reyes, el KGB y el Ku Klux Klan. Y era un mito que tenía pocos costes. En 1776 y en 1939 no era muy grave creer que nuestras convicciones y decisiones eran producto del libre albedrío, y no de la bioquímica y la neurología. Porque en 1776 y en 1939 nadie entendía muy bien la bioquímica, ni la neurología. Ahora, sin embargo, tener fe en el libre albedrío es peligroso. Si los Gobiernos y las empresas logran hackear o piratear el sistema operativo humano, las personas más fáciles de manipular serán aquellas que creen en el libre albedrío.

Para conseguir piratear a los seres humanos, hacen falta tres cosas: sólidos conocimientos de biología, muchos datos y una gran capacidad informática. La Inquisición y el KGB nunca lograron penetrar en los seres humanos porque carecían de esos conocimientos de biología, de ese arsenal de datos y esa capacidad informática. Ahora, en cambio, es posible que tanto las empresas como los Gobiernos cuenten pronto con todo ello y, cuando logren piratearnos, no solo podrán predecir nuestras decisiones, sino también manipular nuestros sentimientos.

Quien crea en el relato liberal tradicional tendrá la tentación de restar importancia a este problema. “No, nunca va a pasar eso. Nadie conseguirá jamás piratear el espíritu humano porque contiene algo que va más allá de los genes, las neuronas y los algoritmos. Nadie puede predecir ni manipular mis decisiones porque mis decisiones son el reflejo de mi libre albedrío”. Por desgracia, ignorar el problema no va a hacer que desaparezca. Solo sirve para que seamos más vulnerables.

Una fe ingenua en el libre albedrío nos ciega. Cuando una persona escoge algo —un producto, una carrera, una pareja, un político—, se dice que está escogiéndolo por su libre albedrío. Y ya no hay más que hablar. No hay ningún motivo para sentir curiosidad por lo que ocurre en su interior, por las fuerzas que verdaderamente le han conducido a tomar esa decisión.

Las personas más fáciles de manipular serán las que creen en el libre albedrío. Tener fe en él, ahora, es peligroso. Todo arranca con detalles sencillos. Mientras alguien navega por Internet, le llama la atención un titular: “Una banda de inmigrantes viola a las mujeres locales”. Pincha en él. Al mismo tiempo, su vecina también está navegando por la Red y ve un titular diferente: “Trump prepara un ataque nuclear contra Irán”. Pincha en él. En realidad, los dos titulares son noticias falsas, quizá generadas por troles rusos, o por un sitio web deseoso de captar más tráfico para mejorar sus ingresos por publicidad. Tanto la primera persona como su vecina creen que han pinchado en esos titulares por su libre albedrío. Pero, en realidad, las han hackeado.

La propaganda y la manipulación no son ninguna novedad, desde luego. Antes actuaban mediante bombardeos masivos; hoy, son, cada vez más, munición de alta precisión contra objetivos escogidos. Cuando Hitler pronunciaba un discurso en la radio, apuntaba al mínimo común denominador porque no podía construir un mensaje a medida para cada una de las debilidades concretas de cada cerebro. Ahora sí es posible hacerlo. Un algoritmo puede decir si alguien ya está predispuesto contra los inmigrantes, y si su vecina ya detesta a Trump, de tal forma que el primero ve un titular y la segunda, en cambio, otro completamente distinto. Algunas de las mentes más brillantes del mundo llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para hacer que pinchemos en determinados anuncios y así vendernos cosas. El mejor método es pulsar los botones del miedo, el odio o la codicia que llevamos dentro. Y ese método ha empezado a utilizarse ahora para vendernos políticos e ideologías.

Y este no es más que el principio. Por ahora, los piratas se limitan a analizar señales externas: los productos que compramos, los lugares que visitamos, las palabras que buscamos en Internet. Pero, de aquí a unos años, los sensores biométricos podrían proporcionar acceso directo a nuestra realidad interior y saber qué sucede en nuestro corazón. No el corazón metafórico tan querido de las fantasías liberales, sino el músculo que bombea y regula nuestra presión sanguínea y gran parte de nuestra actividad cerebral. Entonces, los piratas podrían correlacionar el ritmo cardiaco con los datos de la tarjeta de crédito y la presión sanguínea con el historial de búsquedas. ¿De qué habrían sido capaces la Inquisición y el KGB con unas pulseras biométricas que vigilen constantemente nuestro ánimo y nuestros afectos? Por desgracia, da la impresión de que pronto sabremos la respuesta.

El liberalismo ha desarrollado un impresionante arsenal de argumentos e instituciones para defender las libertades individuales contra ataques externos de Gobiernos represores y religiones intolerantes, pero no está preparado para una situación en la que la libertad individual se socava desde dentro y en la que, de hecho, los conceptos “libertad” e “individual” ya no tienen mucho sentido. Para sobrevivir y prosperar en el siglo XXI, necesitamos dejar atrás la ingenua visión de los seres humanos como individuos libres —una concepción herencia a partes iguales de la teología cristiana y de la Ilustración— y aceptar lo que, en realidad, somos los seres humanos: unos animales pirateables. Necesitamos conocernos mejor a nosotros mismos.

Este consejo no es nuevo, por supuesto. Desde la Antigüedad, los sabios y los santos no han dejado de decir “conócete a ti mismo”. Pero en tiempos de Sócrates, Buda y Confucio, uno no tenía competencia en esta búsqueda. Si uno no se conocía a sí mismo, seguía siendo una caja negra para el resto de la humanidad. Ahora, en cambio, sí hay competencia. Mientras usted lee estas líneas, los Gobiernos y las empresas están trabajando para piratearle. Si consiguen conocerle mejor de lo que usted se conoce a sí mismo, podrán venderle todo lo que quieran, ya sea un producto o un político. Es especialmente importante conocer nuestros puntos débiles porque son las principales herramientas de quienes intentan piratearnos. Los ordenadores se piratean a través de líneas de código defectuosas preexistentes. Los seres humanos, a través de miedos, odios, prejuicios y deseos preexistentes. Los piratas no pueden crear miedo ni odio de la nada. Pero, cuando descubren lo que una persona ya teme y odia, tienen fácil apretar las tuercas emocionales correspondientes y provocar una furia aún mayor.

Si no podemos llegar a conocernos a nosotros mismos mediante nuestros propios esfuerzos, tal vez la misma tecnología que utilizan los piratas pueda servir para proteger a la gente. Así como el ordenador tiene un antivirus que le preserva frente al software malicioso, quizá necesitamos un antivirus para el cerebro. Ese ayudante artificial aprenderá con la experiencia cuál es la debilidad particular de una persona —los vídeos de gatos o las irritantes noticias sobre Trump— y podrá bloquearlos para defendernos.

No obstante, todo esto no es más que un aspecto marginal. Si los seres humanos son animales pirateables, y si nuestras decisiones y opiniones no son reflejo de nuestro libre albedrío, ¿para qué sirve la política? Durante 300 años, los ideales liberales inspiraron un proyecto político que pretendía dar al mayor número posible de gente la capacidad de perseguir sus sueños y de hacer realidad sus deseos. Estamos cada vez más cerca de alcanzar ese objetivo, pero también de darnos cuenta de que, en realidad, es un engaño. Las mismas tecnologías que hemos inventado para ayudar a las personas a perseguir sus sueños permiten rediseñarlos. Así que ¿cómo confiar en ninguno de mis sueños?

Es posible que este descubrimiento otorgue a los seres humanos un tipo de libertad completamente nuevo. Hasta ahora, nos identificábamos firmemente con nuestros deseos y buscábamos la libertad necesaria para cumplirlos. Cuando surgía una idea en nuestra cabeza, nos apresurábamos a obedecerla. Pasábamos el tiempo corriendo como locos, espoleados, subidos a una furibunda montaña rusa de pensamientos, sentimientos y deseos, que hemos creído, erróneamente, que representaban nuestro libre albedrío. ¿Qué sucederá si dejamos de identificarnos con esa montaña rusa? ¿Qué sucederá cuando observemos con cuidado la próxima idea que surja en nuestra mente y nos preguntemos de dónde ha venido?

A veces la gente piensa que, si renunciamos al libre albedrío, nos volveremos completamente apáticos, nos acurrucaremos en un rincón y nos dejaremos morir de hambre. La verdad es que renunciar a este engaño puede despertar una profunda curiosidad. Mientras nos identifiquemos firmemente con cualquier pensamiento y deseo que surja en nuestra mente, no necesitamos hacer grandes esfuerzos para conocernos. Pensamos que ya sabemos de sobra quiénes somos. Sin embargo, cuando uno se da cuenta de que “estos pensamientos no son míos, no son más que ciertas vibraciones bioquímicas”, comprende también que no tiene ni idea de quién ni de qué es. Y ese puede ser el principio de la aventura de exploración más apasionante que uno pueda emprender.

Poner en duda el libre albedrío y explorar la verdadera naturaleza de la humanidad no es algo nuevo. Los humanos hemos mantenido este debate miles de veces. Salvo que antes no disponíamos de la tecnología. Y la tecnología lo cambia todo. Antiguos problemas filosóficos se convierten ahora en problemas prácticos de ingeniería y política. Y, si bien los filósofos son gente muy paciente —pueden discutir sobre un tema durante 3.000 años sin llegar a ninguna conclusión—, los ingenieros no lo son tanto. Y los políticos son los menos pacientes de todos.

¿Cómo funciona la democracia liberal en una era en la que los Gobiernos y las empresas pueden piratear a los seres humanos? ¿Dónde quedan afirmaciones como que “el votante sabe lo que conviene” y “el cliente siempre tiene razón”? ¿Cómo vivir cuando comprendemos que somos animales pirateables, que nuestro corazón puede ser un agente del Gobierno, que nuestra amígdala puede estar trabajando para Putin y la próxima idea que se nos ocurra perfectamente puede no ser consecuencia del libre albedrío sino de un algoritmo que nos conoce mejor que nosotros mismos? Estas son las preguntas más interesantes que debe afrontar la humanidad.

Por desgracia, no son preguntas que suela hacerse la mayoría de la gente. En lugar de investigar lo que nos aguarda más allá del espejismo del libre albedrío, la gente está retrocediendo en todo el mundo para refugiarse en ilusiones aún más remotas. En vez de enfrentarse al reto de la inteligencia artificial y la bioingeniería, la gente recurre a fantasías religiosas y nacionalistas que están todavía más alejadas que el liberalismo de las realidades científicas de nuestro tiempo. Lo que se nos ofrece, en lugar de nuevos modelos políticos, son restos reempaquetados del siglo XX o incluso de la Edad Media.

Cuando uno intenta entregarse a estas fantasías nostálgicas, acaba debatiendo sobre la veracidad de la Biblia y el carácter sagrado de la nación (especialmente si, como yo, vive en un país como Israel). Para un estudioso, esto es decepcionante. Discutir sobre la Biblia era muy moderno en la época de Voltaire, y debatir los méritos del nacionalismo era filosofía de vanguardia hace un siglo, pero hoy parece una terrible pérdida de tiempo. La inteligencia artificial y la bioingeniería están a punto de cambiar el curso de la evolución, nada menos, y no tenemos más que unas cuantas décadas para decidir qué hacemos. No sé de dónde saldrán las respuestas, pero seguramente no será de relatos de hace 2.000 años, cuando se sabía poco de genética y menos de ordenadores.

¿Qué hacer? Supongo que necesitamos luchar en dos frentes simultáneos. Debemos defender la democracia liberal no solo porque ha demostrado que es una forma de gobierno más benigna que cualquier otra alternativa, sino también porque es lo que menos restringe el debate sobre el futuro de la humanidad. Pero, al mismo tiempo, debemos poner en tela de juicio las hipótesis tradicionales del liberalismo y desarrollar un nuevo proyecto político más acorde con las realidades científicas y las capacidades tecnológicas del siglo XXI.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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El Feki, sexo en el Islam.

Shereen El Feki, retratada en Barcelona durante su participación en la Bienal del Pensamiento. Jordi Adrià

Esta investigadora de raíces egipcias ha asumido la misión de estudiar la sexualidad de los árabes. Si cambia la intimidad, defiende, la política irá detrás.

SE PUEDE DECIR que Shereen El Feki es una beneficiada indirecta del movimiento #MeToo. Desde que estalló, le cuesta mucho menos explicar su misión en la vida: contar el mundo árabe a través del sexo, usar lo que pasa entre las sábanas para analizar lo que ocurre en la sociedad. “Ahora todo el mundo ha entendido que hay una relación muy clara. Solo hay que ver el caso ­Brett Kavanaugh”, dice en referencia al juez del Tribunal Supremo estadounidense acusado de abusos sexuales.

Esta canadiense de 50 años, hija de una profesora galesa y un neurocirujano egipcio, se siente cómoda en los espacios híbridos. Estudió Inmunología en Toronto y Cambridge, y trabajó como periodista de salud para The Economist. En 2013 publicó Sex and the Citadel (Vintage), un ensayo ensamblado a base de entrevistas con cientos de personas en Oriente Próximo y el norte de África que pronto se convertirá en una serie documental para la BBC. Desde entonces, está centrada en estudiar la masculinidad. Bajo el paraguas de las Naciones Unidas, analiza qué significa ser hombre hoy en Egipto, Kuwait, Marruecos o los territorios palestinos.

Quizá por su identidad dual, El Feki, musulmana practicante, está acostumbrada a hacer traducciones simultáneas. No solo de lenguas, sino de conceptos: “Los occidentales se olvidan de que la revolución sexual no fue un helicóptero que despegó del tabú y llegó al aire libre en segundos. Se necesitó una pista de despegue muy larga, siglos de evolución socio­económica y cultural que empezaron en la Ilustración. A veces se piensa: ‘Nosotros forjamos la revolución y ahora le toca al resto del mundo ponerse al día’. Pero no funciona así. En el mundo árabe no se puede empujar demasiado hacia delante porque entonces viene una fuerza que te devuelve para atrás”, asegura durante una visita reciente a Barcelona, invitada por el IEMed, para participar en la Bienal del Pensamiento.

La palabra “revolución” no aparece en su libro y tampoco es partidaria de “represión” al hablar de las mujeres. “Es un marco mental que arrebata a las árabes su capacidad de acción. Hay controles y restricciones, pero muchas veces consiguen lo que quieren dando un rodeo. Este ejemplo es superficial pero interesante: en las capitales árabes hay un montón de tiendas de lencería. En ningún otro lugar del mundo he encontrado un sujetador que cuando lo aprietas toca ‘El viejo McDonald tiene una granja’.

Esas tiendas están llenas de mujeres con hiyabs y niqabs comprando. Sorprendida, pregunté a una amiga, y me dijo: ‘Sería una vergüenza que le dijera a mi marido que quiero hacer el amor, pero si me pongo este conjunto rojo entiende el mensaje”.

De hecho, sus estudios demuestran que empieza a haber una brecha insalvable entre “unas mujeres jóvenes mucho más abiertas que sus madres y abuelas, y unos hombres jóvenes más conservadores que sus padres y abuelos”.

Estos dos grupos resultan, en el sentido más literal, imposibles de casar. “Y puesto que el matrimonio es el único contexto social aceptado para la sexualidad, encontramos a mujeres sin una vida sexual ni romántica, en una adolescencia perpetua”, y a hombres frustrados.

Con todo, insiste El Feki, los cambios están llegando y pueden lograr objetivos más importantes que el placer: “Relajarse en el sexo está relacionado con relajarse en todo lo demás. Hace mil años ya se hizo. No idealizo esos tiempos, pero cuando la civilización árabe estaba en su apogeo era mucho más relajada en cuanto a su sexualidad. En un famoso manual erótico del siglo X se recogían hasta 1.083 verbos que significaban ‘hacer el amor”. Hoy, en cambio, sus entrevistados prefieren hablar con ella en francés, inglés o hebreo porque en su lengua les falta vocabulario. El que tienen a mano es demasiado médico, religioso o callejero. ¿Le cuesta mucho que se abran? “En absoluto. Lo difícil es hacerles callar”.

 

Gibson Girls…

Cuando vemos todos esos retratos que se hacían a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y que estaban llenos de un halo de elegancia difuminada que hacía parecer a las mujeres hadas de cuento, pensamos que cualquier tiempo pasado fue mejor, que antes la belleza, sencillamente, era más pura, más etérea, como inalcanzable. Y era tal la hermosura de esas capturas que hoy día, hay mil filtros “vintage”, mil estilismos retro y mil intentos de conseguir, con los más avanzados programas de edición digital, el aspecto de esas fotos quiméricas que parecían dibujadas con un lápiz de poca dureza. En esas fotos de siglos pasados, en las que los modelos parecían sacados de una novela épica o de un libro de Jane Austen, las protagonistas absolutas eran las llamadas «Gibson Girls».

 

 

Sabiduría & Placer

Pensaba como iniciar el 2019.

Pensaba, nada mejor que con sabiduría, placer. Amor. Inteligencia. Y nuestra infinita capacidad para buscar la felicidad.

Pensaba comenzar el 2019 recomendando dos excelentes libros.

Placer.

Una inteligente, aguda y provocativa celebración de nuestra capacidad para experimentar placer y de nuestra necesidad de buscarlo.

Para ello, el sociólogo y antropólogo Lionel Tiger se dedica en él a trazar el itinerario que va desde el universo de nuestros antepasados hasta nuestros días, planteando a la vez, y consecuentemente, una intrigante idea: la de que el placer no es un lujo, sino una necesidad para nuestra evolución.

El sexo, la comida, los viajes, los animales, las plantas, el poder… son cosas de las que gozamos, sí, pero también alimentos espirituales que necesitamos desesperadamente, que son buenos para nosotros y para nuestras vidas. Y sin embargo, ¿por qué todo esto? ¿De dónde procede el placer? ¿Qué tipos de placer son los más beneficiosos? ¿Qué o quién controla el placer, y cómo podemos conseguir más?

A través de una exploración de los orígenes evolutivos de nuestros placeres, Lionel Tiger mezcla la información, la especulación y la (voluptuosa) descripción para demostrarnos que nuestra conducta procede indudablemente del pasado: así como el dolor ha influido en el comportamiento humano enseñándonos dónde reside el peligro, del mismo modo nos dedicamos a buscar activamente todo aquello que pueda hacernos felices. A partir de ahí, Tiger extrae numerosas consecuencias psicológicas y sociológicas: el vínculo histórico entre religión, política y control del placer; la eterna preocupación por la sexualidad que nos ha acompañado en todas las etapas de nuestra evolución y las confusas consecuencias de la contracepción; las catástrofes dietéticas provocadas por la evolución del gusto en nuestra sociedad, en la que no hay dificultad alguna para conseguir sal, grasas o azúcar; etc. De esta manera, Tiger acaba demostrando que nuestra tendencia hacia la búsqueda del placer puede provocar diversos problemas sociales y económicos, pero también que esa misma necesidad es positiva, deseable e incluso imprescindible para la supervivencia. El resultado, en muchos aspectos, es una insustituible guía intelectual para comprender y mitigar los sinsabores de la existencia.

 Lionel Tiger, el autor es un antropólogo estadounidense nacido en Canadá . Es profesor Charles Darwin de Antropología en la Universidad de Rutgers y director de investigación conjunta de la Fundación Harry Frank Guggenheim . Se graduó en la Universidad McGill y en la London School of Economics de la Universidad de Londres , Inglaterra. También es consultor del Departamento de Defensa de los Estados Unidos sobre el futuro de la biotecnología . Algunas de las obras de Tiger han incluido conceptos controvertidos, incluidos los orígenes biológicos de las interacciones sociales. Tiger publicó una obra, The Imperial Animal , con Robin Fox en 1972, que abogaba por una «teoría del carnívoro social» de la evolución humana.

  

Sabiduría:

 ¿Dónde se encuentra la sabiduría? proporcionará a los lectores un mayor entendimiento y les conducirá con renovada pasión a las páginas de los escritores que más han contribuido a nuestra cultura.

Un libro profundo en sí mismo que, sin duda, pasará a formar parte de nuestro canon literario, parafraseando al propio autor.

El mundialmente conocido y respetado crítico literario Harold Bloom ha sido un apasionado de la lectura desde que era niño. Así pues, no es de extrañar que decidiera iniciar una nueva obra para explicarnos cómo los libros nos ayudan a vivir y a comprender nuestras vidas.

Sin embargo, cuando Bloom llevaba más de medio libro escrito, tuvo un encuentro muy cercano con la muerte. Ya recuperado, se deshizo de todas las páginas que había redactado y volvió a empezar este libro con una nueva sensación de urgencia, apoyándose en algunos de los más grandes pensadores y escritores de Occidente para intentar descubrir dónde y cómo se encuentra la sabiduría. 

Bloom nos lleva desde la Biblia hasta el siglo XX en busca de las claves que atesora la literatura en las que encontrar sentido tanto a nuestra vida como a la muerte propia y la de nuestros seres queridos. A través de comparaciones entre el Libro de Job y el Eclesiastés, Platón y Homero, Cervantes y Shakespeare, Montaigne y Bacon, Johnson y Goethe, Emerson y Nietzsche, Freud y Proust, Bloom extrae las diversas -e incluso contrarias- formas de sabiduría que han moldeado nuestro pensamiento occidental.

Harold Bloom es un crítico y teórico literario estadounidense de reputación mundial. Nació en Nueva York en 1930. Hijo de William y Paula Bloom, vivió en el South Bronx de dicha ciudad; como su familia era judía asquenazí, aprendió primero el yiddish y luego el hebreo literario antes que el inglés.

Tras cursar estudios en las universidades de Cornell y Yale, ha trabajado como profesor de esta última, en lo más alto del escalafón académico de dicha institución, la cátedra Sterling, desde 1955.

Son casi veinte sus obras de crítica literaria y religiosa e incontables sus artículos, reseñas y prólogos. Se dio a conocer en 1959 con Shelley’s Mythmaking, libro al que siguieron otros dos títulos que en su momento constituyeron innovadoras aproximaciones a los principales poetas del romanticismo inglés. Ya desde sus primeras obras le dieron la reputación de polemista sagaz, y siempre han dado lugar a acaloradas polémicas repletas de sabidurías y placeres.

Respeto a las opiniones…

 

Cuba retiró del proyecto de su nueva Constitución los cambios que favorecían el matrimonio homosexual, un tema que fue apoyado por el propio presidente Miguel Díaz-Canel pero al que la ciudadanía se opuso mayoritariamente. “El proyecto de Constitución de Cuba no va a definir qué sujetos integran el matrimonio, con lo cual esa discusión sale del universo constitucional”, dijo el secretario del Consejo de Estado y diputado coordinador de la redacción del texto, Homero Acosta, citado por la prensa oficial.

La propuesta inicial de nueva Carta Magna aprobada por el Congreso en julio incluía en el artículo 68 la definición de matrimonio como la unión “entre dos personas”, modificando el concepto de “entre hombre y mujer” establecido en la Constitución de 1976. El íntegro del proyecto fue sometido al debate ciudadano en barrios y centros de trabajo entre agosto y noviembre. El tema del matrimonio fue el más tratado y ampliamente apoyado por organizaciones de personas LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales). Sin embargo un amplio número de ciudadanos pareció rechazarlo, así como las comunidades religiosas, principalmente evangélicas, con manifestaciones en sus templos.

Respeto a las opiniones

“El artículo 68 fue el más abordado por el pueblo en la consulta popular, en el 66% de las reuniones (de debate ciudadano). De las 192.408 opiniones, 158.376 proponen sustituir la propuesta por la que está hoy vigente”, detalló la Asamblea Nacional cubana en Twitter.

Ante esa situación, “la Comisión (de redacción del texto) propone diferir el concepto del matrimonio, es decir, que salga del Proyecto de la Constitución, como forma de respetar todas las opiniones. El matrimonio es una institución social y jurídica. La ley definirá el resto de elementos”, agregó la Asamblea.

El nuevo borrador, ya con los cambios realizados, será elevado este viernes 21 de diciembre a la Asamblea Nacional para su aprobación y luego sometido a referéndum popular el 24 de febrero de 2019. En la antesala de la sesión anual del Parlamento, Acosta explicó este martes ante la Asamblea Nacional las modificaciones recogidas tras los debates ciudadanos. El 60% de los artículos han recibido algún tipo de modificación, detalló.

En septiembre, el propio presidente Díaz-Canel había dicho que estaba de acuerdo con el matrimonio entre personas del mismo sexo. A inicios de diciembre el gobierno corrigió algunas normas relacionadas a las licencias para negocios privados, después de reclamos de emprendedores que consideraban que éstas asfixiaban al sector.

También debió hacer precisiones sobre un decreto que rige la actividad cultural en el país y que habían generado protestas. “No hay por qué creer que las rectificaciones son retrocesos, ni confundirlas con debilidades cuando se escucha al pueblo”, escribió en aquel momento el sucesor de Fidel y Raúl Castro. Tras los primeros años del triunfo de la revolución de 1959, los homosexuales fueron hostilizados en Cuba, un hecho por el que el propio líder histórico Fidel Castro pidió perdón y aclaró que no se trató de una política de Estado.

AERIAL. Felices fiestas y aéreo 2019.

Cada editorial, cada casa disquera, nos desea hacer creer que el último libro publicado, el último CD, es un aporte único a la cultura universal. Pero en el mundo se publican casi 4 000 libros cada día, 1 000 CD’s. Por ello hay que descreer de toda la mercadotecnia de los mercaderes.

Comienzas a escuchar el “marketing” universal fabricado para Julio Iglesias (y juniors) y crees que los Iglesias son la música española. Después el mismo “merchandise” progresista te hace creer que la música española es S&S (Sabina y Serrat). Para descubrir finalmente que la música española, esa que te hace llorar y reír es el cante jondo de Camarón, que nace de lo profundo de las rías del Guadalquivir y los campos de olivos Andalucía.

Cruzas el canal y te sucede algo similar. Crees que el pop es Madonna o Adele, al menos eso te dicen desde los medios, para descubrir a cuenta y riesgo que el “art pop” es más, un poco más.

Descubres a Kate Bush, mujer exquisita, exótica, exuberante, extraordinaria, exorcista.

Recuerdas su imagen exotérica bailando en un páramo, su voz de falsete en Wuthering Heights, versión pop de «Cumbres Borrascosas».

Para celebrar cuarenta años de su primer sencillo su casa discográfica acaba de publicar toda su obra remasterizada. Un perfecto regalo para concluir el 2018 y comenzar 2019.

¿Cerrar el círculo infinito 1978-2018? Kate Bush, es una artista excepcional. Solo tienes que escuchar sus discos, para descubrir algo diferente, entre poquito a poquito, o suavecito, suavecito.

¿Qué clase de lenguaje es…?  Mi favorito, el álbum doble AERIAL. 

Desearía poder invitarlos a  escucharlo , mientras nos tomamos una copa de vino mirando el dorado atardecer, entre un mar y un cielo de miel.

Al álbum se divide en dos CD.

El primer A Sea Of Honey aborda canciones sin un nexo en común. “King Of The Mountain” nos cuenta sobre de Elvis Presley y “A Coral Room” está dedicado a su madre fallecida mientras estuvo retirada de la música, “PI” sobre el amor a los números y la vida. Tres temas -bien distintos uno de otros- pero los tres te descubren la belleza de un alma y la pasión de toda vida.

El segundo CD es un bloque conceptual llamado A Sky Of Honey que relata las vicisitudes de un día familiar durante veinticuatro horas desde la salida del sol hasta el siguiente amanecer. Esta parte de Aerial está centrada en su propia vida después de tener a su hijo y captura a la perfección a base de voces infantiles y cantos de diferentes pájaros las sensaciones que intenta expresar sin caer en la teatralidad o la impostura. Las canciones de esta parte de AERIAL vuelan tan alto, o más si cabe, que las del primer disco.

AERIAL me parece un logro artístico al alcance de muy, muy pocos autores.

“Prelude”, un piano, la voz de su hijo (The Sun) y los sonidos de las aves te cuentan una historia que concluyen en Aerial (tema homónimo del álbum); todos podemos ir hasta lo más alto, comprender el lenguaje de las aves, ser universales y diminutos, únicos e infinitos, amarnos los unos a los otros. Puedes danzar sobre las sabanas con ese tema minimalista, post-punk, disco, hasta que desees besar los labios o morder la piel de tu pareja. Una narración del amor, la unión con la naturaleza, el profundo romance de cada día.

“Prologue”, es el inicio de todo eso, una canción que describe la vida de una mujer y su familia. Sus recuerdos de niñez, su adolescencia, sus padres, el amor, los hijos, sueños, espejos, plenitud, belleza…y el sonido de las aves, esas que escuchaba Buda o San Francisco y ahora nos lo canta Kate.

No sé ustedes, pero cuando escuchas los primeros acordes minimalistas de “Aerial”, tengo deseos de echar a correr, hundirme diez metros en la profundidad del océano, escalar descalzo una montaña nevada, danzar hasta el amanecer con mi mujer, escuchar el tembloroso gemido de su orgasmo, sentir como me corre el sudor, reírme de todos ustedes y traducir el lenguaje de las aves.

Gracias hermano Sol, gracias hermana Luna, gracias Kate.

¿De dónde surgen y nos llegan estas ideas tan ajenas a nuestra cultura?

 

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Nos podríamos preguntar. ¿De dónde surgen y nos llegan estas ideas tan ajenas a nuestra cultura? De países en los que existen grupos poderosos con gran capacidad económica y de influencias. Se valen del creciente proceso de globalización y tratan de influir para crear una cultura uniforme que acepte y adopte sus criterios descalificando a los de los otros.  Es lo que entre nosotros a veces se ha llamado el “imperialismo cultural”.  Han penetrado los organismos internacionales, de tal manera, que muchos de éstos y gobiernos de países ricos influyen en países menos desarrollados necesitados de ayudas económicas, financiando en ellos a grupos afines a sus ideas y presionando a los gobiernos de los mismos hasta el punto de condicionar, en muchas ocasiones, la ayuda económica, para que apliquen políticas como estas.  Es un nuevo colonialismo ideológico.

De acuerdo a estas consideraciones se asume irrespetuosamente que las ideas de igualdad plena del hombre y el actual debate sobre el matrimonio igualitario que propicia el proyecto de Articulo No. 68 de la nueva constitución se deben a las influencias del “lobby gay internacional” o el “imperialismo cultural” y su dañina influencia en Cuba que los acepta como condición de ayudas y cooperación internaciones, es lo más estúpido que he escuchado en todo el debate.

Estas ideas no solo son falsas, sino ofensivas para los cubanos.

De acuerdo que existen “grupos poderosos con gran capacidad económica y de influencias”. La Santa Sede, el Vaticano, la Iglesia Católica Romana, es el grupo más poderoso, con una enorme influencia y de una riqueza comparada a la de cualquier multinacional postmoderna. Digamos similar a Monsanto o la General Motors, pero con una influencia en la psique y la simbología humana muy superior a las primeras, GM ni se le asemeja. Esa narrativa va más allá de vender un fertilizante o un auto y desea prefigurar la vida y la muerte, la carne y el alma de los hombres. Ese “grupo” –ese lobby para usar el anglicismo de moda- se ha sustentado desde el Pulpito, pero sobre todo desde el Trono,  para propagar sus particulares visiones del mundo desde la Antártida a Groenlandia. Desde Australia a Japón. Y con éxito. Quizá es el mayor éxito como “grupo” (lobby) de la historia de la civilización occidental. Si retrocedemos lo suficiente en la historia, la globalización de ese “lobby internacional” lo inició la propia Iglesia Católica de conjunto con los Reyes Católicos de España ( ayudados por  Portugal) con ese mismo propósito “crear una cultura uniforme que acepte y adopte sus criterios descalificando a los de los otros”.

Pero ya hemos descrito que la Iglesia, sobre todos sus feligreses, la comunidad de creyentes más allá de sus jerarquías e instituciones dogmáticas, no son un ente monolítico,  en ella palpita igual la pluralidad de la persona humana, individual, familiar, colectiva y ciudadana.

A lo largo de los siglos la sexualidad ha estado imbuida de un conjunto de aspiraciones y regulaciones políticas, legales y sociales cuyo objetivo ha sido inhibir o alentar, estigmatizar o alabar, determinados deseos y formas de expresión sexual. Hoy resulta prioritario distinguir lo que es el carácter del intercambio sexual en sí mismo de los contenidos simbólicos que les adjudican las personas, las culturas y las sociedades. Mientras que para unas personas ciertas prácticas per se son ilegítimas, para otras lo definitorio como validación ética de un acto sexual no radica en un acceso preestablecido al sexo opuesto, junto con determinada forma de usar los órganos y orificios corporales, sino en la libre elección y en la relación de mutuo acuerdo y de responsabilidad de las personas involucradas. Así, para la Unión Europea, cualquier intercambio donde haya verdaderamente autodeterminación y responsabilidad mutua es ético, y no es una impostura moral o “colonialismo ideológico”.

La Unión Europea y sus comisiones e instituciones políticas y jurídicas, de las instituciones humanas, son las que han realizado los mayores esfuerzos por reconocer derechos humanos universales y fundamentales, ideas que han nacido y florecido de acuerdo a las luchas individuales y colectivas de sus ciudadanos a través de los siglos, con el fin último del reconocimiento de la “dignidad plena del hombre”, pero sobre todo esas instituciones europeas han asumido por igual sus trágicas y dolorosas influencias en la historia de los hombres violando esos derechos hoy reconocidos atizando la colonización, la esclavitud, y el despojo de millones de vidas por razones de codicia y/o xenofobia.

El esfuerzo del Articulo No. 68 en Cuba, (la nueva Carta Magna) se propone desde la política y no desde la propia sociedad, pues los reconocimientos de los derechos sexuales han sido tema de persecuciones y exclusiones en la historia de Cuba, desde el catolicismo y el marxismo.

El tema constitucional, entre sus muchas virtudes, ha facilitado un debate democrático que busca propiciar el consenso y el consentimiento en el ámbito de la vida sexual, matrimonial y familiar, igual se podría extrapolar para el ámbito político, económico, religioso o moral, en general para el debate ideológico o político. No es un tema superfluo o desechable en las actuales condiciones y disyuntivas de Cuba.

Un valor de suma importancia es el consentimiento, definido como la facultad que tienen las personas adultas, con ciertas capacidades mentales y físicas, de decidir su vida. En este caso su vida y experiencia sexual. Frente al atraso conservador, que invoca una única moral “auténtica” para restringir la sexualidad a sus fines reproductivos, se alza esta postura ética que defiende la posibilidad de una relación placentera, consensuada y responsable.

Es un hecho que las personas toman por “natural” un sistema de reglamentaciones, prohibiciones y opresiones que han sido marcadas y sancionadas por el orden simbólico y legal. Sin embargo, el orden simbólico no es inamovible, y se ha ido transformando. Hasta hace poco los negros, los indígenas y las mujeres eran considerados seres de segunda, y sus derechos humanos estaban restringidos. Ahora les toca el turno a las personas homosexuales, cuya “diferencia” radica sólo en el hecho de que su objeto erótico/amoroso es una persona de su mismo sexo, “homo”.

Una mirada a las estadísticas en Cuba, denotan que cada vez son menos los homosexuales que se niegan a sí mismos hasta el punto de casarse con personas del sexo opuesto como si fueran heterosexuales debido a las presiones sociales o culturales o los procesos ideológicos de estigmatización o discriminación como por ejemplo se han dado en Cuba en las últimas décadas, por solo citar dos actos de nuestra historia recordemos la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) y el Mariel.

Todavía hoy las personas con un deseo homosexual lo tienen que reprimir o esconder para tener una familia. Y no solo en Cuba. En Francia, por ejemplo, las personas solteras pueden adoptar criaturas, por lo que una pareja homosexual enfrenta la contradicción de que uno de ellos podría adoptar legalmente, y luego vivir en pareja sin casarse, pero las parejas homosexuales se les prohíbe la adopción.

Son pocas las parejas homosexuales que valientemente asumen de manera abierta su deseo, pagando costos sociales y psicológicos altísimos. Sin embargo, la cada vez más amplia y decidida participación homosexuales en la vida política y cultural ha ido transformando el orden simbólico en relación a la libertad. De ahí la importancia de interpretar a la acción colectiva como el elemento crucial que modifica el orden simbólico.

Aunque la participación colectiva de la comunidad homosexual cubana se ha dado desde ambientes que tienen más que ver con lo superfluo o lo carnavalesco que propician los mismos esquemas dominantes de la “ideología heterosexista católica o marxista-leninista”.

En la modernidad democrática es imprescindible desarrollar una comprensión distinta de la condición humana, apuntalada por información científica, la secularización de la razón ha afectado todas las narraciones teológicas desde el hinduismo, el islamismo y sobre todo las iglesias cristianas asentadas en lo que podríamos definir como Occidente.

La polémica sobre la diferencia entre los sexos y su peso en el orden simbólico expresa la dificultad para reconocer que la disparidad del lugar de las mujeres y de los hombres en la vida social no es sólo el producto de lo que son biológicamente sino del significado que sus actividades adquieren a través de interacciones sociales concretas. En la vida social humana la diferencia entre los sexos, más que una causa de la desigualdad, es una excusa. Es común, al hablar de la mujer y del hombre, dejar de lado que su existencia también depende de condiciones sociales, procesos de estructuración psíquica y tradiciones culturales, tal y como describía tempranamente Engeles.

Es esencial entender que mujeres y hombres no son un reflejo de una realidad “natural” sino que son un producto de una realidad “construida”. En ese sentido los seres humanos son el resultado de una síntesis en la que participan un proceso biológico, una estructuración psíquica, una producción cultural y un momento histórico. El discurso de los Obispos ya sean de Roma o Santiago de Cuba, se sustentan en el tema biológico como sinónimo de la intervención divina a través de la Creación, desestimando el resto.

Es fundamental para la vida democrática, a la que aspira toda sociedad en el siglo XXI, incluyendo la cubana, reconocer que las acciones de los ciudadanos van ampliando y transformando los márgenes de lo que tradicionalmente se considera aceptable o moral. Las leyes que rigen la convivencia son la concreción de esas concepciones, por eso cuando la sociedad cambia y las leyes no reflejan esas transformaciones, el orden social entra en conflicto. En cambio, cuando sí reconocen las modificaciones en las conductas y las aspiraciones éticas, los procesos legales consolidan el avance social. Por eso no hay que olvidar que si hoy la orientación sexual es un valor defendible en la Unión Europea es por el impulso ciudadano a una acción política antidiscriminatoria, basada en el respeto al consentimiento mutuo, a la libertad responsable y a la diversidad sexual. Así, la pluralidad de la vida sexual actual se constituye no sólo por nuevas subjetividades y transformaciones culturales, sino además por políticas públicas y cambios legislativos fundamentados en los principios de igualdad y libertad. La demanda de igualdad ciudadana en relación al matrimonio homosexual toca la definición misma de sociedad democrática. Como la democracia se lleva a cabo también en la ética de las normas sexuales, respetar la orientación sexual implica defender la vida democrática, reconoce la Unión Europea.

Para el Vaticano aceptar que lesbianas y gays se casen significa poner en cuestión la norma heterosexista. (Se califica de heterosexismo a la ideología que postula la complementariedad de los sexos, y que al mismo tiempo discrimina en función del sexo. Por ejemplo, el orden social patriarcal sobre el que está (re)construido el orden simbólico católico es heterosexista). No sorprende, por lo tanto, que la jerarquía de la iglesia católica esté aterrada ante lo que vive como el derrumbe de su moral (que obviamente piensa que es La Moral). A ello se suma la homofobia, vivida como el miedo a la atracción erótica por una persona del mismo sexo y la supuesta repulsión que producen ciertas prácticas sexuales homosexuales. La fobia es un temor/rechazo irracional. Un mecanismo psíquico, común a todas las culturas, que ante cualquier diferencia clasifica a las personas en dos grupos: las que son iguales a mí y las que son diferentes. Como todo grupo humano busca mantener su cohesión mediante la exclusión de lo diferente, entra entonces en acción ese mecanismo por el cual toda diferencia se traduce, en un primer momento, en antagonismo, rechazo y/o temor. Lo que Lacan denomina las “raíces psíquicas del odio”.

Las posiciones conservadoras postulan lo “antinatural” de la homosexualidad para imponer su visión moral y las conductas sociales que la validan. Olvidan que se ha comprobado la “naturalidad” de las prácticas homosexuales en todas las sociedades y culturas a lo largo de la historia humana, incluso prácticas homosexuales en otras especies de mamíferos.

Además, no es válido ética ni científicamente fijar un imperativo moral a partir de un supuesto orden “natural”. Lo “natural” respecto a la conducta humana no existe, a menos que se le otorgue el sentido de que todo lo que existe, todo lo humano, es natural. Con el término “natural” se estigmatizan ciertas prácticas y se propone la “normalización” de los sujetos y, en algunos casos, su represión. No se puede pensar la sexualidad humana derivada de un orden “natural”, a menos que se lo haga con el sentido libertario y pluralista de que vale todo lo que existe, entre seres libres, aptos, adultos y de forma consensuada.

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El psicoanálisis postula la producción de la orientación sexual a partir de procesos relacionales e imaginarios. Para el psicoanálisis, por ejemplo, la identidad sexual de los seres humanos se construye en el inconsciente, no hay una correspondencia de identificación de las niñas con la madre y los niños con el padre. Ni el sexo ni la sexualidad de los padres son una garantía de nada en las elecciones sexuales de los hijos.

El tema de la familia homo-parental se convierte en objeto de las preocupaciones también de sociólogos, antropólogos e historiadores. Algunos traen a colación el escándalo que se dio anteriormente en relación a las familias monoparentales, las recompuestas y las “artificiales” (a partir de las nuevas tecnologías reproductivas). También entonces los conservadores pusieron el grito en el cielo y lanzaron sombrías predicciones sobre los efectos negativos que iban a tener dichos arreglos familiares en el psiquismo de inocentes criaturas. Hoy, pese a tan tétricos augurios, estas familias se han “normalizado” al menos en las sociedades occidentales, al grado de que, en el caso de las que han recurrido a las nuevas tecnologías reproductivas, se “olvida” el origen biológico de los hijos. Dichas técnicas, que cimbran los supuestos consagrados de la ideología occidental respecto a la filiación y la descendencia, instauran un nuevo vínculo simbólico por encima del biológico.

En Francia, ciertos “expertos” intentaron mantener el statu quo de la familia heterosexual recurriendo al concepto de “diferencia entre los sexos” y a su calidad de elemento estructurante del orden simbólico. Pero, al interpretar “diferencia entre los sexos” como heterosexualidad, acabaron haciendo una apología de la sexualidad mayoritaria más que un esclarecimiento del fundamento antropológico de la cultura. Esta interpretación fue refutada por opiniones profesionales reconocidas, opuestas a situar en el mismo nivel significante la heterosexualidad y la diferencia entre los sexos. Al confundir a la sexualidad mayoritaria con la diferencia entre los sexos, la sexualidad minoritaria queda colocada como una negación de dicha diferencia, cuando en la realidad no es así. La polémica llevó a la discusión fundamental sobre si la heterosexualidad es la base universal para las categorías culturales de parentesco.

Ese debate se continua desde el ámbito académico, pero igual desde el social y cultural, al menos en Francia y España. No en Cuba.

El orden simbólico está constituido por creencias que parten de la “sexuación” y que son orquestadas por el género, es decir, por las creencias en lo “propio” de las mujeres y lo “propio” de los hombres. Expuesta por Lamas, por ejemplo. Se puede seguir la pista de estas creencias y des-construirlas. El orden sexual no está inscrito en “la naturaleza de las cosas”, es resultado de una historia.

El debate francés reafirmó la necesidad de interrogarse sobre los principios fundadores de normas que se imponen como evidencias naturales. Admitir el carácter estructurante que tiene la diferencia sexual para la cultura no implica equiparar de modo unívoco “diferencia sexual” con complementariedad sexual, ya sea heterosexual o homosexual. En nuestro esquema simbólico dualista se extrapola la complementariedad reproductiva a los demás aspectos de los seres humanos y se piensa que mujeres y hombres también son complementarios moral, intelectual y sexualmente. Pierre Bourdieu indica que al simbolizar de manera complementaria la condición sexual humana, se produce un sistema normativo que propicia que se vean como “naturales” disposiciones construidas culturalmente y se impone la heterosexualidad como el modelo. Dicha simbolización “transforma la historia en naturaleza y la arbitrariedad cultural en natural”.

Es indispensable establecer una distinción entre heterosexualidad y diferencia sexual.

Cuando se habla de diferencia sexual se hace referencia a la existencia de dos sexos, Los seres humanos venimos al mundo en cuerpo de mujer o de hombre, pero no hay que olvidar que también hay personas hermafroditas y personas intersexuales, que aunque no tienen demasiado peso estadístico tienen un peso simbólico y permiten hablar, como hace Fausto-Sterling, de al menos cinco sexos. pero las combinaciones posibles de atracción erótica y, por lo tanto, de pareja sexual entre dos sexos son básicamente tres: mujer/hombre, mujer/mujer, hombre/hombre. Negar la realidad del deseo homosexual para preservar el modelo reproductivo tradicional como paradigma de relación sexual es flagrantemente ideológico y conduce a una situación imposible. A un absurdo. Este deseo tiene visibilidad social en las parejas homosexuales y las familias homo-parentales, y ha forzado a una definición legal y política en la Unión Europea, ubicando el dilema del matrimonio igualitario en el orden de la acción colectiva y de la voluntad política.

El debate público cubano sobre este asunto en particular, la variedad de escritos que han visto la luz en medio de esta discusión son estimables, no solo por su cantidad sino también por la variedad de sus miradas, acotaciones, y re-lectura ya sea desde el ámbito político o social, por el contenido jurídico de importantes conceptos como ciudadanía, patria, nación, Estado, matrimonio, familia, propiedad, etc.

Todo ello hacen del mismo uno de los debates más estimulantes de las últimas décadas y un pre-texto para imaginar la nación que queremos.

Matrimonio después del 2019.

Después de las todas las divergentes narrativas sobre el polémico Artículo No. 68, del Ante-proyecto de constitución en Cuba, la que de aprobarse definitivamente permitirá los matrimonios entre personas, sin distinción de sexo, me parece interesante dar una mirada a la realidad de la vida conyugal en la Cuba de 2012 (fecha del último censo de población en la Isla) desde 2018.

La metodología del Censo 2012 establece seis categorías conyugales o de estado civil, a saber:

  • Casado(a): Persona que forma parte de una pareja con un individuo del sexo opuesto, cuando esta unión ha sido for­malmente reconocida por la ley. Si una persona casada está separada de su cónyuge y convive con otra en unión consen­sual se considerará esta última situación.
  • Unido(a) consensualmente: Es la persona que convive mari­talmente en forma estable con otra persona del sexo opues­to, sin que medie trámite legal que lo reconozca. Este estado conyugal es también llamado unión consensual.
  • Divorciado(a): Persona que ha roto su vínculo legal preexis­tente con otro individuo del sexo opuesto, por medio de una sentencia firme de un tribunal competente o por disolución notarial, y no vive en unión consensual.
  • Separado(a): Es la persona que, estando casada legalmente o unida a otra, se encuentra actualmente separada, es decir, no convive maritalmente con esa persona de la cual no ha llegado a divorciarse, ni vive en unión consensual estable con otra.
  • Viudo(a) Es la persona que habiendo estado casada o unida ha muerto su cónyuge o compañero(a) y no se ha vuelto a casar, ni está unida actualmente.
  • Soltero(a): Persona que nunca se ha unido legalmente con otra del sexo opuesto, ni vive o ha vivido en unión consensual estable.

Las cifras son las siguientes.

De los 9,244,763.00 habitantes (mayores de 15 años) de Cuba en el 2012, 2,859,876.00 se reconocida como casado(a), el 30.94% de la población total. Unidos consensualmente 2,616,858.00, para el 28.31%. Cifras casi similares entre los casados civilmente y los que sin estarlo conviven mari­talmente, en forma estable con otra persona del sexo opues­to, sin que medie trámite legal alguno.

Los divorciados alcanzan la cifra de 559,593, 6.05% de la población. Un 19.5% en relación con los casados en el 2012.

Las cifras de los solteros muy similares a las uniones, 2,517,232. Si sumamos las cifras de las uniones y los solteros, representan el 5,134,090 de la población mayor de 15 años , para un 55.54%. 

No se hace referencia en el Censo 2012 a los matrimonios celebrados por algún tipo de rito religioso, ya sean católicos (60% de la población cubana se reconoce como tal de acuerdo al PEW), o judíos o islámicos, religiones minoritarias en la Isla.

Notar que, en el Censo del 2012, el concepto conyugal se sostenía en la definición “persona que forma parte de una pareja con un individuo del sexo opuesto”. De aprobarse en referéndum la Constitución en el 2019 habrá que ver como se configura la demografía conyugal en Cuba, y como cambia el componente “individuo del mismo sexo” para el censo del 2022.

Personalmente creo no se producirán grandes cambios.

Los debates sobre el tema –en la Isla y fuera de ella- han sido todos de profundo cimiento “ideológico” ya sea desde la sexualidad, la libertad, la teología o la moral. Desde la institucionalidad estatal o incluso desde la moral religiosa (sobre todo de las iglesias cristianas, pues el otro componente religioso raigal de lo cubano, los cultos afrocubanos, no emiten muchos criterios sobre la opción conyugal de sus feligreses o practicantes).

Creo no se producirán cambios significativos en las condiciones de una población secularizada, más allá del escenario simbólico y de las ficciones narrativas sustentadas en credos e ideas. La realidad siempre supera a la ficción.

Los matrimonios homosexuales quizá superen en número a los matrimonios canónicos y/o sacramentales (cristianos), pero después del 2019, con la nueva Carta Magna, más de la mitad de la población seguirá siendo o bien “soltero/a” o vivirán la experiencia conyugal de forma consensuada al margen de las leyes civiles o canónicas, como expresión de su libertad individual y por supuesto como respuesta al amor.  

La edad de la penumbra

La Casa del Libro de Madrid acaba de hacerme llegar una copia del ensayo “La edad de la penumbra”, de cuyas páginas no puedes despegarte. 320 que se leen de un tirón. ¿Y si los supuestos salvadores fueron los destructores de toda una civilización? ¿Y si los santos más famosos fueron igual unos vándalos? ¿Y si los cristianos fundaron una teocracia aterradora que nos duró mil años?

Respuestas a muchas de estas interrogantes están en recogidas en ‘La edad de la penumbra’, el apasionante relato de Catherine Nixey sobre el fin del mundo clásico. Poco de lo que aborda este libro se conoce fuera de círculos académicos” cuenta la autora británica en la introducción de este ensayo tan original como interesante, que nos atrapa desde una escena inicial que creemos haber visto ayer en las noticias de la noche… aunque ocurrió hace más de 1.600 años.

Solo los martillos neumáticos y los explosivos distinguen a los terroristas del ISIS que en 2015 destruyeron los lamasus asirios de Nínive de la banda de matones cristianos que, a finales del siglo IV, descuartizó la hermosa Atenea de un templo de Palmira. Los bárbaros de ayer y de hoy veían en las estatuas de los dioses paganos una imagen del demonio o de Satanás. Su violencia estaba (está) alimentada por la idea totalitaria de que solo existe un dios: el suyo.

Como pregonaba Juan Crisóstomo acosar a los paganos era “salvarlos”.

Convertido Constantino (312), los otrora perseguidos (ni tanto ni tan intensamente, afirma Nixey), se tornaron en perseguidores implacables. “Se consideró fuera de la ley a quienes se negaron a convertirse, se les acosó a medida que la persecución se intensificaba y hasta fueron ejecutados por unas autoridades fanáticas”. Por las buenas, y sobre todo por las malas, los paganos pasaron de ser el 90% de la población del imperio romano a principios del siglo IV al 10% a finales. Templos centenarios, como el de Serapis en Alejandría, se redujeron a escombros en horas. En tres generaciones, el sistema religioso clásico fue herido de muerte.

Nixey comienza y termina su ensayo con el destierro de Damascio y otros seis filósofos griegos. En 532, dejaron Atenas rumbo a Persia. Eran los últimos representantes de la Academia, la institución milenaria creada por Platón. Tres años antes, la ley 1.11.10.2 les había hecho la vida imposible. “Los filósofos no podían ganar dinero, no podían trabajar, no podían practicar su religión y ahora no podían siquiera retener la propiedad que poseían”. Ya en el siglo XVIII, Gibbon señaló que esta ley dañó más a la filosofía griega que las invasiones bárbaras.

Párrafos como el siguiente le valió a la obra de Gibbon una censura que por ejemplo en Irlanda solo se levantó en 1970 (en Cuba creo jamás se ha publicado “La Historia de la decadencia y caída del Imperio romano” (puede que sea solo por la escasez crónica de papel).

¿Más cómo podemos perdonar la indiferente negligencia del mundo pagano y filosófico, pese a lo que le fue mostrado, no a su entendimiento, sino a sus sentidos? Durante la época de Cristo y sus apóstoles, y sus dos primeros discípulos, la doctrina que ellos profesaban era confirmada por innumerables prodigios: los cojos caminaban, los ciegos veían, los enfermos eran curados, los muertos resucitaban, los demonios eran exorcizados y las leyes de la Naturaleza eran frecuentemente suspendidas en beneficio de la Iglesia. Y, aun así, los sabios de Roma y de Grecia se desinteresaban de este increíble espectáculo y, prosiguiendo con sus ocupaciones normales de vida y estudio, parecían ignorar todas aquellas alteraciones de la moral y del gobierno material del mundo. Durante el principado de Tiberio, el mundo entero, o por lo menos una celebrada provincia del Imperio romano, estuvo envuelta en una oscuridad sobrenatural, y, sin embargo, este evento milagroso, que debiera haber despertado la curiosidad y la devoción de toda la humanidad, pasó sin pena ni gloria en una época de ciencia y de historia. Aconteció durante la vida de Séneca y de Plinio el Viejo que deberían de haber experimentado los efectos inmediatos, o haber recibido la información más privilegiada del prodigio. Cualesquiera de estos filósofos recogieron detalladamente los más diversos fenómenos de la naturaleza y del clima: terremotos, tormentas, cometas o eclipses, eventos que su curiosidad infatigable no dejó de recopilar. Aun así, ambos omitieron cualquier mención al mayor fenómeno que todo mortal de este mundo desde la Creación jamás haya podido observar. (Capítulo XV)

La edad de la penumbra’ revisa la imagen (u)tópica del inicio de la Edad Media: antes de preservar, la Iglesia destruyó”.

Ardieron bibliotecas enteras y se borraron millares de pergaminos clásicos para escribir biblias, miles de biblias…entonces considerada herética o peligrosa, desapareció el 99% de la literatura latina y el 90% de la griega, incluidas obras científicas como la innovadora teoría atómica de Demócrito.

Desde entonces hasta la progresiva secularización iniciada en el Renacimiento, la Reforma, las revoluciones francesas y americana y la revolución industrial “la Iglesia dominó el pensamiento europeo durante más de un milenio” y borró de la memoria colectiva toda la oposición inicial al cristianismo.

Se echa de menos del ensayo de Nixey esa misma historia en América Latina, o África, donde ardieron por igual hombres y códices. El texto solo se centra en Europa. Catherine Nixey la recupera en este libro necesario, denuncia de obispos matones y santos terroristas, reivindicación de filósofos perseguidos.

 

Future Baby

Hablando en familia sobre los últimos avances de la genética y la fertilidad asistida mi hija me recomendó viera el documental “Future Baby” de la cineasta Maria Arlamovsky. Al terminarlo quedé impactado. Imagino que como siempre el futuro tiene la última palabra.

¿Se están convirtiendo los bebés en una mercancía?

Esa es una de las inquietantes preguntas planteadas por FutureBaby, el informe de primera línea de Maria Arlamovsky sobre el estado de la medicina reproductiva.

La cineasta viajó por el mundo para hablar con personas directamente involucradas o afectadas por el nuevo mundo de la “fabricación de bebés”, entre ellos médicos, investigadores, pacientes y donantes de óvulos. Desde las observaciones microscópicas de la fertilización in vitro hasta la dinámica de la sala de parto enmarañada de un embarazo sustituto, la cineasta ha compilado una visión amplia e incisiva de las formas en que está cambiando un aspecto fundamental del ser humano. La pro-creación humana.

Tanto los proselitistas como los escépticos figuran en el bien realizado documental elegantemente filmado, cuyas múltiples perspectivas contribuyen a un estudio revelador e inquietante.  Más allá de la mecánica y la economía de los diversos procedimientos, Arlamovsky está excepcionalmente en sintonía con las emociones a menudo desgarradoras de cada situación, ya sea el anhelo angustiado de una mujer de 49 años de edad o la tristeza del alma de una veinteañera al desconocer la identidad del esperma que la trajo al mundo.

El padre del perdedor seguirá siendo siempre un misterio.

Siguiendo la ruta del turismo de fertilidad, el director habla con una pareja alemana en su última visita a una clínica española, un retrato desgarrador de ansiedad, esperanza y negación, y rastrea el progreso transfronterizo de la fertilidad asistida. Un negocio multimillonario, con proporciones éticas y sociales, culturales y religiosas.

Se escuchan a futuros padres estadounidenses y su deseo de un futuro. Una madre sustituta mexicana que lleva al hijo de estos estadounidenses, un producto del esperma del marido y el óvulo de una «modelo brasileña de 19 años», como la describe la esposa.

El aspecto de “compra de la medicina reproductiva” se manifiesta con claridad: las parejas obtienen préstamos para los procedimientos,similares a la financiación de las mejoras para el hogar.

En las llamadas telefónicas urgentes con los clientes, las clínicas ofrecen discursos de ventas en forma de consejos médicos; a pocos metros de donde una mujer mexicana de bajos ingresos acaba de dar a luz a su hijo, que una pareja estadounidense espera sonriente para llevar a casa ante la cámara de video de un médico que ofrece un respaldo promocional de los servicios de la clínica.

La división de clases está implícita en los diversos escenarios de la película, pero solo Carl Djerassi (quien falleció en 2015) aborda el asunto directamente en términos de acceso y cobertura de seguro, de universalización de la fertilidad asistida. Hablando en su oficina de Viena, el desarrollador de la píldora anticonceptiva también sugiere una forma radical para que las mujeres jóvenes se liberen de sus relojes biológicos.

Pero el radicalismo delfilme está en el ojo del espectador. Arlamovsky equilibra las declaraciones de los clínicos con las preguntas y las interrogantes del bioético Carmel Shalev  o la socióloga Barbara Katz-Rothman.

El primero ilumina la forma en que el tener un hijo se ha transformado de «deseo de tener derecho al derecho». Katz-Rothman suena una alarma sobre el aspecto de ingeniería genética de esta forma emergente de consumismo, y la normalización de las decisiones sobre las cuales las vidas son dignas de ser creadas. Las consideraciones cosméticas, médicas y la selección de género son cada vez más aceptadas, y defendidas por los médicos que manipulan el cigoto. Los comentarios de la socióloga tienen una claridad potente, especialmente cuando se centra en la ilusión de control, un subproducto de las tecnologías reproductivas.

Katz-Rothman nos recuerda la «gran posibilidad» involucrada en traer un niño al mundo. Desde una perspectiva diferente, también lo hace una pareja de Nueva York encantada, pero comprensiblemente cansada, cuya apuesta por la subrogación maternal dio como resultado trillizo. Por ello la película de Arlamovsky le da a uno de sus adorables bebés la última palabra del documental.

Producción: Nikolaus Geyrhalter Filmproduktion
Director-guionista: Maria Arlamovsky
Productores: Nikolaus Geyrhalter, Markus Glaser, Michael Kitzberger, Wolfgang Widerhofer
Director de fotografía: Sebastian Arlamovsky.
Editor: Natalie Schwager
Compositores: Vincent Pongracz, Alana Newman
Ventas: Autlook Filmsales